Pons Asinorum

El hablar, por su facilidad, puede ser imitado por todo un pueblo; la imitación en el pensar, del inventar, ya es otra cosa.

El padre de Smirnov

Publicado el 24 de junio de 2014 2 comentarios

Chessbase ofrece un breve artículo sobre uno de los talentos de ajedrez más jóvenes del mundo, el australiano Anton Smirnov (ser australiano y tener apellido de vodka, ¿Se puede ser más cool?).

Lo más ejemplar de esa historia, que no se menciona, es el caso del padre del niño, Vladimir Smirnov.

smirnov

Vladimir Smirnov era un buen jugador de ajedrez. Cuando nació su hijo en el 2001, decidió que quería enseñarle a jugar al ajedrez y hacer de él un buen jugador. Conociendo sus limitaciones, lo que hizo Vladimir fue mejorar primero su nivel de ajedrez, llegando a subir 200 puntos de ELO y consiguiendo el título de Maestro Internacional de ajedrez. Una persona que había sido un jugador modesto toda su vida se convirtió en un semi profesional sólo para poder educar mejor a su hijo.

Esa es la idea que casi nadie tiene de la paternidad. La toman como una excusa para comer precocinados, estar todo el día viendo dibujos animados y metidos en casa, perder amigos y promociones laborales. Un padre con mayúsculas es el que utiliza a su hijo como catapulta para el crecimiento personal propio. Ole por tus cojones Vladimir Smirnov.

Comentarios

2 comentarios a “El padre de Smirnov”

  1. Scila
    26 de junio de 2014 a las 14:13

    No me convencen demasiado los padres que quieren vivir sus sueños frustrados en sus hijos.
    El caso extremo son quizá los concursos esos de jóvenes talentos, niños prodigio y esas cosas. En el deporte también es habitual ver a padres que presionan en exceso a sus hijos para verles triunfar, no sé si porque ellos no pudieron. No me convene incluso sin llegar a pensar en que quieren vivir de sus hijos algún día, creo que hay demasiadas niños y jóvenes haciendo cosas que no les gustan sólo por satisfación de los padres.
    No tengo ni idea de los detalles de este caso, desde luego que esforzarse en mejorar para poder enseñar a tu hijo es encomiable, pero espero que al chaval le guste realmente jugar al ajedrez.

  2. zrubavel
    26 de junio de 2014 a las 14:26

    No entro en el debate de si es bueno o no «crear un genio». Ya lo hice aquí.
    El ejemplo extremo de pésimo padre es el ex-boxeador Rustam Kamsky con su hijo ajedrecista. Lo que quería hacer ver era un padre que mejora por su hijo – y no exclusivamente para él.

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