Acertar

Suetonio. Vida de Tiberio:

En aquel momento principalmente pudo convencerse de la ciencia del matemático Trasilo, a quien había tomado a su servicio como profesor de filosofía, y que le anunció que una nave, a la vista entonces de la isla, le era portadora de buenas noticias. Pocos momentos antes, paseando juntos, cansado Tiberio de sus vanas predicciones, había tenido el pensamiento de arrojarle al mar, para castigar al impostor y confidente de peligrosos secretos.

Está claro que Trasilo era un farsante. Con las predicciones siempre funciona el mismo patrón: maravillados ante los aciertos, perdonamos los constantes fallos.
En esta línea, otro artículo fascinante de Malcom Gladwell que ha demostrado lo que todos imaginábamos: los que escriben mucho en sus blogs es porque no están haciendo nada de provecho. Este brillante ensayista ha estado finalizando su próximo libro y es como si hubiera desaparecido de la faz de la tierra durante varios meses. Algún día hablaré más extensamente sobre él, desde luego si en algo es bueno es en el formato de ensayo del New Yorker.
En ese artículo habla sobre los modernísimos departamentos de investigación psicológica criminal del FBI, en los que están basados tantos detectives averigualotodos. En una brillante labor de derribo Gladwell fundamenta que estos supuestos expertos de la mente criminal no suelen acertar más que simples adivinos. Suelen dar imágenes muy vagas de los criminales y a menudo aciertan en algunos puntos (será un hombre soltero que viva en una casa con jardín) pero fallan en otros tantos (trabajará en la construcción y vivirá con su madre).
Sin saber cuáles de sus predicciones son las válidas la información que aportan no suele servir para nada e incluso puede provocar que se descarten sospechosos que no encajan en el perfil por ellos propuesto. Como caso estrella narra el del Mad Bomber de Estados Unidos un terrorista que sembró el miedo por todo el país con bombas caseras durante casi dos décadas.
Aparentemente fue descubierto gracias a la pormenorizada e impecable descripción aportada por James Brussel y tal y como la narra la Wikipedia (ver link anterior).
Sin embargo Gladwell cuenta cómo la descripción no fue ni mucho menos la que ha pasado a la historia, pues la original estaba llena de errores y definiciones ambiguas. Y que el caso lo resolvió realmente una policía que hizo el trabajo sucio de repasar los archivos de cientos de ex-trabajadores de una compañía afectada por las bombas.
Apenas han pasado cuarenta años de eso y James Brussel casi ha podido pasar a la historia como uno de los mayores conocedores de la mente humana. En un párrafo Suetonio nos habla de un buen adivino y al mismo tiempo nos desvela que era un farsante.
Más información no significa que sepamos más.

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