Deus ex machina: Dios por medio de la máquina.
I
En el teatro clásico griego – teatro de una calidad muy elevada aún con los estándares actuales – los efectos especiales aún eran muy limitados. Sin embargo nunca faltaba el Deus ex machina; una especie de grúa, más o menos encubierta, que permitía colocar en la escena a un personaje bajado de los cielos, un Dios por medio de la máquina.
El recurso fue copiado y progresivamente mejorado pero permaneció en el teatro durante varios siglos. Sin embargo, el gusto por el concepto que tras de sí encierra ha ido desapareciendo.
Las historias griegas podían ser todo lo barrocas que al autor quisiera. Los personajes podían enfrentarse a situaciones más y más difíciles de resolver, para que, en el último momento, la llegada de un Dios resolviera todo el entuerto. Imaginad al protagonista atado de pies y manos, rodeado de enemigos y después de haber ingerido un veneno mortal. Ya parece que nada puede salvarlo, pero el chirriar de la grúa nos devuelve la esperanza: esta vez es Zeus el que aparece en escena; el héroe podrá respirar tranquilo.
Hoy en día el concepto de Deus ex machina en sí mismo se refiere no tanto a la grúa del teatro griego ni a la aparición de un Dios en una historia, sino a un recurso narrativo un tanto fuera de tono que permite salvar a los personajes del que sería un destino irrevocable según los principios de la lógica. Ese recurso podría ser la presencia de un Dios, pero también el manido efecto de que todo lo que se lleva viendo “no era más que un sueño”. No tan claros pero en la misma línea están los recursos de encerrar al Equipo A en un taller – mientras se piensa en la forma de matarlos – o a MacGyver en una droguería con la misma intención.
Cualquier narrador de tercera categoría sabe que este recurso es una fácil solución a la falta de talento literario. En lugar de plantear una historia como un todo el autor puede plantear interesantes maneras de complicar la trama, que mantienen al lector o al espectador atentos en todo momento en la espera de encontrar el ingenioso método que permitirá salvar al héroe del tremendo barullo en que se encuentra. Y es entonces cuando el autor nos decepciona por completo con un truco de medio pelo; Efectos sobrenaturales, presencia de dioses, ángeles o demonios, existencia de contraseñas, puertas falsas o simplemente coincidencias que nadie podría acabar de creerse.
La serie americana Perdidos – y prácticamente cualquier serie de televisión actual – nos muestra una curiosa forma de Deus ex machina más propia del siglo XXI: ante la necesidad de atraer a la audiencia a toda costa, los autores se permiten la licencia de crear hilos muy complejos que crean una gran tensión en el telespectador. El propio éxito de esas tramas provoca que se vayan alargando y complicando, en la necesidad de prolongar la serie tanto como sea posible. El recurso final deberá ser un Deus ex machina, tan poco artificial como los ingeniosos guionistas consigan hacerlo, pero no dejará de ser un final forzado, algo con lo que no se contaba al principio de la narración.
Los nuevos tiempos han provocado un embrutecimiento en los espectadores. En los tiempos de los griegos, la trama compleja resultaba entretenida y placentera, pero en el momento del descenso de los dioses, cuando éstos ponían orden en la historia, el auditorio se extasiaba de alegría ante la solución mágica y providencial. Hoy en día nos comemos las uñas ante el sufrimiento de los protagonistas, queremos que se les ponga a prueba una y mil veces. Pero para nosotros el final es el triste precio a pagar por conseguir una trama muy emocionante. Los recursos se repiten una y otra vez: el malo que se hizo pasar por bueno, el bueno que se hizo pasar por malo, el malo que se hizo pasar por bueno que se hizo pasar por malo…Los finales de las historias nos suelen repugnar, la mezcolanza entre lo previsible, lo imprevisible-previsible y la necesidad del autor de hacer un final imprevisible – cueste lo que cueste.
