Buenos emails

¿Quién ha recibido alguna vez un buen e-mail? Seguramente pocos de vosotros. Y es que este género literario nació bastardo. Equivale al fast-food del género epistolar. Es un género popular, todos hemos escrito e-mails. Para escribir cartas había unos requisitos mínimos: además de saber escribir y estar dispuesto a hacerlo era necesario disponer de un interlocutor, algo que no siempre se tenía. Además, el nivel tenía que ser alto, por cuanto para escribir breves bosquejos de ideas o de lo que a uno le había sucedido no merecía la pena escribir una carta.


Las cartas eran repasadas y enmendadas. Podías llevar dos folios escritos y decidir que aquello no querías decirlo así, y romperlo todo y volver a empezar desde el principio, sin que supusiera drama alguno. La carta exigía un compromiso de calidad mínima. La carta era guardada como un tesoro.
La correspondencia de personalidades famosas adquiere valor literario. Muchos grupos de cartas se conservan en forma de libro. Algunos escritores se educaron en este género menor. En la antigüedad, las cartas solían ser leídas por más personas que el remitente y el destinatario ( el origen del nombre de América proviene de esta mala costumbre ) por lo que a veces se escribían de forma especialmente didáctica, como «Las epístolas morales a Lucilio» de Séneca.
Algunos de los que nos hemos criado con las cartas somos – qué inmodestia – capaces de escribir buenos e-mail ( normalmente no lo hacemos ). Cuando mandas un breve mail a alguien con quien habías estado carteándote recuerdas con nostalgia aquella época dorada en que las palabras eran más mágicas. Sin embargo, cuando mandas un buen e-mail a una persona que nunca ha recibido ninguno, se queda sorprendida. Esa sensación de alguien que nunca ha recibido algo de calidad y personalizado es triste y bella al mismo tiempo. Les hace ver que el mundo es más grande de como lo conocían, una sensación contradictoria que participa de la tristeza de no poder abarcarlo y la felicidad de al menos intuirlo.

2 comments

  1. Algunos de los mails o fax que recibimos en la oficina, de nuestros clientes, son bastante patéticos. Ni siquiera un «hola» ni «saludos» ni nada de nada. Solo una puñetera frase de mierda, mientras nosotros nos curramos los faxes y emails hasta la última coma. En fin, que el mundo está lleno de todo.

  2. Cuanta razón tienes; la simplicidad que se supone los e-mails ha devastado el placer de leer buenos escritos.
    Como bien dices, es triste escribir una buena carta (poniéndole afán) y recibir una respuesta de alguien que, además de sorprendido, termina viéndote como anticuado… ja!

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