Horace Clowes Brinsmead

Cuando se habla de imprudencias en los accidentes de avión, se está ofendiendo la memoria de los pioneros de la aviación. La probabilidad de morir en un accidente de avión es proverbialmente baja, pero aún así se cuestiona cada accidente como si fuera algo completamente evitable. Desde luego, a posteriori, lo era.

En los comienzos del siglo XX volar era una auténtica aventura y la probabilidad de matarse era tan elevada, que ni nos damos cuenta. Se suele poner como ejemplo de la seguridad en los vuelos a Horace Clowes Brinsmead.

Brinsmead nació en Hampstead, Londres, en 1883. Con 20 años decidió emigrar al norte de Australia y posteriormente recalaría en Tonga.

En la I Guerra Mundial tuvo la oportunidad de alistarse en el ejército australiano, en la Australian Imperial Force. Sería en ella donde conseguiría numerosas condecoraciones y medallas militares, sobre todo por su participación en la famosamente fallida invasión de Gallipolli.

De vuelta al mundo civil, sería un alto cargo de la Aviación en Australia, regulando las Leyes de Aviación sobre el continente. En 1931 se hallaba inmerso en el proyecto de establecer una línea estable de correo entre Europa y Australia.

En aquella época los aviones tenían que hacer continuas paradas para el repostaje, por lo que se veían obligados a realizar escalas cada pocos kilómetros. El vuelo de Londres a Sydney en Australia duraba unos 17 días.

Algunas de las escalas forzosas eran: Karachi, Jodhpur, Allahabad, Calcutta, Akyab, Rangoon, Bangkok, Alor Setar 31, Penang 34, Singapure, Batayia, Sourabaya, Koepang, Darwin, Alice Springs, Sydney.

El caso es que nuestro héroe estaba pilotando en ese viaje, con el avión Avro X VH-UNA en dirección hacia Europa.

En una de los despegues, concretamente en Alor Star, Malasia, el avión sufrió un accidente, en el que no hubo víctimas mortales. Brinsmead, que sólo sufrió algunos rasguños, decidió continuar viaje, ya como pasajero, en uno de los aviones de la holandesa KLM.

Este avión se estrellaría en el despegue del aeropuerto Don Muang de Bangkok. Y ahora sí fue algo más serio, puesto que hubo cinco muertos y Horace Clowes Brinsmead acabó inválido.

Aunque su historia acaba aquí, por cuanto moriría pocos años después, en 1934.

Lo preocupante es que el avión que se encargó de transportar a los supervivientes del accidente del KLM también se estrellaría.

Y aún más preocupante es que esta noticia no es una de esas casualidades únicas, hasta el punto de que es relativamente desconocida.

Fuentes: La más fiable es esta, que habla sobre Horace Brinsmead.
Hay numerosas referencias al incidente que mencionan a un tal Harold Brinsmead. Incluso el siempre bien documentado Bill Bryson, en su libro Down Under, le da este nombre equivocado.

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