Cuentas separadas

Hace unos días, entre los favoritos de internet (que pueden y deben consultarse diariamente en del.icio.us/popular o mejor aún en del.icio.us/tag/toread ) aparecía un artículo titulado Los 25 mejores consejos sobre el dinero.
De entre todos ellos, había una verdad muy incómoda. Para uno de los expertos consultados, el principal punto a tener en cuenta a la hora de administrar el dinero, conseguir ahorros, hacerse rico y dar con buenas inversiones, era elegir una buena esposa.
Terreno movedizo mezclar dinero con amor. Se supone que una buena pareja debe ser una persona comprensiva, cariñosa, asertiva, divertida, ingeniosa, buena en la cama y fuera de ella. A falta de algunas virtudes ser un manitas o una buena cocinera han estado siempre bien considerados. ¿Qué tiene que ver el dinero con todo esto?
Un amigo mío es una de esas personas que podría tener mucho dinero. Tiene cierta facilidad para ganarlo: es un gran trabajador y muy bueno en lo que hace. Además tiene gustos muy austeros. Sin embargo, su mujer es bastante diferente. Le gusta un ladrillo más que a un tonto un lápiz. Gracias a ella ahora tienen dos coches y dos casas…y una enorme deuda con el banco. Ellos son felices, pero también son menos ricos de lo que podrían serlo. Desde luego el dinero no da la felicidad, pero no me sorprendería que la vida les diera uno de esos “imprevistos” en que uno tiene la necesidad de gastar mucho dinero. Los imprevistos se convierten en problemas cuando no hay dinero para pagarlos. Y los problemas acaban con la felicidad.
Desde luego, no se debe elegir caballo sólo mirándole los dientes. Pero no está de más echarles un vistazo antes de comprarse uno. Es una pena ver como hay gente que tiene varios empleos, vive como un asceta para ahorrar unos pocos euros y luego, cualquiera desde fuera puede ver cómo todo el dinero se va por el sumidero porque su pareja es manirrota.
El peor caso de todos es el de la gente simple. Un familiar mío es la típica persona sencilla a la que le gusta veranear en el campo, pasar la tarde entre ovejas o gallinas trabajando más que durante el resto del año. Una persona de gustos sencillos. Y encontró a una mujer sencilla como él. Lo peor de todo es la gente sencilla que trata de parecer sofisticada. Mi familiar es un tipo que parece un paleto pero al que cuando se le conoce un poco se da uno cuenta de que es un tipo listo, ingenioso y que además sabe disfrutar de las pequeñas cosas. Pero su mujer además de todo eso es pretenciosa. Ya en el viaje de novios les tocó el martirio de ir a Japón. El capricho implicaba gastar el triple de lo que a él le habría bastado para tener una excelentes vacaciones. Cuando aún se estaban recuperando de deudas y subidas de tipos de interés ya tenía ella pensado un nuevo viaje, esta vez a Canadá.


Me imagino que Canadá y Japón son dos países estupendos, pero a mi familiar, que nunca ha estado ni en París, ni en Roma, ni en Londres – y que como siga este ritmo nunca estará – todos esos viajes le vienen largos. Y sobre todo le vienen caros. No digo que no esté siendo feliz con su mujer, pero que si ella hubiera tenido un par de dedos más de sesera financiera su vida sería un poco más feliz, tal vez no ahora, pero sí en el futuro.
Cuando se vive con una persona durante un cierto tiempo, con papeles o sin ellos, llega un momento en que se llega a la conclusión de que hay que poner, además de la vida, la economía en común. Momento dramático donde los haya. Deja un antes y un después, muy diferenciados.
No hace falta invocar a estudios de Harvard para saber que cuando se paga a escote se tiende a gastar más. Si pagamos entre todos, mejor me pido el whisky de un par de años más. Si pagamos entre todos pido postre. Si pagamos entre todos, ¿No me voy a apretar un chuletón?
Al final, todos pagan más. Los extranjeros no pagan casi nunca con este sistema, tal vez porque le dan menos importancia a los aires de prosperidad. En inglés hay una expresión que me gusta, going Dutch. Que significa que cada uno se pague lo suyo. (la entrada de la Wikipedia del link es interesante).
Cuando las parejas entran en la dinámica en que todo es de todos tienden a gastar mucho más. Y es habitual caer en los pactos, más o menos tácitos. Si tú vas al gimnasio yo voy todas las semanas a la peluquería. Si sales de cubatas yo exijo cenar fuera todos los sábados. En algunos casos hay tendencias revanchistas que resultan autodestructivas. Como cuando uno se plantea un gasto muy elevado. Luego comentaré un caso en detalle.
La principal razón que se argumenta para llevar una cuenta común es que todo es más cómodo. La Declaración de la Renta es más fácil y sólo hay que hacer una. Sólo hace falta tener una cuenta en el banco. No hay que estar haciendo cálculos cada dos por tres. Al final es un lío llevar cuentas separadas.
El lío que supone llevar cuentas separadas nos hace una idea de lo inútiles que somos administrando el dinero. Si llevar un registro de las facturas que se van pagando es un lío cuando la vida venga con problemas como niños inesperados, subidas de euribor o despidos, la vida se puede convertir en un infierno. Hay cosas que es mejor no hacerlas fáciles. La economía fácil es siempre una economía de subsistencia. Subsistir es pasar penurias y las penurias traen problemas debajo del brazo.
Las cuentas unidas son una fuente de problemas cuando uno de los dos pretende afrontar un gasto elevado. En tal caso, hay que negociar con la otra persona porque al fin y al cabo el otro tiene que pagar la mitad de ese gasto, que muchas veces puede ser un simple capricho. Como ponerse las tetas, o un coche todoterreno. O un vestido de noche realmente caro. O una moto, o un equipo informático más propio de la NASA que de un escritorio.
Para terminar con buen sabor de boca os contaré la historia de unos conocidos. Él es español de pura cepa y se llamará Alberto y ella es suiza y se llamará Johanna. Viven juntos en Madrid desde hace unos cinco años. Por Fin de Año Johanna preparó unas vacaciones por todo lo alto en Munich. Por la típica amiga de una amiga que había estado allí la chica llegó a enterarse de que hay un castillo en Munich donde se celebra por todo lo alto el Fin de Año. El cubierto cuesta un ojo de la cara y hay que llevar un vestido a lo Sisi.
Johanna se encaprichó con la idea y con la habitual mano izquierda de las mujeres llegó a convencer a Alberto de que se tomaran unas vacaciones por Navidad para pasar ese Fin de Año en esa fiesta de ese castillo. Para su sorpresa Alberto se dejó convencer con cierta facilidad.
Esto ocurrió en el verano. Johanna tenía una idea oculta que no había querido destapar directamente. Iba a conseguir que Alberto le pidiera en matrimonio en esa fiesta. Romanticismo del siglo XIX en estado puro. La cita, la fecha, el vestido, y un trabajo sicológico de algunos meses serían suficientes para conseguir que todo fuera perfecto.
En mitad de su maquiavélico plan se enteró de que Alberto había conseguido algún dinero de una herencia. No era mucho dinero – unos 10.000 euros – pero Alberto siempre había tenido un sueño en la vida, y ese sueño no incluía vestidos de Sisi emperatriz aunque sí un coche deportivo. Mientras Johanna seguía una dieta férrea para entrar en un vestido perfecto encontrado en pleno septiembre, Alberto miraba catálogos de coches que costaban entre 25.000 y 30.000 euros. Todo era un paripé, como el que estaba haciendo Johanna, porque Alberto tenía el dinero de esa herencia desde antes del verano y estaba buscando una forma delicada de contárselo a Johanna. En cuanto esta propuso la idea de Munich, Alberto vio el cielo abierto y abrazó encantado la idea. Tras eso sería menos duro contar su plan de comprar un coche. Pero además, en Alemania los coches deportivos son mucho más baratos que en España.
Conforme se iba acercando la fecha de fin de año aquello cada vez más parecía una guerra abierta. Alberto no tiene ni idea de alemán y necesita que Johanna le llame a los concesionarios para intentar ir encargando un coche y arreglar tareas nada sencillas como el seguro provisional para el viaje de traslado a España. Johanna está pensando cómo llevar el vestido y dónde podrían arreglárselo en Munich y también intentando ver qué se podría hacer en la ciudad.
Alberto ha perdido el norte por completo y está empezando a mirar coches de más de 35.000 euros – en Alemania – y Johanna se ha comprado otro vestido porque el que consiguió en septiembre ya no le gusta. Ya no queda ni un atisbo de duda: Alberto no le pedirá esa noche que se casen. Porque ni se le pasa por la cabeza. Ella tratará de pasárselo bien pero el ya está intentando arreglar el día siguiente: “Dile al del concesionario que a ver si podemos quedar el 1 de enero aunque sea que me de el coche en la calle”.
Aquello fue un desastre que por supuesto no acabó en boda, al menos todavía. Se quieren y seguirán queriéndose tras haber gastado unos cuantos miles de euros cada uno. Pero alguien que lo mire desde fuera con ojos totalmente desapasiados puede pensar que eran dos personas jugando a robar al otro.

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4 comentarios en “Cuentas separadas”

  1. “Los extranjeros […] le dan menos importancia a los aires de prosperidad.”
    Qué enorme verdad. Qué decadente sociedad de mediocres, aquélla que vive por y para las apariencias.
    Y qué pena que, de la misma forma que uno puede apostatar, no se pueda ser apátrida. Maldito artículo 11 de la Constitución…

  2. que gran entrada la de hoy, desde luego cada persona y cada pareja es un mundo. Conozco un monton de casos distintos (arrejuntaos, separacion de bienes, gananciales…) y el factor en comun que lleva al fracaso por causas economicas es VIVIR POR ENCIMA DE TUS POSIBILIDADES.
    La verdad es que en esto es bueno que una parte diga a la otra algo asi como “esto no podemos permitirnoslo, al menos por ahora” es algo que hoy en dia (por lo visto nos deberiamos permitir todo, porque yo lo valgo) solo se lo puedes decir a, o lo puedes escuchar de alguien con quien tengas mucha confianza, sin ofender o sentirte ofendido. Y hoy en dia casi nadie confia en naide.

  3. Fantástico post , felicidades ,mi mujer es Japonesa y he de reconocer que gracias a ella veo la mentalidad española de otra forma y entre otras cosas he evitado ser un hipotecado mas y porque no decirlo , ahorrar mas e invertir mejor . Hoy he sabido de una victima mas de la “burbuja emocional” y lo primero que he pensado cuando me contaba su caso es que era calcado a lo que tu escribiste tiempo atrás.
    Gracias por compartir!
    Saludos!

  4. Yo creo haber dado con un buen sistema para “distribuir” el dinero que entra en casa. Entra en total X dinero entre los 2 al mes. X/3 al alquiler, X/3 para fondo común (comida, luz, adsl…) y x/3/2 para gastar libremente cada uno. Las pagas extras para cada uno. Por lo tanto el ahorro es individual e incluso del fondo comun si X es una cifra importante. Claro está que el dinero ahorrado del fondo comun pertenece a cada cual en caso de separación en función al porcentaje del dinero aportado a X.
    Respecto a ahorros anteriores o dinero que llega de repente a cada uno, éste es 100% de esa persona y punto.
    Y el día de mañana separación de bienes. Todo ha cambiado y con los divorcios express no cabe duda que la razón TIENE que vencer siempre al corazón. Al menos en temas económicos.

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