De la amistad

Cuando el filósofo Diógenes tenía necesidad de dinero, decía que lo reclamaba, no que lo pedía. Y para probar cómo esto se practica en realidad, traeré a colación un singular ejemplo antiguo. Eudomidas, corintio, tenía dos, amigos: Carixeno, cioniano, y Areteo, también corintio.
Cuando murió, como estaba pobre y sus dos amigos eran ricos, hizo así su testamento: «Lego a Areteo el cuidado de alimentar a mi madre y de sostenerla en su vejez; a Carixeno le encomiendo el casamiento de mi hija, y además que la dote lo mejor que pueda. En el caso de que uno de los dos venga a morir, encomiendo su parte al que sobreviva.»
Los que vieron primero este testamento se burlaron, pero advertidos los herederos de su alcance lo aceptaron, con singular contentamiento. Habiendo muerto cinco días después Carixeno, Areteo mantuvo largamente a la madre y de su fortuna, que consistía en cinco talentos, entregó dos y medio a su hija única, y otros dos y medio a la hija de Eudomidas. Las dos bodas se efectuaron el mismo día.

Michel de Montaigne, Ensayos (XXV, De la educación de los hijos).

De la dificultad de publicar un libro

Su comentario social y el uso magistral del estilo indirecto y la ironía hicieron de Jane Austen una de las más influyentes y reconocidas novelistas de toda la literatura inglesa.

Para muchos profesores universitarios sus obras se encuentran entre las de los mayores genios de la literatura inglesa, a veces incluso llegando a ser comparada con Shakespeare.

Sus seis novelas han sido llevadas al cine, algunas con enorme éxito como Pride and Prejudice y muchas de ellas con sucesivos remakes.
II
David Lassman de 43 años, es un desconocido escritor inglés. Hace pocos meses terminó su primera novela, Freedom’s Temple. Entonces inició el peregrinaje por las editoriales tratando de encontrar un editor que quisiera publicar su libro.
Recibió cartas de rechazo de todas las editoriales a las que consultó. Tras recibir tan severo varapalo, decidió comprobar si la culpa era de su libro, que no era bueno, o simplemente de su anonimato.
David Lassman escribió una nueva novela, bajo el seudónimo de Alison Laydee. Esta segunda novela apenas si le llevó tiempo escribirla. En realidad se limitó a copiar los primeros capítulos de tres de las novelas más conocidas de Jane Austen: Pride and Prejudice, Northanger Abbey y Persuasion.
No fue mucho más sutil. Cambió el nombre de los personajes de la novela y el título del libro a First Impresions. Y se sentó de nuevo a esperar.

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Secadores de pelo

Hace unos días estuve mirando las opiniones de los consumidores sobre los secadores de pelo en la página de Amazon. Era la primera vez que leía este tipo de revisiones, antes sólo lo había hecho para las opiniones sobre libros.
He de reconocer que son una lectura provechosa y práctica. La tecnología de los secadores de pelo, silenciada por los i-pods y la telefonía, avanza a una velocidad de vértigo. Sin embargo, lo que más me llamó la atención sobre dichas valoraciones era la vida que había detrás de ellas. Los secadores de pelo habían sido unos regalos brillantes hechos por novios que se convirtieron en el definitivo, habían sido enormes decepciones que se averiaban a los pocos días, fueron un gran paso hacia la felicidad de tener un pelo precioso, o de no tener que perder muchos minutos al día cada mañana. Todas esas historias tenían mucha más pasión que las opiniones sobre libros que se escriben en Amazon.
Triste mundo en el que un secador de pelo puede aportar más a una persona que un libro. Y no es culpa de los secadores, ni que las personas sean muy simples. Es que los libros que hoy en día se leen no nos suponen nada. O casi nada. Leer puede ser un entretenimiento pero esa no es su función primordial. Como la comida, que puede ser divertida y un placer, ante todo el hecho de leer debe entenderse como un aporte de nutrientes, al alma. Hay que leer libros que no sólo llenen el estómago, sino libros que nutran nuestros tejidos, que nos hagan diferentes, aunque estos signifique peores. Hay que leer buenos libros aunque sean difíciles. No importa que edad tengas ni a lo que te dediques. Tu obligación es leer todos los días algo bueno.

Borgiana

Provisto de teléfonos, de telégrafos, de fonógrafos, de aparatos de radiotelefonía, de cinematógrafos, de linternas mágicas, de glosarios, de horarios, de prontuarios, de boletines

Observó que para un hombre así facultado el acto de viajar era inútil; nuestro siglo XX había transformado la fábula de Mahoma y de la montaña; las montañas, ahora convergían sobre el moderno Mahoma.

Jorge Luis Borges, El Aleph (1949)

Motivaciones

Cuando uno va buscando un libro, se nos ocurren todo tipo de explicaciones que justifiquen esa búsqueda: lo necesita para un trabajo, cree que lo necesita para un trabajo, le apetece leer una novela, quiere regalar algo a un amigo. Sin embargo, la experiencia me confirma que las motivaciones pueden ser mucho más oscuras de lo que cabría esperar. Estos son dos casos reales, en que la búsqueda de un libro escapa a cualquier clasificación racional.

I

Tengo un amigo que juega al ajedrez y que guarda meticulosamente todas las planillas (la hoja en que se escriben los movimientos) de sus partidas. El principal problema está en que, la mayoría de las planillas tienen tamaños diferentes, dependiendo de la organización del campeonato.
Mi amigo tuvo la idea de usar un cuaderno escolar usado: pegaba las planillas en las hojas del cuaderno, con lo que podían leerse como en un libro. El sistema era ingenioso, pero fallaba cuando había muchas partidas, el cuaderno se iba haciendo demasiado grueso por la derecha y la parte de la izquierda, la del lomo, está a punto de ceder ante el engorde del cuaderno.
Así, tuvo una idea más ingeniosa:

Decidí que mejor que usar un cuaderno, podía usar un libro. Así que fui por las librerías de segunda mano, buscando un libro que se ajustara a mi propósito: debía ser más o menos alto, por lo menos como uno de los cuadernos. Tenía que tener buena encuadernación, a ser posible pastas duras. Muchas páginas, tantas como fuera posible. Pero sobre todo, ser barato. Así, estuve recorriendo varias tiendas, mirando a los libros como lo que son, un montón de hojas de papel, cosidas o pegadas. No me interesaba la temática, ni la calidad de la obra, sólo que fuera un libro grande y resistente. Acabé comprando una biografía de Wiston Churchill, escrita en inglés, de unas cuatrocientas páginas, encuadernación excelente, por dos euros.

Si el precio de un libro es la suma del hardware (el libro físico, lo que cueste el papel, la tinta y el cartón y su procesamiento) más software (el valor de las palabras), esa biografía de Churchill es, posiblemente, el software más barato – el peor libro – que jamás se haya publicado en buena encuadernación.

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Como leo

Volviendo a casa en el metro, tenía a mi derecha a una chica que leía un libro de Dan Brown – presumiblemente El código Da Vinci – y al otro lado a un hombre leyendo algún libro del Capitán Alatriste. En medio de los dos, trataba de entender el ensayo:
Rational Adversaries? Evidence from Randomized Trials in the Game of Cricket.
Nunca he sido amigo de las lecturas fáciles. En parte, porque me gustan temas demasiado variados (eclecticismo). Esto me lleva a cambiar el centro de atención demasiado a menudo. Si por ejemplo, leo una novela como Trópico de Capricornio, de Henry Miller, aún cuando me parezca soberbia, no paso a leer otro libro de Miller, o a buscar autores similares – siempre se le compara con Bukowski. Lo que hago es buscar información sobre Henri Bergson y su libro La evolución creadora, porque son mencionados en el libro de Miller.
Busco en la enciclopedia y me encuentro con que Henri Bergson era un profesor universitario de filosofía en París. Su biografía es impresionante: sus clases estaban siempre abarrotadas, los que no podían ingresar en sus cursos como alumnos, iban como oyentes. Un profesor que podría haber llenado el aforo de un campo de fútbol si le dejaran dar las clases allí. Su capacidad de expresión de ideas complejas en términos comprensibles ha sido, quizás aún no superada. Apenas si publicó cuatro libros en toda su vida, para cada uno de ellos empleo unos diez años. Recibió el premio Nobel de Literatura, en 1927, aún escribiendo filosofía: Tengo que leer La evolución creadora, de Bergson.
El libro supuso un antes y un después en el desarrollo de la teoría de la evolución; es muy denso pero comprensible. Al terminarlo no me apetece leer otro de sus grandes libros, ahora me interesa leer a uno de los detractores de la filosofía de Bergson, y me leo un libro de Wittgenstein, el famoso Tractatus Logico-Philosophicus, que a pesar de todo me resulta un auténtico peñazo y dejo por la mitad.

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Derechos de autor

Una de las historias más sorprendentes de plagio y mentira es la del periodista y escritor Nahuel Maciel. Les recomiendo que la lean de aquí, en un interesantísimo artículo de Mario Diament y mejor lectura que este resumen.

Para los perezosos, saber que Nahuel Maciel consiguió un crédito literario en Argentina bastante notable, a base de entrevistas a escritores y pensadores de primerísima fila. El principal problema era que se inventaba las entrevistas por completo.

Toda la personalidad de Nahuel Maciel se resume en su libro El elogio de la utopía, publicado en 1992 (ISBN: 9509067482). Y es que todo él es una gran mentira.

El libro es un compendio de entrevistas realizadas a Gabriel García Márquez por el propio Nahuel. Como pudo saberse algún tiempo después, esas entrevistas eran completamente inventadas.

Antes de cada capítulo, Nahuel Maciel realiza una introducción al mismo. También se descubrió que era una mera copia, palabra por palabra, del libro Prior de la Ciudad de los Toldos, de Mamerto Menapace. La aportación de Maciel fue sustituir en cada párrafo la palabra “Dios” por “utopía”.

Finalmente, el prólogo al libro, supuestamente escrito por el escritor uruguayo Eduardo Galeano, también era una invención de este genial artista de la mentira.

Abandonemos la historia de Nahuel Maciel, que insisto es quizás la más interesante de todas, relatada por Mario Diament. Y centrémonos en ese prólogo de Eduardo Galeano. A diferencia del sacerdote Mamerto Manapace, bastante desconocido fuera del ámbito eclesiástico argentino, Eduardo Galeano es un reconocido escritor con una amplia página en la Wikipedia en castellano.

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Las olas

No he leído ningún libro de Manuel Vicent, pero su columna dominical, en la última página del periódico el País, suele parecerme excelente.
No sé si es un buen escritor de novelas, lo que sí que tengo claro es que domina el género para el que escribe en el periódico como pocos en España.
Resalto aquí la que publicó hace casi dos años, el 28 de Marzo de 2004, que me causó tan honda impresión como para recordarla. Lo hago para que vosotros tengáis la oportunidad de leerla y como forma de tenerla a mano yo mismo.
Curiosamente la he encontrado a través de un blog de Spaces, pero no le pongo un link por la falta de ética de la persona que la transcribió, al no dignarse a indicar el autor del texto.

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Por qué el Quijote es un buen libro.

Estamos hartos de escuchar que el Quijote es un grandísimo libro y sin embargo pocos de nosotros lo leemos, si no es obligados por los profesores. Dos son las cosas que más nos echan atrás. La primera, que el libro es muy grueso. Pueden ser 600/700 páginas como poco. La segunda, que acentúa la primera, es que el lenguaje no se corresponde con el actual y eso siempre puede ser una traba. Finalmente puede hablarse de un tercer impedimiento: la historia, tratada en películas y dibujos animados, es por casi todos conocida.

Sin embargo, pienso que estos inconvenientes son menores y daré mi opinión sobre las grandezas que encierra este libro. Sé que decir algo nuevo al respecto es como pretender inventar la rueda, y hacerlo mejor que otros tampoco será posible. Porque todo el mundo ha opinado al respecto, algunos muy doctos. Pero en mi blog, ninguno.

Ante todo la gloria del Quijote está en lo que supone: El Metalibro. Lo que hace que los escritores se deshagan en halagos ante el libro es el hecho de que sea uno de los primeros y más intricados casos de metanovela. Una metanovela es una novela que trata sobre novelas. En este caso, el Quijote lo es de una forma tan plural que sobrecoge al que lo piensa.

a)La base de la locura del Quijote son los libros de caballería. Así, en todo momento se citan otras novelas, sus virtudes, su aceptación, su propia temática. La novela parte de lo que otras causaron.

b)La autoría es anidada. Según afirma el propio Cervantes en la introducción, él encontró un texto en árabe, el cual tradujo, siendo el resultado de su traducción el Quijote. A su vez, el autor árabe indica que tomó la historia de otra fuente y en todo momento indican que la historia es real. Esta forma de darle la vuelta a las cosas permite múltiples juegos literarios, porque tenemos tres textos simultáneos. Por un lado, el del escritor original – desconocido – por otro, algunas acotaciones que aborda el autor árabe, como indicando que tal o cual capítulo le parece verídico o no. Finalmente, Cervantes hace referencia a lo que el traductor árabe dijo o dejó de decir. Así, con una original artimaña, consigue un libro con 3 autores, siendo uno de ellos anónimo, que le permite una forma de escribir totalmente original en la época.

c)La novela habla de sí misma. Esto es algo que logra el sueño de todo artista. El sueño de todo creador es realizar una obra que se haga a sí misma. El cuadro más famoso de España es “Las Meninas” que a su vez es un metacuadro, por cuanto en él podemos ver al autor mientras pintaba otro cuadro distinto – posiblemente inexistente – .Al margen de su cualidad artística, indudable, lo que le ha hecho llegar tan lejos en su fama es su faceta de metacuadro. Más allá de la pintura final hay enormes complejidades, está el cuadro dentro del cuadro, cuadros colgados de las paredes, la gente que se ve y la que no se ve. El juego del espejo, la intriga de las figuras. Velazquez realizó en pintura lo que antes Cervantes, tal vez por primera vez en las artes, había logrado en la literatura.

En otras artes se ha seguido la estela iniciada por Cervantes. En cine, una de las obras más famosas de la historia es Ocho y medio, de Fellini, que a su vez habla sobre el proceso creador de la película. Bailando bajo la lluvia es otro brillante ejemplo en el que la historia es la narración sobre cómo se prepara otra película. De vivir, Velazquez hubiera exigido derechos de autor.

Volviendo al genial alcalaíno, el Quijote habla sobre sí mismo porque es una novela en dos partes. La primera tuvo un éxito increíble, su libro se vendía como churros y en pocos años tuvo traducciones en muchos idiomas, hasta en chino. Todo esto lo cuenta el propio autor en la introducción a la segunda parte. Lo que pasó es que, dado el éxito, la gente quería la continuación de la historia. Cervantes, como excelente escritor, no quería rebajar su creación a la de autor de sagas – como el ahora tan alabado Tolkien – sino que pretendía abordar nuevas historias en diferentes formatos y estilos. Ante su falta de oportunidad, otro llegó y sacó la segunda parte del libro. Según Cervantes afirma, esta segunda parte era bochornosa, digna de vergüenza. Para defender su autoría, y evitar futuros plagios, Cervantes, obligado por las circunstancias, escribió la segunda parte, con la idea de matar al personaje al final de la misma y evitar nuevos aprovechamientos ajenos.

El colmo de su genialidad es cómo hizo esta segunda parte. Pues en ella, los personajes son conscientes de la existencia de la primera parte. Así, se encuentran a personas que han leído la primera parte del libro, y eso mediatiza la historia. Además, el Quijote, cuando conoce de la existencia de una segunda parte apócrifa, monta en cólera y trata de cambiar la historia que se cuenta. De este modo, tenemos a un libro que habla sobre sí mismo, sobre la copia que de él se hizo, en el que los personajes son conscientes de su existencia literaria. Cum Laude.

Enciclopedias en el siglo XXI

Como muchos otros españoles, compré la primera edición de la enciclopedia que “regalaban” con el periódico. Y digo regalaban porque hoy en día la venta de diarios se ha convertido en una suerte de negocio mixto. Raro es el periódico que no te regala una figurita de ajedrez, una pieza más de la reconstrucción del Titanic o una manida colección de libros. Los compradores esporádicos no saben a qué atenerse a la hora de ir al quiosco.
La susodicha enciclopedia se inicia con un interesante prólogo justificatorio. En realidad, con la generalización de Internet como herramienta de búsqueda, es más que cuestionable la necesidad de una enciclopedia en la actualidad. Y sobre dicho tema versa la introducción. Se jactan finalmente de que la enciclopedia sirve para “elegir, de entre una jungla de datos disponibles, aquellos realmente significativos y descartar los que sólo contribuyen a generar confusión.” No contentos con aportar una única ventaja, también ofertan la mezquina virtud de la inmediatez en el acceso. Si no se tratara de una publicación elevada habrían dicho: “pero además es mejor que Internet porque si se va la luz puedes consultar la enciclopedia y tardas menos en buscar una palabra que en encender el ordenador, conectarte a Internet y encontrarla.”

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