Los buenos

Tener como primer objetivo el ganar dinero hace que la Empresa Privada esté mal vista. Se la considera como un ogro que se alimenta de dinero y que todo lo supedita a este. Sin embargo, otras grandes compañías que también se nutren de euros están muy bien vistas. La causa, que la sociedad tiene como línea de negocio principal prestar servicios sociales.
Cuando uno piensa en la ONCE se le viene a la cabeza una frasecita que no es más que un eslogán de la compañía, «hacemos un gran labor social». Si fuera el «siempre Coca-Cola» o el «Just do it» nos sentiríamos manipulados por la publicidad, sin embargo, aquí lo estamos tanto que ni nos damos cuenta. Y sin embargo, el mecanismo que ha alterado nuestro cerebro ha sido el mismo. La imagen del cieguito que nos vende el cupón nos basta para pensar que esta empresa es de las buenas, de las que ayuda, y que con nuestro euro o fracción que cueste el cupón estamos colaborando con los ciegos de España.
Pero no nos engañemos, también estamos haciendo más cosas. Cuando llamas por teléfono, una fracción de un céntimo de euro va a parar al Fernando Alonso. Pero también otra va a ayudas al tercer mundo. Aunque claro, tenemos la idea de que estas ayudas son menores que las que pueda aportar la ONCE. Sin embargo, no es en modo alguno así. La ONCE es una compañía moderna que se preocupa de juntar un duro con otro y tratar de obtener el mayor beneficio posible. Es por eso que aporta una fracción a labores sociales, no tan grande como debiera ser. Se escudan en que dan trabajo a muchos minusválidos, pero no es oro todo lo que reluce.


En primer lugar, contratan a quienes les interesan y les da la gana. Vender cupones es un trabajo relativamente cómodo y bien remunerado y no requiere cualificación. Inmigrantes indocumentados están cobrando 3 y 4 veces menos al mes que un vendedor de cupones por hacer indeseables labores en el campo. Vender cupones es un trabajo deseado que, sin embargo, no puede hacer todo el que quiera. Al no existir criterios claros para seleccionar al personal, tener un amigo o cuñado político ayuda mucho. También, si tienes una minusvalía demasiado grave olvídate. En realidad, los vendedores suelen ser «personas como nosotros pero ciegas», o sea, que si no estuvieran vendiendo cupones no repararías en que tienen alguna minusvalía. El resto son despreciados por la misma organización, que quiere gente eficiente, como ocurre en el BBVA o en tejidos Manolita.
Aun teniendo condiciones laborales bastante aceptables, están sujetos a los habituales mamoneos de toda empresa privada. A que te cambien de destino sin previo aviso. A pasar por el aro de un contrato basura. El círculo de engaño que recorre el dinero del décimo es tremendo. Compras el billete, un enorme porcentaje son impuestos que pasan al Estado. Pero claro, por contratar a minusválidos, el estado te da unas bonificaciones y subvenciones estupendas, con lo cual recuperas gran parte de ese porcentaje que antes has pagado. Al final, todo es beneficio.
La ONCE tampoco se dedica a vender el cuponcito y esperar que el mundo siga igual, con tanto dinero que maneja está metida en todo tipo de negocios, negocios en los que los ciegos ni huelen el euro. Creas una sociedad paralela, compras un porcentaje casi del 100% de ella y te irresposabilizas de las prácticas laborales que puedan realizarse allí.
Otra empresa que está muy bien vista es la Cruz Roja. Con el halo de la ayuda a los heridos olvidamos que esta ayuda se paga. Cuando la Cruz Roja trasporta a alguien en ambulancia, el hospital tiene que pagar el porte. Cuando se envía a gente al tercer mundo, en labores solidarias, la gente tiene un sueldo, que aunque no sea muy elevado para los curritos, es una tajada para los peces gordos. Una gran parte del dinero que se cede en la declaración de la Renta para «labores sociales» va a la Cruz Roja. También esta empresa se dedica a vender a los hospitales la sangre que el héroe en miniatura ha donado a cambio de un bocadillo.
Etcétera.

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