Comunicacion

I

En los años 80 mi familia no tenía teléfono en casa y se podía hacía vida normal – otra cosa es que se hiciera.
Cuando alguien tenía que llamarnos telefoneaba a la vecina del 2º que metía una voz por el patio y mi madre subía a atender el teléfono. Por aquel entonces las llamadas eran muy escasas, apenas unas pocas al año. La mayoría de las veces era para decir que alguien se había muerto. Sólo la Navidad daba tregua a las llamadas fúnebres. Aunque también había gente que se moría en Navidad.
Si alguien te da un teléfono y te dice «llama sólo en caso de necesidad» en tu mano queda el definir lo que entiendes como urgencia. En mi caso, se llegó al máximo de los extremos, sólo se daban las peores noticias, o felicitaciones anuales, todo fuera por no molestar a la vecina. Tal vez por eso nunca me ha gustado el ring de los teléfonos y no quiero que me llamen.
¿Qué sentido tiene, sin embargo, la siguiente situación? En una reunión en que todo el mundo va muy bien vestido, en que la gente se expresa como si supiera mucho, y se habla en primera persona del plural, suena un teléfono móvil. Y de repente la persona se disculpa fugazmente para abandonar la sala y atender la llamada. En muchos casos es una llamada absurda, de la mujer diciendo que el gato se ha vuelto a orinar en la alfombra, o del hijo diciendo que llegará tarde. Una vez entre un millón será una llamada de importancia transcendente.
Sin embargo, se da preferencia a atender a las personas remotas, que nos llaman por teléfono, antes que a las que tenemos ante nosotros. Se interrumpe una reunión «de negocios» porque un tipo ha decidido escuchar la perorata del gato en la alfombra. Esa misma persona que llama por teléfono, si se presentara en el despacho de aquel al que llama, muchas veces tendría que esperar. Pero por teléfono todo es más fácil.
Y es que hay aún algo de las llamadas macabras que recibía mi madre. Una llamada de teléfono es algo importante. Aunque ahora todo el mundo usa el teléfono a diario varias veces, nuestro subconsciente aún se ha quedado en los años 80.

II

Hace unos meses tuve que traducir unos documentos. Tras descartar las anacrónicas páginas amarillas, me tiré a Loquo, el lugar ideal para encontrar servicios, si tal vez no ahora, dentro de unos años. Le mando a una persona un mail solicitando las tarifas y el modo de contacto para dejarle los documentos.
Me responde:

Para darte un presupuesto exacto tendría que ver el documento, me lo podrías mandar escaneado y para recibirlo sería por correo ya que es una traducción
jurada y tiene que ir firmada y sellada.

Una respuesta correcta tal vez ante el teléfono. Pero el email es una forma de comunicación diferente. Si te he enviado un email a ti es porque he visto tu anuncio en una página web (no en las páginas amarillas) y si he visto tu anuncio, ¿No crees que habré visto algunos más, o sencillamente habré mandado el mismo mail de consulta a todos los traductores que encontré, quizás todos los que existen en España?

La traducción jurada de un documento la facturamos a razón de 10,71 € cada 100 palabras (+ 16% IVA) del texto castellano de salida que es mucho más extenso que el del original. Sin embago el mínimo de facturación es de 35,– € (treinta y cinco euros) […]

La fecha de entrega sería la del próximo martes día 20. El documento nos lo puede enviar por FAX al: XXXX y traer el original cuando venga a recogerlo. O bien traerlo personalmente. Nuestra empresa es: [Seguido de una descripción con pelos y señales de dónde está la empresa, cómo se puede llegar, las líneas de metro y carreteras]

Estamos a su disposición en el teléfono móvil: XXXX en el caso de que no podamos contestar en el mismo número del FAX.

Sí, contraté los servicios de esta segunda persona. No se hizo de oro conmigo, pero consiguió un buen cliente. La primera persona respondió al mail con prepotencia, como si fuera el único negocio del mundo. La segunda, como si yo fuera su único cliente.
El email es todo lo contrario del teléfono, en muy poco tiempo ya ha sido vilipendiado como medio de comunicación, cuando en realidad en muchos casos debe considerarse como un medio extremo, en el que hemos de dejarnos la piel tratando de expresarnos lo mejor posible. Hacer una segunda llamada, o cruzar el umbral de otra puerta puede dar pereza. Pero escribir un segundo mail, desde luego no. Por eso la respuesta comercial a un mail debe ser tan próxima a la perfección como sea posible.

4 comments

  1. Muy cierto. Las personas que somos «de mente lenta» como yo, detestamos el teléfono porque no nos da margen para pensar (sin contar con que tengo algún problema auditivo). Ante un E-mail puedo tomar decisiones sopesando pros y contras, tal y como hiciste con las empresas de traducción.

  2. Quizás los nóviles eran un elemento novedoso hace un par de años y no sabiamos como comportarnos con ellos en público. Pero hoy en dia ya todo el mundo tiene bastante experiencia en el uso de los móviles y comportamientos como los que tu comentas me parecen una falta de respesto.
    Si yo estoy hablando con alguien de un tema minimamente importante me irrita bastante que mi interlocutor corte la conversación en seco y se ponga a atender la llamada, que como tu dices, suele sobre los temas más peregrinos. La responsabilidad es del que recibe la llamada, y es muy fácil responder con un «Te llamo mas tarde» o no responder, que hoy en dia todos los teléfonos gauradan los números de las llamadas entrantes y se puede llamar mas tarde.
    Esto es especialmente irritante cuando acudes a determinado tipo de negocios (me ha pasado en muchas ocasiones en oficinas de agencias de viajes). La persona que te está atendiendo recibe un llamada y en lugar de responder con un simple «Disculpe, estoy atendiendo a otro cliente. Si lo prefiere me deja su numero y le llamo a cuanto termine» se ponen a atender al cliente de la llamada mientras yo me quedo allí sentado como un pasamarote a que terminen. En mas de un ocasión me he levantado y me he largado sin mas explicaciones.

  3. Una aplicación curiosa que hago del móvil es cuando voy a un espectáculo justito de tiempo y me encuentro con una cola interminable.
    En esos casos llamo al servicio de venta telefónica, compro la entrada y la retiro cómodamente en las máquinas automáticas.
    Lo más absurdo es que el memo que te atiende al teléfono siempre te suelta algo así como: «Pero señor el pase empieza en diez minutos». Precisamente por eso estoy llamándole ;-)
    El correo electrónico es una herramienta imprescindible en mi trabajo, en el que las llamadas suelen suponer una pérdida de tiempo y en donde además es imprescindible dejar constancia escrita de las cosas.
    P.S.: Me gusta mucho el nombre de Zrubavel, me parece una elección acertada. Nunca me había planteado un cambio de nick. Le damos a nuestro alias estatus de nombre real y nos olvidamos que no está sujeto a los convencionalismos sociales. Si lo podemos mejorar ¿por qué no hacerlo?
    La única putada es que tardaré en poder escribirlo de memoria ;-)
    [Comentario zrubavel: Lo que cuentas del teléfono es un ardid propio de Rüdiger Nehberg, aplicado al mundo moderno.
    A mi también me ha costado aprenderme el nombre. En general no necesito marcar un territorio en Internet, de hecho he usado tantos nicks en tantos sitios que ni yo mismo podría seguirlo.
    Soy la antítesis de esa gente (gentuza en algún caso muy conocido) que usa su propio nombre como dominio.]

  4. Yo odio hablar por teléfono.
    Detesto que me llamen, y mi teléfono de casa sólo lo tienen 4 personas – que además me llaman muy poco (bueno, los de jazztel y ya.com parece que también lo tienen y su horario comercial llega hasta las 10:30 de la noche, pero ésa es otra historia).
    Llamar yo a alguien, sólo lo hago cuando es imprescindible, y menos llamar al móvil, que me parece de lo más intrusivo.
    A distancia, prefiero con mucho la comunicación por email, más precisa, escribes cuando te parece; respondes a los emails cuando te viene bien.
    Y en persona… suelo no aceptar llamadas cuando estoy con alguien.

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