Devil’s face

En 1952 el Banco de Canadá encargó al artista George Gundersen, que trabajaba para la British American Bank Note Company que diseñara la emisión de sus nuevos billetes, prevista para 1954. En el diseño, Gundersen se basó en una fotografía de la reina Isabel II. La fotografía había sido tomada por Peter-Dirk Uys, uno de los fotógrafos oficiales de la Reina.
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La foto formaba parte de una sesión realizada en 1951, un año antes de que la reina subiera al trono de Inglaterra. En la mayoría de las fotos de dicha sesión la Reina aparecía con una tiara. Pero justo la fotografía que recibió Gundersen fue una en las que no aparecía. El collar de diamantes que muestra Isabel II fue un regalo de bodas de Nizam de Hyderabad y Berar.
La emisión de billetes salió a la calle sin ningún problema. El grabado realizado por Gundersen es de gran calidad según podemos apreciar por las fotografías de esos billetes canadienses.
Poco tiempo después, una persona cualquiera, aunque muy observadora, levantó las alarmas. Dibujado en el pelo de Isabel II, detrás de su oreja, podía percibirse la que indudablemente debía ser la cara del mismísimo diablo.
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George Gundersen, el grabador, tuvo que rendir cuentas por su trabajo. Negó cualquier acusación, indicando que había trabajado sobre una fotografía que había recibido. Pero no fue capaz de mostrar la fotografía en cuestión. Se barajaron hipótesis alternativas: El IRA irlandés. Los nacionalistas franceses de Canadá. O incluso un simple bromista que trabajase en el Banco canadiense.
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Para solucionar el problema hubo que preparar una nueva emisión de billetes, cancelando la anterior, la llamada Devil’s Face (el rostro del diablo). Gundersen se limitó a retocar el peinado de la Reina en esa sección del retrato. El Estado se hizo cargo de los billetes malditos, retirando de circulación los antiguos y reemplazándolos con los nuevos.
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Nunca libre de dudas, aunque sin pruebas que lo acusaran o condenaran, George Gundersen tuvo que vivir el resto de su vida con esa sospecha. Nadie en su sano juicio le propondría para dibujar nuevas emisiones de billetes.
En 1984, 30 años después de este incidente, moría Peter-Dirk Uys, fotógrafo oficial de la Reina Isabel II. Peter-Dirk Uys publicó sus memorias, bastante controvertidas. Junto con ellas, aparecieron los negativos de aquella sesión de fotografías realizada en 1951 y sobre las que había trabajado el grabador de los billetes. Solo entonces pudo conocerse la verdad.
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Estos billetes canadienses son bastantes conocidos por los coleccionistas de papel moneda. El hecho de que un billete sea retirado de circulación siempre restringe la cantidad disponible de los mismos, lo que aumenta los precios. En este caso además, tienen una historia interesante. George Gundersen había sido castigado por el más ciego de los azares. Una coincidencia en los rizos del pelo, fruto de la tiara que justo antes había lucido la Reina, una fotografía mal seleccionada entre tantas. Un grabador demasiado fiel al original. Y unos canadienses con mucho tiempo libre. George Gundersen, ¡Siento mucho lo que te pasó!
En Ebay siempre hay alguno de estos billetes para comprar.
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Fuentes:
Devil’s face
Devil’s face

2 comments

  1. Como casi siempre, coincido con el Infame Hugo. Por más que trato de aplicar todo lo que queda en mi profunda memoria de los tiempos de colegial creyente católico, apostólico y románico, no puedo ver ahí al Maligno. Como en tu artículo de Lewis Carrol, pienso que hay que estar enfermo para ver perversión donde no la hay. Y eso que, de perversiones, entiendo un rato. Pero nada, por más que lo intente, yo no veo demonios en los rizos del pelo, ni dioses en los anos de los perros. Bueno, esto último sí, que algunos perros tienen un ano divino.

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