Vimy Memorial

Canadá, ese gran país donde nunca ocurre nada, fue en parte territorio francés, desde la “conquista” de América por los europeos hasta la independencia total de dicho país.
Hoy en día, es Canadá quien posee una pequeña parte de Francia. Francia, en agradecimiento a Canadá por su implicación en la I Guerra Mundial, le regaló a perpetuidad un terreno de, aproximadamente un kilómetro cuadrado, en las proximidades de la ciudad de Vimy.
En dicho terreno, Canadá erigió un monumento en memoria a las víctimas de la guerra, el Vimy Memorial.
Aunque la entrada al mismo es gratuita, los beneficios obtenidos por la venta de souvenirs, van exclusivamente a las arcas canadienses. Actualmente, el monumento está en proceso de restauración y no podrá ser visitado hasta Abril de 2007.
La pertenencia de un territorio tan grande, dentro de un país históricamente tan importante como Francia, a otro que fue colonia suya, sin que este haya sido comprado, es quizás una situación única en el mundo actual.

Historia de una moneda

En un bar de carretera, al poco de llegar a Gran Bretaña, me dieron varias monedas en la vuelta.
Al día siguiente, aún no lo suficientemente familiarizado con ellas, me di cuenta de que me habían engañado – deliberadamente o no. Entre una de las monedas, había una de un Gulden de 1980. Al examinarla superficialmente, su parecido con la moneda de 10 peniques es sorprendente. Tienen casi el mismo diámetro, altura y peso. Cualquier máquina dispensadora no distinguiría la diferencia.
Mi primera reacción, como la de cualquiera que se tropieza con la falsa moneda, es la de quitármela de encima lo antes posible. Sin embargo, luego reflexioné sobre dicha moneda y cambién de opinión.
El 1 de enero de 2002, además de desaparecer la peseta de España, en favor del euro, en otros tantos países de la zona Euro se produjo un reemplazo similar. En el caso de Holanda, la moneda que desapareció fue el gulden. Aunque aún puedan canjearse monedas de Gulden en el banco central holandés, dicha moneda ya no es de curso legal.
¿Fue el cambiazo deliberado? Es conocido que hay una moneda tailandesa que tiene tamaño y forma muy similares al euro. Lo mismo ocurre con la nueva lira turca y la de dos euros. En ambos casos, la moneda extranjera es mucho más barata que la española y cualquiera que se muestre habilidoso dando cambiazos puede ganar mucho dinero. No ocurre asín con el gulden. Una moneda de un gulden equivale a unos 0,45 euros. Una moneda de 10 chelines británicos equivale a unos 0,14 euros. Así, puede decirse que salí ganando con el cambio.
¿Cuándo llegó esa moneda a las islas británicas? Cuesta pensar que lo hizo con mucha posterioridad a la desaparición del gulden. En el beneficio de la duda, digamos que lo hizo el mismo enero de 2002. Desde entonces, hace de ello más de cuatro años, la moneda ha estado cambiado de manos, sin cesar. Cuatro años de ininterrumpidos bandazos y viajes. Con una historia tan apasionante, no podía dejar pasar esa moneda. Hoy, tras su ajetreada vida, descansará para siempre en mi casa, en España.

Fronteras

El país del mundo que más tiempo lleva sin cambiar sus fronteras – sin perder o ganar colonias, sin aumentar o disminuir de tamaño – es Suiza, que mantiene su tamaño actual desde el Congreso de Viena de 1815.
Curiosamente, la Suiza actual es la más grande de todas las suizas que ha habido a lo largo de la historia, dado que en dicho tratado se le concedieron tres cantones más que nunca antes tuvo.
Pocos países actuales mantienen sus fronteras desde hace menos de 100 años. España perdió su última colonia, Sáhara occidental, en 1975.

Billetes grandes

I
Aún no he tenido un billete de 500 euros en mis manos. En realidad, apenas si he tenido unos pocos billetes de 100, todo lo más. El cambio del euro a la peseta nos ha hecho desempolvar la aritmética de los decimales. Las cantidades que manejamos aún son bastante pequeñas.
II
Cuando la economía de un país se degrada mucho, aparece el fenómeno de la hiperinflación: Los precios no cesan de subir y es casi imposible para las autoridades monetarias controlar dicha escalada.
En países afectados por una inflación galopante, hay que pensar de forma relativa. Lo que hoy vale diez, en un mes puede valer cien.
Un caso dramático es el de Perú. Cuando estudiaba en Primaria, me enseñaron que la moneda del país era el Sol. El Sol nació como una moneda “fuerte”. En sus orígenes, un sol valía tanto como 5 francos franceses. Así, en sus orígenes, allá por 1931, un Sol estaba dividido en cien céntimos. Con el devenir de los tiempos, se llegó a 1985, año en que existían billetes de 100.000 soles.
No sé exactamente si se hace con algún tipo de picaresca, por comodidad, o para parecer que el país dispone de una moneda fuerte, pero cuando se llega a cifras tan altas, lo que suele hacerse es cambiar la moneda, en cierto modo “simplificarla”. Se le quitan un montón de ceros a todos los billetes y ya está.
En el caso peruano, optaron por cambiar de moneda, al Inti. Un Inti eran 1.000 Soles de los antiguos. Así, al comienzo sólo había billetes de 50 y 100 Intis.
Pero la inflación crónica de un país no se soluciona cambiando el nombre de la moneda. Con el tiempo, empezaron a surgir nuevos billetes, de los 100 Intis se acabó llegando a los 5.000.000 de Intis en un billetito.
La solución fue fácil: volver a cambiar de moneda. Ahora el nuevo nombre es el de Nuevo Sol. 1.000.000 de Intis equivalen a un Nuevo Sol. O sea que un Nuevo Sol equivale a mil millones de Soles antiguos.
La situación de Perú no es tan excepcional. En muchos otros países se ha optado por medidas similares. Turquía es el caso más claro. En el año 2004 la lira turca y el Inti eran las dos monedas más devaluadas del mundo. Hoy en día, tras el cambio que han realizado los turcos (1.000.000 de liras turcas antiguas = 1 lira turca nueva) el título estará en disputa, pero está claro que cuando alguien lleve mucho tiempo con la peor moneda del mundo acabará cambiándola.

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Olivenza y Gibraltar

Muchos españoles están obsesionados con recuperar Gibraltar. Un pequeño lugar en la costa de Cádiz que, tanto histórica como geográficamente, debería pertenecer a España. Estando ambos países en la Unión Europea, es triste ver como, los que debieran ser dos amigos, no son capaces de ponerse de acuerdo al respecto.
Para los gibraltareños, la situación es clara: están ubicados en una de las zonas más pobres de todo España. La frágil economía de la zona apenas se sustenta en el tráfico de drogas, de tabaco y en el intercambio turístico y comercial que se establezca con Marruecos, a través del puerto de Algeciras. Andalucía es una región pobre en general y el Campo de Gibraltar es una región pobre dentro de Andalucía.
Para los que no se convenzan de ello, pueden leer este artículo en que se cuenta como:

Cádiz es, junto a Badajoz, la provincia española con una menor renta familiar disponible. O, lo que es lo mismo, la provincia más pobre de España. La Línea, Sanlúcar y San Fernando, las tres ciudades más pobres de España.

Sin embargo, Gibraltar es una ciudad próspera, con un buen nivel de vida. Si dejaran de ser una colonia británica todo eso desaparecería.
En un Referendum extraoficial, se llegó al resultado de que el 99% de la población quería seguir siendo inglés. Sobran las palabras.
El punto de vista español es claro: los ingleses se aferran a unos derechos un tanto precarios, obtenidos en una batalla hace varios siglos. La época del colonialismo pasó hace mucho tiempo y resulta anacrónico que existan lugares como Gibraltar.
Sin embargo, cada uno de los argumentos que España reprocha a Inglaterra, en la búsqueda de justificación sobre su soberanía en Gibraltar, se pueden aplicar en su contra. Pero en este caso se trata de un conflicto mucho menos conocido. En él, los españoles somos los que tenemos “algo” de otro país. No es Ceuta ni Melilla: se trata de Olivenza, una región de unos 750 km² en la provincia de Badajoz.

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Cook, Peary y Amundsen

Si la conquista del Polo Sur fue un ejemplo de honor y juego limpio, la del Polo Norte resultó todo lo contrario.
En Abril de 1908, Frederick Cook(1865-1940) descubrió el Polo Norte. O al menos eso fue lo que él dijo. Había realizado una expedición, casi por sorpresa. Según él, marchó en el invierno de 1907 al Ártico, en una expedición de caza. Estando allí, se planteó intentar llegar al Polo Norte. Para ello contó tan sólo con dos esquimales (inuits exactamente). Dado lo precipitado del asunto, no pudo llevarse los instrumentos astronómicos adecuados para precisar su posición, así, es posible que estuviera muy cerca del Polo Norte, o en el mismo Polo, pero su testimonio resultaba un tanto endeble.
El viaje de vuelta fue muy complicado y peligroso, hasta la primavera del año siguiente no estaban de vuelta en la civilización.
Mientras tanto, el también americano Robert Peary (1856-1920) había iniciado otra expedición, que también acabó con el descubrimiento del Polo Norte.
Como el primero en volver fue Cook, recibió el aplauso de la prensa. En ningún momento cuestionaron lo que decía, ¿Por qué habría de mentir?

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Shackleton, Scott y Amundsen

Quizás la historia más fascinante de la Humanidad es la que trata sobre el descubrimiento del Polo Sur. Cualquier esfuerzo de sintetizarla en pocas palabras tropezará contra el fantástico precedente que supone la narración del austriaco Stefan Sweig, publicada en español por la editorial “El acantilado” bajo el título de “Momentos estelares de la humanidad”.
Como toda la obra de Sweig es monumental. Este libro, narra de forma resumida diversos acontecimientos históricos que, en cierto modo, se decidieron en un segundo. Como cuando Napoleón perdió la batalla de Waterloo porque uno de sus oficiales no decidió contravenir las órdenes que él mismo le había dictado. O cómo se perdió Constantinopla a manos de los turcos por un despiste increíble. Una obra que hay que leer, sin más.
Y es que nunca antes hubo un encuentro entre dos personalidades tan contrapuestas como la del noruego Amundsen y la del inglés Scott. Los hechos sucedieron, más o menos, del siguiente modo:
Los ingleses, sin nada más que descubrir, estaban pateando el único lugar virgen que quedaba en la Tierra: la Antártida. Habían mandado varias expediciones al polo Sur, para realizar labores científicas y llegar tan cerca del Polo Sur como fuera posible. Capitaneadas por Ernest Shackleton, llegaron más cerca del polo de lo que ningún hombre antes había estado. En su segundo viaje quedaron a tan sólo 180 kilómetros del polo Sur, pero con toda la sangre fría del mundo decidieron volver al campamento, sin ir más lejos, tras sopesar las posibilidades de éxito. Mejor un burro vivo, que un león muerto, diría después el propio Shackleton.

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Países y coca-colas

Con motivo del cumpleaños de Coca-cola ( 120 años) podemos oír una vez más una de las mentiras más veces contada. Según dicen (Bolsacinco, 20 minutos, Antena 3 , es el producto que más difusión tiene en el planeta, vendiéndose en 232 países del mundo.
En Terra, por ejemplo, tienen la mínima capacidad crítica de constantar que son más países que los que componen las Naciones Unidas (191 países).
Sin embargo, poca gente parece saber que no hay más de 200 países en el mundo.
Los únicos países que no forman parte de las Naciones Unidas son El Vaticano, Palestina, Niue y Taiwan. A esta lista puede unirse de forma un poco forzada países como Sahara Occidental o las Islas Cook.
En ningún caso se supera la lista de 200 países. Me gustaría saber cuáles son esos 32 países donde también se vende la Coca-cola.

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Calles curiosas

Este texto ha sido resaltado de un comentario a un anterior post. El autor es Raúl. Demasiado brillante para no ser remarcado:
En mi pasada experiencia como mensajero me he encontrado con casos realmente curiosos:
– Sin llegar a los extremos de Gallur, en las inmediaciones de la calle Canillas hay ejemplos similares de vías tortuosas como Gomeznarro o Andorra, de inverosímiles trazados y pesadilla para transportistas y carteros novatos.

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