Ucrania

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Érase una vez un país que se debatía, por su localización geográfica y su historia, entre sus vecinos del este y del oeste.

Los del este compartían un pasado a veces traumático, pero tenían mucho en común con ellos, cultural e históricamente. Hasta compartían el idioma.

Los vecinos del oeste sin embargo significaban lo nuevo, el futuro, que siempre se presume como mejor.

Cada vez que había unas elecciones, a diferencia de en otros países, la discusión entre derecha e izquierda era literal: unos defendían las relaciones con el este, otros con el oeste. Está claro que no importa quién ganara, el oponente siempre iba a tener un importante porcentaje.

En las últimas elecciones de este país ganó el este – digamos que por un 60% sobre un 40%. Se podría cuestionar si estas elecciones fueron justas o no, o si los oponentes tuvieron las mismas oportunidades – algo que casi nunca ni sucede ni importa. Pero fue el resultado electoral.

Las propuestas de colaboración que había sobre la mesa eran bastante diferentes. El este prometía mucho dinero en efectivo, sin condiciones. El oeste dejaba sobre la mesa una cantidad ridícula, pero prometía el infinito, siempre y cuando se fueran cumpliendo sus condiciones.

Llegaba el momento de decidir qué acuerdo tomar. El gobierno optó por la que parece una decisión inteligente – se pueden tomar decisiones acertadas incluso cobrando maletines – asociarse con el país que prometía más por menos. Pero a pie de calle se veía como una simple decisión entre un amor viejo y uno nuevo.

El pueblo ni entiende de cifras ni parece que le importen demasiado, hasta que estás acaban llegando a sus bolsillos.
– ¿Un acuerdo con Suecia o con Kenia?
– Prefiero con Suecia.
– ¿Has leído el acuerdo?
– ¿Había que mirarlo?

Y como no echaban mucho el televisión, los miembros de ese 40% que había perdido las elecciones, se echaron a la calle a protestar. Como siempre ocurre con cualquier tipo de protesta, no hay forma razonable de manejarla. Si eres blando, los manifestantes se crecen. Si eres duro, se enfadan. Al final la protesta se fue recrudeciendo.

La prensa del oeste, a la que le encanta la democracia popular y las buenas fotos, se volcó en difundir las manifestaciones en este dividido país. Hasta el punto de dejar en un segundo plano a Venezuela, histórico favorito para mostrar imágenes que hacen que parezca que está al borde de la guerra civil.

El mensaje de la prensa, siempre benévola en sus intenciones, era sin embargo que en este país el gobierno estaba tomando decisiones impopulares, sin tener en cuenta a la gente de la calle. También la prensa se ensañó en mostrar que el oeste estaba tendiendo la mano: queremos ayudaros, venid con nosotros.

Que murieran 100, 1.000, 100.000 personas en esas manifestaciones, no cambia ni una coma de que el gobierno – corrupción de por medio o no – había tomado una decisión económica probablemente muy acertada, e importante para un país que se encontraba en una delicada situación económica.

Llamativo era, sin embargo, que el oeste, famoso por su defensa de la democracia como el mejor de los gobiernos posibles, estuviese tan contento con que un gobierno democráticamente elegido tuviese serios problemas para sobrevivir merced a revueltas civiles. Está claro que los gobiernos pueden tener agendas secretas, pueden tratar de usar mano izquierda para conseguir que ese país tan problemático firmara el acuerdo que ellos querían. Pero, ¿Y la prensa? ¿Por qué tenía que ofrecer un apoyo tan trapero, con una lectura de discurso tan simplista? En el oeste todo el mundo tenía claro quiénes eran los buenos y quiénes los malos. En el este sin embargo, un relativo silencio imperaba.

Como no podía ser de otra forma, las cosas se fueron de madre y acabó dimitiendo casi todo el gobierno de ese país. El presidente tuvo que abandonar la capital. Un gobierno interino, formado por la oposición a los que ganaron las elecciones, tomó el control del país.

Este gobierno se encontró con un país bastante peor a como estaba antes de que comenzaran las revueltas. Mientras la gente protestaba en la calle, los recibos de la luz y el gas seguían llegando religiosamente. Los intereses de la deuda habían aumentado, una deuda que de por sí ya era bastante molesta.

En el oeste la prensa se jactaba del triunfo de la democracia. Realmente costaba creerlo, con solo usar un poco de imparcialidad. Nos interesaba esta democracia porque es la que se quería aliar con nosotros. Pero no es el tipo de democracia de la que hablan los libros de texto, en que los votos de retrasados mentales, personas que no saben leer y de jubilados deciden quien gobierna un país.

Al final el oeste se había salido con la suya: tenía un nuevo gobierno y el acuerdo sobre la mesa, dispuesto a ser firmado. Pero tras ser pisoteados e ignorados durante varias semanas, el 60% que había perdido la manifestación empezó a hacerse notar. Al parecer, también querían formar parte de las decisiones de su país.

Y fue entonces cuando se produjo un extraño giro de los acontecimientos: una parte de ese país, donde los simpatizantes con el este eran la inmensa mayoría, decidió realizar una revuelta. En este caso la revuelta no fue sangrienta, ni hubo represión policial o militar. Casi toda la población estaba de acuerdo. Aunque a ojos del oeste, se trataba de una revuelta ilegal. Que extraña doble moral: manifestarse con cócteles molotov sí era democracia.

Y esta región de este problemático país tiró de democracia de libro: votaron en su parlamento que querían irse con el vecino del este. Pero por si acaso, convocaron también un referéndum, que se votó y ganó por una mayoría que no se consigue ni con las elecciones manipuladas de algunos países de África. ¿Si la gente vota, no es democracia directa?

Pero no, al parecer la base de la democracia tiene más que ver con que las fronteras de un país no cambien jamás, aunque luego la historia nos recuerde que están en continuo movimiento.

Desconcertado, el país del oeste decidió cargar contra el del este: era culpa suya. Pero por si acaso lo hizo de forma velada, amenazando con amenazar. Porque al final, ese país del este tenía la clave a gran parte de la distribución de energía que necesitaba el vecino más democrático.

¿Pero por qué un país tan moderno e inteligente se mostraba tan frágil en un aspecto tan estratégico? En gran medida porque la energía siempre ha sido una cuestión impopular. La gente quiere pagar lo menos posible, y no le importa el acuerdo que se firme para ello. Si un gobierno democrático quiere quedarse en el poder, tiene que poner sobre la mesa un recibo de la luz asequible. Nadie está dispuesto a pagar más por tener más libertad en el futuro. Las alternativas reales – energía nuclear y renovables – hacen perder elecciones.

La única forma de mantener la democracia en el oeste era firmando un acuerdo energético con el este. Pero ese país dividido entre el este y el oeste tendría que haber firmado el acuerdo con nosotros.

Las actitudes directas del este pueden resultar chocantes, demasiado bruscas para la actitud velada, pasivo-agresiva, femenina, de los gobiernos más democráticos. Si piensas en los dirigentes del este y el oeste, como si fueran dos padres que vienen a defender a sus hijos tras una disputa en el colegio, está claro que todo el mundo querría que su padre fuera el tipo duro del este. Pero como nos ha tocado el otro, tenemos que racionalizar, nuestro padre y sus formas veladas, son el camino.

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Palacio para perros

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Los anuncios por palabras son un fascinante mundo, lleno de de ventas intrascendentes, ofertas imposibles y algunas joyas que no deben dejarse pasar.

Un anunciante que parece ser un gran amigo de los animales.

Tengo un palacio par perros gran espacio para jugar avitaciones independientes para dormir de noche atencion constante estaran encantados disfruta tus vacaciones ellos estaran vien cuidados te estreñaran pero tanbien estan de vacacione ya que es un entorno distinto al que estan abituados solo 5 euros dia y commida ven aver las intalciones vas a flipar nada de jaulas gran espacio plasas limitadas apurate y no lo dejes en una jaula el no lo merese

Parece una oferta interesante para dejar tu perro durante el periodo de vacaciones. Pero cada vez que veas un anuncio, debes indagar el número de teléfono de esa persona. Porque si no es trigo limpio, puede que haya dejado algún rastro por internet.

En este caso, el mismo anunciante del palacio para perros, ofrece su casa a quien necesite compañía.

Ola nesecito copañera de casa vivo solo con mis perros que cuido y la casa es muy grande no tendria gastos solo su consumo yo pago todo lo demas avitacion independiente con llave no busco sexo solo compañia por si me pasa algo de noche tengo guasa hay internet llamame y ablamos. Playa a unos 3 kilometros.

El anuncio muestra a un amante de los animales que, no obstante, echa en falta la compañía de alguna amiga. Y es capaz de ofrecer su casa sólo por no sentirse solo. De nuevo grandes muestras de su humanidad.

Pero la fotografía que acompaña a este anuncio ya despierta ciertas suspicacias.

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Aunque el anuncio habla de una playa a 3 kilómetros, si la foto está tomada desde la casa, parece que estamos a considerable altura sobre el nivel del mar, aparte de que la vivienda está en medio de la nada. No creo que el acceso al mar sea muy claro.

El siguiente anuncio, bajo el título “¿Quieres ser libre?” es más inquietante.

Ola, tus padres te quieren controlar porque vives con ellos y saven que no tienes a donde hir pues se cabo te ofresco mi casa vivo solo casa de 4avitaciones 3 baños dos planta piscina ballada pago la lus el agua todo a canbio de comerte el coño dos ho tres veces por semana tu haces tu vida y yo la mia y si no trabajas te doy alimentacion hay internet solo eso comerte el coño es el precio de ser librete gusta tengo wuasa ablamos vale canbia tu vida sal de la rutina chicas entre 20 y 35 años. Edad 60 años

Empieza con el tono de ONG para bruscamente saltar a una descarnada propuesta sexual, que además hace presagiar unos gustos sexuales bastante bizarros. ¿Qué fue de ese hombre falto de compañía y amante de los animales? La oferta es desquiciante: sal de la rutina; vete a vivir con el Hannibal Lecter malagueño.

La nueva foto del anunciante es de agradecer.

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Y otro anuncio más, la subida de tono ya es brutal.

Casa sola ballada con piscina si quieres dejar a ese capullo que lo que hace es joderte la vida ven conmigo sin compromisos tu hqces lo que quieras solo tendremos sexo dos hotres veses por semana comerte el coño no follar y masturbarme si deceas hacer algo mas te complasco pero el trato es ese no le aguqntes mas a ese jilipolla que no te valora te espero chao tengo wuasa. Playa a unos 3 kilometros.

Haces lo que quieras, pero tienes que hacer lo que te digo que es más específico que las reglas del ajedrez. ¿Tu novio no te valora? Vete con un viejo depravado de salud mental cuestionable.

El último anuncio que he encontrado de este presunto potencial asesino en serie, es un puro desquicie:

Si no tienes donde vivir y tienes hijos y una esposa que seas capas de compartirla conmigo acanbio de vivir sin pagar alquiler ni agua ni lus solo tendrias que dejarme comerle el coño delante deti ho hacemos u trio y vivimos como una familia si no tienes hijo me da higual vivo en nueba andalucia casa solitaria ballada tengo guasa puedo mandarte fotos. Playa a unos 3 kilometros.

El palacio de los perros se convierte en un lugar de pesadilla donde puedes compartir tu mujer con el psicópata del Peugeot. La especificidad de la propuesta sexual es casi dolorosa.

En uno de los anuncios parece que se da una indicación de la ubicación de la casa (Calle Hércules 139, Marbella, ver alrededores en Google Maps). Si no tuviste bastante con las temporadas de Dexter, agrega al Whatsapp a este anunciante, o directamente pásate por su casa a saludar.

Actualización:

Parece ser que tan imaginativo anunciante es un conocido refugiado político.
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La vida en la cárcel

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Uno de los libros más antiguos que tenía en mi lista de deseos de Amazon era el titulado “Tu vas a ir a la cárcel” (You Are Going To Prison). Nunca lo llegué a comprar por el prohibitivo precio (45$, sin versión electrónica).

Hace unos días, revisando la lista en busca de libros que se hayan empezado a editar en versión electrónica, decidí buscar libros relacionados con este: no puede ser la única guía que exista sobre lo que a uno le espera en la cárcel. Y fue cuando di con “Dentro: La vida tras los barrotes en Estados Unidos”Inside: Life Behind Bars in America. Con buenas opiniones y buen precio, decidí comprarlo.

El libro trata sobre eso: cómo es la vida real en una cárcel de Estados Unidos, desde el punto de vista del prisionero. Está contado desde dentro de la cárcel por alguien que pasó 25 años encerrado por un delito de tráfico de drogas que sí había cometido. Michael G. Santos entró en prisión con 21 años y una condena de 45 años que consiguió reducir a los 25 años antes citados.

No es que el libro me parezca interesante o muy bueno. Es que se trata probablemente del mejor libro de no ficción que he leído en mi vida y desde luego el que más es disfrutado en muchos años.

El autor continuamente tiene que excusarse, como ha sido un traficante de drogas y un preso se asume que todo lo que cuenta tiene una parte de mentira, aparte de que se ve obligado a cambiar las historias para evitar incriminar a los implicados que conoció de primerísima mano. A pesar de tener que reafirmar que lo que está contando es cierto una y otra vez, al margen de que ese libro se ha tenido que escribir parcialmente en cuadernos, es una narrativa de gran calidad literaria. El estilo no desmerece del idolatrado Malcolm Gladwell, a veces un poco pasional al narrar situaciones realmente espeluznantes.

Cuando piensas que Michael G. Santos se convirtió en escritor no por vocación, sino porque no le dejaban hacer ninguna de las otras actividades en las que se mostró interesado (desde la cárcel consiguió una carrera universitaria, luego un doctorado, pasó a interesarse por la bolsa, ganando una fortuna en la burbuja punto com, todo esto rodeado de criminales peligrosísimos y continuos ajusticiamientos internos) se te quitan todas las ganas de escribir hasta en Twitter.

Si te gustan las películas carcelarias, este libro te fascinará. Aprenderás un montón. Y te portarás mucho mejor. No dejéis que la tentación de leer un resumen os arruine una gran lectura. Pero si os da igual, seguid leyendo:

El libro comienza con el dato de que de la población actual de Estados Unidos, se estima que 20 millones de personas pasarán por la cárcel. Es un dato escalofriante, que muestra que es un texto con un público potencial alto.

El autor hace un recorrido por su vida en prisión, pero tratando de ser exhaustivo utilizando comentarios de amigos de la cárcel para aquellas experiencias más extremas que sólo pudo conocer de oídas.

Uno de los detalles que más llaman la atención es la diferencia entre las cárceles. En muchas películas vemos cómo los fiscales negocian no ya la condena, sino la prisión a la que irá el acusado. Y es que hay una enorme diferencia entre prisiones de máxima, media, baja y mínima seguridad, incluso entre aquellas estatales y las federales (las estatales son mucho más tranquilas). Y por encima de todas, las supermax, prisiones delirantes donde la mayoría de los presos sólo tienen un objetivo en mente: matar y hacer daño. Un tipo de cárcel donde Hannibal Lecter encontraría personajes de su talla.

Todo el mundo siente la tensión, la posibilidad constante de violencia letal.

La vida en prisiones de máxima seguridad tampoco es un juego de niños. Muchos prisioneros van a todas partes con un arma casera, por lo que pudiera pasar. Uno de los trucos para esconder este tipo de artilugios, es hacerlo en las zonas comunes de la prisión. Son lugares que se registran con menos regularidad y que, en caso de ser descubiertas, no arrastrarían ninguna sanción al dueño del arma.

Las descripciones del armamento más común son muy interesantes, en parte se alejan de lo que uno suele ver en las películas.

Por encima de todo el autor, que quiere mostrar la falta de cualquier valor educativo en el sistema penitenciario, muestra el dolor a que se enfrenta una persona que se arrepiente de lo que ha hecho y está dispuesta a cambiar. En la prisión la máxima prioridad es la seguridad de los carceleros, que evitan cualquier tipo de actividad – aunque sea formativa – con tal de limitar el contacto con el mundo exterior al mínimo. Para Michael Santos la cárcel sólo queda como un sitio donde perder:

La mayoría de mis 20, todos mis 30 y casi todos mis 40 (años).

Además, dentro de la prisión se destruye cualquier preconcepción social con que uno ingresara.

Mientras que en la calle suelen ser las personas más educadas las que alcanzan los puestos de mayor estatus social, en la cárcel impera un conjunto de valores totalmente diferente. Los convictos por dirigir grandes cárteles de droga y los que tienen contactos con el crimen organizado son la élite.

Para muchas mentes pervertidas de la prisión, la capacidad de infligir miedo es una cualidad por encima de todas las demás.

En la cárcel tu reputación lo es todo. No puedes permitir bajo ningún concepto tener una mala imagen o tendrás que atravesar un auténtico infierno en vida.

En las prisiones de alta seguridad, si alguien llega a ser conocido por ser un soplón, nunca podrá redimirse ante los ojos de la incapaz de perdonar población reclusa. Caerá en el ostracismo. No le dejarán sentarse en el comedor, usar el área recreativa, ver la televisión. Un hombre así no encontrará la tranquilidad en ninguna parte.

En las prisiones de máxima seguridad la violencia es constante.

No pasaba casi ninguna semana sin que se oyera a los guardas correr para ayudar a un hombre que estaba siendo apuñalado o apaleado.

No es lugar para blanquitos. Las historias de violaciones son peores a como se ven en las películas. Puede suceder que el violador sea incluso tu compañero de celda. Ante una situación así, la única opción es estar preparado para luchar hasta la muerte. Los problemas no se pueden evitar y acudir a los carceleros puede generar todo un nuevo abanico de problemas. Pero las dificultades pueden ser muy diferentes, también puedes ser extorsionado en la cárcel: ser obligado a entregar una determinada cantidad de dinero cada mes a determinados presos.

Pero si algo me ha sorprendido del libro es la posibilidad de tener sexo con mujeres dentro de la cárcel. Los guardas de prisiones son de ambos sexos y en algunos casos acceden a tener relaciones con prisioneros. Muchas veces es por el dinero – una mujer de físico descuidado consigue cobrar tanto como una actriz porno de primera fila en la calle. Otras veces por habilidades seductivas de los prisioneros: los chicos malos siempre son populares, en la cárcel suelen estar los más malos de todos. La carrera profesional de una mujer que se acueste con un preso termina abruptamente, incluso se arriesga a pasar al otro lado de las rejas. Pero entre los carceleros siempre hay gente mal pagada y con poca educación. La línea que les separa de los prisioneros a veces es mínima. Conseguir corromperlos suele ser relativamente sencillo.

El libro muestra un aspecto que poco se ve en las películas: la economía de las prisiones es diferente a la del mundo exterior. En la cárcel todo es posible, pero a precios hasta 10 veces superiores a los de la calle. Es por ello que, al ser un mercado relativamente grande, las posibilidades de grandes beneficios son importantes. En la cárcel hay drogas, tabaco, alcohol, suplementos nutricionales, hormonas y prostitutas. Casi todo el mundo necesita algo y se ve obligado a pagar el precio de mercado. En determinados casos presos importantes dentro de la jerarquía carcelaria son los que mantienen a sus familias en el exterior. Incluso algunos ganan más dinero estando en prisión que cuando estaban fuera de ella.

Los presos que tienen un modo de vida legal, con trabajos dentro de la cárcel y sueldos ridículos (0.8 euro la hora) consiguen ahorrar en muchos casos más que personas libres, al no tener apenas gastos y poder economizar durante décadas, como verdaderas hormigas. Un preso detenido durante décadas puede salir con ahorros conseguidos honradamente de más de 5.000 euros.

En la lucha por la rehabilitación, muchos presos se encuentran con todo tipo de dificultades para aprender una profesión o realizar estudios. En muchos casos uno debe elegir entre una prisión de mínima seguridad – donde desaparecen muchos problemas – o poder continuar formándose para su futura rehabilitación. Un traslado de cárcel puede significar que no se te permita completar una carrera universitaria.

El autor se vio obligado a buscar una ocupación alternativa para matar las largas horas de confinamiento, tras encontrar problemas para continuar sus estudios en prisión. Probó con los mercados de valores con cierto éxito, hasta el punto de declarar ingreso de más de 150.000 dólares en un determinado año. Todo esto contándole por carta a su hermana qué comprar y qué vender. Y también tuvo que dejar esta actividad porque le fue prohibida por las autoridades carcelarias.

El libro te traslada a un mundo caótico y brutal. Te dan ganas de portarte bien y alejarte de cualquier problema. Incluso de desear la cárcel a cualquiera, aunque sea familia real.

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Definición de hoygan

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hoygan
No hay una definición clara para hoygan. Podría decirse que es un usuario de internet, con escasos conocimientos de ortografía y gramática, tendencia al uso de mayúsculas y discurso narrativo un tanto onírico.

Pocas palabras más atinadas para definir este vago concepto que la elegida de ‘hoygan’, pues incluye la misma esencia del término:
dolorosa falta de ortografía y error de concordancia, falso amigo, adelanto de una petición y desconocimiento del foro al que va dirigido el mensaje.

Tras este intento de definir a tan complejo concepto, me gustaría entrar en la definición de la persona hoygan. En primer lugar, definamos cómo es esa persona fuera de su forma de escribir en Internet. Me lo imagino como un hombre entre 30 y 50 años. No tiene estudios medios. Algunas prendas de vestir que usa: chaqueta plumón, chandal con colores brillantes, previos a la irrupción de Decathlon, riñoneras y descoloridas camisetas de publicidad. No renuncia a las tecnologías antiguas, en tanto en cuanto los aparatos sigan funcionando. Usa a veces walkmans y diskmans y discos usb de 256MB regalados en cualquier promoción. Es una persona pragmática, usando gafas de sol graduadas de tipo flip up. Tiene algo de sobrepeso y mucho pelo en la espalda.

Salgamos ahora de la pura especulación para entrar en terreno firme. Estos son los puntos que definen a un hoygan.

Uso de mayúsculas. Los textos que escriben los hoygan tienen tendencia al abuso de mayúsculas, normalmente todo el texto está así. En un internet dominado por la publicidad, el usuario tiene la sensación de que su comentario o mensaje será insignificante ante la abundancia de títulos, imágenes y otros elementos destacados. El hoygan, antes de empezar a escribir su mensaje se para uno o dos segundos. Mira el cuadro en blanco y piensa “voy a darle a bloqueo de mayúsculas para que se va bien el mensaje, pues el mío, es importante”.

No obstante la prevalencia de las mayúsculas, hay veces que el hoygan decide usar las minúsculas. Es entonces cuando aparecen textos barrocos, con palabras donde un porcentaje de las letras están en mayúsculas y otro en minúsculas. Me atrevería a decir que el motivo por el que hace algo así es porque no distingue entre el botón de bloqueo de mayúsculas y el de mayúscula normal. Llega un momento en que nota la extraña capitalización, pero en lugar de corregirlo, se limita a continuar escribiendo todo en mayúsculas.

El concepto de hoygan engloba una petición. Podemos escribir en Internet para opinar sobre un tema, pero el hoygan en si mismo lo hace, casi siempre, con la intención de solicitar algún tipo de ayuda. Al tratarse de una persona con la autoestima muy alta, entiende que su problema es bastante más importante que el de los demás y espera atención prioritaria, directa y, a ser posible, inmediata.

El hoygan tiene una forma de trabajo bastante metódica. Realiza una búsqueda en internet, nunca empleando menos de 4 palabras, normalmente mediante una frase completa. De los resultados que le ofrece el buscador – que casi nunca es Google porque tiene el ordenador infectado de spyware que cambia tu herramienta de búsqueda por defecto, entre mil otras diabluras – elige el primero, y trata de localizar un cuadro de texto seguido de un botón. Si la pregunta trata sobre un personaje famoso, el hoygan asume que ese famoso estará leyendo su mensaje. Sólo en esos casos puede tratarse de un texto que no implique una petición implícita, llegándose al caso de escribir un simple mensaje de agradecimiento, sin pedir nada a cambio.

Pero lo normal es que sea un mensaje de petición que, sin embargo, casi siempre aborda algún tipo de ilegalidad o actitud deshonesta. El hoygan quiere saber cómo conseguir cosas gratis, saltarse protecciones de productos, conseguir más por menos. A veces pregunta por personas desaparecidas de su vida – algún motivo tendrían para ello. En la misma descripción de su petición el hoygan se cataloga como persona zafia y trapera; ave de rapiña capaz de vender a su madre por un mechero con publicidad. A menudo su problema ha sido causado por un intento de engaño a otros, que en todo momento negará.

A la hora de formular su pregunta, el hoygan incluye todo tipo de detalles accesorios, innecesarios y a veces directamente bizarros. No es extraño que presente su petición con una introducción en que da importantes nociones de su biografía. Sin necesidad de ocultarse bajo seudónimos, suele mencionar sus nombres y apellidos completos.

El hoygan se salta la etiqueta de cualquier foro o formulario de consultas. En lugar de esperar una respuesta por el mismo medio, suele dar datos de contacto privados, como su número de teléfono o dirección de correo. A pesar de que resulta muy improbable que alguien le responda por ese medio, casi con total seguridad escribirá su dirección de correo mal, con alguna letra cambiada (a veces es tan obvio como ser del tipo @HOSMAIL.COM), con lo que resulta totalmente imposible que reciba su respuesta.

Lo más triste es ver cómo en muchos casos la gente responde a sus complejas peticiones, usando el mismo foro donde él preguntaba, y ver cómo el hoygan jamás volvió allí para leer la considerada respuesta. Leer esos mensajes de ayuda que predican en el desierto suele causar más pena que un documental sobre campos de exterminio nazi.

Al margen del “hoygan de libro” existen actitudes que podríamos calificar de hoygan. En toda empresa siempre hay una o varias personas que suelen gestionar pobremente los botones de “responder” y “responder a todos”, creando malentendidos o situaciones directamente bélicas. Este tipo de hoygan empresarial suele anunciar que envía un correo con archivos adjuntos, recreándose en la descripción de dichos archivos, para luego, no enviarlos. No es infrecuente que al ser advertidos de su error, vuelvan a cometer el mismo despiste en su sucesiva respuesta.

Otra actitud hoygan es la de aquellos que entran al trapo de una pequeña broma con salidas de tono super violentas, rozando la amenaza de agresión física. Esta entronca con la innata personalidad del hoygan; Tras su educada petición de ayuda siempre se suele esconder una persona problemática, marginada y despreciable.

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Luis Aragones

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Ningún entrenador habría ganado la Eurocopa de fútbol de 2008, salvo Luis Aragonés. Pero cualquier entrenador habría ganado el mundial de 2010, después del trabajo hecho por Aragonés.

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Novena Sinfonía de Schnittke

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Alfred Schnittke compuso algunas obras breves en 1997 y también una Novena Sinfonía; su partitura era prácticamente ilegible porque el compositor escribía con gran dificultad con su mano izquierda [arrastraba numerosas enfermedades y estuvo clínicamente muerto en varias ocasiones]. La Novena Sinfonía se estrenó el 19 de junio de 1998 en Moscú, en una versión descifrada – por no decir también que arreglada – por Gennadi Rozhdestvensky, quien la dirigió en su estreno. Después de escuchar una grabación de la actuación, Schnittke indicó que rechazaba dicha versión de su obra.

Schnittke murió en Hamburgo en 1998. Después de su muerte, otros trabajaron para descifrar dicha partitura. Nikolai Korndorf murió antes de poder completar la tarea, que fue continuada y completada por Alexander Raskatov. En la versión de Raskatov, los tres movimientos para orquesta de la sinfonía de Schnittke pueden ser seguidos por una obra coral en el cuarto, una obra propia de Raskatov, Nunc Dimittis (in memoriam Alfred Schnittke). Esta versión fue estrenada en Dresden, Alemania, el 16 de junio de 2007. Andrei Boreyko también tiene una [tercera] versión de la sinfonía.

Fascinante la locura de esta sinfonía que tiene tres versiones, y que posiblemente no tengan nada que ver entre sí. Alexander Raskatov, al incluir una obra suya en el cuarto movimiento, demuestra tener más cara que espalda. Es un movimiento ingenioso, como el del compositor que incluyó “Plutón” en Los Planetas” de Gustav Holst.

Esta sinfonía se une a tantas otras malogradas en la famosa maldición de la Novena Sinfonía.

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10 años

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Llevo 10 años manteniendo esta página. La primera letra del primer artículo publicado fue una L, desde entonces, algunos cientos de miles han ido filtrándose por Internet. Del total anonimato fui pasando por etapas de cierta popularidad, hasta ahora, un periodo de claro declive y vuelta al anonimato.

En varias ocasiones he explicado ese empeoramiento: con el paso del tiempo, cada vez cuesta más dedicar tiempo a tareas improductivas. Al mismo tiempo, la emoción de que muchos lean lo escrito es cada vez menor. Miro el contador de visitas una vez al mes, o incluso menos. He tenido la página caída dos o tres días seguidos, sin saberlo.

También noto una evolución personal, antes me fascinaba más lo sorprendente, lo único. Ahora es casi rutinario el descubrir cada día docenas de novedades. Lo científico casi me aburre, no hay nada como la compleja irracionalidad de las relaciones humanas. Pero al mismo tiempo es mucho más difícil escribir sobre ello. Y del mismo modo, resulta menos interesante de leer, y más cuestionable.

Nadie recordará especialmente ese artículo, pero creo que Couchsurfing en España es uno de los mejores artículos del blog. Es totalmente contenido original, desde experiencias personales y conversaciones con docenas de personas. Es personal, y trata de ser honesto. Puede compararse con “La compra de Alaska“, un artículo del 2008, bastante bien escrito, que llegó a estar enlazado desde la Wikipedia. Ni una sola opinión negativa al mismo, nadie llamándome mezquino o rancio.

En diez años, han cambiado muchas cosas en Internet y en mi. Cada uno hemos seguido un camino diferente. Es por tanto inevitable que lo que yo escriba cada vez interese menos. El último año, con intención de no dejar de intervenir, empecé a usar Twitter. Ha sido una experiencia favorable, pero el resultado me parece totalmente descorazonador. Tener nada más que 100 seguidores es una marca patética, pero una buena medida de que lo que digo no tiene ya tanto interés para otros.

Twitter ha acabado con las referencias, con las citas, con los enlaces. Ya sólo queda el titular. Por supuesto, se pueden seguir escribiendo artículos extensos, pero la mayoría ya no está interesada en ese contenido.

No obstante, sé que tengo la razón, que lo que he escrito es valioso e interesante. Y como prueba, este twit, que todo el mundo ignoró, porque no era divertido ni sorprendente. La única recomendación de compra en bolsa que he publicado en mi vida, porque recomendar cien cosas y que diez salgan bien, es fácil. Ese fue mi guiño y la forma de deciros: hay mucho ruido, ignoráis casi todo y mucho de lo bueno. Quien hubiera seguido ese consejo, hubiera sabido valorarlo, hoy tendría el doble de dinero. Vuelve a tu historial de Twitter, mira lo que hiciste el 24 de junio, la de tonterías que retuiteaste. Si sigues a 100 personas, haces bien en ignorar lo que pongo, o no dedicarle más de un segundo al día.

Lo peor de mi evolución personal es que poco a poco he ido interesándome por cuestiones más contradictorias y polémicas. En muchos casos tengo ideas para artículos que ni me planteo escribir, porque aunque fueran material muy original, sería demasiado controvertido. Y la libertad de expresión no existe, no voy a publicar algo que no me traiga nada positivo y sólo pueda recibir opiniones negativas, amenazas o denuncias.

Con el paso de los años, los blogs vuelven a su verdadera esencia: el contenido personal, la batallita, lo que te sucedió a ti interesa a otros. Al margen de eso, sigue existiendo mucho profesional del blog, que ahora se gana la vida dignamente. Aunque he tratado de ser lo más aséptico posible, todo el contenido de la página ha sido un velado desgranar de mi propio día a día. Los ocho muebles que no quieres ver en un piso de alquiler: me estaba mudando por enésima vez. The year of the car, tras vender mi coche y contar mil andanzas con él. Jubilación anticipadísima, el libro que leía cuando iba al trabajo y tomaba fuerzas para despedirme, a pesar de la crisis y de tener un sueldo de locura. Tener un blog anónimo y no anunciar despidos, separaciones, cambios de residencia, mudanzas, ha sido complicado. En algunas de las épocas más complicadas de mi vida he publicado artículos totalmente frívolos y hasta hilarantes.

Empiezas un blog, tienes una lista de ideas que te gustaría plasmar. Y luego surgen otras. De la lista inicial, que tenía en la cabeza antes de escribir la primera L, aún hay dos que no he conseguido publicar. El compañero de estantería, y Vodka Rachmaninov. El primero, porque dije que sería aquel con el que cerraría el blog. Pero las promesas están para no cumplirlas.

El compañero de estantería parte del hecho de que todo el que escribe dos palabras juntas tiene el sueño de que, tal vez en un futuro, podría escribir un libro. En la inmensa mayoría de los casos, ese libro será una pésima idea y peor lectura. Ahora bien, imagina que ese libro estuviera publicado y hubiera sido un éxito. Pasado el subidón de encontrarlo destacado en las librerías, llegaría el reposado momento de verlo campar en bibliotecas públicas, junto a tantos grandes.

Ve a una biblioteca pública. Busca ese libro. Obviamente no está porque no existe. Pero ve a esa estantería. Y, simplemente, toma el libro que haya al lado. El que apoyaría su contraportada en la portada del tuyo. Ese, es el compañero de estantería.

Lo que sigue no es una extraordinaria narrativa, pero es una historia realmente chocante para mi. Que otro día terminaré.

Ahora bien, la verdadera historia definitiva es la de vodka Rachmaninov. Grandezas y miserias a partes iguales, como en esa bebida: vodka barato con el nombre de un glorioso compositor.

Aunque me cueste mucho más escribir, el blog sigue vivo. Me falta esa energía que tenía de joven para perder el sueño escribiendo sobre algo que me llamó la atención. Ahora me llevo esos pensamientos a la cama y por la mañana, han muerto para siempre.

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Ricart

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Esta noche muchos de vosotros saldréis a tomar algo, algunos no tendréis pareja y fantasearéis con una gordita que os haga felices. Pero la triste realidad es que volveréis a casa solos y con algo menos de felicidad.

Sólo quiero que penséis que mientras lamentáis vuestra situación, Miguel Ricart, uno de los asesinos de Alcasser, condenado en 1997 a 170 años de cárcel por violar y asesinar a 3 niñas, acaba de salir de la cárcel. Y a diferencia de vuestra situación, ha tenido, en su estancia en prisión, comunicación con decenas de mujeres que, simplemente, están esperando a que salga de prisión, para intentar una vida en común con él.

Mientras tú, una persona normal con una vida normal, luchas por conseguir a alguien, uno de los peores asesinos de España en los últimos 20 años, tiene donde elegir. Ese es el mundo en el que vives.

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EBE 2014

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El EBE, inicialmente Evento Blog España, es un congreso sobre Internet en español que se viene celebrando durante al menos cinco años en Sevilla. Se dice que es el evento de Internet con más asistentes de todo el Internet en español.

Así contado, suena muy bien. En un fin de semana largo se realizan diversas presentaciones y grupos de trabajo sobre todo tipo de asuntos relacionados con Internet. Se abarcan los móviles, juegos, programación, Twitter, activismo social, marketing, seguridad y un largo etcétera.

Aunque siempre me he mantenido al margen de todo tipo de reuniones sociales, en mi afán de publicar contenidos de calidad, no dejaba de tener la duda de cómo sería algo así. ¿Me estaría perdiendo algo que podría relanzar mis visitas a los 100 usuarios únicos diarios?

Así, decidí hacer un esfuerzo y ahorrar para pagar la cuota de inscripción de 20 euros. A poco para que comenzara el EBE, el programa no estaba cerrado. Cuando digo que no estaba cerrado me refiero a que diez días antes de empezar no se sabía más que de 4-6 conferencias. Y lo que se sabía era sólo el título y quién la daba. El programa completo no lo supe hasta un par de días antes de que comenzara.

Teniendo en cuenta que en los días de vino y rosas, cuando la B de EBE significaba blogs, habían acudido los pesos pesados de Internet en España (Microsiervos, Escolar, Dans, Torbe) entiendo que con la crisis y la pérdida de patrocinios, se han tenido que reorientar hacia ponencias menos “pata negra”. Y es muy posible que hasta el último momento hayan estado esperando que alguno de los grandes quisiera participar a un “precio de amigo”. No sé las causas reales. Sólo indicar que presentar el programa con tan poca antelación es muy poco serio.

Me fui para Sevilla con mucha ilusión, porque me gusta lo totalmente desconocido. La ubicación del congreso era en el Palacio de Congresos de Sevilla. No me gustó “porque estaba donde Cristo perdió el mechero”. Pero vamos, eso es como quejarse de que Madrid no tiene playa. Un congreso grande tiene que hacerse así, y los organizadores no tienen culpa alguna de que la ciudad esté mal hecha.

Total, que fui a por mi acreditación y ahí estaban un par de niñas que colocaban las pulseras y te daban una bolsa de bienvenida, que bien podría llamarse bolsa de basura, si no fuera porque las bolsas de basura, desde que las cobran en el supermercado, son de un material superior.

A mi las pulseras me gustan cuando vas a un hotel de “todo incluido” y puedes estar peligrosamente borracho a cualquier hora del día. Pero para un evento donde luego tienes que hacer vida normal, me parecía innecesario. Aparte te daban una de esas acreditaciones al cuello que se pone uno para que se note que se es uno más, pero que en este caso no servía para nada. Además estaba en blanco, con lo que podías escribir lo que quisieras. ¿Para eso querían todos mis datos? La acreditación no sirve de nada, pero hace que retrasados como yo nos sintamos especiales. La sensación cuando ves tu nombre escrito en el papel es positiva, como haciéndote pensar que te estaban esperando.

Luego me di cuenta de que para entrar en todas las charlas no hacía falta acreditación, no había control de ningún tipo y haber pagado los 20 euros, o no, no marcaba diferencia. Eso lo hacen en conciertos y partidos de fútbol: cuando el aforo es bajo se deja entrar a todo el mundo, pero sin que quede muy claro que hay quien ha pagado y quien no.

Lo que sí es de criticar era la fanfarria absurda relacionada con la pulsera. Asociabas tu número con una cuenta de Twitter/Facebook y cuando ibas a entrar en una sala, podías pasar la pulsera por un lector (de códigos de barra o QR, igual es) y eso hacía que se publicara un mensaje en tu cuenta indicando que estabas asistiendo a la charla.

A mi esa sobre tecnificación me pareció forzada, innecesaria y un gasto que podía haberse empleado en cualquier otra cosa.

Luego llegamos a las charlas. Los salones de exposición eran impecables. La realización, sin un sólo fallo de audio, iluminación o powerpoints.

La inauguración la daba un peso pesado de GreenPeace. El leitmotiv del Congreso era “Disrupción Global” y Juan López de Uralde iba a dar una charla titulada “Romper para avanzar”.

Al poco rato la gente abandonaba en desbandada la charla, sin ningún tipo de delicadeza. Lo cierto es que era un peñazo y dado que había una presentación alternativa en otra sala, lo lógico era abandonarla y pasar a la otra.

Y ahora vuelvo al asunto del programa que no se desveló hasta el último momento. Con una visual, sin haber podido consultar los perfiles de los conferenciantes, sólo veía un puñado de presentaciones de título pretencioso y contenido incierto. Teóricamente había cinco espacios diferentes, pero en la práctica se reducían a tres, pues el Hackaton, una sala donde se juntaba gente para programar, no tenía interés más que para los que allí estaban, y la Sala Verde proyectaba películas y cortometrajes que, obvia decirse, cualquiera puede descargarse gratuitamente desde la nube.

La temática “Disrupción Global” para el congreso era una tomadura de pelo. Cada charla era de su padre y de su madre y ninguna tenía que ver con eso. Para mi que usaron el nombre rimbombante que más usa algún blogger conocido, como cuando hablaban de la web social, Big Data, la revolución de los blogs. Términos de moda, pero vacíos de contenido.

Había en todo momento tres sesiones entre las que elegir. Hay que reconocer que se abarcaba temática muy diferente. Por un lado, charlas de temas que conozco, como una dada por el Country Manager de AirBnb y otras de asuntos que me son totalmente nuevos, como la programación de juegos para móviles. Pero en ambos casos ocurría lo mismo: la charla comenzaba con generalidades del tipo “para que se entere todo el mundo”. Luego el ponente “hablaba de su libro” indicando las bondades de su empresa/servicio y dando un tutorial sobre algo en lo que son expertos, pero no es el objetivo de la charla. Y luego, y este es el problema, nada más.

El principal problema de todas las charlas era que, o bien eran complejísimas para un neófito – pensando en gente como mi padre – o para cualquiera que supiera algo no aportaban prácticamente nada. Esa ambigüedad en el uso de la divulgación es quizás la bandera roja más importante y el aviso a navegantes que quiero dar. Lo más probable es que la charlas no te aporten nada. Porque cualquiera de vosotros sabe que en 25 minutos se pueden aprender muchas cosas.

A medida que el congreso se iba desarrollando fui perdiendo el interés por asistir a las charlas. Al mismo tiempo me parece delirante el uso de Twitter que se dio en las mismas. La gente se dedicaba a twittear “la frase molona” de los 25 minutos de charla. Y como había cientos de personas twitteando lo mismo, porque la gente se aburría y se ponía a escribir, se conseguía un trending tropic, que se anunciaba como el descubrimiento de un nuevo signo zodiacal. No importaba si la charlaba gustaba o no, si era profunda, novedosa. Trendi topi habemus.

Mucha red social, pero de Facebook no se hablaba, porque eso es para amas de casa. Pero Twitter es para hipsters con contrato de autónomo y Iphone a plazos. El abuso de Twitter llegaba al punto de que se usaba para formular preguntas, aún cuando había voluntarios (gente que trabaja sin cobrar) que tenían micrófonos. Se daba prioridad a las preguntas via Twitter que a las pronunciadas “al estilo antiguo”. También había un panel donde se iban mostrando los twitts de la gente sobre la charla en concreto. Casi todo eran obviedades y repeticiones de “frases molonas” del tipo “tu problema no son los clientes sino las facturas sin pagar” o “El que no está en Twitter no existe” o “Conseguir el primer millón es fácil, lo difícil es conciliar la vida familiar”.

Entre charla y charla se hacía networking, que es la forma moderna de decir “hablar con otros”. Pero el ambiente no daba pie a ningún tipo de interacción espontánea. La gente se agolpaba en largas colas para conseguir un café patrocinado. Se iba en grupitos a los que no tenía ningún sentido abordar. Nadie lo hacía, porque era más frío y hostil que intentar vender enciclopedias a domicilio. Realmente la motivación era mínima, esos asaltos tiene más sentido hacerlos a grupos de chicas en los bares.

Sin embargo muchos dirán que hacer networking es hablar con gente que ya conoces de otros eventos o que te siguen en Twitter. Puede ser, lo cierto es que tengo tan pocos seguidores en Twitter que es más probable que me encuentre antes con un liberado de la Doctrina Parot que con uno de mis seguidores.

En resumen, el ambiente era realmente poco propicio para compartir experiencias. Había unos cuantos puestos de productos de patrocinio que aportaban poco o nada. Todo se limitaba a las charlas y estas eran demasiado genéricas para aportar algo. Y ojo, no quiero quitar ningún mérito a los ponentes, que casi todos me parecieron personas interesantes con mucho que decir. Pero precisamente cuando llegaba ese momento, se acababa la charla.

Pero si el congreso me pareció una perdida de tiempo – que no de dinero – lo más abochornante, de largo, fue la fiesta.

En el mismo espíritu sorpresivo – improvisador – se anunció con pocas horas de antelación. Se iba a celebrar en cuatro pubs que estaban casi contiguos. Prometían que, al igual que otros años, ardería Troya. Descarté desplazarme a un garito donde podría haberme zumbado de una gorda cincuentona, para probar suerte en la fiesta del EBE.

Si lo de las pulseras me pareció forzado, lo de la fiesta necesita de palabras que no existen en el diccionario. Había una oferta de dos copas por seis euros pero para conseguirla tenías que comprar las copas online (sí, por Internet) y luego descargarte un código QR que mostrabas en recepción, donde te daban un ticket para canjear esa noche en los bares. Sí, tal y como te lo estoy contando, todo eso había que hacer para conseguir el descuento. Pero vamos, que es absurdo porque tenías que comprar las copas antes de siquiera pisar el pub, luego no tenías opción de comprarlas. Es decir, usar internet para una acción puramente offline. ¿Compro 2 o compro 4? Y todo eso de comprar online + código QR es como para reabrir Auschwitz para quien tuvo dicha idea.

La fiesta en sí misma, si tuviera que definirla en 140 caracteres, diría “Patética”. Lo peor era que podías leer por Twitter “lo bien que estaba la fiesta”, estando dentro de ella, tan aburrido como para mirar tu Twitter. Fue el típico bareto con cuatro gatos, donde no baila nadie, nadie está borracho, no hay mujeres, no hay buena música. Una buena fiesta es como las que reflejan “Resacón en las Vegas” y películas similares. Ya en el hotel, tan solo como mi gordita cincuentañera, pude leer por Twitter que la fiesta estaba en su apogeo, una pena que me perdiera lo mejor.

El domingo me levanté y nada más pude, de vuelta a casa. Es una pena porque Enrique Dans daba la charla de despedida. Seguramente me perdí lo mejor, como en la fiesta.

En resumen, esta es mi opinión sobre el EBE y un aviso para los posibles asistentes del año que viene. Criticar es fácil. ¿Cómo haría yo el EBE mejor?

1) Fomentaría el networking. Fomentar no es ponerlo en el programa. Obliga a la gente a que hablen con otros para un juego o cualquier tontería. En los hoteles lo consiguen hasta con jubilados de diferentes países. Dejad de mirar ejemplos por “networking” y ved lo que hacen en otros ámbitos. Es fácil.
2) Extender todas las ponencias. A mi me hubiera gustado que los ponentes tuvieran la opción de quedarse media hora más con parte del público, entrando en detalle en asuntos más interesantes, aunque no fueran tan genéricos y políticamente correctos. Eso se puede hacer en un cuarto pequeño y de pie.
3) Ponencias que de verdad sean para aficionados. Explicar claramente en el título que eso es para gente con poco o ningún nivel. Eso fomenta que venga gente.
4) Simplificar. Usar la tecnología cuando es necesaria. El abuso de Twitter me pareció patológico.
5) Ponentes con menos nombre. Cuanto menos conocido era el ponente, mejor me parecía la charla. Algunos estaban muy nerviosos, por la falta de práctica, pero lo que decían estaba más preparado que lo que contaban los expertos que soltaban un chorro vacío de contenido.
6) Hacer una sección para niños. Aunque sea sólo ponerle películas, pero eso atrae televisiones y aumenta las cifras de público.
7) Hacer una fiesta en condiciones. Premiar al que se beba más copas. Traer mujeres de fuera, aunque sean putas.
8) No ir a lo último. Los blogs siguen siendo interesantes. Se puede profundizar sobre tecnologías que ya todos conocen. ¿Hacia dónde van? Evitar el esnobismo de “internet para guays” e “internet para amas de casa”.
9) La foto de familia, y perder casi una hora en organizar eso, es algo totalmente prescindible. Aparte que se nota que no había tanto público como luego se anuncia.
10) Prohibir Twitter durante la fiesta, salvo que no se esté en ella.

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