La frase: La fortuna sonríe a los audaces

Audentes fortuna iuvat. La fortuna sonríe a los audaces. Verso de la Eneida, de Virgilio (70 a.C. – 19 a.C).
Origen:
La frase se emplea en la Eneida, concretamente en el verso 284 del libro X.
El contexto completo es el siguiente:
Haud tamen audaci Turno fiducia cessit
litora praecipere et uenientis pellere terra.
[ultro animos tollit dictis atque increpat ultro:]
‘quod uotis optastis adest, perfringere dextra.
in manibus Mars ipse uiris. nunc coniugis esto 280
quisque suae tectique memor, nunc magna referto
facta, patrum laudes. ultro occurramus ad undam
dum trepidi egressisque labant uestigia prima.
audentis Fortuna iuuat.’
haec ait, et secum uersat quos ducere contra 285
uel quibus obsessos possit concredere muros.
Sin embargo, no abandonó su confianza al bravo Turno
en ocupar primero la playa y arrojar de tierra a los que llegaban:
«Aquí está lo que pedisteis con vuestros votos, aplastarlos con la diestra.
El propio Marte está en manos de los hombres. Acordaos ahora
cada cual de su esposa y su casa, recordad ahora las grandes
hazañas, la gloria de los padres. Corramos antes al agua
mientras dudan y vacilan sus primeros pasos al desembarcar.
A los audaces ayuda la fortuna.»
Esto dice y medita en su interior a quién mandar puede
al combate y a quién confiar los muros asediados.
La frase comunmente se cita de forma errónea: las versiones Audaces fortuna iuvat y Fortes fortuna iuvat son incorrectas variaciones del original.
Innumerables alteraciones existen sobre este tipo de llamadas a la valentía. El que no arriesga, no pasa la mar. Los barcos están seguros en el puerto, pero no es eso para lo que se construyen los barcos, sino para navegar y hacer cosas nuevas. Mientras el tímido reflexiona, el valiente va, triunfa y vuelve.
Frase aplicable a:
Los ejemplos de personas que arriesgaron y triunfaron son numerosos. Gente que lo dejó todo y acabó teniendo éxito en su arriesgada misión. Los empresarios de éxito te gritan “tienes que arriesgar para triunfar”. Si no te atreves a hablar con la chica más guapa de todas nunca sabrás si ella quería estar contigo. Nadie pasa a la Historia – o se alegra de haber pasado – habiendo sido un cobarde.
A veces uno necesita contraejemplos. Que en realidad, son mayoría. Por cada emprendedor que triunfa hay 20 que se quedaron en la ruina. Por cada aspirante a actor hay 100 que sólo hicieron papeles menores durante toda su vida. Por cada supuesto artista, 1000 pobretones.
Jim Plamondon, quien hoy en día tiene 47 años de edad, estudió Geología e Informática en la Universidad. Luego comenzó trabajando como vendedor a través del teléfono. Después pasó la mayor parte de su carrera en el mundo de la informática, como programador. Hasta que en 1992 llegó a Microsoft, justo cuando la compañía del famoso Sistema Operativo estaba comenzando a hacerse casi universal.
Allí, Jim Plamodon pasó ocho años convenciendo a desarrolladores de otras compañías para que crearan software para la plataforma Microsoft. Luego, dejó Microsoft para dedicarse a sus propios proyectos. Ejerció sus opciones sobre acciones de Microsoft y las invirtió en un portafolio valorado en 2 millones de dólares. Vendió su casa y se mudó a Australia, donde se compró una preciosa casa junto a la playa. Allí se mudó con su esposa y sus dos niños.
Audentis Fortuna iuuat. En este caso, Jim Plamodon había trabajado muy duro para conseguir tener la vida resuelta. No tenía que trabajar para vivir y podía dedicarse a sus propios intereses con total tranquilidad.
Pero Jim tenía una idea. Brillante si la examinamos desde el punto de vista racional. Jim había tocado la tuba de pequeño. Sus conocimientos musicales eran superficiales, pero sabía que aprender a tocar un instrumento es una tarea altamente frustrante. Y es una pena, porque aprender música estimula el cerebro y hace a los niños más inteligentes.
Jim Plamodon se fijó en el caso del popular piano. Es un instrumento que apenas ha evolucionado desde el siglo XIX. Sigue siendo enormemente popular, pero para los niños es muy duro conseguir progresar en el aprendizaje del instrumento. Para Jim, el ejemplo de su mujer y su hijo, que abandonaron la práctica del piano a los seis meses de empezar a aprender, fue revelador.
Jim tenía tiempo y dinero. Poco a poco se iría embarcando más y más en su proyecto personal, de una ambición sin límites: The Thummer.
Un aparato electrónico que, conectado a un ordenador, emite sonidos similares a los de un piano. El teclado, en lugar del monótono mecanismo del piano convencional, es más parecido al de una consola WII. El objetivo del invento de Jim era claro: evolucionar sobre un instrumento anclado en el pasado, de difícil aprendizaje. The Thummer sería mucho más barato que un piano convencional. Y sobre todo, su aprendizaje es mucho más intuitivo y rápido.
El año 2000 vino con la crisis punto com. Resulta que el portofolio de acciones de Jim Plamodon, valorado en más de 2 millones de dólares, estaba excelentemente diversificado entre empresas tecnológicas. Jim perdió casi todo su dinero ahorrado.
Pero Audentis Fortuna iuuat. La fortuna sonríe a los audaces. The Thummer sería, sin lugar a dudas, una excelente opción para salir adelante. Sus desarrollos para mejorar al obsoleto piano no eran nuevos. Ya en 1880, Paul van Janko, un húngaro, había patentado una alternativa más ergonómica a la distribución del teclado. Kaspar Wicki, un inventor suizo de 1896, tiene una patente parecida para la Concertina (un tipo de acordeón).
Con la idea del teclado de la videoconsola, Jim Plamodon fundó en el 2003 la compañía Thumtronics. Contrató a un ingeniero para que desarrollara los prototipos y alquiló unas oficinas encima de una tienda de música. Consiguio 500.000 dólares de inversores interesados en su proyecto.
Para el 2005 Jim hipotecó su casa por un millón de dólares. Hubo un momento en que la familia estaba viviendo de lo que ganaba su hijo, que tenía 18 años y trabajaba en una tienda de informática.
En el 2007, los Plamodon se mudaron a Austin, Texas. Compraron su nueva casa por 200.000 dólares. Vendieron la suya en Australia. La idea de mudarse de vuelta a los Estados Unidos era para situarse en un entorno más favorable a los desarrollos musicales.
The Hammer es un invento brillante. La idea de superar algo que necesita ser mejorado es excelente. El resultado obtenido, según parece, es superior. Pero Jim Plamodon está prácticamente en la ruina. Es muy poco probable que su idea tenga éxito. Los inversores cada vez exigen más garantías antes de prestarle un céntimo. Nadie ha tenido éxito invirtiendo en nuevos instrumentos musicales. Nunca. The Guitar Hero es una excepción entre decenas de miles de nuevos instrumentos que se crean cada año.
La mayoría de los nuevos instrumentos son mejores que los ya existentes. Pero eso es lo de menos. Mozart tocaba el piano, Beethoven, también. Y Chopin, Schumann, Liszt, y un sinfín de músicos de primerísima fila. El piano es una parte fundamental de la Historia de la Humanidad. The Hammer puede sonar mejor. Ser más fácil de tocar, más barato. Pero nunca será el piano.
Aquí puedes ver un video (60 segundos) con the Hammer en acción.
The Hammer: La fortuna, sonríe a los audaces.

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3 comentarios en “La frase: La fortuna sonríe a los audaces”

  1. Genial el blog lo leo siempre. No sé de dónde sacas tanto tiempo para estos artículos tan informados.
    Lo único que no citas fuentes creo.
    Felicidades y saludos
    [Comentario zrubavel: Cada cosa tiene un link al sitio de donde ha sido obtenida, este artículo en particular tiene seis links.
    Las fuentes se pueden indicar más abajo pero para los que han creado el contenido es más beneficioso (por la probabilidad de que se les lea y de cara al PageRank en los buscadores) si se les cita conforme se les va usando.]

  2. Me encanta cuando cuentas este tipo de historias.
    La verdad es que ha estado interesante, y demuestra una vez más lo poderoso y nocivo que puede ser el costumbrismo.

  3. Muy interesante, sí señor, pero para la música mejor los instrumentos “analógicos”. Si estan hechos a mano, comparten una propiedad con sus creadores humanos: son únicos.

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