El que espera a que lo recojan en coche

Paria por antonomasia, ser de baja ralea. Te lo encuentras por las calles a todas horas. Suele estar en cruces de grandes calles, siempre cerca de un semáforo. Casi siempre lleva una mochila con sus pertenencias. Si tuviera coche propio podría guardar discretamente en el maletero las toallas, las raquetas de tenis, los zapatos de deporte, los libros de la Universidad.
Pero como no tiene coche tiene que ir siempre cargado con su hatillo, a expensas de que otros lo lleven a su destino. Lo ves siempre mirando furtivamente a todas partes, con la duda de que el encuentro no fuera exactamente en ese cruce sino en el siguiente, de que fuera a esa hora, de que el recogedor no se haya quedado dormido. Siempre con algo de miedo en esos minutos hasta que llega el desgraciado encargado de transportarle.
Todo son penurias: te tienes que levantar cinco minutos antes que el del coche, porque si llegas después que él te puedes quedar en tierra. Normalmente el punto de encuentro le viene mejor al que tiene coche que a ti, lo cual no deja de ser paradójico siendo el otro el que goza de mayor movilidad. El que llega en coche suele llegar tarde, siempre con la excusa de asegurarse el no llegar antes de que el paquete esté esperando. A expensas de la música que el conductor quiera oír, de a lo que huela ese coche, se fuma o no en función de lo que el conductor decida. Salvo que quien conduzca sea tu novia o novio eres una especie de gorrón, de aprovechado.
Cuando pasas mucho tiempo siendo el que espera a que lo recojan en coche acabas con un malestar tal que decides comprarte el tuyo. No porque te guste conducir, no por la libertad que consigues, no por el estatus, no porque ligues más. Lo haces por puro asco, por no poder seguir siendo ese indocumentado que espera en los cruces con una mochila, dudando si era un Seat Ibiza o un Ford Focus el coche que te tendrá que recoger. ¿Blanco o gris perla? ¿Pero no hay alguien ya sentado donde el copiloto?
Te dejan tirado y te toca pegar un telefonazo para despertar al otro y luego no puedes apenas echarle la bronca porque al fin y al cabo te están haciendo un favor. Y las vueltas, aunque menos penosas, no dejan de ser tristes, a expensas del otro. Si se quiere tomar una cerveza más, te aguantas y pides otra. Si quiere acercarse a un sitio pues allá tendrás que ir con él. Si decide hacer media hora extra de trabajo, con él te quedas porque no hay otra.
Nunca he tenido coche y he vivido tantas veces esta situación, desde pequeño en que ni mi padre tenía coche, que sólo por eso decidí sacarme una vez el carné de conducir. De pequeño tenía una familia mochilera, siempre colgados esperando que nos repartieran en distintos coches. Aquello era patético. Si nos queríamos ir de una reunión familiar – y siempre queríamos porque eramos lo peor – nos tocaba esperar a que los otros quisieran llevarnos. Y como éramos muchos, hacían falta varios coches con lo que no quedaba otra que irse en el momento en que más gente lo hiciera.
Luego viajaba a cualquier sitio y tenía que hacer juegos malabares con los transportes públicos o pasar por la perpetua infamia de ir mendigando asientos en los coches de los amigos. Algunos decían que ya estaba lleno, otros se excusaban y hay que entenderlos, resulta también patético para el conductor el tener que ir a por uno de estos indigentes sociales. No te hablo de amigos del alma, con los que irías al fin del mundo. Te hablo de relaciones intermedias, más que conocidos pero que no sabes si invitarías a tu boda. Bueno, en España se invita a cualquiera a la boda de uno porque es económicamente rentable.
Ahora con los móviles será diferente, pero en el pasado estaba uno esperando como el naúfrago que mira al horizonte esperando que llegue un barco. Y claro, 99 de cada 100 veces llegaba ese barco, pero el problema está en esa vez, que podía ser una fiesta importante, un examen, un sesión de teatro, la cita para las pruebas de la alergia que te dan con nueve meses de antelación. Porque las 100 veces que ese desgraciado se queda esperando a que lo recojan en coche es porque las alternativas son horribles. Porque en muchos casos esa persona habría preferido dormir media hora menos e ir en transporte público, antes que pasar la vergüenza de esperar con una mochila en uno de los cruces más concurridos de la ciudad.

8 comments

  1. Me encanta como escribes (y no hablo solo de esta última entrada, te vengo siguiendo durante un relativamente corto tiempo). Lo que cuentas sinceramente no me ha pasado, pero soy aún medio joven, espero que en el futuro no me pase porque me has contagiado, impregnado o simplemente trasladado esa sensación de espera, de estar en el sitio incorrecto porque no hay otra… es por eso que me encanta como escribes, porque he acabado de leer y he pensado: joder, por qué no me compraré un coche!?
    [Comentario zrubavel: Gracias, pero no soy para nada defensor de la compra de coches, yo arreglo estas situaciones a golpe de taxi.]

  2. Pues en mi familia nunca ha habido coche, y con lo distraído que soy dudo poder conducir uno, pero siempre me las he arreglado viajando en autobús, o caminando, que mi ciudad no es tan grande.
    Se me hace difícil asimilar la idea de estar esperando a alguien con coche para transportarse, no obstante, cuando tengo que viajar con el jefe de mi oficina en su auto, es tal como describes: oir lo que quiere al volumen que quiere etc.

  3. Llevo unos meses leyendote, y cada vez me doy mas cuenta de que somos muy afines en muchos de tus pensamientos, sigue asi!!, ;Es uno de mis blogs preferidos.
    Jordan.

  4. jajaajaj
    cuando iba a la uni durante un año iba con un amigo que lo llevaba su padre en coche y les pillaba de paso en mi facultad.
    Todo lo que dices me ha pasado a mi, y le llegué a tomar tal asco a esa sensación, a la obligación de levantarse antes para esperar con frío en la calle, a la mierda de conversación de todas las mañanas, a la mirada despectiva del padre que a los 5 meses me iba andando a la facultad.
    Tardaba casi una hora pero no me importaba.
    Prefiero ser vagabundo que paria

  5. 30 años y nunca he tenido, ni deseado, coche. Así que en ocasiones, aunque contadas, me he encontrado en la tesitura que comentas. Realmente es un coñazo que te transporten de manera más o menos regular.
    En mi caso era los domingos para ir al monte a hacer el cabra. Algo que ya no necesito porque desgraciadamente ya no hago el cabra.
    A todas partes me lleva alguna de mis bicis y las amo por ello, porque me hacen sentir bien y no dependo de nadie. Solo vuelvo a necesitar el coche cuando hay bultos realmente pesados que transportar, principalmente muebles, y en ese caso me lleva mi padre…
    Bici + Transporte publico + Bici.. para todo lo demás: el avión.
    Un saludo!

  6. Pues yo soy del otro bando, la q tiene coche, y siempre intento hacer sentir al «pasajero» lo mas comodo q puedo, preguntandole «t importa q fume?» o «t importa q ponga musica?».
    Seguramente la otra persona se sentira un poco (o totalmente) obligada a decir q no, pero aun asi yo pregunto inlcuso para bajar las ventanillas… Quiza sere una excepcion?

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