Tarot y aleatorización

En las ciencias esotéricas de la numerología, y en numerosas artes adivinatorias, suele realizarse un proceso llamado de reducción. Partiendo de cualquier número puede obtenerse una única cifra, con el simple método de sumar cada una de las cifras que componen el número original.
Por ejemplo, para 1492 obtenemos:

1492 -> 1 + 4 + 9 + 2 = 16

Y si volvemos a aplicar el proceso:

16 -> 1 + 6 = 7

Con este método obtenemos siempre un número entre 1 y 9. Es una forma de simplificación que permite establecer parámetros de comparación entre todo tipo de valores heterogéneos.
Por ejemplo, podemos asignar a cada letra del alfabeto la cifra correspondiente a su orden en el abecedario (a = 1, b = 2, c = 3, etc.) y de esa forma asignar a nuestro nombre un número determinado que puede reducirse mediante este método a un valor comprendido entre 1 y 9.
Este método tiene numerosas ventajas. A cualquier conjunto de categorías o propiedades puede asignársele un número y de este, mediante la reducción, llegar a un número limitado de grupos, diez. Dentro de cada uno de ellos pueden definirse tipos humanos o veredictos.
Además, es un método que destaca por su claridad: la forma de obtener el valor final no admite ningún género de duda y es sencillo para cualquiera que tenga estudios elementales.
Puedes por ejemplo partir de las letras de tu nombre y los de la persona a la que amas y mediante la reducción llegas a un número que puede significar, según el método de adivinación, la compatibilidad de vuestros caracteres, la probabilidad de que acabéis casados o una cuantificación de la felicidad que os espera si alguna vez estáis juntos.
Al margen de que alguien pueda o no creer la validez de estos cálculos y predicciones, hay un grave problema en los resultados que se obtienen.
Aparentemente, la suma de cantidades lleva a un resultado aleatorio. Parece como si cualquier número entre 1 y 9 fuera igualmente probable. La realidad es que esto no sucederá casi nunca.
No importa lo que estemos midiendo, casi siempre habrá un sesgo que provocará que ciertos valores sean mucho más probables que otros.

La tirada de Josephine Péladan

Un método bastante popular de lectura del tarot es el de Josephine Péladan
Según dicho método, se colocan cuatro cartas del Tarot sobre la mesa, formando un rombo. En el espacio entre las cuatro cartas aparece como conclusión una especie de carta virtual: el resultado de la tirada.
josephine-Peladan.jpg
La carta central se obtiene como reducción numerológica de las cartas obtenidas en cada uno de los vértices del rombo (o cruz como suele llamarse en el tarot).
Cada carta de los arcanos mayores tiene asignado un número, del 1 al 22. Así, si en una tirada obtenemos el diablo (15), el Papa (5), el Mago (1), el Sol (19), los cálculos son los siguientes:

15 + 5 + 1 + 19 = 40

4 + 0 = 4 (el Emperador)

En este caso la reducción es diferente. Si obtuviéramos un número entre 1 y 22 ya habríamos terminado. Así, con el 19 no habría que volver a sumar sino que asignaríamos la carta correspondiente (el Sol).
Pero en el caso de la tirada de Josephine Péladan, el sesgo que se obtiene en los resultados es enorme.
Sobre el papel, cualquiera de las cartas es igualmente probable. Pero con sencillos cálculos puede verse que es imposible obtener los valores 1 y 2. Así, las cartas de El Mago (1) y La Papisa (2) nunca podrán ser la conclusión de la tirada.
Pero si hacemos cálculos sobre todas las posibilidades reales, llegamos a la conclusión de que la distribución entre el resto de cartas es enormemente desproporcionada. La probabilidad de obtener el valor 17 (la Estrella) es de tan solo un 0,15% mientras que la probabilidad de obtener el valor 7 (El Carro) es de un 10,42% (¡100 veces más probable! ).
En realidad, hay once cartas (las comprendidas entre los números 5 y 15) que acumulan el 96% de la probabilidad de ocurrencia. Las otras once cartas sólo suman un 4%.
El total de resultados posibles a una tirada (de arcanos mayores) de Tarot es 22 * 21 * 20 * 19:
arcanos-tirada-Peladan.jpg
Las cartas del Tarot no tienen un significado positivo o negativo en sí mismas, aunque algunas tienen connotaciones positivas inmediatas – como el Mago o el Carro – y otras las tienen negativas – la Torre, el Diablo. En este sentido, podemos decir que las cartas que caen dentro del rango “altamente probable” dentro de la tirada de Josephine Péladan, son más bien positivas que negativas.

Las cartas invertidas

Cierto es que entre los Arcanos Mayores, las cartas positivas superan a las negativas. Para combatir ese sesgo, es necesario considerar el uso de cartas invertidas. En Tarot, el que una carta aparezca al revés suele significar lo contrario de lo que simboliza la carta. El Carro significa control, éxito, victoria, pero si la carta sale al revés, todo lo contrario: accidente, desastre.
Hay quienes leen Tarot pero no tienen en cuenta el si la carta sale o no al revés. Esto se debe a que la consideración de las cartas invertidas es un invento del siglo XIX (introducido probablemente por Etteilla) y muchos la consideran una corrupción del arte adivinatorio original. Para el caso de la tirada de Péladan, al obtenerse una “carta virtual” no puede inferirse nada sobre la posición de la carta, con lo que casi siempre habrá que dar conclusiones favorables.
La consideración de cartas invertidas en el Tarot tiene el enorme problema de la mezcla de las cartas. Cuando se baraja un mazo de cartas, cambia el orden de las mismas, pero no la inversión. Según cómo se hayan introducido en el mazo inicialmente, así quedarán para la posterior tirada. La única posibilidad es cambiar el orden de todas las cartas dentro de un grupo más o menos amplio: se corta el mazo en varios grupos y estos se giran arbitrariamente.
Pero esto tiene el problema de que las cartas quedan localmente todas orientadas hacia un mismo lado. Y como las tiradas de Tarot suelen realizarse sobre grupos locales de cartas, la probabilidad de obtener casi todas las cartas orientadas en un mismo sentido es realmente grande. Si añadimos el hecho de que el consultante ha tenido que ser quien baraje, sin que se le imponga ni se le sugiera que busque la aleatoriedad (el propio lector del Tarot también suele realizar una parte del proceso de barajadura) el resultado será una mazo sesgado.
La solución que algunos toman es girar al inicio del proceso de baraje un grupo de cartas, normalmente un tercio de las mismas. De este modo, el conjunto de cartas invertidas es de aproximadamente una tercera parte. Esto no anula la predisposición hacia las cartas favorables, la mayoría de las cartas lo son y dos tercios de ellas están “cabeza arriba”.
Si bien hay un considerable sesgo en todo ello, hay que entender que la mayoría de las circunstancias en la vida de las personas son positivas. Vivimos muchos años y sólo morimos una vez. Son más los pequeños éxitos que los significativos fracasos. Es más probable salir de una operación bien o regular que con el siniestro veredicto de la Muerte.
No pueden sin embargo obviarse todos estos resultados. Al margen de que uno crea o no en el Tarot, el haber empleado métodos tan rudimentarios en lo que a aleatorización se refieren (qué podemos decir de Péladan, un tipo que se asignó a sí mismo el título de Sar con S) provocan dificultades añadidas y predisposición negativa hacia cualquiera que tenga una formación matemática superior a la elemental.

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3 comentarios en “Tarot y aleatorización”

  1. Y más que formación matemática yo diría sentido común.
    Pero sí, a mí siempre me han encantado esas reducciones numéricas en que se asignan números a letras en base al orden correlativo del alfabeto que te quedas pensando “¿Si fuera chino como lo harían?”.

  2. Soy Ingeniero Quimico y me intereso mucho tu articulo creo que lejos de creer o no creer en el tarot es mera Estadistica elemental, seguro te saldra siempre cosas malas y cosas buenas talvez si sacaramos las cartas como la muerte el diablo la torre seria felicidad todo, entonces yo he analizado cada significado de las cartas y como tu dices todo coincide con los elementos basicos de la vida trabajo, amor, desepcion en el amor etc, osea que coincide o encaja perfecto en todos los casos

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