Sealand

Una de las medidas protectoras que el Reino Unido estableció para defenderse de las agresiones de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, fue la creación de unas bases protectoras, establecidas en el mar, en las proximidades de sus principales canales navegables. La idea era evitar que los alemanes penetraran y pudieran minar los canales de los ríos Támesis (en la costa este, que trascurre atravesando Londres) y Mersey ( en la costa oeste y desembocando en Liverpool).
Así, decidieron crear unas torres con equipamiento de detección marítima y aérea. Resultaba más barato realizar una construcción temporal y tener una dotación al cargo que fletar un barco. Además, era más seguro para los tripulantes ya que un barco puede hundirse con relativa facilidad, pero las torres estarían ancladas sobre bancos de arena.
Estas torres se llamaron Roughs Towers, o también Maunsell Sea Forts.

Las torres se construyeron con relativa facilidad. Estaban provistas de radares, generadores eléctricos y depósitos para agua y comida, pero también de fuego antiaéreo y armamento convencional. Fueron creados en tierra y transportados con tres grandes remolcadores, con todo el equipamiento y la tripulación, para que, una vez fueran anclados, estuvieran funcionando inmediatamente.
La ubicación, en las proximidades de los ríos antes indicados, implicó que algunas de ellas estuvieran en aguas internacionales, aprovechando la existencia de ciertos bancos de arena, donde se podían fijar estas estructuras. Se encontraban hasta a unos 10 kilómetros de suelo británico.
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, las torres fueron perdiendo su utilidad, hasta ser desarmadas y el personal que las atendía, retirado, en 1956.
No sería hasta 1967 cuando la existencia de una de estas torres ocuparía un lugar destacado en la Historia. El 2 de Septiembre de 1967, Paddy Roy Bates, un ciudadano británico, antiguo oficial del ejército, junto con su familia y algunos colaboradores, ocupó una de estas torres. Su idea era más o menos simple: montar una emisora de radio pirata, Radio Essex, sin que el Gobierno Británico pudiera meter las zarpas.
Ya en 1965 había ocupado una torre, en el estuario del Támesis, pero el gobierno le dió un toque de atención, ya que esta se encontraba en el espacio de las aguas territoriales británicas y su actividad era ilegal. Se mudó a otra torre, más alejada y en aguas internacionales. Así que de paso, reclamó la soberanía del espacio que ocupaba, dándole el nombre de Sealand.



La historia de Sealand, el país que no es un país, es mucho más compleja y excitante que la de muchos países que existen desde hace siglos. La torre tiene unos 550 m² de superficie total.
No llevaba ni un año Paddy Roy Bates en la torre cuando un encontronazo con un barco británico desembocó en un incidente en que Bates y los suyos dispararon a ciudadanos británicos. Y hubo un juicio al respecto.
El veredicto del jurado fue un tanto sorpresivo: al ocurrir fuera de las aguas territoriales británicas, quedaba fuera de sus jurisdicción. Para Bates aquel día fue glorioso. Significó la aceptación, de facto, de la soberanía de la isla. A partir de ahí, Bates se nombró H.R.H. Príncipe Roy de Sealand.
En 1978, estando Bates de viaje, fuera de su país, el que era Primer Ministro de Sealand, Alexander G. Achenbach, junto con algunos ciudadanos alemanes y holandeses, dieron un golpe de estado violento, reteniendo en prisión a Michael Bates, el hijo de Paddy Roy Bates, para liberarlo en Holanda posteriormente. El país que no era un país ya había tenido un golpe de Estado.
Pero Bates, tirando de sus contactos en su antiguo trabajo, con las simpatías que despertaba lo estrambótico de su historia, consiguió organizar un escuadrón de asalto que, mediante helicópteros, logró apoderarse de nuevo de la torre. Los golpistas fueron tratados como prisioneros de guerra, aunque finalmente fueron repatriados a sus países de origen.
Sólo el ciudadano alemán Gernot Pütz, abogado con pasaporte de Sealand, fue acusado de traición y se le retuvo, hasta que pudiera pagar una fianza de unos 38.000 euros de la época.
Los gobiernos de Holanda y Alemania se impacientaron y pidieron al Reino Unido que hiciera algo al respecto. Pero estos indicaron que poco podían hacer, en función de la resolución de 1968. Así, el gobierno alemán tuvo que mandar un diplomático, desde su delegación en Londres, a la torre de Sealand, para que negociara con Bates.
A las pocas semanas, Bates liberó a Gernot Pütz, pero aprovechó para remarcar la visita diplomática del representante alemán como la aceptación de facto del Estado de Sealand, esta vez de manos del gobierno alemán.
El circo no había hecho sino comenzar. El golpista Achenbach nombró un gobierno en exilio, desde Alemania, exigiendo su legítima jurisdicción sobre Sealand, dándose a sí mismo el nombre de «Presidente del Consejo de Privy». Tras la renuncia en 1989, por motivos de salud, de Achenbach, nombró a Johannes Seiger su sucesor. Seiger aún vive y aún mantiene que él es el legítimo gobernante de Sealand.
Una de las principales ventajas de ser un país, es el hecho de poder emitir moneda y sellos. Esas monedas de pacotilla no tienen valor real, salvo para los coleccionistas. Lo mismo ocurre con los sellos. Pero este valor, así, no es trivial. Una emisión de sellos, reducida, de una país que no es país, tiene un valor de coleccionista bastante elevado. Si en un futuro ese país se convierte, legalmente, en un país real, el valor simplemente se dispara. Sólo con las emisiones de moneda y sellos, Sealand tenía unos ingresos bastante elevados.
El estatus legal de sus sellos también es muy cuestionable. En una mezcla de benevolencia y despreocupación, el gobierno belga toleró que, el servicio de helicóptero que conectaba la torre con Bruselas introdujera el correo de Sealand en el flujo internacional. Sin embargo, Sealand no forma parte de la Unión Universal Postal, por lo que teóricamente sus sellos carecen de validez.
La existencia de un gobierno legal, en un estado que no existe, y de uno en el exilio, es totalmente surrealista. Mientras Sealand emitía su moneda, de dudosa validez, Achenbach, desde su exilio ficticio, no ajeno al negocio que supone tener un país, también ha emitido su propia moneda, fabricada en metales preciosos y orientada sin tapujos al mercado de los coleccionistas.
Otro apartado menos limpio es el de la creación de pasaportes. Sin que pueda existir jamás como negocio legal, la venta de pasaportes fue otra fuente de ingresos para el gobierno golpista-exiliado, bajo las órdenes de Seiger. Muchos pasaportes de Sealand fueron fabricados en España y vendidos en países de la Europa del Este. Uno de estos pasaportes fue encontrado en posesión del asesino de Gianni Versace. El volumen de pasaportes de Sealand falso se llegó a estimar en unos 150.000, para un país cuya población ronda las 20-30 personas.
Un momento complicado para la historia de Sealand fue el cambio de la legislación marítima británica en 1987. Con dicho cambio, aumentaba el radio de las aguas territoriales británicas, hasta los 16 kilómetros. De este modo, Sealand volvía a caer dentro del territorio británico. El gobierno les ha dejado estar, pero ahora no tiene duda de la legitimidad de su posesión y al primer despite que tengan, podrán ser juzgados o expulsados de su territorio virtual.
El caso de Sealand es magnífico para establecer casos de estudio en el área del derecho internacional y mucho se ha hablado y escrito al respecto del estatus, legal o no, de este país. En cualquier caso, su historia hasta la fecha es fascinante.
En junio de 2006 se produjo un incendio en un generador, provocando serios daños y la necesaria evacuación de la población. Actualmente, se está procediendo a la reparación de los daños, muy graves.

Compra mi libro en Amazon.es o Amazon.com.

5.99€ ebook, 14.99€ libro pasta blanda.

Un comentario sobre “Sealand”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *