Los veinte y uno más

Este fin de semana será la cumbre en que se tratará de encontrar soluciones a la crisis financiera mundial en que nos encontramos. El Presidente del gobierno español ha conseguido encontrar una silla en tan importante reunión. La voz de España se hará oír entre la de los principales países del mundo.
¿Y qué tiene España que decir? Eso a nadie le interesa. A lo que va España es a controlar que no se diga nada que pueda perjudicarnos. España, es decir, el equipo del gobierno de España que vaya a dicha cumbre, formado principal, necesaria y vergonzosamente por traductores de inglés, no tiene nada de que hablar. Quizás si lo tuviera, lo habría mencionado ya.
España va a hacerse la foto. Una foto más bonita que la famosa de las Azores, pero una foto al fin y al cabo. España va más que para estar ahí, para decir que ha estado. Eso no importa si lo que se debate es el invadir un país o empezar una guerra. Pero si de lo que se trata es de arreglar el mundo, porque hace falta, porque ya es un poco demasiado tarde, el que un acomplejado presidente insista en ir es más un problema que una ventaja para los españoles.
Porque en esa cumbre no se van a dar medidas que nos puedan perjudicar. Al fin y al cabo nuestros intereses son similares a los de Francia, Italia o Alemania. En muchos aspectos casi idénticos. En lo único que podríamos salir perjudicados es en que nos quitaran territorio, ahí Alemania no abriría la boca. Pero no creo que de la Cumbre saliera la idea de repartir las Islas Canarias entre los principales Bancos Mundiales.
En España se han hecho muchas cosas bien, algunas muy bien, mejor que en el extranjero. A veces las medidas decisivas las han tomado personas que nadie conoce, como la famosa que impidió la creación de extraños derivados que pudieran venderse. Los temibles paquetitos de las subprime. Pero España no puede dárselas de país ejemplar. España no puede ni siquiera pensar en ir a Washington a sacar pecho. Y seguramente lo intente hacer.
Ahora mismo nos estamos desayunando con noticias de que Gazprom, la empresa gasista rusa, está interesada en comprar el 20% de las acciones de Repsol (actualmente en propiedad de Sacyr-Vallermoso, que necesita ese dinero para pagar facturas). Y por supuesto todo el mundo está en contra de que una empresa rusa ponga un pie tan grande en una compañía tan importante. Y así lo dicen.
Lo cierto es que con todo descaro hablan de que se interviene en el hipotético libre mercado, se impide la compra de una parte de una empresa por otra, sólo porque es rusa. En este caso es comprensible que haya cierto miedo. Pero al gobierno le da igual, al gobierno lo que le preocupa es que dejen de existir media decena de sillas donde sentar a amigos, cuñados, primos, sobrinos y donde sentarse ellos mismos cuando se retiren de su mandato. No es una protección ante una empresa peligrosa, es el asegurarse la jubilación para unos cuantos a los que se les deben favores.
Porque lo mismo que pasó con Gazprom pasó hace poco con Eon, una empresa alemana – o lo que es lo mismo, a efectos legales una empresa española. Aquí no queremos empresas extranjeras, que en el Consejo de Administración de Endesa hay 100 sillas. Aquí no hay ley, ni interés público, aquí hay un intervencionismo descarado, de difícil explicación. Pero que aún así, se explica.
Cuando se produzca la Cumbre de Washington hay un enorme miedo que circula en el ambiente: que todo se quede en papel mojado. Como la famosa cumbre de Kioto, de la que se habla mucho pero se hace poco. Al principio se pensó que si iban pocos a la cumbre, los demás países no estarían dispuestos a colaborar o a aceptar decisiones unilaterales. Entonces se amplió a los tuertos en países de pobres. Y ahora también España. Cuantos más países, más difícil es que se vote una medida por unanimidad. Y si hay votos en contra, hay reticencias. Y si hay demasiadas diferencias, a lo mejor ni se llega a nada. Y si llega un retrasado mental que decide hablar de algo que no es realmente prioritario, quita tiempo a que se hable de lo decisivo. Y luego, no se hace nada, y la casa sin barrer.
Por eso casi preferiría los tiempos de Yalta en que se juntaban los cuatro más listos y decidían y aquello iba a misa. Ahora con el empalago democrático, que no se puede aplicar como si fuera una panacea gubernamental, para cualquier pequeña decisión es necesario consenso. Y entonces ocurre una de dos: se vota y lo que elige la mayoría sólo lo hacen los que han votado a favor – como en Kioto – o sencillamente no se llega a ningún acuerdo, no se arregla nada, todo se deja igual.
Y entonces cuando haya mucho paro en el 2009, le echamos la culpa a las empresas – que tendrán su parte, pero no toda. Si la cumbre fuera de Ministros de Economía, tendría alguna esperanza. Siendo de dirigentes, me espero unas estupendas fotografías. Y un Lunes Negro.
Estuve tentado de incluir esta entrada en la categoría de «La frase», con el excelente refrán español:

El onceno: no estorbar.

Es decir, el 11º mandamiento, del que no habló Moisés, pero quizás porque se sobreentiende: no estorbar. Con los tiempos que corren, esperemos que no se transforme en un El 21º: no estorbar.

5 comments

  1. Brillante análisis, me quito el sombrero. A mí siempre me ha parecido raritas esas oposiciones a las compras por parte de empresas extranjeras, pero ahora lo tengo claro.
    Gracias.

  2. Lo curioso de estos temas son los defensores del libre mercado, que no permiten que una empresa compre a otra. Y es que el libre mercado no funciona precisamente porque hay que regularlo. En esa reunión del G20+1 no va a pasar nada, claro está. El problema de la situación económica española es consecuencia directa de la gestión de los Gobiernos españoles que no han sabido construir, gracias a las ayudas de la UE, un modelo económico productivo de futuro.

  3. Es una reflexión un tanto cínica, especialmente la parte correspondiente a Gazprom, empresa rusa, si, pero el problema no es que sea rusa, es que un 90% es público, es decir, en manos del estado.
    En España se lleva favoreciendo bastante tiempo ya el libre mercado y la desaparición de los monopolios (de ahí la privatización de telefónica entre otras cosas). Evidentemente la entrada de un organismo con base pública que provea de un control enorme de una de las mayores empresas energéticas del país se ve, cuanto menos, con preocupación.
    Además, en todo el análisis no está de más tener en consideración que la dependencia de España en materia energética es bastante alta, sobre todo en cuanto a petroleo y gas natural. Es lógico por tanto que, políticamente, exista además preocupación por la posible influencia política que puede tener una empresa controlada por Rusia y con capacidad para impedir el suministro, encarecerlo o hacer lo que le plazca.
    Uno de los fundamentos del libre comercio es, precisamente, la ausencia de proteccionismos por parte del estado hacia las empresas propias; por eso, fundamentalmente, falla la base de dicho «libre comercio» cuando la empresa que intenta hacer la compra es pública frente al caso de E.ON que era una empresa privada.
    [Comentario zrubavel: Estoy de acuerdo con lo que dices. Sólo que hay dos cosas: lo bueno para España y lo bueno para los que gobiernan España. Para España es muy negativo que entrara Gazprom en el capital de Repsol, pero también lo es para los gobernantes. Y ellos sólo muestran la otra cara de la moneda.
    En el caso de EON sólo estaba claro que no le interesaba a los políticos pero usaron los mismos argumentos que con Gazprom, manipulando la opinión de la gente a pie de calle.
    Al final todas estas sobreprotecciones son negativas. Crean desinterés por parte de inversores extranjeros, al pensar que España es un cachondeo. Por ejemplo Reino Unido está siendo literalmente comprado por empresas chinas, rusas, americanas ¡Y españolas! Puede ser que se pierda control pero se permite a las empresas crecer libremente.
    Endesa fue artificialmente comprada y luego eso se traduce en tener que generar unos ingresos superiores. Via subidones en la factura de la luz. EON quería comprar Endesa y al final la acabé pagando yo.]

  4. De eso nada… si se reunen los vecinos de mi edificio para ver qué se hace con los cimientos de la casa yo prefiero ir… por si acaso.
    Y en Yalta no se juntaron los cuatro más listos (q es mucho decir) sino los cuatro más poderosos.

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