Como hacer yogur casero perfecto

La yogurtera es el paradigma de los pequeños electrodomésticos que se compran con mucha ilusión pero se acaban usando entre una vez y ninguna. El principal problema de este fracaso anunciado es que produce unos yogures bastante aguados, que hacen el ridículo en la comparativa con cualquier marca.

Tratándose de un aparato que no tiene apenas ciencia, la gente desespera y tarde o temprano, lo da por imposible. Además tiene el tamaño ideal para guardarla en un armario sin que moleste demasiado, por lo que se puede pasar 3-4 años en el olvido sin grandes problemas.

En mi caso me compré la yogurtera no por ahorro – los yogures tienen precios que rozan el dumping, es casi imposible hacerlos más baratos. Lo hice porque ninguna marca comercial hacía los yogures exactamente como a mi me gustan.

De un lado, se abusa del azúcar. En otros casos se añade fruta pero es siempre de la peor calidad imaginable. Finalmente están los yogures con suplementos raros que en realidad aportan más bien poco.

Es terrible también ver cómo se van moviendo de acuerdo a las modas de salud. Si el último peligro es el azúcar, hacen yogur con edulcorante – con el mismo sabor demasiado dulce. Si el rival a batir son las grasas, con leche desnatada, pero para compensar su mal sabor, le añaden extras de azúcar. Si quieren que tenga extra de calcio, aprovechan para incluir leche descompuesta en factores primos.

El yogur con el que soñaba tenía que estar hecho con leche normal (“leche clásica” como inquietantemente anuncia Carrefour ahora), fermento de yogur y nada más. Tener la consistencia de un yogur griego y menos acidez que un yogur comercial. Sin azúcar, pero sin preocuparme de la cantidad de grasas lo más mínimo. Ni que decir tiene que con una yogurtera no conseguí nada de eso.

Leyendo por foros de internet encontré todo tipo de sugerencias: calentar la leche antes de mezclarla. Llevarla a ebullición y luego dejarla enfriar. Usar leche fresca. Usar leche pasteurizada. Usar leche semi desnatada. Usar leche entera. Dejar la máquina más tiempo de las 8 horas recomendadas. Echar más cantidad de yogur de base.

Todos los consejos que he mencionado arriba llevan al mismo resultado: un yogur que no está ni bien ni mal. La única forma de mejorarlo fue con mi propio I+D y quiero compartirlo con todos vosotros.

La forma más sencilla de hacerlo más espeso es añadiendo un poco de leche en polvo a cada vaso de yogur. Esto aumenta la consistencia notablemente y es un método claro para aumentar el espesor: más leche en polvo, más densidad del yogur.

Durante mucho tiempo estuve con este invento que no iba nada mal. Hasta que un poco por casualidad di con la piedra filosofal del yogur casero: la leche de oveja.

La leche de oveja es el típico producto que jamás se pondrá de moda: tiene unos niveles de grasas superiores a la leche de vaca. Y es mucho más cara por razones de tamaño obvias. Se trata de un producto tan graso que apenas si se puede comercializar más que en su forma semi desnatada.

La leche de oveja semi desnatada tiene exactamente las mismas calorías que la leche de vaca entera. Eso sí, un 80% más de calcio. El brick cuesta unos 2 euros, con lo que el precio es, de largo más del doble que la leche de vaca.

Ahora bien, la leche de oveja hace un yogur de yogurtera perfecto. Estoy hablando de un yogur con mucha más consistencia que el queso mascarpone. Si además se combina con un yogur de leche de oveja, estamos ante un producto de calidad sublime – con un precio razonable.

oveja yogurt

El mayor problema es encontrar estos productos en el supermercado. El mejor yogur del mundo es el de oveja de ‘El Cantero de Letur‘. Simplemente es un producto que no se parece a ningún otro: yogur casi para comer con cuchillo y tenedor. Este yogur se vende en Aldi y Supermercados El Corte Inglés – que yo sepa. El único problema que tiene para que sea perfecto es que quizás es demasiado denso para mi gusto: el único yogur que se pasa en densidad de todo el mercado.

La leche de oveja semidesnatada, de la marca Gaza, Ganaderos de Zamora, por otro lado sólo se vende en Carrefour e Hipercor.

gaza

Creedme cuando os digo que esa combinación es el Santo Grial de la yogurtera.

Bauer Café

Una de las grandes desventajas del desarrollo de Internet es que hoy en día resulta casi imposible sorprenderse. La historia más extraña que oíste en tu juventud resulta inocente comparada con las tres o cuatro que habrás podido leer esta misma semana.

Hubo un tiempo en que un buen restaurante podía ser un relativo secreto. Si de repente un cocinero empezaba a hacer las cosas bien, hasta que no pasaran varios meses – incluso años – y fuera reconocido por los críticos, no aparecería en los libros y guías. En ese periodo de gracia uno podía tener la suerte de descubrir esa pequeña joya y hacer correr la voz de alarma entre los conocidos.

Ahora sin embargo todo es inmediato. En pocas semanas se consiguen un montón de referencias positivas y se actualizan los rankings de las páginas que comparan los mejores lugares. Por eso algo tan trivial como descubrir un buen sitio para comer puede ser sorprendente.

El sitio que os quiero recomendar no es otro que la Cafetería del Leroy Merlín de Málaga.

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Se trata de un local minúsculo, con apenas cuatro mesas, dos de ellas altas. La mitad del mostrador la ocupa bollería industrial y las bebidas las sirven en latas: señal de antro que no tiene mucho volumen de ventas.

Tienen las cuatro tapas típicas de emergencia y luego, de la nada, dos o tres tipos de bocadillos.

En lugar de seguir el sota, caballo y rey de la gastronomía de carretera, con sus bocadillos de jamón, jamón y queso, queso, tortilla, atún y chorizo, se desmarca por completo con dos o tres opciones únicas y que son carne al cien por cien.

Es el típico bocadillo que te pondrían en casa de tu abuela: carne cocinada de forma casera, con su propio jugo, dentro de un pan. Poco Ferrán Adriá pero mucha calidad.

Es comida rápida, pero de máxima calidad y a un precio ridículo, muy inferior a un menú de McDonald’s.

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¿Cómo puede un sitio así no ser más conocido? Está claro que no es un restaurante propiamente dicho. Luego el hecho de que para la mayoría de las mujeres, que evitarían la opción del bocadillo, no es más que un bar limitadísimo.

Además, está en la zona de los polígonos comerciales. La peregrinación de los sábados de cientos de familias les acaba llevando a un lugar familiar, donde se preocupen de lo que comen los niños. Ahí es donde Ikea arrasa, con su comedor a precios ridículos totalmente orientado a atraer al público infantil.

No obstante la masificación puede llevarte a probar sitios diferentes, como fue mi caso. Y así, sería cuestión de poco tiempo que la gente se fuera dando cuenta de su valor. Si no fuera porque lleva el nombre de la superficie comercial, Leroy Merlín.

Cualquier comentario sobre su cafetería irá asociado a dicha multinacional. Las pocas opiniones se mezclarán con cientos relativas a la tienda de bricolaje y construcción, hasta directamente desaparecer. No habrá un artículo sobre la cafetería de Leroy Merlín – que además será distinta en cada ciudad – sino sobre toda la tienda.

Un caso parecido es el del Café Central de Madrid.

Todo el mundo conoce a este local por el jazz: es el local más emblemático de este género musical de todo Madrid, con una prolongadísima historia de conciertos en vivo.

Cientos de miles de opiniones que se escriben sobre él, casi siempre se referirán a sus veladas nocturnas, con o sin música en vivo. Sin embargo, a medio día tiene un servicio de menú de día que es de los mejores de Madrid: dos o tres opciones de primeros y de segundos donde se pueden repetir guarniciones y salsas. Pero todo cocinado en el mismo día. Buenos postres, también caseros. Y precio de menú del día. Uno de mis sitios favoritos de Madrid que no sale en ninguna guía porque está en un local que es para otra cosa.

Turrón de Jijona

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Aunque a todos nos parezcan que llegan prontísimo, los dulces de Navidad aparecen en los supermercados tras el festivo del 12 de octubre. Denostados como principales culpables del sobrepeso que se consigue tras la Navidad – y no sin motivo – de entre tantos dulces quiero romper una lanza en favor del que considero uno de los mejores postres que existen: el turrón de Jijona o turrón blando.

Antes de entrar en su principal virtud, su calidad nutricional, algunas ventajas:

  • Perfecto contra gran cantidad de alergias: no tiene leche ni gluten.
  • Acepta muy buen maridaje con vinos dulces y cavas.
  • Conservación duradera y fuera del frigorífico.
  • Barato, 200 gramos se pueden comprar por menos de tres euros.
  • Buen sabor, dulce pero no demasiado empalagoso.
  • Fácil de conseguir en España, El Corte Inglés – y algunos Mercadona – suelen venderlo todo el año.
  • Tiene huevo, luego no es apto para veganos.
  • Gran poder saciante.

Pero como decía antes, el turrón de Jijona es una maravilla por su composición. Pocos ingredientes y muy buenos:

  • Almendra.
  • Miel.
  • Azúcar.
  • Estabilizante E-471
  • Clara de huevo.

Nada más.

Si lo comparamos con cualquier otro postre, la diferencia es abismal. Una tarta de queso – que es a su vez bastante anodina – tiene queso, clara pasteurizada, azúcar, leche, yema pasteurizada, almidón de maíz, margarina (vegetal), acidulante (ácido cítrico), sal, conservador y aroma. El producto más inquietante de repostería es la copa de chocolate que venden todos los supermercados, que suele costar menos de 20 céntimos y tiene una lista de casi 30 ingredientes.

Lo mejor es la proporción de almendra, el mejor fruto seco que existe. En un turrón de calidad, puede llegar al 70%, esto deja poco espacio para añadir azúcar. Y más teniendo en cuenta que el turrón de Jijona tiene más miel que azúcar. Pocos postres tan deliciosos tienen menos de un 15% de azúcar. Un yogur azucarado puede tener un 9% de azúcar. Pero difícilmente podremos comer 125 gramos de turrón (media tableta), mientras que un yogur se toma en segundos.

A la hora de evaluar un alimento, más que caer en el simplismo de contar calorías, o contar grasas, lo más importante es ver qué estamos tomando. La mayoría de las veces son subproductos de la leche o del huevo (clara de huevo pasteurizada, proteínas de leche, leche desnatada en polvo) y un sinfín de aditivos. Aquí tenemos una receta trivial, sencilla y tradicional. Donde abunda la almendra que es un producto de gran calidad nutricional – y nada barato. Puede decirse que el turrón de Jijona es una forma muy agradable de tomar almendras.

El precio del turrón de Jijona no es cuestión de esnobismo, como con otros productos donde el más barato no es el peor. Comparemos turrón Jijona Delaviuda – calidad suprema – con Carrefour discount – calidad extra.

Carrefour discount:

Almendra (50%)
Azúcar
Jarabe de glucosa-fructosa
Miel
Clara de huevo
Emulgente.

Delaviuda:

Almendra (67%)
Miel (16,4%)
Azúcar
Estabilizante E-471
Clara de huevo.

Los ingredientes, en las recetas, siempre van del más abundante al menos abundante. Así, vemos que no sólo el de Carrefour tiene más azúcar que el otro, sino que además tiene más glucosa-fructosa que miel (y azúcar también). Y encima se le quita porcentaje de almendra (apenas superando el mínimo legal del 46% requerido para poder llamarse turrón de Jijona). Es una pócima hasta arriba de azúcar, que justifica su precio muy inferior.

Salteado de patata

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Dicen que en sus inicios, los congelados fueron muy difíciles de introducir en el mercado. Las mujeres se negaban a usarlos. No porque tuvieran menos sabor o nutrientes, sino porque entonces ellas dejaban de tener un lugar tan importante en la cocina. Poco a poco fueron cediendo, hasta llegar al punto actual en que existen congelados tan extraños como el arroz precocido o la pasta – cualquiera con ideas madmaxistas debería dar de comer estos últimos a sus hijos, al menos una vez en la vida.

Los platos congelados fueron un invento de las grandes compañías que, como tantos otros, fueron copiados por las marcas blancas. Estrellas que siempre estarán ahí son las croquetas, los revueltos de gambas y los palitos de merluza – abominable producto desde el punto de vista nutricional, amparado en la simplificación “el pescado es sano”.

En España hay una interesante lucha por conseguir la mejor paella posible. La variedad de versiones para la paella fascinaría a un extranjero. Existen platos completos de paella, productos de “incluir arroz y listo”, otros que sólo congelan “los tropezones” (marisco, carne). Siempre con el afán de alcanzar una paella que, de ser servida en un restaurante, sería considerada bazofia. Al contrario que en las croquetas, donde se han logrado excelentes productos, a veces mejores que los caseros, en la paella estamos ante una lucha tan patética como nuestras representaciones en Eurovisión. El objetivo es no hacer el ridículo o no quedar de los últimos.

Mientras todo el mundo afilaba sus armas, LIDL, como siempre, iba a su aire. Ofrecía una paella en un formato extraño: paquete de un kilo u ochocientos gramos y que era, de largo, la que menos sabía a paella. Ahora bien, cualquiera que haya disfrutado algo parecido a comida asiática es capaz de apreciar platos de arroz más allá de la paella. La paella de LIDL era como si le das a comer un plato de paella a un chef chino y luego le pides que sea capaz de reproducirlo. Fracasará en la imitación pero triunfará en el resultado. Esa era la paella de LIDL: el mejor plato de todos, la peor paella por parecido.

En la época anterior a Twitter uno no podía alabar esos productos. Al fin y al cabo, los congelados van a estar siempre ahí. O no. Explicablemente e inexplicablemente, LIDL acabó retirando del mercado su fascinante paella meets Nasi Goreng. Al tratarse de un plato fallido, uno puede estar seguro de que ese crimen contra la humanidad nunca podrá ser reparado.

Pasaron muchos años. Y aunque esa afrenta nunca será borrada de mi memoria, y con un poco de suerte, tras este artículo, tampoco de la vuestra, apareció otro peso pesado en la escena de los congelados: el salteado de patata de Mercadona, que muestro en la foto del principio.

En este caso estamos ante un producto sencillísimo: trozos de patata en cuadrados, beicon, pimiento, tortilla, salchicha, guisantes. Es un plato pensado para los niños con átomos de color verde para que las madres se crean que tiene verdura. Deber ser sencillo de cocinar en casa, pero a pesar de su simplicidad, la proporción está muy lograda hasta el punto de atreverme a decir lo siguiente: el revuelto de patata de Mercadona es la Mona Lisa de los congelados. Es el único plato congelado que consumo habitualmente y es responsable en, por lo menos, un 25% de que compre habitualmente en ese supermercado. Aparte de que se prepara en casi nada de tiempo, para un soltero es una perfecta comida o cena de emergencia.

Siempre había pensado en el revuelto de patata como una reconciliación con el mundo tras el drama sufrido con la paella LIDL. Cuál sería mi sorpresa al ir a comprar un día cualquiera y encontrarme con que el estante donde aparece este producto estaba dividido en dos. Cada congelado tenía su espacio, menos éste que tenía que compartirlo con otro: mi historia de amor y hielo tiene los días contados.

Sé que los blogs son espacios para reivindicar la verdadera democracia, o contar biografías de personajes desconocidos, pero no puedo dejar de manifestaros mi drama personal. Es como si cierra tu restaurante favorito. Aparte del sufrimiento individual, me surge la duda. ¿Es mi gusto culinario tan malo como el que tengo con las mujeres? ¿Cómo es posible que la gente compre paquetes de dos kilos de pasta congelada y un revuelto de patata que está magistralmente cocinado caiga en el olvido?

Sirva este artículo como tributo a su memoria. Aprovecho para contaros mis productos de supermercado favoritos, esos que no venden en los otros y que son realmente buenos:

Mercadona: 50 toallitas limpiadoras de baños. Perfecto producto para limpiezas de emergencia o de zonas puntuales. Precio ridículo.

Corte Inglés: Chocolate negro 99% Excellence Lindt. La calidad del chocolate va en proporción a la cantidad de cacao del mismo. No puedes hacer un chocolate de alta proporción con cacao de baja calidad, el producto no sería comestible. Está demostrado cientifícamente que, al igual que el cacao es muy saludable, pierde gran parte de sus beneficios al mezclarse con leche, pasando a ser un producto nocivo. El azúcar, es el gran enemigo de la salud. Lindt tiene varios formatos, pero el 99% sólo lo venden, que yo sepa, en el Corte Inglés. He llegado a tener 6 tabletas en casa.
Corte Inglés: Twinings. Té verde Gunpowder. El té verde es una bebida que puede costar apreciar, pero se pueden notar grandes diferencias si se prueba uno que no sea de bolsas. Este té es ridículamente bueno para el precio que tiene, y lo venden en una lata que puedes usar por si compras té verde en otra parte. Yo lo he dejado de comprar porque estaba harto de acumular latas de té verde, pero por su excelente calidad-precio, tendré que volver a él una y otra vez.

Lidl: Aunque no he vuelto a encontrar sustituto de la paella, cualquier producto del batiburrillo que ofrecen semanalmente, si se corresponde con tus necesidades de consumo, es de una calidad-precio excepcional. Incluso la ropa, que siempre tiene un aspecto tosco, es mucho mejor de lo que parece.

Mercadona: Pescado fresco. Aunque los puristas de las zonas de costa desprecian el del supermercado, tiene una calidad bastante buena y los precios son ridículamente bajos. Aparte que si no te obsesionas con un pez concreto y te dejas llevar por las ofertas, puede ser un regalo. Conforme pasa el día van tirando los precios, hasta llegar a puntos obscenos. Un día estaba mirando otra cosa y se me acercó la pescadera regateándome a la baja el precio de las caballas – pez infravalorado donde los haya. El caso es que llegamos a un precio que me hizo comprar, pero aún así me ofreció otro aún más bajo si le compraba todas las que le quedaban (que serían unas ocho). Eso ya me pareció propio de un comercial a comisión en Trípoli.

Día: No está tan mal como en otra época, casi cualquier producto es bueno. Eso sí, mil ojos con la cadena de frío. Donde mejor se nota es en los jamones cocidos envasados. Es habitual ver paquetes que están rancios. Se ve que este producto es uno de los más delicados, excelente termómetro para medir la calidad de una cadena de supermercados.

Y para vosotros, ¿Cuáles son vuestros productos estrella?

Previsiones sobre la carne

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Es triste que para una vez que menciono a Bill Gates, una persona a la que admiro, sea para criticarle. En su interesante página, muestra una de las típicas gráficas desoladoras sobre el futuro del mundo como sigamos consumiendo carne al ritmo actual.

Inmediatamente me he dado cuenta de que esa gráfica era pura basura. Basta trasladar los números a una hoja de Excel para darse cuenta que la proporción de carne de vaca pasa de 14 a 39, con un aumento en 2.75 veces. La de cordero pasa de 4 a 11, o un aumento de 2.75 veces. La de huevos, de 14 a 38, o 2.75 veces.

Se trataría de unos cálculos superficiales, si no fuera porque los relativos a ganado avícola pasan de 22 a 82 (o 3.75 veces) y los cerdo de 21 a 56 (o 2.66 veces).

A mí esos números me muestran que casi con toda seguridad las estimaciones se han realizado para aves, cerdos y quizás algún otro animal. Y para los otros se ha redondeado a un número totalmente a ojo. El más optimista defensor de esa gráfica apenas si podrá decir que unas estimaciones son mucho más precisas que otras.

Carne de caballo

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La recomendación de no consumir carne de caballo no viene de la Biblia. No es uno de esos animales impuros, como el conejo, el camello o el murciélago. Sin embargo es un tabú cultural que sigue fuertemente arraigado. El tabú se entiende para casi todo Europa – salvo Francia, donde ese animal se adora.

En España, donde tenemos eso del “todo lo que vuela, a la cazuela”, país donde se come todo tipo de alimañas, no comer caballo es inexplicable. Y me imagino que, más que tabú, es que se trata de un animal que no siempre ha proliferado en la medida suficiente para satisfacer una potencial demanda.

Ahora que se está encontrando partidas de carne de caballo en todas partes, la alerta sanitaria comienza a precupar. Nos confiamos pensando que donde dice E102 y E123 efectivamente nos están aportando las dosis de colorante y conservante que necesitamos. Pero la realidad es que los estudios son más fáciles de manipular que la orina de Lance Armstrong y llevaremos décadas comiendo dios sabe qué.

El menor de nuestros problemas, obviamente, es que la carne sea de caballo. Y es que se sabe que esa carne es tan buena como la carne de ternera. Los estudios no analizan la carne para saber de qué animales son. Lo que hacen es mirar si hay carne de caballo. Igual un estudio similar, con carne de murciélago, obtiene resultados menos tranquilizadores aún.

Hace más de 150 años se realizó un estudio, comparando la carne de caballo con la de ternera. En 1855, el veterinario francés M. Renault, sacrificó un caballo enfermo de 23 años y con él, realizó platos típicos que se consumen con carne de ternera.
Un panel de críticos culinarios de la época degustó la versión de ternera y la de caballo de una serie de platos. Éstos juzgaron que el caldo (bouillon) de caballo era superior al de ternera, así como el filete asado del equino vencía con creces al del bovino. La carne de caballo cocida era, sin embargo, inferior a la de una buena ternera. Eso sí, superior, a la de una ternera mediocre.

Referencias: Estudio comparativo de M. Renault.
Intentos fallidos, a lo largo de la historia, de introducir la carne de caballo en Inglaterra.
El problema es la ocultación, no el tipo de carne. Artículo explicando todas las ventajas nutricionales de la carne de caballo.
Animales inmundos, en la Biblia.

Gillette

Gillette es una empresa cautivadora. El mismo tipo que inventó la cuchilla de afeitar desechable, King Camp Gillette (1855–1932), un americano con nombre de rey pero sin títulos nobiliarios, allá por el año 1903, acabó fundando la compañía que todavía hoy es indiscutiblemente la número uno en ventas.

No importa en qué producto pienses, un porcentaje elevadísimo de los consumidores acaba claudicando ante las marcas blancas, los productos menos buenos pero dignos y de precio insuperable. Hasta la intocable Coca-cola pierde cuota de mercado ante los que razonan que mezclada con whisky no se nota la diferencia con la Cola marca DIA%.

Pero las cuchillas de afeitar siguen siendo una vaca sagrada, tal vez la única verdadera. Resulta increíble que cuando Gillette tiene productos tres y cuatro veces más caros que los mejores de las marcas alternativas, la gente insiste en comprarlas. Gillette tiene la inimaginable cuota de mercado del 70 por ciento ¡Mundial! Muy lejos queda Wilkinson con un 18 por ciento. Y el resto, se muere de asco con un mísero 12 por ciento, a repartir entre miles.

Todo esto surge porque quería conocer el dato de la competencia entre Wilkinson y Gillette. Sabía que el segundo vendía más que el primero, y bastante más, pero quería ver hasta qué punto era así.

En los comentarios dejo una estadística bastante anticuada (de hace 20 años) aunque interesante, que muestra las cuotas existentes para Gillette, Wilkinson y Bic en la Unión Europea de aquel entonces:

  • Gillette: 59 % (en volumen), 70 % (valor).
  • Wilkinson Sword 14 % (volumen), 13 % (valor).
  • BIC 17% (volumen), 8% (valor).
  • Schick 7% cuota.

Los ingresos que genera Gillette vendiendo cuchillas de afeitar son extraordinarios: 4.600 millones de dólares al año, con datos del año 2006. Con ese dinero se podría comprar una empresa del tamaño de Acciona. Lo mejor de todo es que el margen de beneficio de Gillette es bestial. Según un documental – sensacionalista – una cuchilla que cuesta producir en torno a siete céntimos de euro se vende a más de tres euros, generando unos porcentajes de beneficio exorbitantes. Obviamente hay que pagar la producción de las cuchillas pero también los anuncios de los deportistas de super élite. Aunque ese dinero da para mucho más.

Cuenta en la página de la Wikipedia que Gillette es un caso especial donde la propia marca es tan apreciada que tiene valor en sí misma. Es como cuando ING compró el Baring Bank. Era una empresa arruinada pero fundada en 1762 y que da nombre a una crisis económica, mucho más importante que la actual, y que sale en los libros de historia. La marca, tiene un valor intrínseco.

Los siempre cuestionables gurús del tema han extraído que si Gillette se diversificara en dos empresas: una que se dedicara a fabricar cuchillas de afeitar pero que se llamara de otra forma, y una que se llamara Gillette e hiciera cualquier otra cosa, esa segunda empresa valdría en sí misma 16.000 millones de dólares, o lo que es lo mismo, más de lo que valdrían Gas Natural y Telecinco juntas, tanto como la décima empresa más valiosa de España.

Pérdidas

Por la reciente implementación de la llamada “Ley Antitabaco” el 2 de enero en España, que prohíbe el fumar en cualquier bar o restaurante, está todo internet lleno de estadísticas que hablan de las gravísimas pérdidas para el sector.

El dato que se baraja casi siempre es el de un 20% menos de clientes o de ingresos. Cierto es que este dato está calculado a ojo y tiene un margen de error amplio, pero mucho más grave es el olvidar que el cálculo se está realizando mal.

No se está comparando enero del 2011 con enero del 2010, sino con diciembre del 2010. Es decir, comparando el peor mes para la hostelería con uno de los mejores (y en muchas regiones como Madrid, el mejor con diferencia). Independientemente de las consecuencias de la nueva ley.

Lidl newsletter

Ya he mencionado en ocasiones anteriores que los supermercados Lidl me parecen uno de los lugares más singulares de España. Hay varias decenas de cadenas de supermercados pero todas se rigen por criterios similares, salvo Lidl que vive en un mundo aparte.

La cadena es de origen alemán e insiste, sin razón que pueda justificarlo, en mantener toda su forma de trabajar en España. Trae sus productos alemanes, algunos de ellos extraordinarios, que sin embargo no siempre encajan en el gusto cerrado de los consumidores españoles. Productos de exportación que no se pueden conseguir en ninguna otra parte y ofertados como si fuesen habituales de la cesta de la compra. Las secciones del supermercado escapan a la razón, puede haber estanterías repletas de vino y de cerveza y luego una enorme escasez de refrescos. Mil variedades de salchichas y embutidos y no haber ni una alternativa de chorizo. Lidl se convierte en el último paraíso donde la mantequilla no ha sucumbido ante la margarina.

Pero lo mejor, sin lugar a dudas, son los productos de oferta provisional, que no suelen venderse en supermercados pero que Lidl, con enorme éxito, consigue promocionar. Desde televisores hasta muebles, pasando por todo tipo de vestuario, herramientas o hasta material escolar.

Es tan bizarro el batiburrillo de productos que hace muchos meses di el paso increíble de suscribirme a la Newsletter (boletín de noticias) de Lidl para recibir un email cada vez que tienen nuevas ofertas. Teniendo en cuenta que rechazo todo tipo de publicidad, este paso activo dice mucho de la singularidad de Lidl, que igual les puede llevar a la quiebra que a un premio Príncipe de Asturias de la concordia por introducir productos griegos en España.

Recomiendo encarecidamente la suscripción a dicho boletín. Hay veces que ofertan productos que parecen de broma. Entre las ofertas más recientes existe un afilador de motosierras. Ya es raro vender motosierras en un supermercado pero lo es aún más intentar vender productos para afilar motosierras. “Disfrute de su jardín”. ¿Saben la poca gente que tiene jardín en España?

Lo mejor desde luego es el cambiazo de rumbo. El boletín normalmente tiene una temática, pero con un desparpajo preocupante son muy dados a saltárselo: “Equipamiento para ciclistas”, y luego muestra una oferta irrechazable de melón de piel de sapo. Revisando los boletines anteriores veo que una y otra vez se repite esa oferta de melón, mezclada con todas las demás que son sobre un tema. Qué manera de machacar con la oferta.

“Disfrute de la cocina mediterránea”. Y entre medias te muestran a una depiladora eléctrica.

“Moda infantil” y empezando la lista el famoso cargador de pilas universal de Lidl, que todo sea dicho es uno de los productos estrella y que aún no he podido comprar.

“Disfrute al máximo del aire libre.” y acaba con una paletilla ibérica.

“Tecnología imprescindible.” y los dos primeros productos son una botella de vino y otra de detergente.

“El auténtico sabor americano.” que incluye un maletín de herramientas y un geranio.

Raramente tengo oportunidad de comprar en Lidl pero gracias al boletín de noticias estoy al tanto de las maravillosas ofertas imposibles de Lidl.

Nota: Esto es publicidad, pero del mismo tipo que cuando recomiendo una película o un libro. Por esto no me llevo nada, lo recomiendo de corazón.