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I
El 14 de Octubre de 2006, en un partido entre el Reading y el Chelsea, en la Premier League inglesa, casi en la primera jugada del partido, el portero visitante Peter Čech y el centrocampista Stephen Hunt, corrieron a por un balón que finalmente atrapó el guardamenta.
El portero resultó lesionado y hubo que retirarlo del campo de juego. Una pena, por cuanto ese miércoles el Chelsea tendría que jugar contra el Barcelona en la Champions League.
En el momento nadie fue consciente del alcance de la lesión, aunque el portero fue trasladado de inmediato al hospital, viendo la jugada cualquiera diría que se trató de una acción intrascendente.
(Video de 1'50'')
Peter Čech tenía fractura de cráneo y su pronóstico era crítico, había gran riesgo de que muriera. Tras desaparecer este peligro, era probable que tuviera que olvidarse del fútbol para siempre. Luego el padre de Čech declaró que su hijo estaría retirado del juego durante por lo menos un año.
Finalmente, un reposo forzado de tres meses bastó para que pudiera pisar de nuevo los campos de fútbol, con enorme cautela. El 20 de enero de 2007 volvía a defender la portería del Chelsea, en un partido frente al Liverpool.
II
No existen estadísticas oficiales sobre con qué frecuencia se da la extraña situación en que un jugador de campo tiene que vestirse los guantes de portero y ocuparse de defender la portería. Todos conocemos casos pero hasta qué punto esto es habitual o no es algo sobre lo que no hay mucha información disponible.
Algunas veces los improvisados porteros son excelentes en su trabajo. Grandes paradas, porteros que se mantienen imbatidos. Incluso en algunos casos, hasta que paran un penalti.
Una posible explicación es el hecho de que algunos jugadores fueron cocinero antes que fraile y tuvieron una época de aprendiz de portero antes de decantarse por un puesto de jugador de campo. Jan Koller, famoso delantero centro checo o Fernando Torres son dos insignes ejemplos de ello.
La situación habitual para que un equipo se quede sin porteros es que justo tras realizar el cambio de guardamenta (sólo hay un portero suplente) el nuevo portero se lesione o sea eliminado por una tarjeta roja.
Esta segunda opción, de pesadilla, hace presagiar lo peor: tienes que situar a un jugador en la portería, te quedas con un jugador menos y encima casi siempre te lanzan un penalti. Un caso muy afortunado es el que se muestra en este video en que el portero interino es capaz de detener la pena máxima.
III
El fatídico encuentro entre el Reading y el Chelsea no acabó con la lesión de Peter Čech. De emergencia fue sustituido por Carlo Cudicini, uno de los más queridos jugadores por la afición del Chelsea.
Pero un encuentro esta vez con Ibrahima Sonko acabó con el segundo portero inconsciente. Esta vez fue un fuerte encontronazo en un balón por alto seguido de una mala caída del portero. También hubo que retirarlo del terreno de juego.
(Video de 8'':)
Aunque el juego brusco de Sonko y Hunt no fue merecedor de ningún tipo de sanción, ni durante ni después del partido, la afición del Chelsea no lo entendió así. Sobre todo Stephen Hunt, que casi lleva a la tumba al portero, recibió incluso amenazas de muerte. Para Hunt, un buen jugador, es triste pasar a la historia como el jugador que lesionó a Čech.
Con los dos porteros lesionados tuvo que ser John Terry, el capitán del Chelsea, el que se colocase en la portería. Afortunadamente para él, sólo tuvo que hacerlo en los últimos instantes del tiempo de descuento por cuanto Cudicini había caído inconsciente en el minuto 93.
El agónico partido acabaría con el resultado de 0-1 a favor del Chelsea. Una pírrica victoria en toda regla.
IV
Evidentemente Peter Čech tuvo que tomar extremas precauciones en su vuelta a los terrenos de juego. No tanto ante el riesgo de recibir un golpe parecido - altamente improbable - sino por el hecho de que se había demostrado que su cráneo no era especialmente duro. Y tras el accidente, aún lo sería menos.
En sus primeros partidos reapareció con un llamativo casco de rugby inglés.
(El de la imagen no es Peter Čech).
Obviamente ni el jugador ni el club repararon en gastos a la hora de buscar la mejor protección posible. Ni marcas, ni estética, necesitaban el mejor equipamiento del mercado. Y la empresa número uno en lo que a material protector de rugby se refiere es Canterbury, radicada en Nueva Zelanda.
Su ropa es famosa precisamente por su durabilidad. Hacer material deportivo para rugby y que este no se rompa ni en los más bruscos de los enfrentamientos es su mejor publicidad. Simplemente están considerados la mejor compañía del mundo en prendas protectoras para rugby.
El casco de Čech no era exactamente un modelo de serie. Fue completado con unas protecciones de espuma plástica para una protección total. El Chelsea de Čech perdió en el partido del retorno de este portero por un 2-0. Pero luego Čech consiguió una gloriosa racha de casi diez partidos sin recibir ni un sólo gol.
V
Čech es indudablemente uno de los mejores porteros del mundo. Juega en el Chelsea, eterno favorito a ganar en todo, uno de los mejores clubs de fútbol del mundo y es el indiscutible portero de la selección checa. Pero es especialmente señalada su presencia por el pintoresco casco con el que juega los partidos.
El casco no es tan rígido como el que presentara en su reaparición pero no cabe duda que no podría jugar sin él. Pero este casco que tanto le ha ayudado es un enorme quebradero de cabeza para las marcas deportivas.
Adidas, patrocinador del Chelsea y el encargado de su equipamiento deportivo, no ve con buenos ojos que el portero vista una prenda de la competencia. Cuando Čech trataba de recuperarse de su lesión recibió una respuesta extraordinaria por parte de la gente de Canterbury que se mostró muy solícita en preparar una prenda específicamente pensada para él y su problema. Adidas no tuvo la inteligencia de ofrecerse a tiempo y Čech tiene un pacto de caballeros con la compañía neozelandesa: no sólo lleva desde entonces su casco sino que muestra en él el logotipo de Canterbury.
Para evitar salir aún peor parado, Adidas decidió no protestar demasiado tras la vuelta del jugador. Podría resultar una pésima publicidad. Pero Adidas odia el casco de Čech con toda su alma. Desde entonces Canterbury, ajena por completo al mundo del fútbol antes del incidiente, se muestra como un nuevo competidor en el mundo de la ropa para fútbol. Y si Adidas trataba de arrancarle parte del pastel dentro del mercado del rugby, ahora lo tiene mucho peor.
No se sabe hasta qué punto Canterbury aprovechó la situación para desembarcar en el mundo de la ropa deportiva de fútbol, pero lo hizo con grandes honores. Ahora el Deportivo de la Coruña por ejemplo viste de esta exótica compañía neozelandensa y poco a poco se irán uniendo otros equipos de fútbol. No van a hacerle sombra al todopoderoso Adidas, patrocinador del Real Madrid, el Chelsea, el Bayer Munich o las selecciones nacionales de Argentina, Francia, España o Alemania. Pero siempre duele que te roben parte de la merienda, especialmente si es en tu propia casa.
Para suerte de Adidas, los convenios de las federaciones deportivas se plegan por completo a los intereses de las marcas. La federación europea de fútbol, UEFA, prohíbe a los deportistas lucir marcas diferentes de las que anuncien los futbolistas en las zapatillas. Así, en los partidos de la Champions League, Čech tiene que vestir un casco sin el logotipo de Canterbury. En la Liga Inglesa puede jugar con el casco publicitario.
Insisto: Čech no lo hace por ningún acuerdo comercial, es una forma de agradecimiento personal, un gesto muy noble por cuanto Canterbury ya ha cobrado con intereses crecidos su colaboración con el jugador.
La problemática de Adidas se hace extensiva a Puma. Puma patrocina a la selección checa de fútbol y ha solicitado amistosamente al jugador que luzca un casco de su propia fabricación.
Los acuerdos publicitarios con Čech pierden valor mientras el jugador siga llevando prendas de la competencia. Aunque el logotipo esté tapado con cinta aislante o no exista, son cascos de Canterbury.
Imagino que es cuestión de tiempo que los cascos de Canterbury desaparezcan, mientras tanto anuncios como este, en que Čech luce un casco de Adidas (que luego no vestirá en el campo de fútbol) quedan un tanto ridículos.
Fuentes: Las citadas y sobre todo la Wikipedia.
Hace un par de días tuvimos la oportunidad de ver una extraña situación deportiva: En la Eurocopa de 2008, Holanda jugaba un partido intrascendente (ya era primera de su grupo pasara lo que pasara) frente a Rumanía. Si Holanda hubiera perdido, habría dado la clasificación a la vencedora Rumanía y habría dejado eliminada a la otra aspirante: Italia.
La deportividad dice que un equipo no debe dejarse perder bajo ningún concepto. Pero cuál es realmente el punto. ¿Dejarse perder o no luchar por ganar? Me imagino que más lo segundo que lo primero. Y en tal caso, ¿Intentar ganar el campeonato no es más importante que intentar ganar un partido? ¿No demuestra más ambición y ganas de lucha el equipo que trata de ganar el campeonato que aquel que se esmera en vencer en un único partido?
Y todo esto lo digo porque para Holanda el máximo rival de cara al título era Italia. ¿Qué sentido tiene ponerle las cosas fáciles a tu máximo enemigo? ¿Es realmente actuar de forma deportiva el ganar un partido que no interesa ganar y luego hacer lo imposible por vencer a ese mismo rival en una final complejísima?
El 8 de septiembre de 1953 nació Stuart Errol Ungar. El mundo lo acabaría conociendo como Stu Ungar. Stu pasó a la historia como el mejor jugador de póquer de todos los tiempos.
Su infancia, como la de tantos otros genios, distó mucho de ser convencional. Su padre regentaba un bar en el que se jugaba y apostaba de forma clandestina. Stu Ungar se crió en un ambiente en que era habitual ver a hombres jugar cartas por dinero.
Pronto Stu Ungar se volvería un excelente jugador de cartas. Su padre trataba de alejarlo de ese sórdido mundo pero no lo consiguió. Murió joven, dejando a su esposa y dos hijos sin medios de subsistencia.
Stu tomó las riendas de la familia con apenas 15 años. Dejó la escuela y se dedicó de lleno a jugar a las cartas por dinero.
Stu Ungar tenía como padrino a Victor Romano, un presunto mafioso que veía a Ungar como el hijo que siempre querría haber tenido. Victor Romano estaba acostumbrado al mundo de las apuestas, los casinos, el juego. Pero también era un hombre muy inteligente que disfrutaba viendo a los jugadores que ganaban más allá del azar de unas buenas cartas. Victor Romano defendía que en su estancia en la cárcel se había memorizado un diccionario de inglés completo, cada una de las palabras así como sus definiciones.
Al abrigo de Victor Romano, Stu Ungar se convirtió en uno de los más brillantes jugadores de cartas y uno de los más precoces. Siempre era el niño en cualquier reunión y ese sería el sobrenombre que le acompañaría toda su carrera: The Kid.
Desde los diez años, Stu Ungar había brillado como jugador de Gin Rummy. Este juego de cartas fue el que sirvió para que su familia pudiera vivir tras la muerte de su padre. El Gin Rummy es un juego de cartas no excesivamente popular. Según Stu, era el juego en el que la suerte menos influía, dentro de los juegos de cartas que se jugaban por dinero.
Tras más de una década jugando Gin Rummy, Stu Ungar se convirtió en el mejor jugador del mundo. Lo maravilloso del asunto es que si Stu Ungar hubiera muerto aún más joven, no habría pasado a la Historia por ello.
Stu Ungar alcanzó tal excelencia en el Gin Rummy que acabó con el juego por completo. Fue tal su superioridad sobre los demás que ya nunca nadie quiso jugar contra él. Los organizadores de los torneos le tenían prohibida la participación. Stu ofrecía todo tipo de ventajas a sus rivales para tratar de dar algo de emoción al asunto: dejaba a su rival que viera la última carta del mazo. Él siempre dejaba que los demás fueran mano (empezaran la partida, una ventaja considerable). Todo era insuficiente.
Stu Ungar aplastó a los mejores jugadores profesionales de Gin Rummy. Y lo hacía con una suficiencia tal que sus rivales quedaban convencidos de que era imposible vencerle. Algunos de los más grandes jugadores de Gin Rummy dejaron el juego profesional. Al final, Stu también tuvo que hacerlo: había acabado con el Gin Rummy.
Así, no le quedó más remedio que dedicarse a otra cosa. Stu Ungar había nacido y vivido en Nueva York, pero pronto se trasladó a Las Vegas, el epicentro del mundo del juego. Stu acabaría optando por el Black Jack.
El Black Jack (21) es un juego enormemente sencillo, pero es aquel en el que matemáticamente mejores opciones tienen los jugadores contra el casino. Eso sí, si se juega bien, de lo contrario la ventaja de la banca es insuperable.
Para jugar bien al Black Jack hay que realizar cálculos de probabilidad constantes. Y los cálculos pueden dar buenos resultados si tienen en cuenta las cartas que van quedando dentro del mazo. Si se han repartido todas las cartas menos tres, faltan dos cuatros por salir y tenemos 17 puntos, tenemos que subir nuestra apuesta hasta el infinito, rezar y luego pedir carta. Si no sabemos las cartas que quedan, 17 puntos es una puntuación para plantarse.
Stu Ungar tenía una memoria natural prodigiosa para recordar cartas y hacer cálculos. En Black Jack es habitual trabajar con seis mazos de cartas (que tienen unas 300 cartas en total). Stu era perfectamente capaz de llevar en la cabeza el recuento de las cartas que habían aparecido y las que quedaban por aparecer. Con todo este bagaje, pronto empezó a ganar mucho dinero en los casinos. Hasta que le empezaron a prohibir la entrada.
Al final Stu Ungar se encontró en el punto inicial. Había empezado con el Gin Rummy, llegado hasta lo máximo y entonces tuvo que dejarlo. Llegó a la maestría en el Black Jack y de nuevo tenía que dejarlo. Fue este cúmulo de circunstancias lo que le empujó al póquer. No le atraía especialmente este juego pero el destino le había llevado a él.
Siendo realmente joven para el juego, con 27 años ganó el Campeonato Mundial de Póquer (World Series of Poker) en 1981. Al año siguiente volvería a ganarlo, obteniendo el récord de victorias conseguidas por una misma persona. Stu Ungar había entrado en la Historia casi a regañadientes.
Junto al lado épico de este genio se mostraban sin embargo enormes miserias que le hacían la vida enormemente difícil. Stu Ungar era un jugador compulsivo y solía perder el dinero que ganaba en el juego, cantidades que se medían por millones de dólares, en apuestas a las carreras de caballos, en partidos de golf, en todo tipo de apuestas extravagantes que no podía ganar por cuanto eran cuestión de suerte. En muchas ocasiones Stu se había visto sin un céntimo y con acuciantes deudas. Pero por lo general su documento de identificación era el fajo de billetes que llevaba en el bolsillo. Su aspecto aniñado le llevaba a que a menudo le exigieran la identificación antes de servirle una copa. Y él mostraba los billetes para demostrar que no era ningún niño.
Stu Ungar no obtuvo su número de la Seguridad Social hasta que quiso cobrar el premio del Campeonato Mundial de Póquer. No tenía permiso de conducir. Carecía de documentación. En una ocasión en que viajó al extranjero tuvieron que expedirle un pasaporte de urgencia en el propio aeropuerto.
Stu todo lo arreglaba con dinero. Sus propinas eran magnificas, tanto que resultaban excéntricas. Su hija recuerda cómo podía dejar un billete de 100 dólares como propina para una compra que no había alcanzado los 50 dólares.
Su relación con el dinero era patológica. El no tener ningún miedo a perderlo le hacía más fuerte sobre las mesas de juego. Pero le llevaba a malgastarlo y a perderlo irremediablemente.
La vida personal de Stu Ungar también fue un poco desastrosa. Se casó dos veces y tuvo una hija que sería su único vínculo emocional a lo largo de su vida.
Lo que acabaría con Stu Ungar, como con tantos otros, fueron las drogas. A principios de los ochenta había recibido muy buenas recomendaciones sobre la cocaína, una droga que te permitía pasar más tiempo despierto, luego más tiempo jugando.
Al final Stu acabó adicto por completo a la cocaína. Sus habilidades en el juego fueron esfumándose. Y ahora necesitaba dinero para poder pagársela. La leyenda de los juegos de cartas estaba acabada.
Sin embargo en 1997, 15 años después de su victoria de 1982, Stu Ungar se presentó de nuevo en el casino dispuesto a competir por el Campeonato Mundial. Su aspecto físico daba bastante pena, por cuanto la droga había hecho estragos en su salud. Tenía problemas para concentrarse en el juego y se agotaba fácilmente.
Las drogas le habían alejado de una carrera de éxito continuo. En 1990 Stu Ungar fue encontrado en el suelo de su habitación. Había sufrido una sobredosis de cocaína. A pesar de que había tenido que abandonar el torneo en el tercer día de su celebración, su ventaja inicial sobre el resto de competidores era tal que aún le valió para quedar el noveno clasificado del torneo por lo que a ganancias se refiere.
Pero en 1997 las cosas fueron muy diferentes. En una vuelta a la élite absolutamente épica, Stu sería capaz de vencer en el Campeonato, por tercera vez. Ya dejaba de ser un personaje de la Historia para convertirse en una absoluta leyenda.
Stu Ungar fue el más grande jugador de póquer de todos los tiempos. Pero sólo porque fue el mejor del mundo en el Black Jack y en el Gin Rummy.
Este tipo de personajes geniales se dan con poca frecuencia en la Historia. Stu Ungar murió el 22 de Octubre de 1998, como consecuencia de la cocaína. Apenas tenía 45 años de edad.
Su estilo de juego era implacable. Quería aplastar a sus rivales y hacerlo lo antes posible. A veces le sugerían que diera posibilidades a sus contrincantes para que estos le vieran vulnerable y luego perdieran más fácilmente y más dinero. Pero Stu Ungar estaba en contra de todo eso. Siempre jugaba muy fuerte, nunca cometía errores voluntarios. Sin dar ninguna tregua a sus rivales y con tendencia a hacer bromas a la gente que iba perdiendo, sus rivales pasaban un muy mal rato cuando tenían que jugar contra él.
Hay una película sobre la vida de Stu Ungar: High Roller: The Stu Ungar Story. Es una película aburridísima.
Fuente: Wikipedia. Stu Ungar.
¿Cuál es el deporte más difícil del mundo? Ante la complejidad de la pregunta lo habitual es responder con evasivas. ¿Qué entiendes por lo más difícil?
Afrontando este reto, la web de deportes ESPN realizó una completa estadística. Para ello una serie de periodistas deportivos puntuó en una escala del 1 al 10 cada uno de los deportes, siendo el 10 la máxima dificultad posible.
En lugar de votar los deportes de forma global se decidió valorar cada una de las cualidades que se esperan de un deporte difícil: resistencia, flexibilidad, reflejos, coordinación, fuerza, agilidad, nervios, coordinación mano-ojo, capacidad analítica.

De esta votación emergió como el más duro de los deportes el boxeo. En él son necesarias casi todas estas habilidades en grado sumo y para casi todas ellas resulta el más exclusivo de los deportes.
Así, el cuadro de honor quedaba del siguiente modo:
- Boxeo: 7,23
- Hockey sobre hielo: 7,17
- Fútbol americano: 6,83
- Baloncesto: 6,78
Como curiosidad, en el último puesto quedaba la pesca, con un triste 1,45
Aunque no falto de interés, el estudio resulta poco convincente. Cierto es que el boxeo es un deporte extraordinario, infravalorado por los ambientes en que se suele practicar. Pero una aproximación más interesante nos lleva a pensar que si bien el boxeo puede resultar complicado, el fútbol no es un deporte tan difícil. Cualquiera puede pegar patadas a un balón. No hay que ser una estrella para marcarle un penalti a Casillas, uno de los mejores porteros del mundo. La selección de Malta, formada por aficionados, no pierde por goleada ante cualquier otra selección candidata al título Mundial - o no siempre. El baloncesto tiene la barrera de la altura, pero con un poco de práctica se pueden encestar más del 50% de los triples que se lancen.
Así, me gustó mucho la reflexión que hacía este hombre sobre cuál podría ser el deporte más difícil, entendiéndolo del siguiente modo: aquel deporte en el que llegar al nivel de profesional suponga un reto mayor.
En fútbol hay un criba que, aparte del talento innato de algunas superestrellas, es estadística. De cada diez personas se va seleccionando siempre a la mejor, hasta llevar al equipo de Primera División a los mejores chavales del barrio que eran a su vez los mejores de su pueblo que eran también los mejores de la provincia que eran también los mejores de la región. El segundo mejor jugador del barrio podría haber llegado también allí, pero la exigencia del deporte, que sólo permite jugar a unos pocos a alto nivel, le impidió fichar por un equipo de alevines de primera división.
En tenis está claro: un aficionado perderá siempre contra un profesional. Hace falta un técnica de saque impecable, una fortaleza y entrenamiento tales que lo más común será que el aficionado pierda por rotundos 6-0. La capacidad de saque profesional en el tenis sólo puede conseguirse mediante clases de cierto nivel, y es lo suficientemente decisiva como para que un jugador que no sea bueno sacando o restando potentes servicios no tenga esperanzas alguna ante rivales de cierta categoría.
La técnica en el tenis está al borde de lo humano. Todos los golpes van a las líneas. Siempre. Los saques están en el limite de lo restable. Las dejadas se hacen sí y sólo sí hay que hacerlas. Los golpes son casi únicos y casi siempre se acierta a darlos. Pero aunque los puestos de cabeza sean inalcanzables, constantemente hay noticias de nuevas jóvenes promesas, de jugadores que llegan desde las previas hasta las rondas finales de un Grand Slam. Difícil sí. Pero no imposible.
La defensa que hacen del golf en la página antes citada es muy interesante. Según el autor es posiblemente el golf uno de los deportes más difíciles del mundo. Lo cual no deja de sorprender por cuanto es un deporte aparentemente trivial y para personas sin condición física. Recomiendo encarecidamente su lectura.
Pero a pesar de su defensa del golf, deporte que confiesa practicar, no tiene reparos en indicar que, casi con toda seguridad, el polo es el deporte más difícil del mundo.
Por un lado el polo tiene unas enormes barreras de entrada. Puedes jugar fútbol en una favela, pero para jugar al polo hacen falta varios caballos, además de un terreno de juego adecuado y rivales suficientes.
El polo se ha llamado desde tiempos inmemoriales del deporte de los Reyes. En sus orígenes iraníes, servía como excelente forma de entrenamiento de las tropas de caballería. Eso sí, el deporte era muy diferente a como lo conocemos hoy en día. Era una auténtica carnicería en la que los equipos podían llegar a tener un centenar de caballos por bando. Un ejercicio de la guerra en el que los mejores podían pasar a formar parte de la Guardia Real.
Los mismos reyes y príncipes disfrutaban con la práctica de este deporte. Con el paso de los siglos llegó a la India y de allí pasó a ser adoptado por los colonos británicos, que lo llevaron en una forma muy suavizada a Europa.
El deporte del polo que se practicaba en Inglaterra era un encorsetado conjunto de reglas muy estrictas que hacían el juego lento y aburrido. Ese es el polo que todavía practica la realeza británica. El verdadero deporte tuvo que cruzar el Atlántico. En EEUU se convirtió en un juego de velocidad endiablada.
Correr con el balón, con dos defensas detrás dispuestos a partirte la pierna con tal de evitar un gol es una experiencia extrema. Pero hacerlo galopando en un caballo, manteniendo el equilibrio sobre los estribos a la vez que se golpea la pelota, sin que el caballo disminuya la velocidad, es algo que requiere años de práctica hasta conseguir hacerlo al menos decentemente.
Golpear la pelota es ya toda una proeza. Dar un pase es muy complicado. Los caballos no dejan de ser animales imprevisibles. Constantemente hay que girar y se pasa muy cerca de los otros caballos. El ritmo es trepidante, lo que convierte al deporte en uno de los menos interesantes para ver y sin embargo una experiencia insuperable para los deportistas que lo practican.
El polo está lleno de peculiaridades que me han parecido dignas de ser remarcadas. La mayor es quizás la diferencia entre los jugadores. Cierto es que se trata de un deporte muy minoritario y poco practicado. Pero aún así, las diferencias entre jugadores son tales, que la sola presencia de gran jugador es suficiente para que resulte imposible equilibrar un encuentro.
Los equipos de polo tienen cuatro jugadores. El nº1 es una especie de delantero pero más con funciones de palomero, esperando un pase para simplemente correr un poco y empujarla dentro. El nº2 suele ser el mejor jugador del equipo, dispuesto a pasar la pelota al 1 pero también capaz de driblar toda la defensa rival y marcar un gol. El nº3 es una especie de quaterback. Un gran pasador, que coloca la pelota a punto para que sus compañeros puedan marcar. El 4º suele encargarse de la defensa. Los puestos más interesantes son el 2º y el 3º, pues tienen enormes responsabilidades tanto en defensa como en ataque.
Los jugadores de polo tienen asociada una determinada categoría, denominada handicap. El handicap es una puntuación que va desde el -2 hasta el 10. Un jugador parte con la puntuación negativa. Dos de cada tres jugadores nunca superan dicha puntuación, lo cual es una muestra más de la extraordinaria dificultad de este deporte.
El handicap es una medida de la importancia de un jugador para el equipo. Se tienen en cuenta numerosos aspectos: control de la pelota, monta y dominio del caballo, estrategia dentro del juego, visión general. Una peculiaridad única del polo es que en esta escala también se mide la deportividad, todo un detalle que ennoblece al deporte.
La puntuación del handicap es asignada por la federación correspondiente. Sorprendente resulta que esta puntuación tiene un paralelismo muy exacto en el número de goles. Si sumando los handicaps de los diferentes jugadores de cada uno de los equipos hay una diferencia de 7 puntos, es de esperar que ese equipo gane por una diferencia de 7 goles. Con lo que es posible, y necesario dada la dificultad para conseguir encontrar equipos parejos, que los partidos se celebren con esa ventaja: el equipo con mayor handicap tiene que vencer por una diferencia de goles superior a esa diferencia. En este caso de 7 puntos de diferencia, un resultado de 10-17 sería considerado un empate.
Los encuentros no son siempre con handicap, pero resulta difícil crear competiciones dada la disparidad de las fuerzas. El mejor país con diferencia en el mundo del polo es Argentina. Argentina es al polo, desde inicios del siglo XX, lo que Estados Unidos fue al baloncesto durante el siglo pasado o lo que Rusia al ajedrez. Puede que incluso la diferencia sea aún mayor. Argentina es el único equipo del mundo que puede presentar un equipo de handicap 40 (10 + 10 + 10 + 10) sin problemas a las competiciones mundiales. Ha ganado casi todas las competiciones de la Historia y cuenta con los mejores jugadores del mundo.
Así, vemos que la escala del polo parte de un número negativo, que entendido en goles puede significar que eres un estorbo para el equipo. Es dificilísimo superar esa puntuación. Pero como en cualquier escala logarítimica subir un escalón es tremendamente complicado. La mayoría de los mejores jugadores de cada país no tienen un handicap de más de 5.
Esa es la dificultad insuperable del polo: los cuatro mejores jugadores del mundo nunca perderían contra los cuatro siguiente mejores. Y posiblemente les aplastarían. Una selección de nivel medio-alto podría perder por un 30-5 ante Argentina. Eso no ocurre en fútbol, y casi en ningún deporte.
La dificultad del polo queda patente si seguimos los pasos del que es considerado hoy en día el mejor jugador de polo en activo, y el que quizás sea el mejor de la historia: Adolfo Cambiaso. Adolfito.
Observemos cómo fue superando sus puntuaciones de una forma gradual, con una lentitud que puede resultar pasmosa. Es sin lugar a dudas el mejor jugador del mundo. Pero no alcanzó el handicap 10 hasta mucho tiempo después de iniciarse en el juego:
- 12 años: consigue el -1
- 13 años: consigue el +3
- 14 años: consigue el +6
- 16 años: consigue el +7
- 17 años: consigue el +9
- 19 años: consigue el +10 (la persona más joven de la Historia en conseguir esa puntuación, en EEUU había llegado al handicap 10 con sólo 17 años).
El handicap 10 simplemente indica un jugador profesional de una fuerza extraordinaria. En pocos deportes se alcanza este nivel de maestría con tanta dificultad como en el polo.
Me ha sorprendido la poca información que hay en general sobre polo en Internet. Uno de los problemas de este deporte es la diferencia entre las distintas Federaciones Nacionales. Al no haber un juego de reglas estricto a nivel mundial, hay dificultades para establecer competiciones importantes. De ahí que el polo no sea un deporte olímpico y ni siquiera figure en la lista inicial de deportes que mostraba ESPN, lista que sí incluía la pesca y el rodeo.
Los partidos de polo son como los de tenis de mesa si se jugara con pelotas invisibles. Todo sucede tan rápido que no hay forma de ver nada. En este breve video (1 minuto) puede verse el dominio de Adolfo Cambiaso controlando la pelota. Hay que indicar que la imagen está a cámara lenta. Hasta parece fácil.
Otra medida de la extrema exigencia de este deporte es el desgaste para los caballos. Se juega en seis tiempos (chukkas) de siete minutos cada uno. En los partidos de máximo nivel cada equipo usa un caballo por cada periodo de tiempo, para tenerlos siempre recuperados y a la máxima potencia. Esto añade una nueva dificultad: no basta con tener un buen caballo con el que se obtenga una total armonía, hay que ser flexible con la montura, pues en un mismo partido se llega a contar hasta con seis caballos distintos.
Es un deporte muy interesante. Todo lo aquí expuesto está contrastado con fuentes aparentemente fiables, pero si has detectado algún error no dudes en indicarlo en los comentarios.
Fuentes: Las citadas, y el completo artículo de la Wikipedia en inglés.
El término semántica se refiere a los aspectos del significado o interpretación del significado de un determinado símbolo, palabra, lenguaje o representación formal.
La semántica es un área de estudio que puede entenderse como contrapuesta a la sintaxis que estudia las relaciones entre los signos que forman las palabras a la hora de formar una estructura.
La semántica como palabra apareció por primera vez en el libro de 1897 Essai de sémantique, del francés Michel Bréal. Así, se le considera en cierto modo el padre de la semántica. Sin embargo Michel Bréal es más famoso entre el gran público por haber inventado la maratón.
La primera maratón.
El comité que en 1894 perfilaba cómo serían las primeras Olimpiadas del Mundo Moderno estaba abierto a todo tipo de sugerencias e ideas. Entre ellas la propuesta del francés Michel Bréal cautivó de inmediato. Revivir la leyenda de la carrera llevada a cabo por el mensajero Filípides, carrera que le llevó desde el campo de batalla de Maratón hasta Atenas para dar la buena nueva de que habían resultado vencedores. Tras gritar ¡Hemos vencido! murió agotado por el esfuerzo.

La carrera no existía como tal y todo estaba entonces por decidir. Tenía que ser una distancia similar a la entonces recorrida por el mensajero. Las primera pruebas se realizaron en Grecia en 1896. Allí se celebraría la Primera Olimpiada pocos días después y los griegos estaban eufóricos con la idea. Por supuesto que el vencedor debía ser un ciudadano griego.
Así, organizaron unas rondas de clasificación. La primera maratón tuvo lugar el 3 de abril de 1896, teniendo en cuenta la extravagancia de que por aquel entonces los griegos aún se regían con el Calendario Juliano y para ellos no era más que el 22 de marzo. El vencedor fue Kharilaos Vasilakos con un tiempo de 3 horas y 18 minutos.
Los participantes en la carrera habían sido seleccionados por un coronel del ejército griego. De entre los numerosos soldados que habían servido a sus órdenes seleccionó a los mejores. Entre ellos a Louis Spiridon, licenciado el año anterior y que se ganaba la vida como aguador.
Louis Spiridon corrió en la segunda ronda de clasificación, alcanzando un modesto quinto puesto.
Pocos días después, el 10 de abril de 1896, tendría lugar la primera maratón oficial de la historia, en la jornada final de los Juegos Olímpicos. Los Juegos habían resultado un completo desastre para los griegos. Aunque apenas si participaban un puñado de deportistas de otros países, estos vencían en todas las pruebas. Especialmente dolorosa resultó la derrota en lanzamiento de disco, un deporte griego por excelencia. En este caso fue Robert Garret, un americano, el vencedor.
El lanzamiento de disco
La victoria de Robert Garret en el lanzamiento de disco no deja de ser sorprendente. Hijo de una familia adinerada, su especialidad era el lanzamiento de peso y de hecho conseguiría la medalla olímpica en la especialidad. Su entrenador en los Estados Unidos le sugirió que probase también con el disco.
Garret y su entrenador preguntaron a los expertos de la época sobre cómo sería el disco a emplear en la competición. Estos consultaron la literatura clásica y diseñaron un disco tal y cómo debía ser en la antigua Grecia: una masa de más de 14 kilos de peso. Cuando Garret lo tuvo en sus manos vio que aquello era imposible de lanzar y renunció.
A su llegada a Grecia sin embargo tuvo la oportunidad de ver el disco que se emplearía en la competición: pesaba unos dos kilos y medio. Por diversión y sorpresa al verlo tan manejable decidió participar.
El estilo de lanzamiento griego era tremendamente estilizado. Las poses evocaban al Discóbolo de escultor clásico Mirón. Verlos lanzar era placentero. Casi se preocupaban más de la coordinación que de la fuerza. Garret sin embargo se enfrentó al disco en la única forma que sabía: la misma con que lanzaba el peso, pura fuerza bruta.
Sus dos primeros intentos resultaron ridículos. Totalmente desviados incluso estuvieron cerca de hacer daño a alguien del público. Tanto el resto de americanos como los griegos se partían de risa ante su falta de estilo y clase.
Sin embargo su tercer lanzamiento fue sorprendentemente bueno. Tanto que le valió para conseguir la medalla de oro, 19 centímetros más lejos que el del mejor griego. El bochorno para los griegos fue absoluto. Habían perdido en su deporte ante alguien que no tenía ninguna técnica.
La maratón de 1896
Mientras hay vida hay esperanza. La maratón era una nueva competición que cualquiera podría ganar. Especialmente los griegos por cuanto competían con trece deportistas mientras que sólo había cuatro de otros países. Como en los chistes, había un francés, un australiano, un húngaro y un americano.
No pudo tomar la salida el competidor italiano Carlo Airoldi que había viajado casi mil kilómetros a pie desde su casa hasta Atenas sólo para participar en esta prueba. Sin embargo fue descartado de tomar el inicio por tratarse de un deportista profesional. Algo un tanto injusto por cuanto no existía ni una sola persona que se dedicara al atletismo en forma profesional en su época. Hasta qué punto no lo era lo demuestra su absoluta falta de dinero para viajar hasta Atenas. Tuvo que negociar con un periódico que acordó pagarle un viaje mirando al céntimo a cambio de recibir una crónica diaria de su viaje. Carlo Airoldi tuvo que cruzar las peligrosas fronteras de Croacia y Austria recorriendo más de 70 kilómetros diarios para llegar a tiempo a la competición.
Cierto era que estaba muy acostumbrado a carreras largas, de hasta 50 kilómetros y es probable que habría ganado con facilidad. La causa de su retirada anticipada fueron las 2.000 pesetas (12 euros) que había ganado como premio en un carrera entre Barcelona y Milán, 1.050 kilómetros que se corrían en 12 etapas.
La carrera comenzó para los diecisiete participantes. El francés
americano Arthur Blake le seguían a considerable distancias. Y mucho más atrás, los griegos.
Entre ellos, Louis Spiridon, que a su paso por Pikermi, situada en el kilómetro veinte, fue a saludar a su tío que vivía en esa población y al que había prometido visitar. Se tomó un vaso de vino mientras le informaban sobre la distancia que le llevaban el resto de competidores. Tras oírla tuvo confianza suficiente en su victoria.
Por aquel entonces Lermusiaux llevaba un ventaja inalcanzable, más de tres kilómetros delante del segundo corredor. Sus tiempos estaban resultando buenos incluso con las sobrehumanas marcas de los deportistas profesionales de la actualidad. En menos de una hora había corrido los primeros veinte kilómetros, una marca impresionante.
De la última lista de ELO de la Federación Internacional de Ajedrez, se obtiene el sorprendente dato de que entre los 40 primeros clasificados sólo hay 4 personas que hayan nacido antes de 1970 (o tengan más de 38 años de edad). Ahora bien:
- 39º: Sokolov, Ivan (2673), 39 años
- 11º: Gelfand, Boris (2736), 39 años
- 2º: Ivanchuk, Vassily (2787), 38 años
- 1º: Anand, Viswanathan ( 2801), 38 años
Karpov fue campeón del mundo con 27 años, Kasparov con 22 y Kramnik con 25. Pero ahora la élite criada con los ordenadores no consigue llegar a los primeros puestos de la clasificación, a pesar de triunfar en todos los demás récords de precocidad.
Visto en ChessNinja.
Dice la Wikipedia de Roger Federer:
Muchos expertos y muchos de entre sus rivales creen que Federer tal vez sea el mejor jugador de la historia del tenis.
Y de Rafael Nadal:
A pesar de su derrota en Wimbledon, Nadal sigue siendo el único jugador en activo con un balance positivo frente a Federer (8-5) después de haber jugado más de cinco encuentros.
Amparándose en ese balance muchos se atreven a decir que Nadal es mejor que Federer. Sin embargo es precisamente ese balance positivo la muestra de la enorme superioridad de Federer. 7 de esos partidos se han jugado en tierra batida (donde Nadal masacra a su rival por un balance de 6-1). Teniendo en cuenta que Federer juega pocos partidos en tierra de lo que estamos hablando es de que:
a) Cuando Federer juega en tierra acaba jugando contra Nadal, luego las más de las veces llega hasta la final del torneo.
b) Nadal ha jugado pocas veces contra Federer en otras superficies, luego o bien ha jugado torneos poco importantes donde no estaba Federer o no ha llegado lo suficientemente lejos como para enfrentarse contra Federer. Porque Federer lo ha ganado todo.
El futuro dirá muchas cosas, pero no adelantemos acontecimientos ni vendamos pieles de osos.
De paso señalar la página siguiente:
Rafael Nadal
A la que le hago publicidad gratuita por las siguientes razones:
a) No está en la secta de los blogs 2.0 pero tiene más visitantes que los que ocupan muchos rankings.
b) Y tiene muchos visitantes porque mucha gente cree que es el blog personal de Rafael Nadal, simplemente porque hay quien firma en los comentarios con el nick "Rafael Nadal".
c) Es un blog con publicidad y no ha incurrido en la subnormalidad de hacer una página orientada hacia gente supertecnificada esperando que pinchen en tu publicidad (que las más de las veces ni verán por pantalla). Me jugaría (subjuntivo) una mano a que gana más dinero con la publicidad que muchos abanderados del emprendedorismo.
Podíamos leer en el dominical de "El País" hace un par de semanas un reportaje sobre la adicción a las compras. Según dicho artículo, las mujeres eran más propensas a caer en esta adicción:
Por un menor sentimiento hacia lo abstracto: el hombre prefiere el dinero y la mujer lo que puede conseguirse con él.
Basándose en este principio, se justifica el teorema de la suegra, que defiende que un piso es siempre mejor que el dinero que se pague por él, porque el piso se puede tocar.
Hace poco tuve la oportunidad de comprender hasta qué punto era cierta la expresión que había leído en "El País". Hablando con una amiga sobre la reciente victoria del Real Madrid en la liga de fútbol mi interlocutora me preguntó:
¿Pero al que gana que le dan, una copa?
La verdad es que no supe que responder en su momento, tal vez mis lectores me puedan ayudar a responder a esta pregunta. El vencedor de la Liga de Fútbol gana:
- Un trofeo en propiedad, cuando gana determinado número de Ligas.
- El derecho a guardar el trofeo en sus vitrinas durante gran parte del año, con el consiguiente reclamo hacia el patético museo de su club de fútbol.
- Una plaza en la Champions League sin necesidad de pasar pruebas preliminares.
- Esa plaza de la Champions es fácilmente monetizable ya que esta competición tiene una tabla de ingresos fijos por partido jugado y resultado obtenido.
- Alguna invitación a torneos de pretemporada en el verano.
- La opción de evitar varias rondas previas de la Copa del Rey.
- Mejores opciones para negociar la publicidad de las vallas publicitarias y de sus camisetas.
- Expectativas de más ventas de abonos y entradas para las temporadas sucesivas.
- Expectativas de más títulos futuros.

A priori, resulta sorprendente que, con la Real Sociedad en puestos de descenso desde hace muchas jornadas y con el Osasuna superándole en siete puntos, las casas de apuestas den como claro favorito del encuentro entre ambos equipos a la Real Sociedad. A pesar de que se juega en el estadio del Osasuna.

Osasuna - Real Sociedad. Por cada euro apostado al resultado final, se obtendrán:
(1) 3.30
(X) 3.35
(2) 2.10
Por ejemplo, el Sevilla está luchando por ganar la liga, y juega el casa contra el Zaragoza:
Sevilla - Zaragoza.
(1) 1.55
(X) 3.75
(2) 6.25
La explicación a esta valoración tan favorable a la victoria de la Real Sociedad fuera de casa se obtiene consultando lo que ocurrió en la temporada 2000-2001. En la última jornada se enfrentaban Osasuna y Real Sociedad. Los primeros necesitaban ganar y esperar que sus rivales directos - entre ellos el Oviedo - no lo hicieran.
Los ovetenses jamás perdonarán esa fácil victoria del Osasuna en un partido decisivo, ante una muy superior Real Sociedad. Tras ese descenso vinieron otros y el hundimiento del equipo, que entiende al Osasuna como el desencadenante de su infortunio. La solidaridad entre los equipos "vascos" en las últimas jornadas de liga siempre ha llamado la atención.
Hoy en día gracias a las casas de apuestas puede medirse hasta la probabilidad de que un equipo se deje perder. Esta casa de apuestas - y todas las demás - la ve como muy elevada.
Los amantes del riesgo entenderán la apuesta contraria. Si el Osasuna pierde y el Betis gana su situación pasaría a ser tremendamente complicada en las dos últimas jornadas de liga. Tendrían encima que jugar contra el Betis en la siguiente jornada - lo que podría dejarles incluso en puestos de descenso. Y aún en la última jornada enfrentarse al Atlético de Madrid, que seguro que para entonces estará arrastrándose para asegurarse un puesto en las competiciones europeas.
Aunque algo me dice que el Osasuna pagará su deuda de honor. No dejándose perder, que es casi imposible. Para perder basta con no querer ganar. Aunque cuando crees que tu rival se va a dejar perder la situación se vuelve surrealista, porque el que espera ganar no sabe que bastaría con que jugara un encuentro normal para que acabara ganando.
En cierto modo el que quiere perder no se esfuerza - esperando cumplir su objetivo - y el que espera ganar no se esfuerza - porque piensa que no es necesario para cumplir su objetivo. El resultado será uno de los partidos más irracionales de los últimos tiempos.
[Actualización: Pues al final el Osasuna acabó ganando 2-0. Algunos aficionados del Osasuna se indignaron con los goles de su propio equipo. Todos los rivales de la Real Sociedad ganaron, con lo que la dejan con un pie en Segunda División. Y el Osasuna se aseguró la permanencia.]
Ya hemos hablando en esta página sobre el que posiblemente fue el mejor gol de la historia. Pero pocos conoceréis el peor gol de toda la historia de fútbol.
A pesar de que Ruud Gullit tiene rasgos poco europeos, por sus ascendentes de Surinam, nació en Amsterdam en 1962. Su primer contrato en un equipo profesional fue con el HFC Haarlem, en 1978. Durante cuatro años estuvo jugando en ese equipo, al que la primera división holandesa le venía grande. En 1982, gracias a Gullit, el equipo consiguió la proeza de clasificarse para la Copa de la UEFA.
Posteriormente Gullit fue progresando a medida que iba cambiando de equipo. En 1982 fichó por el Feyenoord. En 1985 por el PSV Eindhoven. En 1987 pasó al A.C. Milan, siendo entonces el fichaje más caro de la historia.
Para el HFC Haarlem la vida sin Gullit fue más triste. Salvo esa escasa participación en la UEFA de 1982, apenas si le daba para sobrevivir en los últimos puestos de la primera división. En 1990 descendió de categoría y desde entonces nunca ha vuelto a la primera división.
La actuación del HFC Haarlem en la competición europea no fue digna de recuerdo. En la segunda ronda se enfrentó a todo un hueso, el Spartak de Moscú.
El 20 de Octubre el equipo holandés jugaba en Moscú, en un muy desapacible día. Hacía frío, viento y nevaba. Unido esto a la escasa entidad del equipo visitante, poco público se atrevió a pasar por el estadio del encuentro, el Luzhniki, con capacidad para 80.000 espectadores.
El gol de Messi, en el partido del Barcelona-Getafe del 18 de Abril de 2007 - que no está en Youtube porque las televisiones bien que lo han impedido - se compara con el que marcara Maradona en el Mundial de México 1986. ¿Cuál de los dos es mejor gol?
Si se tratara de creaciones artísticas, indudablemente el de Maradona, por cuanto carece de un referente tan claro, sería un gol original. Al ser una simple gesta deportiva, el gol de Messi, al producirse en una época en que el fútbol es más rápido, los defensas más agresivos y las espinillas igual de frágiles, puede afirmarse que es mejor que el de Maradona.
Pero hay una diferencia. Cuando Maradona marcó su gol frente a Inglaterra, él era el único capaz de hacerlo. En todo el mundo. Hoy en día, hay en todo el mundo por lo menos 20 jugadores capaces de marcar el gol de Messi. Quizás muchos más.
El gol de Messi es pura estadística. Cada quiebro que el genio argentino da al balón y cada movimiento de pierna erróneo que realiza el defensa, es una tirada de moneda al aire. Si sale cara, el defensa intercepta la trayectoria del balón o de la pierna de Messi. Si sale cruz, Messi continúa.
He visto esa jugada tantas veces que me aburre. El delantero se deshace de tres defensas, y el cuarto le quita el balón. Tres cruces, pero finalmente una cara. También he visto muchas caras, y dos caras y una cruz. Para que Messi marcase su gol, eran necesaria una secuencia determinada, lo suficientemente improbable por lo larga, como para que no haya ocurrido en los últimos veinte años.
Porque cada uno de los regates, por separado, no tuvo nada de especial - dentro de que estamos hablando de jugadores de Primera División en una de las mejores ligas del mundo. Es la secuencia de quiebros, claramente lotera, la que adquiere valor.
El gol de Messi no lo hace mayor genio, aunque estéticamente sea el gol del año. Como medida del talento, no tiene ningún valor añadido. Torres lleva toda su carrera ensayando la jugada de Messi. Algún día lo conseguirá. Después de haber fallado cientos de veces.
El mejor gol de la historia
Sobre cuál fue el mejor gol que se ha marcado en la historia de fútbol parece que hay cierto consenso: El de Maradona en el Argentina-Inglaterra de los Cuartos de Final del Mundial de Fútbol de México 1986.
La importancia de este gol no se debe tan solo a la brillantez de la factura, absolutamente galáctica. A todo eso hay que añadir la tensión perpetua entre Argentina e Inglaterra después de la guerra de las Malvinas de 1982, entre ambos países. Este gol fue elegido "El gol del siglo" por una votación elaborada por la FIFA durante el Mundial de 2002.
Aquí hay un gráfico animado bastante elaborado, hecho por el periódico "El Mundo".
La descripción que diera el periodista deportivo Victor Hugo Morales en la televisión argentina también ha pasado a la historia, afortunadamente es la que se muestra en el video de Youtube:
Balón para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota, Maradona. Arranca por la derecha el genio del fútbol mundial. Puede tocar para Burruchaga... Siempre Maradona. ¡Genio, genio, genio! Ta, ta, ta, ta, ta ... ¡Gooooooool gooooooool! ¡Quiero llorar! ¡Dios santo, viva el fútbol, golaaaazo! ¡Diegoooool Maradona! Es para llorar, perdónenme, Maradona en un recorrido memorable, en la jugada de todos los tiempos, barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés?, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina. Argentina 2 - Inglaterra 0. ¡Diegol, Diegol!, Diego Armando Maradona, gracias, Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 - Inglaterra 0.
Los diez mejores momentos de la historia del deporte
En el año 2002, un programa de televisión británico se permitió decidir los 100 mejores momentos de la historia del deporte. En esa lista, el gol de Maradona sólo ocupa el sexto puesto. En parte, porque la lista se elaboró en Inglaterra.
Esta lista está muy mediatizada, dando demasiada importancia a los deportistas británicos, pero no deja de ser muy interesante. Tiene la virtud de que honra a deportes minoritarios, colocándolos por la épica de algunas de sus hazañas en el lugar que justamente les corresponde.
Estos son los diez primeros puestos de dicha lista, junto con una breve reseña de los mismos:
10. Björn Borg vs John McEnroe. Wimbledon 1980.
En 1980, McEnroe alcanzó la final masculina de Winbledon por primera vez, teniendo como rival a Björn Borg, que peleaba por obtener su quinta victoria consecutiva en Wimbledon. Al comienzo del encuentro, McEnroe fue abucheado por la multitud que llenaba la pista central, por el comportamiento que había tenido éste en su victoria de semifinales sobre Jimmy Connors. Pero el partido en sí fue probablemente la más grande final de Wimbledon en la historia. En un largísimo tie-break en el cuarto set que ha pasado a llamarse "ese tie-break", que duró 20 minutos, McEnroe salvó cinco pelotas de partido y finalmente acabó ganando por 18-16. McEnroe, sin embargo, no pudo con el servicio de Borg en el quinto set, que el sueco ganó por 8-6. Este partido está considerado la mejor final de la historia de Wimbledon por el canal de deportes ESPN. El periodista de dicha cadena Mike Greenberg lo llamó "uno de los tres o cuatro momentos del deporte más importantes de la historia".
No deja de ser el cool Wimbledon, pero puede apreciarse que el público está disfrutando como pocas veces en un partido de tenis. Este tie-break es especialmente llamativo porque el "héroe" no sería el que acabaría ganando el encuentro.
Borg era el mejor tenista del mundo y se encontraba en la cumbre de su carrera deportiva. McEnroe se hizo famoso gracias a este partido, y posiblemente gracias a esta derrota se hizo un hombre deportivamente hablando.
9. Dennis Taylor vs Steve Davis 1985 Campeonato del Mundo de Billar.
El Campeonato del Mundo de Billar (snooker propiamente hablando) de 1985 es considerado el encuentro de billar más emocionante de la historia de este deporte. En él se enfrentaron Dennis Taylor y Steve Davis. Por aquel entonces Steve Davis era considerado invencible. Había ganado los Campeonatos Mundiales de los últimos tres años y había vencido con facilidad a Taylor en las rondas previas de ese mismo campeonato. En aquella época este deporte vivía su época dorada, consiguiendo una audiencia en televisión de más de 18 millones de espectadores.
Los encuentros de billar se celebran por bloques, al mejor de un número determinado de partidas. En este mundial, era al mejor de 35 partidas, o al que antes consiguiera 18 victorias.
Steve Davis comenzó ganando con autoridad, adelantándose por un claro 8-0. Pero Dennis Taylor consiguió remontar hasta colocarse con un 9-7, terminando el primer día de su enfrentamiento.
Al día siguiente la tensión fue en aumento. Steve Davis el invencible se colocó de nuevo por delante, por un 17-15 que le dejaba a una victoria del triunfo definitivo. Pero Taylor consiguió remontar, dejando el resultado en un ajustadísimo 17-17.
El encuentro por tanto se tendría que decidir en la última partida, algo muy infrecuente. Esta última partida duró 68 minutos, el triple de la duración habitual de uno de estos encuentros.
La tensión llegó hasta el punto de que sólo quedaba la bola negra. Cada uno de ellos tenía que luchar por introducirla en un agujero diferente. Treinta y cinco partidas y setecientas treinta y cinco bolas después, todo se decidiría en la última bola negra de forma dramática. Se cometieron un par de errores decisivos por cada bando, que no consiguieron introducirla por milímetros, disparando la emoción del resultado de este encuentro, que finalmente cayó del lado de Taylor.
Los medios de comunicación, esa fuerza bruta que rige España desde la sombra, dan por hecha la victoria de Fernando Alonso en el Mundial de Fórmula 1.
Para que esta no ocurriera, Schumacher tendría que ganar la carrera de Brasil y Alonso no puntuar, lo que presumiblemente se traduciría en que este abandonara durante la carrera.
Nadie da un duro porque esto ocurra. De hecho, es muy improbable. Pero no tanto como se piensa. Pensaba realizar un cálculo de estadísticas; tanto Alonso como Schumacher han abandonado en varias carreras de este mundial. Aún cuando el piloto español tuviera apenas que mantenerse sobre el coche, este no es un deporte de ponerse en la derecha y dejar que los demás te adelanten. Da igual que tengas que ganar o no, hay que darlo casi todo en casi todo momento.
Sin embargo, mejor que embarullar dando números, hay una medida más eficaz de la probabilidad: las casas de apuestas.
Ahora mismo, si uno quiere apostar su dinero a que Schumacher ganará el mundial, o sea, a que ocurrirá la carambola antes citada, podrá ganar ocho euros por cada uno que apueste.
Sin embargo, hay otros muchos sucesos que se nos antojan probables y que las casas de apuestas entienden como más remotos. Sirva de ejemplo el partido de este sábado entre el Atlético de Madrid (esa caja de sorpresas o decepciones) y el Recreativo de Huelva.
Apostar por una victoria de los onubeses significaría ocho euros y setenta y cinco céntimos por cada euro apostado. Sin embargo, cualquier aficionado del Atlético sabe hasta que punto este resultado no es del todo improbable.
En el fútbol, para decidir quien comienza el partido, se lanza una moneda. El bando que acierta el resultado, elige entre sacar la pelota, o elegir el campo donde comenzar a jugar.
Esta parte del juego suele ser intrascendente, un mero trámite al que ninguno de los capitanes presta la menor atención.
Sin embargo, en el cricket, el sorteo adquiere una relevancia que merece ser explicada.
I
Los partidos de cricket antiguos duraban hasta seis días. La presión televisiva ha hecho cada vez más cortos los partidos, pero aún así suelen durar muchas horas, unas seis, y tienen paradas para tomar el té o para comer. El cricket es un juego sin apenas tensión. Es, quizás, el deporte más opuesto que existe al fútbol. Un partido de fútbol puede decidirse en un segundo, en una genialidad de un jugador. En el cricket puedes ignorar la mayoría del partido sin que suponga una gran pérdida.
Me ha parecido fascinante el cricket. Tiene una elegancia formal impropia de un deporte de masas. El fútbol, o el rugby, o el hockey, son deportes que pueden identificarse con una batalla. El cricket, por contra, lo equipararía a una guerra. Numerosas batallas, paradas, descansos para planear la estrategia, ponerla en práctica, cambiarla. Y un resultado final. Salvo que una batalla resultara decisiva - algo inusual entre equipos de fuerzas similares - el final de un partido de cricket es trepidante.
La forma de puntuar ya ha sido indicada: un equipo va sumando puntos, tantos como pueda. Esta parte puede durar varias horas, en las versiones actuales del deporte. En la segunda fase, es el equipo rival el que suma puntos, hasta llegar al final. Es como si en un partido de baloncesto un equipo se limitara a defender durante la primera parte y luego, en la segunda, a intentar anotar.
Muchas virtudes se han asociado al deporte: la fuerza, la resistencia, el trabajo en equipo, la puntería, la velocidad. El cricket es, en mi opinión, el deporte de la paciencia.
El lanzador suelta la pelota unas veinte o treinta veces, pelota que indefectiblemente es bateada por el rival. Cada vez que batea, suma algún punto. El lanzador tiene que perseverar intercalando estrategias de todo tipo, hasta lograr su objetivo, y es que el bateador no consiga darle a la pelota. Del mismo modo, el bateador tiene ante sí una tarea fácil, casi repetitiva, pero ante la que no debe confiarse. Siempre hay un momento en que el bateador comete algún error, y es eliminado.
Por ello, no debe sorprender que sea en el país inventor del yoga y la meditación donde durante mucho tiempo se haya jugado el mejor cricket: la India (y Pakistán).
Aunque la normativa del juego de cricket resulte un poco oscura para los que no hemos sido colonia inglesa, el juego es, a grandes rasgos, muy similar al béisbol que hemos visto en tantas películas. Un tipo lanza una pelota que un bateador debe intentar detener. En el béisbol, la pelota la debe coger un compañero. En el cricket, la pelota debe tocar en tres palos casi unidos que hay justo detrás del bateador, clavados en el suelo. En el béisbol, la pelota se lanza directa; en el cricket suele lanzarse con un bote previo.
Se realizan numerosos disparos, hasta eliminar al bateador. Lo normal es que este batee a la pelota, pero no tan fuerte como en las películas sobre béisbol de la épica americana. Los palos a los que hay que apuntar están en el suelo y la postura del bateador es bastante artificial para poder recibir la pelota. Así, se batea con mucha frecuencia, pero la pelota no suele ir muy lejos. El bateador es eliminado cuando la pelota toca los tres palos, cuando el bateador golpea la pelota pero un jugador del equipo que lanza la captura antes de que caiga al suelo, o cuando la pelota toca el cuerpo del bateador.
Como ya digo, se tarda mucho en eliminar a un bateador, que consigue puntuar mucho para su equipo. De ahí que cada vez que un bateador es eliminado, el equipo que lanza lo celebra como un gol de un partido de fútbol.
I
Don Bradman fue uno de los mejores deportistas de todos los tiempos. Sus puntuaciones como bateador en el cricket nunca han sido superadas, y como muestra de su superioridad sobre el resto de bateadores en la historia, basta ver la tabla que muestra la Wikipedia, con los resultados de los diez mejores bateadores de todos los tiempos.
La mejor puntuación corresponde a Dan Bradman, con una media de 99.94. El segundo mejor bateador consiguió una media de 60.97, los restantes se mueven en cifras similares, teniendo el décimo una media de 58.22. Simplemente impresionante.
En 1930, la selección de Inglaterra estaba de gira por Australia. Lo hacía cada dos años. Ellos eran la estrella, pero en aquel tour, la selección australiana, gracias sobre todo al impresionante trabajo de Dan Bradman, consiguió una victoria parcial en todos los encuentros. Este bateador consiguió una media de 139.14 por partido, un valor que simplemente pulverizaba todos los registros anteriores.
En su vuelta a Inglaterra, los educados chicos ingleses de la selección de cricket, entre taza y taza de té, y aún escocidos por la derrota, planeaban una forma en que poder afrontar la habilidad de Bradman. Douglas Jardine era el capitán del equipo inglés y fue el artífice de la macabra Bodyline.
Jardine había demostrado un odio casi patológico hacia los australianos en su visita del año 1928. Suya es la frase:
Todos los australianos son maleducados, y una turba de criminales.
Leer un artículo de Malcolm Gladwell en el que realiza una reseña sobre el libro The Wages of Wins - por cierto, el artículo es una obra maestra del devaluado género de las recensiones periodísticas - me ha recordado que tenía pendiente escribir sobre el éxito en fútbol.
El libro The Wages of Wins(Los méritos de la victoria) trata sobre la forma en que se evalúa la calidad y el rendimiento de los jugadores de baloncesto. Según expresan y fundamentan los autores, valorar exclusivamente quién anota más puntos en un partido, o quien recoge más rebotes es una forma bastante ineficiente de medición de la calidad de un jugador.
El ejemplo más claro, en nuestro país, puede ser el jugador yugoslavo Drazen Petrovic, famosísimo en España. Su calidad era indudable. Raro era el partido en que no acababa como máximo anotador. Pero no todo en él era perfecto. Como indica el artículo de la Wikipedia, era bastante malo como defensor.
Petrovic me lleva a pensar en el brasileño Oscar Schmidt, que ostenta récords de anotación mucho mayores. Según el artículo indicado, fue el máximo anotador en tres de las cinco olimpiadas en que participó, y eso que su equipo nunca llegaba más allá de los cuartos de final.
Dondequiera que se busque por Internet se deshacen en halagos hacia estos dos jugadores. Pero tenían un terrible defecto: lo tiraban todo. Un porcentaje terriblemente elevado de los balones que llegaban a sus manos acababan camino de la canasta. En muchos casos, la bola acababa entrando, tal vez en demasiados esto no ocurría.
A nadie parece importarle ese pequeño defecto, lo que cuenta es que metían muchos puntos.
Lo que en baloncesto puede llamar la atención de unos pocos observadores, en fútbol es flagrante. En el fútbol español, el éxito se mide en goles marcados o en goles no recibidos, todo lo demás, son estadísticas para enmarañar.
El caso de Torres es uno de los más llamativos. Convertido en un genio antes de serlo, se espera de él lo mejor en todo momento. Sin embargo, sus resultados son muy pobres. Las estadísticas de balones perdidos, disparos fallados, pases no recibidos, balones no luchados, presiones al defensor no hechas deberían ser auténticamente desmoralizantes. Al final sin embargo, un balance con el número de goles basta para justificar una temporada como buena o mala.
El mejor portero no es necesariamente el que ha recibido menos goles durante la temporada. Puede ser el que ha campeado aceptablemente un temporal de oportunidades constantes de gol por parte de los superiores equipos rivales.
España se enfrentará a Francia en los octavos de final de la Copa del Mundo de Alemania, en 2006. Los precedentes son terroríficos: nos hemos enfrentado en cinco ocasiones y hemos perdido en cuatro. Y empatado en una. Mal pinta el futuro.
La última ocasión en que nos enfrentamos fue en la Eurocopa del 2000, en que Raúl falló un penalti en el último minuto, lo que desembocó en el definitivo 2-1 que nos eliminó en nuestros habituales cuartos de final.
Quizás sean Raúl y Cañizares, ambos suplentes hoy en día, los únicos jugadores que, tras perder aquel partido, permanecen en el equipo nacional. Muchos de los franceses siguen siendo los mismos, aunque más viejos y cansados. Los entrenadores son otros. En realidad, la única similitud entre aquel partido y el que se jugará ahora son lo gritos con que las aficiones jalearán a sus equipos. Once nuevos jugadores contra otros once totalmente distintos. ¿Qué sentido tiene apelar al histórico de los encuentros entre selecciones?
Si Nadal ha ganado los tres últimos partidos jugados a Federer, se entiende que este tenga algún miedo a volver a jugar contra el español. Se entiende la rabia de Federer en su habitación de hotel con el trofeo al segundo en Roland Garros. Todo eso se acumula en la mente, haciendo que, en la próxima vez en que se enfrenten, parte de la historia siga pesando sobre ellos. Mientras Federer se toma un plátano y se prepara para sacar recuerda los jaboncitos de su habitación en París, y la cena de perdedor que le tocó tomar. Y falla en el primer saque.
Cuando Torres, en el partido contra Francia, pierda su primer balón, no se acodará del que perdió Santillana en los 80. Torres se habrá topado con Santillana en algún acto oficial con futbolistas retirados, pero no lo conoce de nada más. No habrá visto sus partidos, de los que quizás no hay mucho que resaltar. El fallo de Arconada contra Francia es un ejemplo de manual que Casillas, nuestro actual portero, ha debido aprender hace muchos años. Para él, Arconada era un mediocre portero.
La España actual no tiene nada que ver con la de aquellos encuentros. Lo mismo ocurre con Francia. Mirar el pasado de los encuentros anteriores sólo tiene sentido para las mentes fanáticas de las estadísticas pero ajenas al sentido común.
Inmersos como estamos en la Copa Mundial de fútbol, ante los previsibles excesos del pseudoperiodismo deportivo, sería necesario que nos convenciéramos de una cosa. En un grupo de cuatro equipos, del que han de clasificarse dos equipos, como es la situación actual, un equipo no podrá asegurar la clasificación tras los dos primeros partidos. Dependerá de los otros resultados para que sea así.
Supongamos que ese equipo consigue ganar sus dos primeros encuentros. Tiene seis puntos. ¿No está acaso ya clasificado? Pongámonos en el peor de los casos, tras sus brillante comienzo, llevando a los suplentes y tras una mañana de resaca de todos los jugadores perderán su último partido. En resumen, han obtenido 6 puntos.
Dado que en el último partido se pueden dar las goleadas necesarias, ningún equipo puede dormir tranquilo pensando que tiene el desempate ganado contra los demás. Nuestro equipo favorito, aún cuando comenzó con 6 puntos, siempre puede perder los desempates contra sus rivales.
Así, en el cuadro de encuentros entre los cuatro equipos tenemos un total de seis partidos. De los cuales ya conocemos tres resultados. Supongamos que nuestro equipo es el A. Que ganó en la primera ronda a B y en la segunda a C. En el partido final, puede haber o ya ha perdido contra D.
| A | B | C | D | Total | |
| A | X | 3 | 3 | 0 | 6 puntos |
| B | 0 | X | ? | ? | |
| C | 0 | ? | X | ? | |
| D | 3 | ? | ? | X |
El Campeonato del Mundo de fútbol de 1954 fue especial por varias circunstancias. La primera, porque puede considerarse el primer campeonato real. En las primeras ediciones, cuando se había celebrado en América, no había contado con la presencia de equipos europeos. Del mismo modo, cuando se realizó en Europa, muchos equipos americanos no quisieron o pudieron desplazarse. Eran otros tiempos, en que el simple viaje de ida o vuelta suponía sus buenas tres semanas. Además, el prestigio del torneo aún se estaba forjando.
También la Copa del 1954 fue el primer campeonato con una participación aceptable, teniendo en cuenta el parón de la guerra y la situación económica posterior, que dejó a muchos países europeos con problemas más graves que el torneo mundial que se celebró en 1950.
Finalmente, la del 54 sería la primera final mundial que se retrasmitiría por televisión.
El torneo se celebró en Suiza, donde se ubica la sede de la Federación Internacional de Fútbol, que por aquel entonces cumplía sus 50 años. Por primera vez se puso en práctica el sistema de cabezas de serie: los favoritos jugarían en grupos distintos y se evitarían en posteriores enfrentamientos. También se usó la extraña regla que no permitía los empates en los grupos de clasificación, donde también había que jugar una prórroga.
Los favoritos del torneo eran los húngaros que tenían a dos de los mejores jugadores del mundo, Sandor Kocsis y Ferenc Puskás. En los cuartos de final tuvieron que enfrentarse contra Brasil, en el que pasaría a la historia como uno de los partidos más sucios de la historia del fútbol: La batalla de Berna.
Con Puskás lesionado, Hungría ganaba por 2-0 a Brasil, que finalmente marcó su primer gol de penalti. Conforme fue transcurriendo el partido, fue incrementándose la violencia.
Los capitanes de ambos equipos fueron expulsados en el minuto 73, tras una segunda parte muy física, llena de faltas. Otro jugador brasileño fue expulsado en el minuto 79.
Tras terminar el partido, Puskás fue atacado con una botella en una pelea tumultuosa en los vestuarios entre húngaros y brasileños.
Posteriormente Hungría obraría el milagro de eliminar a Uruguay, un equipo que nunca había perdido en un mundial, en un trepidante partido, que se decidió en la prórroga tras un tensísimo 2-2 que sería roto por el héroe Sandor Kocsis.
La final enfrentaría a Alemania (Occidental) y Hungría, en un fascinante encuentro. No hay más que pensar en la reciente II Guerra Mundial, en la cercanía de Suiza a ambos paises, el campo se llenó con 60.000 personas, algo infrecuente para un país como Suiza y para un encuentro deportivo.
No soy un gran aficionado al fútbol, creo que el deporte ha bajado de calidad notablemente en los últimos años. Pero me gusta el buen fútbol.
Quiero recordar el gol más épico que conozco. El Barcelona llevaba un temporada bastante floja, y se la jugaba en la última jornada de liga contra un rival demasiado fuerte - el Valencia. El Barcelona necesitaba ganar para clasificarse para la Champions League del año siguiente.
El partido estaba acabando. Empate a 2, el Barcelona estaba deshauciado de Europa. Rivaldo recibe un balón de espaldas a la portería, lo levanta un poco y lo ves como salta. La mente funciona a una velocidad casi infinita. Recuerdo que me dió tiempo de pensar "¡¡No!!", como el que ve a su hijo acercarse a la sartén puesta en el fuego, como si fuera a hacer algo terrible. En este caso, con una mezcla de descreimiento, viendo que quería hacer algo imposible, que era un esfuerzo inútil. No pensaba que pudiera fallar, lo que pensaba es que no se podía INTENTAR algo así, que era tan temerario como entrar en una jaula de leones con un pan debajo del brazo.
También me sorprendió la rapidez de Rivaldo para plantearse una jugada así, en menos de un segundo, de la nada.
Hacía tiempo que no tenía la oportunidad de ver lo que es el deporte auténtico. Esta mañana, sin embargo, mientras estaba en el gimnasio he podido ver una buena muestra. Desde la sala podemos ver la pista grande, donde habitualmente hay competiciones deportivas menores. Esta mañana había un partido entre colegios con niñas de 13 o 14 años. En los partidos así no hay marcadores electrónicos, ni grandes hinchadas apoyando a los equipos. Sin embargo, hacia el final, la situación era clara. El equipo azul tenía el balón y necesitaba marcar para ganar. Quedaban pocos segundos y tenían el balón.
Cuando hacen la encuesta sobre el deportista más importante de la historia, suele ganar Michael Jordan. De cerca le siguen Michael Schumacher y Maradona o Pelé. Sin embargo, posiblemente el deportista más importante de todos los tiempos sea un desconocido para los españoles, por cuanto se dedicaba a un deporte minoritario en España, el beisbol. Ese deportista era Babe Ruth.
Sin entrar en aspectos técnicos del beisbol - principalmente por mi desconocimiento del juego - si por algo destacó fue por su capacidad de ser decisivo. Técnicamente, sin embargo, logró unos records inimaginables y que hasta muchos años después no han sido igualados, aunque en modo alguno han causado la sensación de la época. Sirva como ejemplo el de home runs. Hasta que Babe entrase en los estadios el récord estaba en 25 home runs por una temporada. Babe lo superó hasta llegar a los 29. No hace falta entender qué es un home run para darse cuenta de que cuando, algunas temporadas después, pulverizó su record hasta los 54 home runs la cosa se salió de madre. Haciendo el paralelismo con el deporte rey, si el récord de goles en la liga estuviera en 40 goles, que alguien marcara 70. Destrozó el juego, llevándolo hasta niveles hasta entonces desconocidos.
Pero si hay algo que resulte interesante de su vida es cómo marcó el destino de los equipos en los que jugó. Comenzó su andadura profesional en los Boston Red Sox, un buen equipo al que la presencia de tan carismático y talentoso jugador llevaría al triunfo en las series mundiales(algo así como la actual Champions League)en 1918. No era la primera vez que ganaban - lo habían hecho ya 3 veces antes - pero sí se presagiaba el comienzo de una era para dicho equipo. Sin embargo, un cambio de presidente en el club propició que el entrante vendiera a Babe Ruth por una cantidad desorbitada para la época pero ridícula para el auténtico valor del jugador. Lo hicieron a los Yankees de Nueva York, a la sazón un muy mediocre equipo segundón que tenía que compartir estadio con los New York Giants - sirva como muestra de su poca importancia. Poco a poco sus brillantes actuaciones relanzaron a este equipo hasta convertirlo en un aspirante al título. Llegaron a dos finales. Las entradas se vendían solas y el club ingresaba mucho dinero, tanto que pudo permitirse construir su propio estadio en 1923. Fue entonces cuando este equipo pequeño ganaría su primera Serie Mundial. Con Babe en el equipo ganarían otras dos series y pasarían a ser el equipo que más campeonatos ganase durante el siglo XX con una amplia diferencia.
