Papa Noel

Hoy en día todo lo que tenga algo que ver con la religión es cuestionado. Así, hasta las tradiciones navideñas de Los Reyes Magos o Papá Noel se consideran opciones a descartar para aquellos padres que quieran crear a sus hijos fuera de creencias que ellos no comparten.
Motivo de debate es el decidir si los niños tienen el derecho, el deber o la opción de vivir la fantasía de creer en unos personajes ficticios que traen regalos a los niños buenos.
Vaya por delante que no tengo una opción clara al respecto y esta no es sino una forma de clarificar mi postura.
a) ¿Son malos por ser ficticios?
Una posible razón para evitar que los niños crean en Reyes Magos es que son personajes inexistentes. Una enorme mentira que les aleja de la realidad.
Sin embargo rara es la persona que cree que un niño no deba criarse oyendo cuentos infantiles, pavadas como Caperucita Roja o Blancanieves. No creo que la ficcionalidad de los Reyes sea un motivo para desecharlos, mientras uno se pasa años inculcando fantasías, reinos mágicos y todo tipo de parafernalia increíble.
Si creemos que es bueno para ellos, para su fantasía, el que se le cuenten historias, mucho mejor debe ser hacerlos partícipe del mayor cuento jamás contado, un cuento sobre el que encuentran miles de pistas confirmatorias por todas partes. Si la ficción es buena, los Reyes son los reyes.
b) ¿Son malos por ser religiosos?
Bueno, desde luego los Reyes Magos o Papá Noel son el paganismo personificado. Se trata de una tradición como pocas, con la fuerza de un agujero negro para atraer símbolos y mensajes de otras: San Nicolás, el padre del cordero, nació en Turquía. El robo de sus reliquias atrajo la tradición a Italia y se fue mezclando con productos de todas las religiones y culturas. Los renos nórdicos, papá Navidad de los bárbaros, San Nicolás turco-italiano, los Reyes Magos españoles, la simbología navideña de un dibujante americano. Es un enorme batiburrillo que nada tiene de religioso, un mejunje de ideas y conceptos difíciles de asimilar pero que nada tienen de religioso.
Los Reyes Magos y Papá Noel entran en una extraña lucha de la que somos testigos de primera mano. De todo esto saldrá una única figura, con lo peor de cada uno de ellos.
c) Los niños disfrutan más la Navidad con los Reyes Magos.
Este es probablemente el punto más comprometido de todos. Cierto es que les encanta recibir regalos, sentirse tan importantes, impacientes ante la incertidumbre de saber si habrán obtenido lo que querían. Pero también hay miedos: A sentirse controlados por desconocidos seres de pinta dudosa. A ser considerado malos niños, a que otros obtengan mejores regalos. Tampoco se entiende tener que portarse bien para agradar a tripones tipos barbudos.
La ilusión de la noche antes, casi en vela para ver qué traen los Reyes Magos, no sería muy distinta si fueran los padres los que a las claras decidieran que comprar. Sin embargo si lo regalado no fuera exactamente lo que uno espera, habría una figura sobre la que focalizar todo ese rencor: los padres.
La realidad que nadie quiere reconocer, en mi opinión, es que los que disfrutan más, y por lo que insisten tanto en mantener el cuento, son los padres. Ver la cara de bobos con que los niños se tragan el camelo, las sonrisas cuando abren el regalo que mil veces te han repetido que era lo que querían. Su inocencia creyendo que sucesivos tipos barbudos son siempre la misma personalidad y el encargado de repartir los regalos. Verlos quedarse dormidos en el sofá, esperando la llegada, poner las galletas y los zapatos donde irán los caramelos.
Todo esto a los que realmente agrada es a los padres. Son ellos los que se enternecen viendo la dulzura e inocencia de sus hijos.
Esta inocencia se esgrime como principal argumento: hay que tratar de mantenerla viva tanto tiempo como sea posible.
d) La decepción.
Tarde o temprano los niños se acaban enterando de que todo era un cuento chino. Es inevitable. ¿Compensa esta decepción los años de felicidad? Es un motivo de debate imposible de aclarar.
Como tantas mentiras de adulto, tratamos de postergar lo inevitable mucho más allá de lo razonable. No hay niño tan adulto que no pueda creerse los Reyes Magos un año más. La revelación suele estar causada por fuentes exógenas: otros niños de la misma edad que han descubierto el camelo. Llega un momento en que las voces disidentes son tantas que uno ya busca más pistas para destapar el fraude, en lugar de las anteriores justificaciones.
La lucha entre padres e hijos se traslada al terreno criminal: el padre trata de mantener vivo al viejo tripón de barbas blancas, el niño de desenmascararlo. Los primeros ocultando pruebas, maquinando coartadas. El segundo revisando todo al mínimo detalle, con un ojo abierto y otro cerrado.
Quizás sea un error oponerse al casual descubrimiento de los hijos, si sugieren la idea de que ese tipo no existe uno debería sentarse con ellos y explicarles que así es y contarles un poco sobre los métodos que emplean los padres para engañar a los niños. Sin embargo estoy cansado de ver casos en que los padres luchan por mantener esa ilusión (ilusión de padres, como he dicho anteriormente) a toda costa.
La decepción tiene mucho de negativo, al descubrir una mentira mantenida durante años en la que han participado decenas o cientos de personas, casi todos conocidos y seres queridos. Esto sitúa al niño en un punto escéptico: también los padres mienten, a veces en connivencia con otros.
En el momento de descubrir el truco el niño no piensa en su ilusión de hace tres años, cuando pedía chorradas que ahora le aburren. Sólo se piensa en su actual descontento.
Hay veces que el niño descubre con claridad el alcance de la mentira y ve con bochorno cómo los padres insisten en mantener la mascarada. Ahora que papá va solo es porque está comprando mi regalo. El armario del que se ha perdido misteriosamente la llave es donde están los regalos y la llave, está debajo del felpudo.
Puede ocurrir que el niño se esfuerce por mantener la mentira a los ojos de los padres, porque siente pena ante la decepción que podrían sentir los padres si se enteraran de que ya es game over.
El aspecto positivo de esta decepción está en la pertenencia a una nueva clase. El niño se siente aliviado al saberse conocedor de algo que ignoran todos los más pequeños que él. Es una especie de ruptura con la infantilidad para pasar a la categoría de niño (que no es mucho, pero un gran salto).
Este cambio de categoría no puede realizarse demasiado tarde, si no se quiere traumatizar al niño. Un niño de nueve años que justo se entere de que los Reyes no existen del todo, se sentirá un profundo idiota, tras pasar tres años negando a sus compañeros la suplantación de los padres, y descubrir ahora que efectivamente, ellos tenían razón.
Los padres deberían poner un freno a la inocencia, aproximadamente en la media de edad – seis años – en que los niños se enteran de todo. Si no lo hacen, se comportan de forma irresponsable.
En esto hay una gran relación con el despertar de la sexualidad. Los niños acaban enterándose de todo por otros, nunca los padres. En el caso de los Reyes no es mayor problema; con la sexualidad sí puede serlo. El niño que se entera de las diferencias entre chicos o chicas, o de cómo dejar embarazada a una compañera de clase demasiado tarde, lo acaba pagando, aunque sólo sea por la vergüenza que otros le harán pasar.
No es bueno dejar que los niños dejen de confiar en los padres como fuente de información confiable, actualizada y acorde a su edad. Por eso está claro que aunque quizás sea bueno contarles lo de los Reyes, no puede ser jamás buena idea el mantener la historia hasta más allá de lo razonable. Y esque los Reyes los inventaron los padres, para su propio deleite.
Fuente: La Controversia de la Decepción de Santa Klaus. Wikipedia en inglés.

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14 comentarios en “Papa Noel”

  1. ¡BRAVO!
    Sólo añadir que cuando descubres que los Reyes son los padres pasas a ser cómplice con los mayores. Esto es especialmente cierto si tienes un hermano pequeño. Así que la decepción (que en mi caso no recuerdo, pero que debió haber) dura bien poco cuando se compara con el orgullo de crecer y entrar un poco más en la vida adulta.
    A mi casa, desde luego, vienen cada 5 de Enero por la noche.

  2. Luego también hay niños cabrones que aún sabiendo que es todo un cuento tratan de estirar el chicle al máximo fingiendo que aún creen en la pantomima. Así aunque vean a sus padres apurados pueden seguir pidiendo Scalextrics.

  3. Igual es tragicómico lo de los reyes, el conejo, papá noel y cuanta divina manifestación nos presentan durante la infancia. Desde mi punto de vista particular, jamás creí en ellos ya que desde chico me parecía ridículo la inexistencia de otros seres por sobre estos (y pistas claras como que Santa Claus escriba con la misma letra que tus padres los regalos). Si bien no considero malo crearles la ilusión durante la infancia, si encuentro que pasados los 4 años de edad seguir haciendoles creer que existen estos seres es alentar a la superchería, lo que en algunos casos puede terminar con un daño mayor que una ilusión rota.

  4. Zrubavel dijo: “Esto sitúa al niño en un punto escéptico: también los padres mienten, a veces en connivencia con otros.”
    Y de esto quizá pueda extraer una de las más valiosas lecciones de la vida: hay que desconfiar a priori de cualquier información, por válida que pueda parecernos la fuente.
    El escepticismo quizá no nos ponga más al alcance la verdad, pero sí que nos mantiene a salvo de la mentira.

  5. Buen post. ¿Para cuando el libro recopilatorio de los mejores?
    [Comentario zrubavel: Nada de libros, pero próxima está la recopilación.]

  6. Ademas, explayaría un punto. Este en el que los niños, aun sabiendo la verdad, fingen no saberla, y los padres, aunque todos los que les rodean lo saben, siguen engañados, amen al temor de la perdida de inocencia de sus hijos.
    Si es que no queremos reconocer que crecen…
    Fueraparte, como asevera mi novia que ella hacía y que también he oido en otras fuentes… cuando lo descubres finges que no lo sabes, por que mientras crean que crees que es verdad recibes más regalos y mejores, despues pierden un poco la chispa los padres.. lo cual confirma que es una fiesta al menos tanto para los padres como para los niños.

  7. Estoy con mced, parte de la formacion de la vida es la ilusion y la desilusion, la confianza y el excepticismo…
    Hay que aprender (y nada como la infancia para eso) que aunque alguien te quiera, te puede enganar (consciente o inconscientemente), te puede malaconsejar… y hay que aprender a darse cuenta de esas situaciones.

  8. Creo que no se debería hacerles creer en Papá Noel o los Reyes, no tanto por el vínculo religioso que pudiera tener, sino por cosas como el que los niños ven cómo los hijos de padres ricos siempre reciben mejores regalos, los otros chicos que les dicen que es mentira, la decepción al descubrir la verdad, etc. Creo que no vale la pena mantener esa ilusión.

  9. Yo tengo 21 años y aun hago ver q no se lo de los reyes, ni lo del ratoncito perez, a ver si este año los reyes me trraen el pisito q he pedido, porq dientes de leche ya se me acabaron… ;D

  10. me parece fatal ke los niños pekes sepan ke ellos no existen por ke la navidad no es una cosa en la ke se recibe un regalo y lla es mucho mas ke eso es la ilucion ke sienten os niños al abrir los regalos y saber ke los reyes magos o el papa noel an pasado por su casa

  11. BUENO TODOS LOS PAPAS MIENTEN SOBRE SANTA CLOS Y LOS REYES MAGOS
    POR EJEMPLO MI MAMA DIJO Q HABIA UNA CUCARACHA ADENTRO FUE A MATARLA PERO ENREALIDAD FUE A PONER REGALOS

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