Jose Luis Perez de Arteaga

A todos los que no tenemos familia en Radio y Televisión Española (RTVE), la noticia del plan de reestructuración (despidos masivos de empleados) nos llega casi con alivio. Como toda empresa pública que se precie, la cantidad de parásitos, vagazos y personal obsoleto del ente (ente es un término que sólo se aplica a RTVE ) adquiere dimensiones colosales.
La solución dada ha sido un tanto salomónica: se despide a todo el mundo a partir de cierta edad. Para mi este salomonismo es una confirmación de que el plan no se basa en ningún criterio lógico de reestructuración, como pudieran ser la eficiencia, la funcionalidad, la pertinencia de los puestos o la rentabilidad. Vamos, que se corta usando un método fácil de exponer pero difícil de justificar.
Algunos presentadores de televisión que tenían un pie en la tumba se han ido despidiendo, con mayor o menor alivio para la audiencia, que echaba de menos la posibilidad de una renovación. Cientos de administrativos sin conocimientos del encendido del ordenador se van a ir por fin a la calle. Pero qué duda cabe que gran parte de los despidos serán enormente injustos.
Desde luego la que peor parada queda es la división de radio. Y es injusto, porque Radio Nacional es una de las pocas que atisba un sentido de utilidad pública, el objetivo que debiera buscarse en la permanencia de un medio subvencionado por el Estado.
Para no extenderme mucho más, la reestructuración que se realizará en Radio Clásica, una de las que forma Radio Nacional, alcanza el nivel de genocicio cultural.
Radio Clásica es uno de los pocos bienes culturales que disponemos en España que despierta la envidia a nivel mundial. Ni los alemanes, con su pasión por la música, tienen una radio que se dedique 24 x 7 a la música clásica de verdad. En otros grandes países la diferencia es aún mayor. Apenas hay algunos programas sueltos diseminados en el espacio y el tiempo del dial.
Aunque siempre se dice que el canal de Televisión «La 2» es cultural, hay que bucear a menudo en su programación para encontrar productos verdaderamente culturales. Sin embargo, Radio Clásica es cultura pata negra las 24 horas del día. Mucha estupidez se dice a diario con facilitar el acceso a la cultura a todos. En realidad la cultura a veces resulta inaccesible o cara. Por eso el disponer de un medio tan asequible donde conseguirla es un lujo y a la vez algo necesario.

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Kings of convenience

El último CD de música que compré, antes de convertirme a la religión del buenrollismo y la compartición de copias de seguridad, fue Riot in An Empty Street, del grupo Kings of Convenience.
Era una época en que oía la radio en el trabajo, y estaban promocionando este disco. El single era Misread.

Como dicen los alemanes, tuve un Ohrwurm – gusano en la oreja – con ella y no conseguía quitármela de la cabeza.
Nunca compro discos, y menos de música pop, pero este lo hice por razones casi terapéuticas. El disco no está mal, el estilo de música de esta gentuza es muy especial; provocará grandes rechazos y quizás algún nuevo admirador. O quizás sean ya muy conocidos, en esto de la música pop no tengo mucha idea.
El caso es que pasó algún tiempo y me compré un aparato de mp3, para escuchar música por la calle, como un auténtico pirado. Lo malo que tienen estos aparatos es que acabas quemando la música que da gusto. Pones un disco y después de oírlo tres o cuatro veces en otros tantos días, lo acabas aborreciendo de por vida. El disco que tiene el récord de permanencia en mi aparato de mp3, sin embargo, es el disco de Kings of Convenience anterior al Riot in An Empty Street, Quiet Is the New Loud.

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La leccion del maestro

I
Jean Mouton (1459-1522) fue un compositor francés del Renacimiento. De su obra destacaron especialmente sus motetes.
II
Alumno de Jean Mouton fue el flamenco Adrian Willaert (1490-1562), fundador de la escuela veneciana de música. Willaert fue uno de los músicos más influyentes de su época. De su labor compositiva destaca ante todo su versatilidad, abarcando muy diferentes géneros.
III
Cipriano de Rore (1515-1565) fue otro compositor flamenco, alumno de Jean Mouton. También es un músico fundamental en su época, destacando especialmente por los madrigales.

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La frontera hungara

Bela Bartok (1881-1945) fue un músico húngaro – el más grande que ha dado ese país – que se dedicaba en sus ratos libres a recorrer su país con un grabadora, para capturar las melodías tradicionales de los pueblos y salvarlas de la desaparición.
Fruto de uno de esos viajes surgió la que es una de sus obras más conocidas. Estas danzas provienen de una región de Hungría que, por los avatares del destino, ahora pertenecen a Rumanía. Así, el nombre que recibe es el de Danzas Rumanas.
(Ahora viene un video)

Cuentan que la melancolía y el elevado índice de suicidios de los húngaros se debe en gran medida a la nostalgia de un país que, tras la derrota en la Primera Guerra Mundial, ha visto menguar sus fronteras de forma muy brusca, perdiendo las dos terceras partes de su territorio hace menos de un siglo, en uno de esos absurdos repartos de los aliados.
El gran beneficiado con el despiece de Hungría fue Rumanía, que a pesar de su testimonial participación en la Primera Guerra Mundial, consiguió aumentar su superficie en casi un 100%.



Música con mayúsculas para una historia agridulce.
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♦ Bela Bartok


Public Domain

Con su oscuro y desesperado sonido, y el uso de sintetizadores e instrumentos electrónicos, Joy Division es considerada una de las bandas pioneras del movimiento post-punk de finales de los 70 y comienzos de los 80. A pesar de que sólo obtuvieron un éxito muy modesto durante su carrera, y sólo editaron dos discos, Joy Division ha sido desde entonces aclamado como uno de los más inventivos, evocativos e influyentes grupos de su época; Thom Jurek escribió «Ellos apenas si dejaron un poco de música y un eco que todavía se oye.»
El vocalista del grupo, Ian Curtis, era epiléptico. En los conciertos de Joy Division, Curtis desarrolló un original forma de baile, que recordaba a las convulsiones que produce la enfermedad. A veces tenía ataques durante los conciertos. La similitud entre ambos sembraba la duda entre el público, que no sabía si estaba sufriendo un ataque o no era más que su forma de bailar. A veces sufría desmayos y tenía que ser tratado fuera del escenario. Su salud sufrió mucho como consecuencia de la intensa gira de Joy Division.
La banda se tomó dos semanas de descanso, antes de comenzar su primera gira norteamericana. En aquella época, la relación de Ian Curtis con su esposa, Deborah Curtis, estaba terminando a consecuencia de las infidelidades del cantante con una mujer belga, Annik Honoré, que había conocido en el tour. Solo en su casa de Macclesfield, el 18 de Mayo de 1980, Curtis vio la película Stroszek, de Werner Herzog – con la escena final en que el protagonista se suicida – escuchó el álbum de debut de Iggy Pop, The Idiot, y se ahorcó. Al día siguiente, su esposa encontró el cadáver de Curtis en la cocina.
La banda había decidido hacía tiempo que si alguno de los componentes la dejaba, o no podía seguir actuando por algún motivo, el grupo se disolvería.
Sin embargo, trataron de que la banda no desapareciera tras la muerte de Curtis. Fueron probando con cada miembro del grupo, cantando por turnos, hasta decidir que Sumner, el guitarrista, era el que lo tendría más fácil para cantar mientras tocaba. El grupo completó la gira.
Después, cambiaron el nombre del grupo, pasando a llamarse New Order.
New Order acabó convirtiéndose en un grupo de mucho éxito y conocido en todo el mundo. En el 2002, Q magazine incluyó a New Order dentro de la lista de los «50 Grupos Musicales que debes ver antes de morir».
Seguro que conoces la pieza Confusion de New Order. Se hizo mundialmente famosa tras la película Blade.
En realidad la pieza de New Order es horrorosa. En un estilo ochentero que sólo puede gustar a los entendidos en música, la canción original no se parece en nada a la versión que pudimos oír en Blade.
Aquí tienes el video de la canción original.
La versión que todos conocemos proviene del desconocido grupo Public Domain, que recibió el encargo de darle un lavado de cara, que no es sino una absoluta deconstrucción, que convierte una canción apestosa en un éxito de primera fila.
Aquí tienes el video conocido por todos (con molestos audios de la película de fondo).
Los nombres de ambos grupos parecen una parodia de lo sucedido en la realidad. Todo el mérito de la pieza pertenece a Public Domain, pero al tratarse de un grupo desconocido no tuvieron ni voz ni voto sobre los derechos musicales de la pieza, quedándose todos en manos de New Order.
El famoso trance de los vampiros, y el baño de sangre, inmortalizado con la pieza de Public Domain, tiene sus orígenes en la muerte de un cantante de los años 70, que se suicidó principalmente por sus incontrolables ataques epilépticos.
Referencias:
Joy Division en la Wikipedia (Inglés).
Ian Curtis en la Wikipedia (Inglés).
New Order en la Wikipedia (Inglés).

Los planetas

Una de las piezas musicales más conocidas del siglo XX es la composición del inglés Gustav Holst, titulada Los Planetas.
Los Planetas, compuesta en 1916 es una suite orquestal, formada por distintas piezas que se refieren a cada uno de los planetas del Sistema Solar. Algunas de estas composiciones son increíblemente conocidas, como Marte o Júpiter y han sido utilizadas en cientos de anuncios y películas.
En la página de la Wikipedia puedes echarles un repaso y reconocer tan famosas melodías.
Musicalmente, Los Planetas es una obra intrascendente. No tiene el menor interés artístico. Sin embargo, adquiere una relevancia que la convierte en una pieza fundamental dentro de la creación humana.
El Jardín de las Delicias es una de las obras de arte más importantes del mundo, y en mi opinión el cuadro más valioso que existe en el Museo del Prado de Madrid y por ende en España ( bueno, quizás después de Las Meninas de Velázquez), al margen de su belleza intrínseca, se trata de un pilar en la historia humana, por cuanto El Bosco, además de pintar un cuadro hizo algo que muchos siglos de ciencia jamás conseguirán: inventó el Infierno. Es decir, la idea que tenemos hoy en día de cómo sería el infierno fue plasmada por primera vez en forma de imagen por este extraño pintor. Y si lo pensamos, tantas y tantas imágenes del cine y la televisión que ilustran el terror y lo más horrible que existe no hacen sino basarse o adaptar lo que por primera vez este pintor nos mostró.
Hay cientos de libros que hablan sobre la influencia de este cuadro en el mundo occidental. Algunos libros son realmente buenos y de lectura muy amena; un excelente regalo para personas con inquietudes intelectuales.
Un referente similar al de El Bosco es el de Holst con su Los Planetas. Holst inventó la música del espacio tal y como ahora la conocemos. Basta oír Marte para darnos cuenta de hasta que punto John Williams con su música de Star Wars se ha basado en el autor inglés. Y como él, todos los autores de música para historias de ciencia ficción. Lamentablemente, el tiempo desplazará a Gustav Holst y quizás en algunos siglos sea el compositor de bandas sonoras el recordado como una suerte de El Bosco, como el hombre que inventó la música espacial.

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Mozart y los bebes

Un psicólogo con más conocimientos de marketing que de psicología publicó hace algún tiempo un estudio que demostraba que los niños puede oír dentro del vientre de la madre. Y que una excelente forma de hacer que el tránsito entre la vida dentro de la madre y la vida fuera de ella no resultara muy traumático, era gracias a la música.
Así, en los últimos meses del embarazo, recomendaba que los padres oyeran música de Mozart frecuentemente. Después de nacer, podían usar esas mismas piezas musicales para tranquilizar al bebe o para ponérsela antes de dormir.
Los beneficios eran infinitos: niños más inteligentes, más tranquilos, más educados, y todo el etcétera que uno quiera imaginarse. El libro en que se expresaba toda esta doctrina fue un superventas y aún hoy se sigue vendiendo con soltura, ese mismo libro o sus secuelas. También venden discos con música apropiada para los bebés.
¿Por qué música de Mozart?

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Pieza mas dificil para piano

En la película Shine mencionan que la pieza para piano más difícil que existe es el Concierto para piano y orquesta nº3 de Rachmaninov.
Para dilucidar la verdad, he encontrado un hilo de un foro de pianistas en el que justo debaten cuál es la pieza más difícil de todas.
Por un lado, hay que comenzar excluyendo la música rara del siglo XX y XXI. Algunas piezas se han compuesto simplemente por la dificultad, sin pensar en cuestiones estéticas o artísticas. Como alguno menciona, Rude Poem del brasileño Heitor Villa-Lobos es una pieza que dedicó al virtuoso pianista Arthur Rubinstein, pero parece ser que ni el mismo dedicatario llegó jamás a tocarla.
Entre las piezas contemporáneas raras destacan las de Kaikhosru Shapurji Sorabji, un compositor nacido en Inglaterra, cuya obra Opus Clavicembalisticum, de 1930, está considerada por la Wikipedia como la más difícil jamás escrita para el piano. Además, la obra completa tiene una duración de unas cuatro horas y media.
Este tipo de piezas tan complicadas suponen un esfuerzo para el intérprete que, las más de las veces, no merece la pena. Opus Clavicembalisticum fue tocado por primera vez por el propio Sorabji en 1930 y no sería hasta 1982 que el pianista autraliano Geoffrey Douglas Madge la tocó en concierto para posteriormente realizar una grabación de la pieza. Desde entonces hasta ahora la lista de personas que han sido capaces de tocarla ha aumentado hasta llegar a las cinco personas.
Leopold Godowsky, compositor nacido en Polonia, también realizó una obra de dificultad casi insuperable. Sus 53 estudios sobre los estudios de Chopin suponen unas dificultades insolubles para los pianistas. Teniendo en cuenta que los estudios de Chopin ya de por sí eran difíciles (los estudios son piezas musicales como forma de ejercicio, por su dificultad), Godowsky se atrevió a adaptarlos para que algunos de ellos fueran tocados con una sola mano. Sólo cinco personas se han atrevido a grabar estos estudios, entre ellos el antes citado Geoffrey Douglas Madge. También Marc-André Hamelin, pianista francés considerado uno de los mayores virtuosos del instrumento de la actualidad.

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Pajaros

Los que se cuenten como miembros de la generación i-pod no entenderán nada de lo que a continuación detallaré. Pues este texto se refiere a las cintas de casete, ese antepasado de los actuales formatos digitales.
Mucha de la gente de mi edad ha vivido su periodo de educación musical escuchando música de casetes. El poder grabar piezas de la radio o de otras cintas supuso todo un avance en la difusión de la música. Simplemente eran otros tiempos, ahora cualquiera tiene la discografía completa de los Beatles, antes conseguir un buen disco de un autor que nos gustaba era motivo de alegría para un par de semanas.
El proceso de grabación, sin embargo, generaba unos residuos. Si en una cinta tenías un disco de Michael Jackson que duraba 22 minutos, y grababas encima de él el Concierto de Aranjuez, de tan sólo veinte minutos, salvo que te pusieras a limpiar sobrantes – algo que poca gente hacía – te encontrabas al terminar la pieza del maestro Rodrigo, con un estridente grito de Michael Jackson: sonaba la mitad de la penúltima canción del disco anterior.
Los residuos a veces se anidaban y al final del disco de pop seguía un trozo de un programa de radio. Y a éste, un movimiento de una sinfonía de Mahler.
Los finales de cinta, cargados con músicas que se había preferido olvidar, podían conseguir, llegado su momento, mayor protagonismo que la propia música que contenía la cinta. Porque a veces ese fragmento desechado, acababa gustando. Y las más de las veces, al menos a mí, se me despertaba la duda por reconocer al autor o la pieza. Porque muchas veces, ni se recordaba qué era lo que había allí sobregrabado.
Con el tiempo, algunos de los finales de cinta se han convertido en mis piezas musicales favoritas, lo cual no deja de ser paradójico, por cuanto fueron músicas descartadas en un principio.

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Ser grande

Si nos preguntan por una gran persona de la Historia, solemos pensar en aquellos que la transformaron completamente. Jesucristo suele vencer en las encuestas al hombre más grande de la Historia. Quizás Alejandro Magno ocupe el segundo lugar.
Sin embargo, inconscientemente solemos asociar la grandeza con la bondad. Personas como Ghandi fueron más buenas que grandes. En mi opinión, muchas personalidades fundamentales de la Historia, grandísimos hombres, fueron auténticos indeseables.
El compositor Richard Wagner tiene una de las biografías más infames de entre todos los músicos de la historia. Pero hizo algo que ningún compositor importante soñó con hacer.
Mozart compuso sus primeras piezas con cinco años. Johannes Brahms aprendía a tocar el piano con tres años. Frederic Chopin había publicado sus dos primeras polonesas para piano con siete años.
Wagner, sin embargo, siempre quiso ser escritor dramático. Cuando cumplía los dieciocho años se dio cuenta de que el teatro que existía en su época era demasiado pequeño. La concepción del teatro que abarcaba su cabeza era muy superior a lo que el mundo le estaba ofreciendo.
Con dieciocho años, Wagner creó el concepto de la Gesamtkunstwerk (la obra de arte absoluta). Pensaba que había que fusionar todas las artes bajo un mismo espectáculo (música, teatro, efectos visuales, drama). La ópera del momento era el mejor espectáculo artístico de la época, pero el contenido dramático que se ofrecía era muy pobre. Las historias eran muy sencillas y hasta ridículas. Faltaba el pathos del teatro griego.
Lejos de tratar de convencer con sus escritos a que otros siguieran sus ideas, se puso el mono de trabajo y, con dieciocho años, se apuntó a la escuela de música. Este simple hecho, junto con su capacidad para llevar su determinación hasta las últimas consecuencias, lo convierte en el hombre que se dedicó a la música más grande de la Historia.
La producción musical de Wagner prácticamente se limita a las óperas, algo inaudito en la profesión de compositor. Su obstinación le llevó a crear en los últimos años de su vida la mítica tetralogía del Anillo del Nibelungo. Cuatro óperas (El crepúsculo de los dioses, Sigfrido, La Walkiria, El oro del Rin) soberbias, majestuosas, basadas en el poema épico alemán Das Nibelungenlied del siglo XII.
Cuatro óperas con argumentos complejos, con vestuarios de época extensísimos, ambientaciones majestuosas, música de primerísima calidad.
Las óperas de Wagner son muy largas, fácilmente pueden durar cinco y seis horas, contando los descansos. En vida de Wagner se inauguró para sus trabajos el teatro del Bayreuth, en Baviera, diseñado por el mismo Wagner. Entre sus peculiaridades se encuentra el hecho, ahora habitual, de que la orquesta queda totalmente invisible para el público, quedando todo el espacio escénico para los cantantes-actores.
Desde entonces esta pequeña ciudad del sur de Alemania acoge cada año un festival que suele coincidir con todo el mes de agosto. En mi modesta opinión, toda persona a la que le guste la música clásica debería realizar al menos tres cosas antes de morir:
La primera es oír una ópera de Wagner en Bayreuth, es caro, hay que planificarlo con meses de antelación, pero es algo que no se puede dejar pasar.
La segunda es oír la Novena sinfonía de Beethoven, la música más grande jamás compuesta, en una interpretación tan buena como resulte posible.
La tercera es asistir a una representación de una de las mejores orquestas del mundo – la Orquesta Filarmónica de Berlín es la mejor. Y si puede ser para una gran pieza para orquesta (una sinfonía de Mahler, la Turangalila de Messiaen, un concierto del siglo XIX, una sinfonía de Beethoven o Brahms).