Cosas que odio en los restaurantes

Cosas que odio en quienes me acompañan a los restaurantes:
a) Cuando vas con un grupo muy grande de personas y hay alguien que, bajo ningún concepto, está dispuesto a que el grupo se distribuya en dos mesas. Es absurdo porque a partir de siete personas es imposible o absurdo que en una mesa se mantenga una única conversación.
Esas personas causan una grave molestia al personal del restaurante y de paso a los clientes que están comiendo en ese momento, obligándoles a juntar varias mesas y descolocando toda la organización del restaurante.
b) Las chicas que insisten en preguntar los ingredientes de todos los platos del menú, aún cuando tuvieran decidido desde el principio el pedir una ensalada de pasta.
c) Los que exigen cambios mínimos y ridículos al menú:
c1) Los que quieren comer el segundo antes que el primero.
c2) Los que quieren comer dos primeros o dos segundos.
c3) Los que piden un segundo plato con la guarnición que viene en otro plato.
c4) Los que piden que quiten ingredientes en platos que se sabe que están ya mezclados.
d) Las que piden los platos que peor saben pero que menos calorías tienen y luego se explayan con un postre atiborrado de chocolate.

Superfrau

Mucho me sorprendió cuando fui a Alemania la poca calidad humana, desde el punto de vista zoológico, que encontré.
Basta ir un poco más al norte, para encontrarse a las superrubias de las danesas, con un poco más de paciencia se topa uno con las suecas y las noruegas. En el sur, entre Italia y España basta para demostrar que la vida es bella.
No es que en Alemania no haya mujeres y hombres guapos – algunas de las supermodelos son alemanas – sino que, en general, noté un cierto “deterioro de la raza”.
Es triste que para hablar de un tema así haya que dar tantas explicaciones, pero son necesarias. Alemania planteó en el desarrollo de la 2ª Guerra Mundial diversas consignas. Algunas bárbaras como el exterminio de los judios, otras discutibles como las “expansiones territoriales” otras trasnochadas, como la “purificación de la raza”.

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Cosas que aprendí sobre la ropa

A lo largo de mi vida he cometido muchos errores. He aquí algunos sobre la ropa.

Camisetas:

  • Las camisetas de publicidad son de malísima calidad.
  • Si son baratas, puede que tras un lavado se deformen o decoloren.
  • Una camiseta que no sea de algodón es, sencillamente, una mierda.

Zapatos:

  • Aunque unos zapatos sean incómodos al principio en pocos días se amoldarán a tus pies.
  • Para amoldar unos zapatos a tus pies basta con que te los pongas cada tres días. Así se amoldarán ellos y no tus pies.
  • Unos zapatos que sean cómodos desde el principio durarán poco tiempo.
  • Los zapatos son la prenda de vestir más rentable, cuando los compres no mires nunca el precio.
  • Las zapatillas deportivas muy estrambóticas con cámara de aire y colores chillones pueden ser estupendas para jugar baloncesto, pero ridículas para usarlas en la vida diaria.
  • Cuanto más discretos sean unos deportivos, mucho mejor.

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Invisible

A veces alguien en mi oficina no me devuelve el saludo. Entonces no tengo la menor duda: viene de cagar. Me divierte nuestro comportamiento en los baños públicos. Entendemos que es avergonzante cagar y cuando lo hacemos tratamos de pasar desapercibidos. Muchos terminan y salen corriendo, sin lavarse las manos, simplemente para que no los descubran cerca del cuerpo del delito. Otras veces estás lavándote tú las manos y ves a uno pasar por tu espalda a toda velocidad. En todos los casos se repite el mismo patrón: el cagante se comporta como si fuera invisible.
Sin embargo, en alguna otra ocasión he visto esta misma actitud. Cuando me ocurre fuera de un WC siento que esa persona acaba de hacer algo realmente terrible.

Actuaciones en el exterior

Salvo los que hayan estado en Marte, todo el mundo sabe que hace unos 10 días ardió un “rascacielos” de la zona cool de Madrid, el edificio Windsor. Esto ocurrió un sábado por la noche y a causa de ello la circulación en las estaciones de metro que pasaban por la zona quedaron interrumpidas durante unos días. En especial, la línea 6 de metro, que no circuló en la parada crítica de Nuevos Ministerios – y las dos adyacentes – durante unos días. La causa de esta interrupción era “el incendio del edificio Windsor”.
De repente, este lunes, el metro vuelve a pasar por dichas estaciones. Sin embargo, no para en la estación de Nuevos Ministerios. La causa oficial es “actuaciones en el exterior”.
Teniendo en cuenta que desde que se produjo el incendio hasta hoy no se ha realizado ni una sola nueva medida de protección – los operarios están esperando a que termine la investigación judicial de las causas – se me ocurren las siguientes teorías, todas fallidas:
a) En ningún momento hubo riesgo para los usuarios, simplemente se hizo para aumentar la seguridad ->¿Entonces por qué todavía la gente no puede bajarse en Nuevos Ministerios(nótese que dicha estación tiene enlaces con otras líneas que funcionan con normalidad).?
b) No se confirmó la seguridad hasta la víspera de la apertura. ->De nuevo la misma pregunta anterior ¿En qué disminuye la seguridad si la gente puede salir en dicha estación? y, ¿qué ha cambiado para que el juicio inicial de “el edificio corre riesgo de derrumbe” cambie?
c) Decidieron abrir por la presión de la mucha gente que utiliza esa línea de Metro. Es por eso que abrieron un lunes. -> En tal caso, la seguridad es secundaria ante la necesidad del nuevo pan y circo de Madrid. Dales trabajo y metro en el que ir, que si no tienen vivienda o para nada más, es su problema.
En resumen, que pasan de nuestra seguridad, como de tantas otras cosas.

Elegir es equivocarse

En una conversación reciente tuve la oportunidad de soltar la frase, “Elegir es equivocarse”. Más tarde, recordándolo, me sentí orgulloso de mi ingenio a la hora de soltar frases lapidarias.
Pero porque conozco mi falsa originalidad, supuse que, como decía Terencio, no hay nada nuevo bajo el sol, y la frase ya habría sido dicha anteriormente. Octavio Paz fue el inventor, en este caso.
Resulta realmente difícil ser original, aun cuando muchas cosas se nos ocurran a nosotros de motu propio siempre pertenecerán a otras personas.
Es por eso que el esfuerzo de escribir debe ser uno de los más vanos. Todo ha sido dicho anteriormente.

En casa de herrero

Unos meses atrás, le escribí un e-mail a la Real Academia de la Lengua. Cuando lo redactaba, me sentía como el que entra en la casa de los suegros, toda enmoquetada, con los zapatos sucios. No sabía donde pisar, y revisé la gramática y la ortografía varias veces. Ésta fue la respuesta que recibí:
Estimado señor:
La petición que usted nos hace no podemos atenderla desde este servicio
del DRAE, puesto que este tipo de peticiones no se pueden atender desde
este servicio. Tiene que dirigirse directamente al Secretario de la
Academia Española, ya que hasta la salida del DRAE en CD-ROM no se
facilita esta información. La dirección la encontrará usted en el
Directorio de la RAE.

El estilo repetitivo me recuerda a mi adorado Thomas Bernhardt, pero no me parece el lugar más adecuado para usarlo. Supongo que tras esos arrugados académicos se ocultan cientos de brillantes filólogos con contrato por obra y sueldo de abreviatura.

Comer en el chino

Hoy he comido en un restaurante chino. Sin entrar en valoraciones, me surge la duda de por qué tienen tan mala fama estos restaurantes. He estado en cientos de sitios infames, cadenas de comida rápida. Sin embargo nadie alcanza esa fama ancestral de los chinos.
Se oye que guardan la comida que sobra, y siempre sobra. Que nadie ha visto nunca a un chino muerto, porque reutilizan los cadáveres.

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