Rabo

“Rabo” es una palabra de uso muy común en el español de España, pero su definición es, inesperadamente, bastante compleja.

La Real Academia corta por lo sano y la define como un sinónimo de “cola”.

Extremidad de la columna vertebral de algunos animales.

Sin embargo para cualquier persona que tenga el español como idioma nativo, está claro que hay “rabo de toro” pero no “cola de toro” o que los peces no tienen rabo. Un perro puede tener cola pero es más lógico decir rabo, mientras que un caballo tiene cola y no rabo.

El diccionario Maria Moliner entra en una acotación más precisa, pero aún insuficiente.

Cola.
1. f. Prolongación de la columna vertebral, que forma en los animales un apéndice en la parte posterior del cuerpo.
2. f. Grupo de plumas largas que tienen las aves al final del cuerpo.

Rabo.
1. m. Cola de los animales terrestres (no de las aves ni peces); particularmente, si está desprovista de pelos largos.

Así, si queréis probar el nivel de castellano de una persona extranjera, podéis usar esta sencilla palabra como referencia. Es casi imposible que no confunda el término correcto en la mayoría de los casos.

Fuente: https://forum.wordreference.com/threads/p%C3%A1jaro-%C2%BFrabo-o-cola.394924/?hl=es

Descripciones de Decathlon

Decathlon es una gran superficie especializada en productos deportivos. El concepto existía desde hacía décadas, pero la idea de hacerlo con marcas blancas y productos baratos fue revolucionaria, y un triunfo total. Está presente en casi todas las grandes ciudades españolas. A pesar de vender ropa deportiva, algo que llama la atención de estas tiendas es el bajo nivel de forma física de su cliente medio, muchas veces uno tiene la sensación de estar en un supermercado Walmart norteamericano.

Una de las cosas que más me llama la atención son las descripciones con que acompaña sus productos. Tienen unas puntualizaciones totalmente personales, con un mucho de irracionalidad, que la diferencian de cualquier otra tienda.

Concebido para hombres que se encuentran en la playa o cerca de una superficie de agua y practican el baño o los paseos con tiempo cálido.

Concebido para la práctica ocasional y la iniciación al voley playa. Balón de voley playa, ligero y de materia agradable, ideal para los principiantes.

Concebido para la práctica del ciclismo y el running con tiempo soleado.

Concebido para absorber las vibraciones y disminuir las rozaduras durante la práctica ocasional con tiempo fresco.

Las puntualizaciones meticulosas – redactadas a mitad de camino entre un abogado, un matemático y un comercial – especificando que ese producto es sólo si eres “un manta”, pero que para un rato, hace el habido. Las descripciones de los productos de agua son, desde luego, las mejores. Para personas que están en una piscina, o fuera de ella pero cerca, y están mojadas, o secas, o a punto de mojarse, o de que las mojen, o de mojar a alguien.

Algunos productos, se acotan hasta lo delirante, tratando de decirte bien claro que si haces deporte más de una vez en semana, te compres el más caro.

Concebido para la práctica OCASIONAL de FÚTBOL (1 entrenamiento a la semana). Ideal para los calentamientos y entrenamientos.

Desde luego que mi favorito es el primero citado, sobre un modesto bañador. Pero si conocéis algún caso flagrante, por favor indicadlo en comentarios.

En mi opinión, los productos “el más barato” de Decathlon, son siempre de una relación calidad-precio excelente, y casi siempre la mejor opción posible.

Concebido para deportistas OCASIONALES que quieren un reloj de agujas para consultar la hora durante la práctica deportiva.


Concebido para PESCADORES
PRINCIPIANTES que buscan una caja para asticots.

Concebido para JUGADORES EN ENTRENAMIENTO o en COMPETICIÓN en terreno mullido y resbaladizo.

Concebido para proteger los genitales de los practicantes masculinos de deportes de combate.

Crisis = Oportunidad

Una de las cosas más repetidas hasta la naúsea es que los chinos usan el mismo sinograma para Crisis que para Oportunidad. Pues bien, eso es una mentira como la copa de un pino. La Wikipedia ya habla de Oportunidad y Peligro, que poco sinónimos son Crisis y Peligro.

Por lo visto el causante de este desaguisado fue J.F. Kennedy, quien por primera vez lo pronunció en un discurso en Indianápolis, el 12 de abril de 1959:

La palabra “crisis” en chino está compuesta de dos caracteres. Uno representa peligro, y el otro representa oportunidad.

Pero Kennedy usó este recurso, que acabaría manido, muchas veces. Y luego le copiaron muchos otros, como el tétrico Al Gore. Incluso en su época, muy anterior a Internet o el desarrollo de la cultura china, su expresión es más correcta que la que ha llegado a la actualidad. Que de una palabra formada por dos signos (crisis), uno puede significar peligro y el otro, muy forzadamente, oportunidad. Y es que ese otro signo significa más bien máquina, avión.

En resumen, un delirante malentendido que no ha quedado lo suficientemente explicado como muchas otras leyendas urbanas pero que no tiene ni pies ni cabeza:
a) En todo caso sería “crisis” significa peligro + oportunidad.
b) Y oportunidad, con una laxitud propia de conferenciante sobre Cloud Computing.
c) Que todo esto viene de Kennedy, pero fue potenciado por los Simpsons, que en una broma (no confundir con documento) ponían en boca de Lisa Simpson:
“Los chinos usan la misma palabra para crisis que para oportunidad.”
d) Que está muy bien explicado en la Wikipedia.

Jeroboam

Las botellas de vino estándar tienen un volumen de 0,75 litros y un peso de un kilogramo. Pero existen botellas de tamaños mayores, como las que se ven en la celebraciones de la Fórmula1. Normalmente los tamaños van con el tipo de vino, el champán es uno de los habituales de los grandes formatos.

Algunos de los nombres de las botellas de vino de gran formato son los siguientes:

  • Jeroboam: Equivale a cuatro o seis botellas.
  • Roboam: Equivale a seis botellas.
  • Matusalén: Equivale a ocho botellas.
  • Mardoqueo: Equivale a doce botellas.
  • Salmanazar: Equivale a doce botellas.
  • Baltasar: Equivale a dieciséis botellas.
  • Nabucodonosor: Equivale a veinte botellas.
  • Melchor: Equivale a veinticuatro botellas.
  • Salomón: Equivale a 26.66 botellas.
  • Melquisedec: Equivale a cuarenta botellas.

Los nombres de esta categoría se refieren todos a reyes y otros personajes de la Biblia, más o menos oscuros. La clasificación data desde al menos el siglo XVIII y no se sabe a ciencia cierta el origen a tan extraña jerarquía.

La botella que se abre en las celebraciones de la fórmula1 es una Jeroboam de una marca concreta.

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De Borbón y Borbón

Los reyes, por lo general, no suelen tener apellidos. El rey de España nació con el nombre de Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias. Su padre se llamaba Juan de Borbón y Battenberg – nunca llegó a ser rey – pero ya su abuelo no era más que Alfonso XIII de Borbón, con un solo apellido. El bisabuelo de nuestro rey actual se llamaba Alfonso XII de Borbón.

La reina de España se llamaba al nacer Sofía de Grecia y Dinamarca. Su padre, rey de Grecia, se llamaba Pablo I de Grecia.

El primogénito de los reyes de España se llama Felipe de Borbón y Grecia. Cuando sea rey – si es que esto ocurre – pasará a llamarse Felipe VI. El nombre de Felipe le viene por el de Felipe V, primer rey Borbón de España.

Un hecho trivial es que si los reyes hubieran aplicado la herencia de apellidos de acuerdo al criterio alfabético, tal y como se está discutiendo mucho hoy en día por una modificación en una ley de reciente publicación, nuestro rey tendría los apellidos de “de Austria y de Austria”. Y curiosamente no haría falta remontarse a la época de la dinastía de los Austrias, la predecesora de los Borbones. Retrocediendo tan solo cuatro generaciones tenemos al Archiduque Carlos Fernando de Austria (que habría dejado su apellido a Alfonso XIII y de ahí al rey actual) y por otra rama del árbol genealógico a la Archiduquesa María Teresa de Austria. Estas ramas están ubicadas de tal forma que habrían dejado a nuestro rey, de tener que trasmitirse el primer apellido por orden alfabético, como Juan Carlos de Austria y de Austria.

Es decir, que ni la endogámica y elitista estirpe de los Borbones sería capaz de persistir a la furia alfabética de los Austrias, que paradójicamente les precedieron en la monarquía española.

Fuente: Wikipedia

щи

Shchi, en ruso щи, es una sopa típica rusa, elaborada normalmente con calabaza o chucrut. El nombre para esa sopa en alemán es Schtschi (en español no hay término propio) que convierte una palabra de dos letras en otra de ocho, siendo un ejemplo extremo de traducción. Pocas palabras y pocos pares de lenguajes tienen un término para algo con una diferencia de tamaño tan grande. La palabra alemana es cuatro veces más grande que la rusa original.

Sobre esta peculiaridad se creó una anécdota ya en el siglo XVIII con Catalina II de Rusia, emperatriz rusa de origen alemán. De ella se decía que era tan mala con el ruso que al pronunciar la palabra щи decía Schtschi, con lo que conseguía el extraño récord de ocho faltas de ortografía en una palabra que tan solo tiene dos letras.

Bio

Hace algún tiempo se promulgó una ley en España que prohibía que los alimentos se promocionasen mediante el término “Bio” si no eran originarios – y probablemente al 100% – de cultivos de agricultura biológica.

La medida en sí misma no estaba mal de cara a los consumidores. Para algunas marcas sin embargo supuso un problema porque habían incluido el Bio en el propio nombre de su producto.

El caso más flagrante es el de los yogures de Danone de marca Bio. La misma marca del producto tenía el término prohibido. Danone tuvo que cambiarle el nombre al producto, con el consiguiente perjuicio de cara a los clientes consolidados y la necesaria campaña publicitaria para informar del cambio de nombre. De “Bio” pasaron a llamarlo “Activia”.

Mientras tanto otras empresas cortaban por lo sano y decidían que el bio bien podía convertirse en bi. Este es el caso de Biomanan – famosa por sus productos para dieta. Sin gastarse un duro en marketing de nombres, en campañas de información, pasaron a llamarse Bimanan y aquí no ha pasado nada.

En la misma línea la empresa Biocentury, que tiene un nombre que me evoca un pensamiento del tipo “es tan sano que vas a vivir por lo menos cien años”, pasó a Bicentury, que es un absurdo bicentenario y queda totalmente descentrado de su afán de vender también productos para adelgazar.

La historia de traca es la de Pascual, empresa famosa por sus infrecuente enfoque de las campañas de publicidad, compensados con el buen hacer en el resto de áreas de negocio.

Pascual lanzó al mercado un producto, Biofrutas, de gran éxito de ventas, que combinaba en una bebida leche con zumos de frutas. Ante la prohibición decidieron cambiar el nombre del producto y el nuevo nombre no fue otro que Funciona.

Funciona Pascual aspira a seguir manteniendo el liderazgo de las bebidas funcionales con base de leche, con más de un 80% de cuota de mercado. […] La nueva marca “Funciona” identifica los valores perseguidos por Grupo Leche Pascual: calidad, seguridad y confianza, permitiendo avalar un producto natural con un valor añadido para la salud. Estamos ante el producto de siempre pero modernizado, más dinámico, fresco y juvenil.

Sin embargo algo debió ir mal. Porque cuatro años y un mes después de este cambio, Pascual decidió volver a cambiarle el nombre al producto. Probablemente la causa fuera que a pesar del cambio de nomenclatura, la gente seguía llamándolo Biofrutas. O muy probablemente perdieron ventas de otras marcas más ratoneras pero que habían mantenido el término “frutas” en su nombre. Así, un despistado consumidor, que buscara Biofrutas y se encontrase con dos productos, Funciona y Ratafrutas, es posible que identificara como más similar al segundo que al primero. Perdieron un volumen de cuota de mercado enorme, pasando del 80% a tan solo el 50%.

El caso es que como justificación a la pérdida de ventas Pascual dio por bueno el argumento que culpaba al cambio de nombre y reculó de una forma increíble cambiando el nombre del producto a Bifrutas. Es decir, que pasaron de Biofrutas a Funciona y de Funciona a Bifrutas. O sea, lo mismo que hicieron todas las empresas más modestas, pero tardando años y perdiendo ventas por el camino.

Pero lo divertido es comparar las dos notas de prensa de Pascual, prácticamente idénticas, donde se demuestra que el cambio de nombre es lógico y consecuente con su idea de producto.

Para ello, el nuevo posicionamiento de Bifrutas de Pascual “se basa en un equilibrio entre los motivos para su consumo de salud, nutrición y sabor refrescante. De esta manera”, continúa Terol, “respondemos a las demandas de nuestros dos principales grupos de consumidores: las madres, en su papel de compradoras preocupadas por la salud y nutrición de sus hijos, y los adolescentes, como principales consumidores, que dan más importancia al sabor y a su condición de bebida refrescante”. Para conseguirlo, según la experta de Marketing, “relanzamos la marca con nuevo nombre y diseño, reactivando de nuevo la tradicional palanca de la innovación en Leche Pascual”.

No piqui

Hace unos días me vino de repente a la cabeza el recuerdo de que cuando estaba en el colegio se decía una cosa que era no piqui.

La grafía no es clara pues es una de esas cosas que se dicen de palabra pero jamás antes han sido escritas. Bien pudo ser no piki o incluso no picky.

Supongo que es un localismo y aún una expresión atada a una generación concreta. Sin ser algo extraído de la televisión es desde luego una expresión extraña.

No piqui se pronunciaba en el contexto de que tenías algún tipo de chuchería y no estabas dispuesto a compartirla con tus amigos. Antes de que tu amigo viera lo que tenías – o a ser posible al mismo instante – el decir no piqui te libraba de la ingrata tarea de tener que compartir lo que tenías.

Era una especie de sortilegio, similar a expresiones como “todo lo que me digas rebota” para evitar que los insultos de los otros te afectaran o repetir con las manos en los oídos “no te oigo” para evitar oír algo que no te apetece.

Lo que recuerdo extrañamente del “no piqui” es que uno lo respetaba a rajatabla, como si fuera una norma del reglamento del golf. Si querías evitar que un amigo avaricioso se quedara sin compartir sus caramelos tenías que estar siempre ojo avizor y si atisbabas alguna chuchería en su bolsillo te lanzabas a identificarla e impedir el bloqueo a cualquier petición mediante la expresión inversa: piqui.

Lo recuerdo como conversaciones de pájaros en la que uno decía “no piqui” y el otro “piqui” y el primero saltaba, “no, que era no piqui” y el otro respondía “que sí, que es piqui”.

Y es que casi siempre el conseguir llevarte algo dependía de segundos y había que recurrir a la foto finish. Uno no podía decir tranquilamente “no piqui” y luego sacar un repugnante revuelto de frutos secos. En la candidez infantil se sacaba el revuelto al tiempo que se gritaba “no piqui” y el otro estaba siempre a la que salta intentando decir un “piqui” para evitar quedarse sin comer.

Me parece extraña la expresión, pues recuerda mucho al no picky inglés que podría interpretarse en sentido literal como “no picotear”. Pero no creo que las expresiones de niños tengan orígenes tan elaborados.

Algo que ahora va con los modales, el ofrecer a todo el que tengas a mano cuando tienes algo susceptible de ser compartido, estaba totalmente en contra de la forma de pensar infantil. Aún así, el hecho de compartir venía condicionado, no a una convención social, sino a una sencilla invocación.

Supongo que es un paso intermedio en la formación de una persona, en que siente que tiene que hacer algo, de acuerdo a un acuerdo que observa en otros (hacer piqui) pero que su instinto egoísta no le ofrece ningún motivo para hacerlo. Esta suerte de juego se interpone entre una cosa y otra, permitiendo una transición hacia una convención social sin que resulte traumática.

Hay un grupo del Facebook: Yo tambien decia no piqui!!!! cuando me compraba algo en el kiosko.

Eyjafjallajökull

Desde luego que hay sitios mucho más raros que el glaciar islandés Eyjafjallajökull. Pero normalmente no salen en las noticias. En este caso, el glaciar es de actualidad porque el volcán que se encuentra en él ha entrado en erupción, mostrando unas imágenes de enorme espectacularidad y belleza.

Me llama la atención que ante el nombre de difícil grafía en los medios de comunicación suelen optar por no nombrar al glaciar, simplemente se refieren a “un glaciar en Islandia”. En algún caso he visto a una presentadora indicando que era de nombre impronunciable y a otra que lo pronunciaba con cierta soltura.

No sorprende que en algunos casos se esté incluso escribiendo mal el nombre del glaciar, pero sí que me parece digno de resaltar que se trata de uno de esos inusuales lugares innombrables y que efectivamente no se están nombrando. Los circunloquios que se emplean para evitar el referirse a él son llamativos.

Entra en erupción un volcán en Islandia