Pons Asinorum

El hablar, por su facilidad, puede ser imitado por todo un pueblo; la imitación en el pensar, del inventar, ya es otra cosa.

Sudán del Sur

Publicado el 7 de julio de 2013 | 1 comentario

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Sudán del Sur fue el último país independizado “de verdad”, tras la habitual guerra civil. Ocupó muchos titulares de periódico hace dos años, con motivo de su independencia. Ahora, no interesa a nadie.

Leí este interesante artículo sobre la vida en semejante país. Creo que es interesante para poner en perspectiva la situación de crisis que vivimos. Algunas citas del artículo:

Sudán del Sur no es una sociedad que se esté recuperando: nunca hubo infraestructuras reales, gobierno, sociedad civil, normas, leyes, con lo que no hay nada que recuperar.

Es un parche de país, inventado como una solución a un problema insoluble de semipermanente estado de guerra, definido por lo que no tiene. No hay tendido eléctrico, ni sistema de correos, casi no hay carreteras, incluso sin asfaltar y sólo unos pocos miles de kilómetros asfaltados, si cuentas cada calle de la capital, Juba.

Hay más pistolas que gente que sepa leer; más campos de refugiados que ciudades; más fácil encontrar nieve que una señal de tráfico.

Las habitaciones de hotel están hechas de contenedores de transporte y todo, desde gasolina hasta arroz, es importado de camiones desde Kenia.

La inflación está por las nubes. Un taxi en Juba cuesta el doble que uno en Nueva York.

Si quieres un encuentro romántico con la antigua África, y no te importan las minas antipersonas, Sudán del Sur es el sitio.

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Economía experimental

Publicado el 8 de junio de 2013 | 3 comentarios

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He estado leyendo un artículo sobre los inicios de China en la economía de mercado, cuando decidió que al comunismo había que darle un lavado de cara, sin perder lo esencial.

Siempre que se habla de comunismo se entiende que es una ideología equivocada, y que por lo tanto todo lo que salga de ella, es erróneo. Esa fallida forma de pensar la tenemos enraizada y nos es imposible eliminarla del todo. Y claro, cuando se ve que el país comunista progresa, la gente cada vez está mejor, y no hay verdaderos síntomas de que la cosa empeora, nos cuesta entender cómo es posible, si lo que hacen está todo mal.

En 1980, China concede a la ciudad de Shenzhen el régimen de zona económica especial. Es decir, convierte a la ciudad en un sitio donde las normas son diferentes al resto del país, en cuestiones de impuestos y leyes económicas.

Está claro que en su momento lo pintarían de una forma diferente, más autoritaria y aparentemente clara. Pero con el paso de los años, se entiende que lo que allí sucedió fue un experimento de nuevas formas de desarrollo económico. Se abrió la oportunidad a que empresas extranjeras (en este caso del extranjero más nacional posible, Taiwan) se instalaran en la región. Ahí surgieron las primeras fábricas, deshumanizadas pero que pagaban salarios muy superiores a la media del país. Shenzhen pasaría de tener 300.000 habitantes en 1980, la población de Vigo, a 10 millones en el 2010, la población de todo Cataluña y Galicia, juntas.

Y sí, seguro que en Shenzhen se come fatal y no se puede votar libremente cada cuatro años. Pero algo debería decirte que no les ha ido nada mal.

En la situación actual de crisis, me ha llamado la atención que el Estado plantea escenarios negativos con salida gradual hacia la recuperación. Tras atravesar muchos años de deterioro económico. Se han tomado muchas medidas equivocadas y acertadas. Pero no se ha realizado ni una sola medida experimental. Lo más parecido a una medida experimental son los llamados “globos sonda”, que consisten en decir que se va a tomar una determinada medida, esperar a ver la reacción de la prensa, y en función de dicha reacción, modificarla o dejarla más o menos igual.

Y eso es lo que me sorprende, que el sistema en el que vivimos se ve obligado a tomar medidas que se suponga siempre que son la mejor de las medidas posibles y que tendrá un éxito garantizado. Esto lleva a regulares reformas educativas, cambios del sistema impositivo y medidas a corto plazo continuas, que son bandazos sin rumbo alguno. Es interesante el ejemplo de China, un país que toma medidas experimentales en regiones concretas. Si funcionan, el modelo se extiende. Si no, se olvida. En el peor de los casos, el daño habrá sido localizado y reducido. Se pueden realizar muchos experimentos a la vez, por el mismo precio con que se toma una medida extrema, que funcionará o no.

Me imagino que esto de los experimentos no es posible debido a la propia esencia de la democracia. No la democracia de votar cada cuatro años, sino lo que nos venden que va en el kit, de que todos somos iguales en todo, para la bueno y para lo malo. Si se toma una medida que afecte sólo a la Extremadura, hay dos opciones: que se quejen los extremeños, por considerarla equivocada, o que se quejen todos los demás, por desearla para ellos.

En resumen, tomar medidas empíricas suena a que no se sabe lo que se hace, mientras que enumerar el camino a seguir para salir de la crisis es lo que suena a científico, seguro de sí mismo y eficaz. Lamentablemente los resultados son claros: no salimos, no vamos camino de salir, y no sabemos si saldremos. Eso sí, votar, votaremos.

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El penúltimo robo de Bankia

Publicado el 28 de mayo de 2013 | 1 comentario

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Los que compraron acciones de Bankia, o participaciones preferentes, han sido engañados, más o menos conscientemente, una y mil veces, hasta sustraerles casi todo su dinero.

300.000 euros en acciones, compradas el día de la OPV (oferta inicial), valen ahora algo así como 5.000 euros, si se venden a precio de mercado. En eso han tenido mucha peor suerte que los inversores de preferentes, que pelean por conseguir algún tipo de compensación. 300.000 euros de preferentes valían hoy 75.000 euros.

Los que tenían participaciones preferentes por fin pueden acceder a algo de dinero, una cantidad ridícula, pero que por lo menos pueden llevarse al bolsillo, tras meses de enormes incertidumbres.

No se sabe qué será de ellos, posiblemente tengan opciones de ganar las reclamaciones que han puesto. Es curioso que en estos casos, se premiará a la estupidez. Si eres analfabeto, muy mayor, con pocos estudios, tus opciones de recuperar dinero son mayores que si tienes algo de formación. Y en todos los casos han sido engañados por igual, porque simplemente el banco les habló de unas condiciones que no eran ciertas, en todos los casos.

El caso es que ahora surge una situación realmente grotesca, y es que los preferentistas de Bankia podrían perder mucho más dinero en caso de que ganaran sus reclamaciones. Y me explico:

Un preferentista que hoy haya recibido sus acciones, las habrá vendido en muchos casos al precio ridículo actual, en torno a los 0.5 euros. Y seguirá reclamando, como debe. Pero si el juicio se acaba retrasando mucho, y por uno de los muchos imponderables de la bolsa, resulta que Bankia se revaloriza mucho, puede llegar el día del veredicto, en que un juez de la razón a ese pequeño inversor, condenando a Bankia a devolverle todo su dinero.

El juez le devuelve su dinero, pero él a cambio, tiene que devolver lo poco o mucho que le haya dado Bankia a cambio. Que en este caso, serían las acciones. Y como las vendió hoy, o tal vez mañana, tendrá que comprarlas de nuevo. En la bolsa, al precio que coticen entonces, no al que él las vendió, sea el que sea.

Y es entonces cuando puede darse la situación de que el precio sea elevado, en proporción al actual. Hasta el punto de que el inversor puede verse en otra situación delirante: tener que pedir prestado dinero para comprar acciones de Bankia, caras, y así recuperar su dinero contante. Pero en este caso, si las acciones son caras, la diferencia respecto al precio actual de venta, pueden significar que quizás pierda un porcentaje elevado de su dinero. No es nada improbable que las acciones valgan dentro de unos meses hasta el doble que ahora, sobre todo teniendo en cuenta que la demanda potencial aumentaría. En tal caso, este inversor habría perdido el 50% de su dinero aún en el caso de que ganara su reclamación(!), más los costes derivados de conseguir el dinero para recomprar las acciones y las costas judiciales.

Es muy poco probable, pero no imposible, que ese inversor se encuentre incluso en la situación de que pierda más en caso de ganar la reclamación que si la pierde. Siempre bajo el supuesto de que vende las acciones en estos primeros días, y esté a la espera de una reclamación, y tenga la suficiente cara de tonto como para esperar ganarla.

Así, aunque en otros lugares se diga lo contrario, recomendaría a los preferentistas que han obtenido acciones que no las vendan. Para evitar un mayor sufrimiento, una mayor incertidumbre, al sufrir viendo cómo sube la cotización de unas acciones que no tienen. Porque sucede justo lo contrario de lo que se ha dicho: muchos venden para “pasar página” y cerrar la herida, pero la verdad es que mientras se esté a la espera de la resolución, la situación es incierta y peligrosa.

Para los que ya han liquidado al muerto, vendiendo las acciones, que tengan cuidado si leen esta historia. Pueden pensar “si las vendí a 0.50€ pero surge la oportunidad de comprarlas a 0.25€, lo hago y si en un futuro gano la reclamación, podré devolverlas incluso ganando algún dinero”. Porque en este juicio, cuanto más pardillo se sea, menos inversor, mejor. Y es que el principal argumento de la defensa es ese, tratar de justificar que el afectado no es tan tonto como parece.

Cuidado entonces, si has perdido mucho hasta ahora, podrías aún perder más. Y es que Bankia no da alegrías ni aún ganando.

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El enlace

Publicado el 15 de mayo de 2013 | Sin comentarios

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Casi todos los que tenemos un blog recibimos de tiempo en tiempo grotescas propuestas de colaboración. Te piden un intercambio de enlaces con una página de pagerank 4, pero luego consultas esa página y ves que no sólo no tiene dicho pagerank, sino que el dominio está baneado en las búsquedas de Google. Gente que escribe con decenas de faltas de ortografía y que te sugiere negocios grandilocuentes, propuestas de posicionamiento a un precio razonable. Son ofertas tan malas, que en la mayoría de los casos ni se responde que no interesa.

Uno de esos correos, un poco mejor que el resto, me hablaba de que un cliente estaría muy interesado en incluir contenido en mi página. Era una de esas propuestas que sabes que no llegarán a nada, porque habla en términos vagos. Sabes que lo mismo que te dicen a ti, se lo han dicho a miles de personas, es un correo electrónico que no tiene nada personalizado.

El caso es que respondí, y para mi sorpresa me llegaron a concretar una oferta específica. Si incluía un enlace determinado dentro de una artículo que había publicado, me pagarían un dinero. No tenía que escribir un artículo alabando un producto, no tendría que manipular textos que contuvieran la frase Acai Berry barato. En un artículo donde una frase decía “…como el del bingo”, había que cambiar la palabra “bingo” por un enlace a una página de bingos, sin modificar el texto.

Me ofrecían pagar 30 dólares al mes por dicho enlace, pagando por Paypal – que es como decirte pagarte en negro. Desde el punto de vista del posicionamiento web era una propuesta poco ventajosa para ellos. El artículo no estaba enlazado en ninguna parte, como casi todo lo de aquí, aunque hay honrosas excepciones. Alguna vez he escrito que regalaba enlaces en todas las páginas del blog a quien lo solicitara (ahí tenéis la poco consistente barra de enlaces del lateral). El caso es que esta empresa quería pagar eso y sin dudarlo acepté. Con un mes que pagaran, ya sería rentable, y si no lo hacían, quitaría el enlace.

El primer ingreso fue una inesperada alegría. Aunque en esas cosas se sabe que el engaño acaba llegando por alguna parte. Quizás en el segundo mes. Pero en el segundo mes, también llegó.

Los pagos eran imprecisos, uno el 20, otro el 24, al siguiente mes era el día 17. Pero siempre llegaban. Hasta que, sin más, dejaron de hacerlo.

Había cobrado seis meses, el negocio era redondo. No iba a dar una pataleta de niño pequeño, les escribí un correo cortés explicando que hacía un mes que no me pagaban, y que ya se acumulaban dos pagos pendientes. Que estaba encantado con el acuerdo, pero que si no me decían nada, quitaría el enlace.

Antes de una semana me respondieron. Habían cambiado el sistema de pagos, pero ya estaba solucionado. Pasaron unos días más y me pagaron los meses atrasados. Y luego, volvió la normalidad, hasta el punto de que dejé de esperar dichos pagos.

Mientras, me seguían llegando ofertas de intercambios gratuitos, de escribir en mi blog artículos gratis (pero plagados de enlaces y contenido que no interesa a nadie). Todos los ignoraba.

Pasado más de un año me llegó un correo de esta empresa. Había que cambiar sutilmente la página a la que apuntaba el enlace. Ni el texto, ni hacerlo más ostensiblemente. Simplemente, cambiarlo. Así lo hice. El dinero siguió llegando. Y me olvidé de él.

Hace unos días, revisando el saldo de Paypal, me di cuenta de que llevaban meses sin pagar. Era extrañísimo, porque el mes de diciembre lo habían pagado a mediados de enero, y luego, nada. Les volví a escribir, esperando que fuera otro cambio del sistema contable. No me respondieron. Comprobé su página web, no sería una sorpresa que hubiera dejado de existir. Pasa a menudo. Pero no, tenía un aspecto más profesional que nunca.

Nada de rabietas, les volví a escribir un correo, explicando que era el segundo, que faltaban los pagos X, Y, Z. Que me encantaba ese enlace, pero que más me gustaban los 30 dólares. Nunca respondieron.

Sin embargo, me llegó el pago por Paypal. Las cantidades atrasadas. Y una nota, indicando que habían finalizado el acuerdo con el anunciante. Que era libre de borrar el enlace.

Esa empresa intermediaria me pagó 540 dólares por tener un enlace en mi página durante menos de dos años. Este tipo de empresas llegará a miles de acuerdos similares, en algunos casos una persona tendrá en sus páginas decenas de enlaces comprados a precio de oro. Puesto en el papel del anunciante, me imagino las brutales facturas que tendrán que hacer frente para conseguir un posicionamiento adecuado. Lo peor de todo es que, pasado el tiempo, si dejan de pagar a la agencia, pierden todos los enlaces y con ello, el trabajo conseguido.

El posicionamiento web es un negocio de alquiler, no pagas por estar en determinada posición, sino por estar ahí hoy. Y el mes que viene, si sigues pagando.

La agencia intermediaria tuvo un tratamiento excelente, profesional, mejores pagadores que escribidores de emails. Ellos me buscaron, me avisaron de cuando acabó todo. Tuvieron sus fallos y gitanadas, pero que ellos mismos arreglaron.

Todavía no he borrado el enlace, pero os aseguro que lo haré. Porque me interesa que empresas de ese tipo sigan pagando por sus enlaces. He escrito este artículo para que sepáis que entre tanta oferta turbia, alguna es de verdad.

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Notgeld

Publicado el 15 de mayo de 2013 | Sin comentarios

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Una de las entradas más interesantes de esta página es, a mi juicio, la que trata sobre los billetes grandes, de tiempos inflacionistas.
Lo que no conocía es que en estos periodos inflacionistas también se imprimían monedas por importes gigantescos. De venta en Ebay, esta moneda de cinco millones de marcos alemanes (dos millones y medio de euros actuales. Por supuesto, sin contar la inflación).
5millones-marcos.jpg
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En la moneda dice Notgeld. Dinero de emergencia.
La entrada de la Wikipedia sobre este tipo de dinero, normalmente en forma de billetes, es interesante:

La primera gran tirada de Notgeld se inició con el estallido de la I Guerra Mundial. Debido a la inflación – causada por el coste de la guerra – el valor del material con el que se acuñaban las monedas era más alto que el que indicaban éstas. Muchas instituciones comenzaron a atesorar monedas. Además, el metal necesario para acuñar monedas era requerido para la producción de artículos militares. Esto provocó una enorme carestía de metal para monedas, que se solucionó emitiendo billetes de pequeñas cantidades.

Como estos billetes eran muy coloridos, pronto se hicieron el objetivo de los coleccionistas. Y en el momento en que las entidades emisoras se dieron cuenta de esta demanda, continuaron imprimiéndolos más allá de la necesidad económica hasta bien entrado 1922. ¡Con cierta frecuencia el periodo de validez del billete había expirado cuando este salía de las imprentas!

notgeld.jpg
El anterior billete es una muestra de esta tomadura de pelo. La cantidad es irrisoria: 75 pfennings, menos de un marco. Pero es que además es un número inexacto, no suele haber monedas y billetes de 75 lo que sea. Para colmo, la imagen es un recaudador de impuestos que solicita el pago a un pobre diablo que no tiene nada con qué pagarle. Este tipo de dinero virtual es el llamado Serienschein.
Los Serienschein son lo más parecido a dinero del Monopoly que jamás haya existido. Cierto es que en tiempos de gran inflación había billetes que no valían nada. Pero estos billetes van más allá: nacían sin la intención de que siquiera valieran algo. Y además, hasta los dibujos eran poco serios, como si no se quisiera que parecieran reales.
Como regalo, un billete de tren. Dos millones de marcos son un millón de euros actual.
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Las monedas y billetes antiguos, lejos de lo que pudiera pensarse, suelen tener precios de risa. Aunque ahora nos hablen de inflaciones terroríficas, podemos comprar en Ebay un billete de 25 millones de euros por 2,5 dólares, o 1,6 euros. ¡Menos de lo que cuesta una torrija!

Esta foto es un excelente complemento a la que circula por todas partes, donde se quema dinero porque es más barato que carbón. Qué tiernos los niños jugando con sus fajos de billetes.

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Cómo enviar dinero físico por correo

Publicado el 21 de marzo de 2013 | 6 comentarios

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¿Cuál es la forma más segura de enviarle a alguien 1.000 euros en efectivo (billetes de papel)?

Corta dos billetes de 500 euros en tres partes cada uno. Coloca los tres lados izquierdos de este billete en un sobre, los derechos en otro y la parte central en un tercer sobre. Envia los sobres por separado.

Un tercio de billete no tiene valor legal alguno, así cada envío por separado no vale nada. Sin embargo, los bancos te devolverán el importe íntegro de un billete siempre y cuando poseas al menos el 51% del papel de dicho billete. Así, aunque perdieras uno de los sobres, el destinatario recibiría sus 1.000 euros.

Puedes eliminar por completo el riesgo de pérdida (y ahorrar gastos de envío) a cambio de aumentar la latencia. Si esperas a que el destinatario te confirme que ha recibido un envío, antes de enviar el siguiente. Si un envío se pierde, divides los billetes en partes más pequeñas, con lo que te aseguras que entre tú y el destinatario siempre tenéis más del 51% de los billetes. En el momento en que el destinatario tenga el 51% de los billetes, puedes dejar de enviar trozos, ahorrando costes.

Brillante respuesta de Ben Maurer, uno de los fundadores de recaptcha, en Quora. Es una traducción literal, adaptada a euros y a la legislación europea (idéntica en ese aspecto a la estadounidense).

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Previsiones sobre la carne

Publicado el 21 de marzo de 2013 | 6 comentarios

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Es triste que para una vez que menciono a Bill Gates, una persona a la que admiro, sea para criticarle. En su interesante página, muestra una de las típicas gráficas desoladoras sobre el futuro del mundo como sigamos consumiendo carne al ritmo actual.

Inmediatamente me he dado cuenta de que esa gráfica era pura basura. Basta trasladar los números a una hoja de Excel para darse cuenta que la proporción de carne de vaca pasa de 14 a 39, con un aumento en 2.75 veces. La de cordero pasa de 4 a 11, o un aumento de 2.75 veces. La de huevos, de 14 a 38, o 2.75 veces.

Se trataría de unos cálculos superficiales, si no fuera porque los relativos a ganado avícola pasan de 22 a 82 (o 3.75 veces) y los cerdo de 21 a 56 (o 2.66 veces).

A mí esos números me muestran que casi con toda seguridad las estimaciones se han realizado para aves, cerdos y quizás algún otro animal. Y para los otros se ha redondeado a un número totalmente a ojo. El más optimista defensor de esa gráfica apenas si podrá decir que unas estimaciones son mucho más precisas que otras.

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Historia de un emprendedor

Publicado el 21 de marzo de 2013 | 1 comentario

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Las historias de emprendedores de éxito son para algunos hombres como los cuentos de Paulo Coelho para algunas mujeres. Todo suena muy bien, normalmente es una enorme abstracción de realidad, una bella pero enorme farsa.

Cierto es que hay mujeres emprendedoras a las que se les pone dura leyendo la biografía de Steve Jobs, y muchos hombres que disfrutan de los libros de Coelho. Pero no nos distraigamos.

A mi también me gustan las historias que se esfuerzan en ocultar una mentira, y las de creadores de nuevos mercados. Así que os traigo un caso muy interesante pero no tan conocido.

Sam Ovens es el creador de SnapInspect. Nunca habrás oído hablar de esa empresa porque no es como AngryBirds, es modesta y ha permitido al creador ganar unos cuantos miles de euros.

La historia de Sam Ovens es la típica de un emprendedor que asiste a una charla de un vendedor de promesas y acaba convencido de que tiene que crear su propio negocio. Y decide crear una aplicación que será el no va más. Y vuelca el poco dinero que tiene ahorrado, y se rodea de gente que está en su misma situación, es decir, cometiendo un grave error, viviendo sus ensoñaciones de éxito hasta que el dinero se acaba y su producto fracasa.

Tras el desánimo que causa intuir que eres un perdedor, y tras tomar las necesarias botellas de tequila, Sam volvió a las andadas, pero esta vez con una actitud de emprendedor lowcost. Está claro que Sam no había visto ni uno solo de los episodios de Palabra de Gitano, puesto que la señal de Cuatro no llega hasta Nueva Zelanda, de donde es Sam, y porque los episodios no se habían siquiera grabado.

Sam decide crear un nuevo negocio pero no iba a cometer ninguno de los errores del pasado. Su mayor error fue construir una enorme y costosa aplicación, con excelente aspecto, y luego ir a los clientes, con su impecable traje, tarjetas de visita y página web con enlaces a todas las redes sociales del momento. Cuando se enfrentó a los potenciales compradores de su producto llegó el jarro de agua fría: les gustaba, pero no querían comprarla.

Así, acabó gastando todos sus ahorros en una aplicación que no tuvo ventas. En un giro psicológico muy interesante, Sam Ovens decide intentar justo lo contrario: conseguir ventas sin gastar un céntimo y sin siquiera tener una aplicación.

Lo primero era elegir el sector en el que trabajar. En lugar de elegir algo molón que le pueda enseñar a los colegas, como una aplicación de listas, decidió crear un servicio para empresas. Los usuarios domésticos son un mercado enorme, pero al mismo tiempo con un bolsillo minúsculo. Mientras tanto, las empresas están acostumbradas a pagar un precio justo por algo que les hace la vida más fácil.

Sam Ovens eligió a las empresas inmobiliarias por el simple hecho de que era mucho más fácil conseguir teléfonos, correos y direcciones de personas que se dedican a este negocio que en otras áreas económicas. Se creó una lista con los emails que había conseguido acumular, unos 100, y les mandó un correo electrónico a todas esas personas, con la mínima personalización de cambiar el nombre en “Estimado XXX”.

En el correo les contaba que era un estudiante de determinada universidad – lo cual era cierto ya que aún seguía inscrito en ella – y que estaba interesado en realizar un estudio sobre los problemas a los que se enfrentan a diario las personas que trabajan en el negocio inmobiliario. Si estaban dispuestos a colaborar, él al final les enviaría las conclusiones del estudio. En su correo electrónico, enviado desde su dirección personal, incluía enlaces a su Linkedin, para que se viera claramente que era una persona real y no se trataba de spam.

De esos 100 correos enviados, contestaron unas 25 personas (caso claro de la regla 80-20 o Principio de Pareto). Esas 25 personas contaban todo tipo de problemáticas variopintas, algunas muy poco generalizables, otras con aspecto interesante.

Sam no se paró a intentar solucionar alguno de los problemas que encontró en dichos correos. Volvió a escribir a los que le contestaron, dándoles las gracias, y solicitándoles ampliar sus opiniones en una conversación telefónica, pidiendo un horario en que pudieran hablar tranquilamente. De estas 25 personas aceptaron unas 12.

Así, en lugar de emprender basándose en unos powerpoints que había encontrado en Internet, Sam Ovens estaba preparado para charlar con 12 personas reales que trabajaban en agencias inmobiliarias para tratar de entender su problemática diaria. Las conversaciones fueron sin ningún tipo de guión, sobre todo dejando hablar a estas personas libremente, dándoles libertad para que expresaran sus inquietudes, sus frustraciones diarias. Alguna llamada, realizada en horario laboral, duraría más de una hora. Los encuestados se sentían encantados de hablar con alguien que estaba interesado en escuchar sus problemas.

Hasta entonces Sam había gastado 0 euros, pero ya estaba cerca de entender que uno de los trabajos más pesados y manuales a los que se enfrenta un agente inmobiliario neozenlandés es la realización de un informe de una propiedad. Una especie de documento técnico donde se especifica el estado de una propiedad que se pretende alquilar o vender. Implica realizar fotos, rellenar textos sobre aspectos de cada habitación, la vivienda en general, etc.

Con eso, se lanzó a realizar el diseño de cómo podría ser una aplicación adecuada para agilizar el trabajo de los agentes. Los típicos diseños sobre papel, con pantallas dibujadas a rotulador. Tras unos cuantos días, se fue reuniendo con algunos de estos agentes, que ya tenían cierta camaradería con él. Reuniones informales en cafeterías en las que Sam se limitó a enseñarles los diseños y esperar sus opiniones. Estas opiniones normalmente sugieren tontadas como “me gustan los textos más alineados a la derecha” pero también sugerencias interesantes sobre aspectos del negocio en las que él no había pensado. Gracias a las propias opiniones de los agentes, refinó el diseño hasta tener algo parecido a lo que todos necesitaban.

Luego llegó el momento de hacer la pregunta mágica. ¿Estarías dispuesto a pagar por algo así? Los agentes solían responder que sí. Pero Sam fue aún más lejos: les hizo una oferta propia de un mercadillo: si me pagas por adelantado tres meses de la aplicación (150 euros mensuales), te hago un descuento del precio del 10% y nunca te subiré la cuota del producto.

Para su sorpresa y satisfacción, la mayoría de los agentes estuvieron de acuerdo con el trato. Cuando les dijeron aquello del “mándame los datos de tu empresa y arreglamos el papeleo” Sam respondió con un cutre envío de un cuenta personal, esperando una transferencia bancaria que acababa llegando.

Aún así, Sam Ovens mostraba una actitud desconfiada que nada tiene de enfermiza. Al final, no dejaban de ser agentes que ya eran casi amigos. ¿Que ocurriría con un agente que no lo conociera? Sam se las ingenió para quedar con algunos de los agentes que le habían rechazado a su primigenio correo electrónico y venderles la moto de su aplicación para gestionar inspecciones de propiedades.

En general la respuesta era positiva, sólo que algunos se mostraban al final sorprendidos, cuando llegaba la hora de hablar de dinero, de que les estuviera convenciendo de que compraran un producto que no estaba realmente terminado. “Está en la fase de desarrollo” era su respuesta.

Aún así, consiguió algunas ventas y la confianza suficiente para tirar hacia adelante. Tenía el dinero en el banco de los futuros clientes, sin tener ninguna aplicación. Sin tener tarjetas de visita. Sin página web. Sin community manager. Sin ir a eventos de emprendedores ni salir en techcrunch. Pero lo mejor de todo, sin gastar ni un céntimo.

En realidad había hecho lo más difícil, lo que a nadie le apetece hacer: tratar con los clientes sus verdaderas necesidades. No aislarse en una burbuja y acabar desarrollando una enorme chorrada 2.0. Crear un producto poco glamuroso pero capaz de pagar recibos de la luz.

Cierto es que una persona como Sam Ovens no despierta una especial sensación de confianza y camaradería, pero llegados a este punto, a uno le cae simpático. El último paso no es demasiado sorprendente, y es que Sam Ovens no es un programador de esos que resuelve un problema. En realidad, no sabe programar siquiera. Ahora tocaba subcontratar a una empresa que desarrollara el producto. Se fue directo a una de las principales compañías de desarrollo de Nueva Zelanda y les mostró el diseño del producto. Quiero un presupuesto y un análisis detallado de cómo me haríais la aplicación.

Cuando recibió el presupuesto, de unos 100.000 dólares, mostró la mejor de sus sonrisas y guardó cuidadosamente el análisis del desarrollo, para poco más tarde subirlo a una página donde empresas de desarrollo en la India pugnan con sus ofertas por realizar los trabajos de los clientes. Acabó aceptando la oferta de la empresa que cobraba menos.

Una historia de emprendimiento que zigzaguea continuamente entre el Código Civil, el moral y el ético. Con final feliz.

Como los emprendedores suelen ser personas con mucha prisa, voy a resumir los errores y aciertos de Sam Ovens en un decálogo que será trending topic en Facebook.

1) Crear un producto sin verificar antes que hay una demanda real.
2) Gastar mucho dinero pensando que el éxito es la única opción posible.
3) Preocuparse en demasía por aparentar profesionalidad: tarjetas de visita, página web impecable.
4) Despreciar la tarea de conseguir ventas, como un trabajo menor que realizar al final del todo.
5) No centrarse en solucionar un problema del cliente. No el problema que nos guste más hacer, sino el que le causa dolor, le hace la vida difícil, le hace perder horas de trabajo.
6) Elegir aquello a desarrollar sin contrastarlo con clientes reales primero, basándose exclusivamente en intuiciones o cómodos powerpoints.
7) Perder el miedo a tratar con personas totalmente desconocidas a las que, al final del todo, se espera pedir dinero.
8) No crear un producto útil, sino algo que la gente necesita. Que un producto tenga una cierta faceta concreta no va a cambiar el éxito o fracaso. Lo importante es que resuelva un problema.
9) Gastar 300 dólares en chorradas que no aportan nada, como un buen logotipo para la empresa.

Fuente: http://mixergy.com/sam-ovens-snapinspect-interview/, vía una respuesta en Quora.

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Carne de caballo

Publicado el 3 de marzo de 2013 | 14 comentarios

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La recomendación de no consumir carne de caballo no viene de la Biblia. No es uno de esos animales impuros, como el conejo, el camello o el murciélago. Sin embargo es un tabú cultural que sigue fuertemente arraigado. El tabú se entiende para casi todo Europa – salvo Francia, donde ese animal se adora.

En España, donde tenemos eso del “todo lo que vuela, a la cazuela”, país donde se come todo tipo de alimañas, no comer caballo es inexplicable. Y me imagino que, más que tabú, es que se trata de un animal que no siempre ha proliferado en la medida suficiente para satisfacer una potencial demanda.

Ahora que se está encontrando partidas de carne de caballo en todas partes, la alerta sanitaria comienza a precupar. Nos confiamos pensando que donde dice E102 y E123 efectivamente nos están aportando las dosis de colorante y conservante que necesitamos. Pero la realidad es que los estudios son más fáciles de manipular que la orina de Lance Armstrong y llevaremos décadas comiendo dios sabe qué.

El menor de nuestros problemas, obviamente, es que la carne sea de caballo. Y es que se sabe que esa carne es tan buena como la carne de ternera. Los estudios no analizan la carne para saber de qué animales son. Lo que hacen es mirar si hay carne de caballo. Igual un estudio similar, con carne de murciélago, obtiene resultados menos tranquilizadores aún.

Hace más de 150 años se realizó un estudio, comparando la carne de caballo con la de ternera. En 1855, el veterinario francés M. Renault, sacrificó un caballo enfermo de 23 años y con él, realizó platos típicos que se consumen con carne de ternera.
Un panel de críticos culinarios de la época degustó la versión de ternera y la de caballo de una serie de platos. Éstos juzgaron que el caldo (bouillon) de caballo era superior al de ternera, así como el filete asado del equino vencía con creces al del bovino. La carne de caballo cocida era, sin embargo, inferior a la de una buena ternera. Eso sí, superior, a la de una ternera mediocre.

Referencias: Estudio comparativo de M. Renault.
Intentos fallidos, a lo largo de la historia, de introducir la carne de caballo en Inglaterra.
El problema es la ocultación, no el tipo de carne. Artículo explicando todas las ventajas nutricionales de la carne de caballo.
Animales inmundos, en la Biblia.

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Deporte para leer

Publicado el 27 de febrero de 2013 | 1 comentario

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Algunos artículos que me han gustado y que he leído en los últimos meses:

Michael Jordan has not left the building. Sobre el 50 cumpleaños de la mayor figura de la historia del baloncesto.
El artículo no tiene gran valor, salvo para los aficionados al baloncesto – o lo que como yo, alguna vez lo fueron.

Resulta curioso aprender que Jordan todavía mantiene un enorme fantasma mental: pensar si podría seguir jugando al baloncesto con su actual edad. Físicamente no está capacitado, pero puntualmente es capaz de desbordar a un jugador profesional. Comenta el hermano de Jordan que está enchufado en los Charlotte Bobcats, equipo de la NBA que gobierna Michael Jordan.

Escucho jaleo en la pista. Miro por la ventana de la oficina y veo a mi hermano Michael ganando a uno de los mejores jugadores de los Bobcats en un mano a mano. Al día siguiente, Michael no pudo ir a la oficina. Se quedó en los vestuarios, recibiendo tratamiento de rehabilitación.

A Michael Jordan le molesta que se pueda llegar a pensar que jugadores actuales son casi tan buenos como él lo fuera en su tiempo. Es la misma comparativa que sufre Pelé respecto de Messi, pero aún más exagerada.

Para Jordan, sólo hay cuatro jugadores que serían casi tan buenos como él:
LeBron James, Kobe Bryant, Tim Duncan y Dirk Nowitzki.

My Life With Lance Armstrong. Cómo era vivir con Lance, por uno de sus más estrechos colaboradores durante muchos años.

Aparte de echar más leña a la hoguera, este relato narra alguna perla de la que casi nadie se preocupa ya. Por lo visto para Armstrong era bastante habitual – y se presume que para el resto de ciclistas – el cobrar dinero negro por participar en vueltas de un día, a lo largo y ancho de todo Europa, sobre todo en España. Eran tantos billetes, que esconderlos para llevarlos de vuelta a Estados Unidos suponía todo un problema logístico.

Marathon Man. Sobre la caída en desgracia de un deportista semi aficionado, ganador de la categoría de maratones para mayores de cuarenta años. El típico héroe de segunda fila, también descubierto en una espiral de trampas y engaños que tiene muchos paralelismos con la de Lance Armstrong. Por lo visto encontró un agujero tecnológico en el sistema empleado para detectar la evolución de los corredores de maraton – y evitar trampas. Gracias a él consiguió muchos premios menores antes los que nadie se preocupa tanto. Hasta que empiezan a sospechar.

Paddled. Curiosa historia de un buen jugador de ping-pong que, al irse a vivir a China, pasa a convertirse en un jugador mediocre dada la diferencia de nivel en el país chino. Su interés por mejorar en una de las mejores escuelas de ping-pong del mundo, rodeado de niños pequeños.

Clear Eyes, Full Plates, Can’t Puke. Sobre las bizarras competiciones de comer lo máximo posible en un tiempo limitado.

Desenfadado artículo que detalla el gran secreto de estas locuras competitivas. El peor momento es cuando toca ir al baño después de uno de esos atracones. Cuando llega la llamada de la naturaleza uno tiene que correr, y el destrozo está garantizado. Es por eso que para estos competidores el vuelo de vuelta a casa es un momento muy delicado. Los que se lo pueden permitir, gestionan bien los tiempos de vuelta para evitar situaciones dramáticas en un avión.

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