Arte de usar y tirar

Hoy me sorprendía una de las noticias del ABC: un exaltado diplomático perdía por completo las formas en la presentación de una exposición y destrozaba una de las obras de arte.
Según cuenta el ABC,
«el embajador de Israel en Suecia, tras inaugurar la exposición «Making Differences» en el «Historiska Museet» (Museo de Historia) de esta capital, sufrió un ataque de ira y destruyó una de las obras allí exhibidas.»
El caso es que la exposición estaba enclavada en una serie de actos culturales relacionados con una Conferencia Internacional contra el genocidio.
«La obra que despertó tanta furia, firmada por los artistas suecos Dror Freider, nacido en Israel, y Gunilla Sköld-Freider, muestra un velero que se mecía suavemente en las aguas teñidas de rojo del estanque. En la vela del barquito ondeaba la foto de Hanadi Jarndat, terrorista suicida que al inmolarse el 12 de junio pasado, asesinó a 19 personas»


Al margen de la noticia, me sorprenden ciertos aspectos no relatados en la misma. Según el mismo diario cita, al pie de la foto de la obra que incluye,
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, es la de la obra, tras ser restaurada.
Al individuo en cuestión simplemente lo sacaron del museo, ni una leche dada por un nervioso guarda de seguridad. Quizás lo hagan persona non grata, lo cual quiere decir que al final no lo harán.
Siempre me había preguntado que ocurriría en una situación así. Cuando voy a la joyería las piezas que valen más de 150 euros están protegidas por vitrinas y para examinarlas necesito pedírselas al joyero. En el centro comercial las cámaras fotográficas y los móviles están protegidos con otra vitrina.
Pero en los museos cualquier visitante puede tocar un Velázquez, lo cual ya de por sí es todo un sacrilegio. Lo peor de todo es que la gente lo hace constantemente. A los museos va gente de la peor calaña, aparte de monótonos turistas y escasos estudiosos o personas con algo de seso. La oportunidad de destrozar algo siempre está en el aire. Algunas veces se me ha pasado por la cabeza qué pasaría si me acerco al Guernica, saco las llaves de casa y lo rajo un poquito. A mí me pueden meter en la cárcel de por vida pero ni aún así habré pagado por el crimen que he cometido contra la humanidad, y por muy bien restaurado que quede no será el mismo centímetro de cuadro que viajó desde Nueva York a España en lo que se consideró en su momento una de las noticias del año. Que volvió a España como una gloria. Y todo porque el arte ahora es producto de consumo y debe ponerse, para poder hacerlo más comercial, al alcance de todos.
Pero para comercialidad la de estos artistas noruegos. Les destrozan el chiringuito el viernes por la tarde y el sábado a medianoche ya tienen en el ABC una foto de la pieza restaurada. Tenía entendido que una obra de arte era algo único. Pero si pueden hacerla de nuevo en menos de 24 horas, nos estamos acercando a la broma de arte, o al arte en serie, en cualquier caso, tal vez tenga que acabar dándole la razón al embajador.

One comment

  1. Buen apunte. Al menos se tendría que ensuciar un poco los pies de rojo jeje.
    PD La verdad es que dicha obra es toda una «provocación» para Sharon y demás. Yo desconozco todo el conflicto.

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