La edad dorada

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Hace unos meses publicó The Economist un especial sobre Nigeria. Se trata de un enorme desconocido pero con unas posibilidades de crecimiento enormes, aunque sólo fuera por la tracción que genera su enorme población actual: unos 170 millones de habitantes – cuatro veces España.

Los artículos mostraban un país lleno de contradicciones, en ciertos aspectos muy avanzado y en otros totalmente primitivo y rudimentario. Uno de los principales problemas que afronta es la falta de fiabilidad del suministro eléctrico. Vivir en Nigeria, ya sea en la capital o en ciudades pequeñas, en un barrio pobre o rico, significa que cualquier día puede haber un corte de electricidad de varias horas o días.

Nigeria se jacta de tener una enorme población de emigrantes. Unos 17 millones de nigerianos viven fuera de su país, una gran parte de ellos en Reino Unido y Estados Unidos. Muchos de sus expatriados mandan dinero a sus familias, siendo esta una importante fuente de ingresos para el país.

Leyendo todos los artículos, con la característica falta de posicionamiento de The Economist, uno se da cuenta de un sorprendente hecho: a pesar de la corrupción, los asesinatos y delitos sin siquiera investigar, la falta de infraestructuras y de luz eléctrica, muchos nigerianos, bien asentados en sus países de acogida, deciden volver a instalarse en su país.

Desde luego, el arraigo y la familia influyen mucho en su retorno. Pero son muchos los que mencionan un sorprendente motivo: Nigeria es un país interesante donde vivir.

Acostumbrados a vivir entre algodones rodeados de todo tipo de comodidades solemos olvidar que muchas incomodidades tienen partes positivas: nos hacen la vida más compleja y, por lo tanto, más rica.

Reflexionando sobre ese artículo – tiempo he tenido – me recuerda a la época de Internet que vivíamos hace 10 años. Nadie tenía Internet en el móvil y un elevado porcentaje ni siquiera tenía conexiones de alta velocidad. La gente se comunicaba por Messenger, Gmail era un sistema de correo minoritario. Terra trataba de ser un gigante tecnológico y tenía una elevada cuota de mercado de las visitas de Internet. Se cuestionaba si la Wikipedia tenía contenido de calidad o siquiera relevante.

Al mismo tiempo vivíamos en una especie de jungla. Las cartas nigerianas te llegaban al correo y tenían su público. El phishing también funcionaba y en Messenger se podía uno inventar la identidad porque nadie colgaba su verdadera foto o su nombre. Había arrestos puntuales por descargas ilegales. En el trabajo no te dejaban navegar por Internet.

Pero como diría García Márquez, el mundo olía como a nuevo. Todos los días había noticias sorprendentes, inesperados productos que se volvían imprescindibles con la misma velocidad que otros perdían todo el interés de inmediato. Las páginas no se veían bien fuera de Internet Explorer, pero ahí se veían muy bien y estaban llenas de detalles originales. Los gifts animados habían conquistado el mundo pero ya estaban en retirada. Los blogs un día florecían para al siguiente, desvanecerse.

En términos absolutos, el Internet de hace diez años era una puta mierda comparado con el de ahora. Pero del mismo modo, el Internet que ahora tenemos está dejando de ser interesante. No hay proyectos sorprendentes que no tengan detrás un montón de dinero. La mayoría de la gente se pasa el tiempo de forma pasiva, reenviando o haciendo me gusta. Nadie escribe, el teclado se ha convertido en una parte opcional del interfaz, que aparece sólo bajo demanda explícita del usuario. Las búsquedas de Google arrojan resultados de hace 5 o 10 años – que siguen siendo las más relevantes. Internet está ya casi completado y eso lo hace muy útil pero también muy aburrido.

Debemos sentirnos privilegiados de haber vivido esta edad dorada. Volviendo a los nigerianos, uno entiende totalmente que decidan volver a su país.

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A Walk in the Woods

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A Walk in the Woods es el nombre de una novela que publicó en 1998 el famoso escritor de viajes – que alcanzó su mayor fama por un libro de divulgación científica – Bill Bryson. En ella narra la historia de dos viejos que, sin pensarlo demasiado, deciden realizar el Sendero de los Apalaches: una ruta de senderismo de unos 3.500 km, es decir, unos cuatro Caminos de Santiago – de los de verdad. La novela está basada en hechos reales que protagonizó el escritor de la misma junto con un amigo suyo.

Sobre dicha novela se ha llevado al cine recientemente una adaptación, protagonizada por Robert Redford. De la película me ha llamado muchísimo la atención el desquiciado uso de la edad por parte de esta versión.

Robert Redford protagoniza la película por el sencillo hecho de que es él el que decidió llevarla al cine, tras disfrutar mucho con la novela. Incluso había pensado que su compañero de reparto fuera su amigo Paul Newman.

Ahora bien, la esencia misma de la novela es un hecho real: dos tipos sin condición física, descuidados y con vidas muy sedentarias, se lanzan a un último reto físico que tiene pocas perspectivas de tener éxito. La historia gira en torno a dicho desafío y la edad de los participantes es aún más importante que el hecho de que se lleve a cabo en el Sendero de los Apalaches o cualquier otro lugar.

Sin embargo, hoy en día parece que no se puede decir que una persona de 47, la edad con que Bill Bryson escribió el libro, puede ser ya mayor y estar en declive. Bill Bryson es un gran escritor pero nunca se ha preocupado mucho por su dieta o por hacer ejercicio. No deja de ser una persona bastante común para su edad.

Ahora bien, para adaptar la novela no se puede usar un actor de su edad. George Clooney tiene 54 años y un aspecto mucho más deportivo del que encajaría en ese papel. No obstante, con Robert Redford, que cuenta con 79 años, se da un salto en la ficción totalmente delirante.

En la película se trata de solventar esa desproporcionada diferencia de edad haciéndolo pasar por alguien más joven. Rejuvenecer a un actor viejo para que parezca un viejo pero no demasiado, es bastante grotesco. Para colmo de males, en la película representa a la mujer del protagonista (Robert Redford) la actriz Emma Thompson, que tiene el mismo aspecto y corte de pelo que hace 30 años. Esta actriz tiene en la actualidad 56 años – 23 años menos que Robert Redford.

Elegir a una actriz que puede considerarse el equivalente femenino a Jordi Hurtado es un despropósito absoluto que hace aún más confusa la historia. Tenemos a un hombre de 79 representando a uno de 47 con una mujer de 56 que aparenta 40.

Estamos acostumbrados a que los actores tengan parejas femeninas mucho más jóvenes, pero en una película que va sobre viejos y el mismo acto de envejecer, se ha cometido un despropósito digno de mención.

Nota: Al margen de eso, es una película que no está mal, dentro de que es una historia donde no caben los giros inesperados, enredos de pareja o ningún tipo de aventura exagerada.

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Power for Youth

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Me envía ING un enlace a una página que han creado para Unicef, “Lo que de verdad pensamos“. Se trata de un vídeo donde se le pregunta a gente de todo el mundo, ¿Qué piensan de los adolescentes?. Tras recoger sus opiniones negativas al respecto – que los adolescentes son egoístas, inconstantes, insolidarios, incapaces de completar nada, hedonistas – se muestran casos concretos donde jóvenes brillan en ciencia, deporte, arte o solidaridad.

Tras ver dichos casos que contradicen las opiniones expresadas por esas personas anónimas, se les vuelve a pedir que opinen, esta vez dándose cuenta de cuán equivocados estaban.

Se trata del típico vídeo buen rollero que te saca una sonrisa. Pero que es una enorme tomadura de pelo a poco que uno deje de lado la parte emocional.

Cuando se nos pregunta por los adolescentes, los jóvenes, las mujeres, los negros, los rusos, los minusválidos, cualquier colectivo, se espera que demos una opinión general sobre un individuo promedio. Y así hacen las personas que salen al comienzo del vídeo. Y su definición, no es del todo desacertada. Sin embargo, mostrando los casos extremos y excepcionales se trata de desmontar un razonamiento mediante emociones.

El mismo caso hubiera sido si, en lugar de mostrar jóvenes prodigios, hubieran recurrido a jóvenes violadores, asesinos múltiples, locos peligrosos – que los hay entre los adolescentes. En este caso, nos hubiéramos sospechado que estamos ante una preocupante pieza de propaganda radical. El joven promedio no es tan terrible como tratan de mostrarnos.

Personalmente me preocupa un poco la deriva creciente hacia contenidos sin ninguna lógica pero con mensaje positivista. Una tergiversación positivista no deja de ser una manipulación. Peligrosa por cuanto nos aleja de la realidad, mostrándonos un mundo ideal que, simplemente, no es así.

Un aspecto interesante de los adolescentes presentados en dicha promoción es que aunque todos son indudablemente grandes ejemplos, no se tratan de los mejores en su categoría, sino de aquellos que tienen más repercusión mediática en redes sociales.

Me centraré en Luke Harmon-Vellotti, que tiene página web para fans y patrocinadores, uno de los chicos mencionados en la promoción. Es un “ajedrecista, tres veces campeón nacional de Estados Unidos”. Lo de los campeones nacionales siempre me ha puesto de los nervios. ¿Sabías que el Villareal ganó la liga de fútbol 2014/2015? No, no fue el Barcelona. Eso sí, estoy hablando de la categoría juvenil. ¿Qué mérito extraordinario tiene que un adolescente gane el Campeonato Nacional para adolescentes? ¡Sólo un adolescente puede ganarlo!

El problema es que hay docenas de ejemplos de jugadores jóvenes con carreras más espectaculares. Irán tiene a un chico de 12 años que ya es más fuerte que Vellotti. De China, mejor ni hablar.

Para más inri, ¡Vellotti es ya un jugador de ajedrez retirado!

vellotti

Otro caso del que seguramente se podría hablar mucho es el de Alyssa Carson que “aspira a ser el primer humano en llegar a Marte”. Teniendo en cuenta que la NASA no tiene nada claro que esté dispuesta a enviar una misión a este planeta, y que aún así está muy por ver que no se le adelantara otro país. Pero al tratarse de una joven, no se tiene por qué destruir ilusiones. Según se lee entre líneas en las noticias que hablan de Alyssa, hay sospechas razonables de que ni siquiera pueda llegar a ser una astronauta. Es una más dentro de tantos aspirantes.

En resumen, las historias de buen rollo que cada vez nos invaden más, una y otra vez nos recuerdan aquella frase de “no dejes que la verdad te arruine una buena historia”. Nunca antes la verdad había sido menos importante que en estos tiempos de superficialidad y “me gusta”.

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Perros abandonados

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A primeros de año siempre se oye la noticia de la gente que regala mascotas y la alerta de que muchos de esos animales acabarán, pocos meses después abandonados.

La solución que mencionan para evitar este problema es siempre la misma: adoptar perros, en vez de comprarlos.

Es sorprendente como se puede aceptar algo tan falto de lógica, que se repite año tras año, tan solo porque emocionalmente se percibe como la medida adecuada.

Supongamos que los perros fueran teléfonos móviles de última generación y que los que los compran no son otros sino abuelos, con su escasa facilidad para adoptar nuevas tecnologías.

Tarde o temprano se enfrentan a los problemas de usar aparatos tan complejos. En muchos casos la dificultad les supera y acaban solicitando volver a los teléfonos que tenían antes.

Ahora apliquemos la lógica de los perros abandonados: en lugar de comprarse un Iphone nuevo, hubiera sido mucho mejor que se compraran un plasticoso Samsung de gama baja y encima de segunda mano. De esa forma, se evitarían los problemas de abandono de teléfonos móviles.

Lo obvio es que es mucho más fácil que el abuelo sepa manejarse con un teléfono de primera calidad, con usabilidad cuidada hasta el paroxismo y estética provocadora de erecciones, antes que con un telefóno que evoca miseria, descuido y en que nada funciona del todo bien.

El que compra y abandona cuando el cachorro crece y se convierte en un problema es una persona de valores morales en números negativos. Si adoptara un perro, sus valores no cambiarian. Por el contrario, se daría cuenta mucho antes de que no quiere un perro estéticamente mediocre, ya mayor y con posibles problemas psicológicos. Y lo abandonaría. El número de abandonos aumentaría, pues habría más motivos para el rechazo, incluyendo los atenuantes psicológicos de “yo no soy el que lo abandonó la primera vez” y el nada despreciable de valorar poco aquello por lo que no se ha pagado nada.

Adoptar perros es muy noble, pero si le preguntas a una persona que trabaja en un refugio para animales maltratados, ante cualquier problema su solución será “que hay que adoptar más perros”. ¿Violencia de género? Hay que adoptar más perros. ¿Desempleo? Adoptar perros.

La verdadera solución es que ese tipo de personas no compre perros jamás. Y los que si tienen humanidad, que los adopten o compren. Pero como todo tiene que ser democrático, tenemos que aceptar este tipo de consejos genéricos, vacíos de contenido y que, la verdad, nunca solucionarán nada.

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Ridículo

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Hace unas cuantas semanas fui al espectáculo de ‘El Circo de los Horrores‘. Lo que podría calificarse como ‘circo moderno’ es una mezcla de números de extraordinaria habilidad, musicales y humor ácido.

Como en todos los espectáculos de pago, está totalmente prohibido grabar vídeos o realizar fotos. Aunque siempre hay alguien que ignora la prohibición, no creo que en esta representación se atreviera casi nadie a saltársela.

Y es que en la parte de humor los artistas se pasean sobre el escenario y vituperan e insultan despiadadamente a todo aquel que se cruza en su camino. Pero los que fuimos allí a verlo sabíamos a lo que íbamos, en una función que gira en torno al diablo, el infierno y el pecado. Se va dispuesto a reírse de los demás o de nosotros mismos, según quien fuera el foco de atención de los actores.

En uno de los momentos más extremos, suben a dos chicos al escenario para que hagan un stripe tease. Lo que empieza con una camiseta fuera acaba en ropa interior – o aún menos – según lo que la situación permita.

Ante una audiencia de más de dos mil personas, a nadie le apetece quedarse casi desnudo y rodeado de personajes bizarros que no inspiran tranquilidad. Sin embargo, lo que hace veinte años podía haber sido el momento más embarazoso de sus vidas para los que accedieron a subir al escenario a desnudarse, hoy en día no fue más que una divertidísima noche, para voluntarios y público.

Me llamó la atención la enorme diferencia que supuso aquí el que no hubiera móviles que todo lo graban. Hoy en día resulta mucho menos vergonzoso desnudarse en un escenario ante un público masivo que dar un discurso ridículo en un cumpleaños familiar o cantar con los amigos.

Además, la puntilla la da Facebook, que automáticamente reenvía a todos tus conocidos cualquier locura en que hayas podido tomar parte y haya quedado registrada. La obsesión por los vídeos y las fotos lleva a que cada vez haya menos momentos verdaderamente espontáneos, de acciones que se hacen en el momento sin pensar en las consecuencias. O más bien porque se sabe que no tienen que tener mayores consecuencias.

Simplemente quería compartir esta reflexión con vosotros.

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Inmigrantes

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Durante las últimas semanas se ha incrementado masivamente el número de inmigrantes ilegales que entran en Europa. Gran parte de ellos provienen de Siria, un país destrozado por complicados conflictos internos y externos que van más allá de una guerra civil.

En muchos países europeos se ha planteado el debate de si debe acogerse a toda esa población y, en caso de que sí, cómo debe hacerse. Se han discutido cuotas y se ha hablado de países solidarios e insolidarios.

El debate que se ha puesto sobre la mesa me parece absolutamente fuera de toda sentido común. Se ha producido una crisis humanitaria sin precedentes y los periodistas se han encontrado con mucho interés por parte de la opinión pública. El mismo interés que pueden ocasionar asesinatos de niños, casos de maltrato o escándalos financieros. Los periodistas detectan que a la gente le interesa y hablan más sobre el tema, la gente, bombardeada por la información, adopta una postura más firme en torno a este problema y se produce un círculo virtuoso o vicioso, según se mire.

La postura inicial de España en este problema ha sido la de siempre: no queremos inmigrantes ni en pintura. Poner todo tipo de trabas para que puedan quedarse legalmente, facilitar todo tipo de mapas donde se indique claramente dónde está Francia y en qué dirección se va hacia Alemania.

El gobierno no adopta esta estrategia porque sí. Ni exclusivamente porque sea un gobierno de derechas. Simplemente hace lo que cree que la gente, o al menos sus potenciales votantes, quiere. Es por ello que se han encontrado con una necesidad de cambiar de rumbo bastante paradójica. Ahora la gente quiere otra cosa.

¿De verdad quiere la mayoría que se acojan a todos los sirios que sea posible? En mi opinión es un caso más de borreguismo provocado por los medios de comunicación. Este tipo de espejismos se provocan por la continua polarización de todos los temas que se tratan en la televisión. O blanco o negro. O Cataluña o España. O derechas o izquierdas. A favor de los toros o en contra. Solidario o insolidario.

La mayoría de la población española es solidaria – ojo, sólo en este mediático asunto – por ceguera económica. A diferencia de otros países, en España los gastos indirectos nunca nos han preocupado demasiado, porque la gente está acostumbrada a ignorar que todo gasto del país está siendo sufragado por sus bolsillos. Si sube el IVA del pan un céntimo, se puede desatar una nueva Guerra Civil, pero si se grava con un impuesto ecológico de 5 céntimos por kilo de trigo a los productores, a la gente le dará absolutamente igual.

Así, la solidaridad que se espera con los refugiados sirios es – salvo los casos de personas que realmente se han implicado a nivel personal, a veces hasta ofreciendo espacio en sus propias casas – una solidaridad que se espera que ejerza el gobierno sin preocuparse de los gastos o problemas que pueda acarrear.

Recuerda la postura de un niño pequeño que ve un perro en la calle y quiere adoptarlo. Son los padres los que ven los problemas, los gastos y sobre todo la certidumbre de que ese niño, cuando pase un tiempo, se olvidará del perro.

La superficialidad del debate sobre los refugiados sirios lleva al punto de que todo lo que escriba aquí será reducido a ‘un artículo donde se compara a los sirios con perros’.

Uno de los aspectos más miserables de la crisis humanitaria Siria es la omisión del resto de crisis simplemente ‘porque los niños sirios se parecen a nuestros niños’. Del África subsahariana han estado llegando miles de personas todos los años y la opinión pública mayoritaria siempre ha sido el rechazo. Vidas miserables de venta infructuosa en el top-manta, alejados de la realidad social. Siempre solos o con otros compañeros de sus países de origen, las opciones de integración para los subsaharianos han sido, en gran parte, inexistentes. No hay mayor miseria que el aislamiento social al que se les somete y las vidas perpendiculares al mundo de riqueza donde se encuentran. Muchos pasan de un mundo sin oportunidades para nadie a un mundo sin oportunidades…para ellos.

También se habla de que los emigrantes sirios son clases medias, muchos con estudios universitarios, muchos saben idiomas. Se supone que por ello será fácil integrarlos. La realidad es que España es un país que estaba lleno de jóvenes de clases medias con estudios universitarios e idiomas que se tuvieron que marchar del país. Se va a producir la delirante situación de acoger a algunas decenas de miles de sirios tras haber tenido que dejar marchar a cientos de miles de españoles.

¿Cuántas profesiones de refugiados sirios son compatibles? Desde luego que los médicos y enfermeros pueden trabajar inmediatamente en nuestro país. Pero, ¿De qué nos sirven policías, funcionarios, traductores, comerciales, profesores o fruteros? El verdadero drama de España es que no hay trabajo para casi nadie, si entra más gente, que además tiene el hándicap del idioma, la cultura y la falta de contactos, ¿Cómo se van a poder integrar?

A mi no me preocupa tanto si España debe o no acoger refugiados sirios como el hecho de pensar que no estamos en condiciones de acoger a nadie. Y la misma gente que se queja de la falta de perspectivas profesionales para sus hijos, pide que se acojan a más personas sin siquiera considerar que son más bocas que alimentar, que tendrán que buscar trabajo, alquilar pisos y, si se hace como parece que la gente pide, eso se tendrá que pagar de nuestros impuestos, al menos al principio.

Un problema real que han vivido muchos países de Europa – y no España – es el haber acogido muchos inmigrantes de países musulmanes sin control. Luego se han encontrado con guetos que han crecido hasta dimensiones preocupantes. Hay barrios enteros de Berlín donde sólo viven turcos. 1.500 franceses se han ido a combatir apoyando al Estado Islámico. Un cuarto de la población de Bruselas es musulmana. Normalmente se habla en términos multiculturales de forma positiva. Pero aquí estamos hablando de casos de no integración, de mundos aislados dentro de un país. Que una mujer no pueda caminar tranquila por ciertas calles de Bruselas si no lleva pañuelo no es preocupante, sino lo siguiente.

¿Es la población Siria fácil de integrar? Según con quiénes se los compare. De nuevo se ha entrado en la descalificación a cualquier argumento negativo, diciendo que hablar de que entre los refugiados tiene que haber posibles integristas es de una total xenofobia. Pero sí, claro que los habrá y por supuesto que no hay que pasarse de guays, dando palmaditas en el hombro.

Lo que no se puede hacer es denegar sistemáticamente el acceso a argentinos, peruanos, ecuatorianos, colombianos, que se integrarían en España en un abrir y cerrar de ojos y luego aceptar sin pestañear a todos los sirios simplemente porque salgan en televisión.

No tengo una postura definida en este conflicto, a pesar de las críticas. Me parece demasiado complicado. Lo que me indigna verdaderamente es la superficialidad rozando la infantilidad con que se juzgan todos los problemas. Porque este es el país donde se supone que, tras tantos años viviendo en él, debería estar integrado.

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High-end devices

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Cuando Adsense muestra los datos de ingresos por publicidad, los divide de acuerdo a tres categorías: Tablets, Móviles y Ordenadores.

tablets

Desde hace años se ha tratado de separar a los usuarios de móviles. Primero porque eran una rareza y usaban pantallas muy pequeñas, lo que causaba problemas. Pero pronto pasaron a ser la guinda del pastel publicitario. Usuarios de los que se podía saber prácticamente todo: edad, sexo, localización física en cada instante. Además, con cierto poder adquisitivo, demostrado al menos por el hecho de tener un teléfono carísimo.

Por eso, los clicks en publicidad se pagaban de forma diferente dependiendo del origen del usuario. Los que pinchan en la publicidad desde teléfonos móviles son considerados automáticamente clientes de mejor calidad que los que lo hacen desde el ordenador. La empresa anunciante tiene que pagar más por esos clicks.

Pero han pasado ya bastantes años. Los usuarios de móviles, o como menciona Adsense en su detalle ‘High-end mobile devices‘ (teléfonos móviles de calidad superior) se han ido convirtiendo poco a poco en usuarios Low-end o de calidad inferior.

Una tendencia inevitable es ver cómo los ordenadores ‘de toda la vida': portátiles y sobremesas, acabarán volviéndose las auténticas high-end devices, aparatos que nos hablan de usuarios avanzados, con verdadero poder adquisitivo. Al fin y al cabo, serán usados por aquellos que tienen un puesto de trabajo en el sector servicios, mientras que los teléfonos móviles serán algo más democrático, y por lo tanto usados en su mayoría por clases medias y bajas.

La fantasía publicitaria, que sólo se puede aplicar en unas pocas ciudades enormes del mundo, es la de un usuario que busca algo en internet y, gracias a la geolocalización, recibe un anuncio de un servicio que está a pocos metros de distancia de donde él se encuentra. En ese caso, un anuncio adecuado se convierte en un cliente y el anunciante tiene que pagar por eso. La realidad es que ese tipo de búsquedas de última hora sólo suelen aplicarse a restaurantes. El resto son rarezas o servicios de emergencias – situaciones excepcionales.

El verdadero cliente buscará una peluquería, un taller o una tienda especializada desde el ordenador del trabajo, como se ha venido realizando toda la vida. El usuario de móvil – que puede ser a veces ese mismo que antes empleó el ordenador – buscará letras de canciones y memes.

No es una reflexión muy profunda pero creo que merece ser señalada. Con los teléfonos móviles estamos llegando a una situación inusual en que los clientes con más poder adquisitivo no serán los que usen el soporte más costoso.

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Regalos

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Cuando me fui de Madrid tuve que deshacerme de un montón de cosas que había ido acumulando durante más de diez años.

Recuerdo que llegué a la capital del Reino con una bolsa grande y que a cada mudanza aquello iba ganando en complejidad. Primero dos viajes en Metro. Luego un amigo me ayudó con su coche. Finalmente tuve que contratar a un desgraciado con una furgoneta.

La sensación de dar, sin tratarse de un regalo planeado o sin un falso trasfondo humanitario, es compleja. No me sentía especialmente bien por dar cosas de gran valor a cambio de nada, en plan buen samaritano. En cierto modo era una paz al saber que un objeto que valorabas ha encontrado un buen destino. Como los que buscan casa para perros abandonados.

Una experiencia en gran parte liberadora, pero no exenta de matices. Hay algo decididamente destructivo en regalar gran parte de tus pertenencias. Las semanas antes de marcharme de Madrid estuvieron llenas de sensaciones extrañas.

Me deshice de un coche con el que llevaba el suficiente poco tiempo como para no estar enamorado de él. La historia de ese coche está contada en ese artículo, bastante cuidado comparado con lo que últimamente publico.

También estuve regalando libros. Unos cuantos a una asociación cultural. Lo mejor de mi colección los regalé a través de la página http://nolotiro.org. Quedé con una chica joven y estuvo un rato en mi casa mientras hablábamos de los libros. Cada uno de ellos tenía una larga historia detrás. Las Vidas Paralelas completas. Vida de los Doce Césares. Ishmael. Trampa 22. Los Ensayos de Montaigne.

La chica era una glotona de la lectura, de esas personas que igual se leen un best seller que una novela clásica o literatura para adolescentes. Todo lo disfrutan igual – lo cual es envidiable. Nunca supe qué fue de ella, tras llevarse de golpe y porrazo casi toda mi selección de favoritos. Supongo que sería una experiencia al todo o nada. Prefiero no indagar al respecto.

Finalmente quedó el típico trasto que todos tenemos: un ordenador que funciona pero que fue reemplazado por un ordenador que funcionaba mucho mejor. Guardado durante dos o tres años, estaba más que desactualizado, aún cuando funcionara perfectamente.

A través de la misma página, contactaron conmigo decenas de personas, cada una te explicaba por qué necesitaba el ordenador. El caso más común era el de una casa donde había un ordenador compartido y alguien quería tener uno propio para poder mirar en su propia habitación…páginas de la Wikipedia.

De entre todas las peticiones sin embargo se destacó una de inmediato. Era la típica mujer mayor latinoamericana que emplea un español sobre educado no exento de gruesas faltas de ortografía. Mientras todo el mundo me respondía de inmediato a las dudas que le planteaba y estaban dispuestos a recoger el ordenador, esta señora me respondía al día siguiente e insistía en que no podría recogerlo, tendría que ser yo el que se lo llevara más o menos por donde ella vivía con su familia.

No intercambiamos muchos mensajes y quedé con ella para entregarle el ordenador. Algo dentro de mi me decía que puestos a regalarlo todo, en este caso al menos iba a acertar con la persona adecuada.

Tuve que conducir hasta Alcobendas, quedar en una rotonda, enfrente de donde graban casi todas las citas de Mujeres y Hombres y Viceversa. En apenas un par de minutos me empapé del drama humano que vivía esta familia, anterior a la crisis de deuda griega. Una pareja mayor, físicamente maltratada por los años, con un hijo de apenas diez años. El hombre había sufrido algún tipo de percance y su capacidad mental estaba mermada. Podía conducir por lugares conocidos pero simplemente era incapaz de aprender nuevas rutas, entrar en Madrid para él hubiera acabado en tragedia. Amén que tenían un coche de esos que ya han dejado de soñar con pasar la ITV, empezando a flirtear con convertirse en un clásico.

Una extraña pareja con un único teléfono móvil que compartían. El marido sin trabajo y sin esperanza alguna. La mujer, algo aquí y allí. Para colmo, su hijo estaba sordo y se notaba que por negligencia – por otro lado totalmente comprensible – de sus padres, no había tenido una educación adecuada.

No eran como algunos mendigos, que te empiezan a contar problemas en busca de conseguir dar pena. Era una gente que a poco que abría la boca, ampliaba un drama humano terrorífico. Aún hablando de temas alegres, los detalles de fondo eran sobrecogedores.

Como pude me despedí de ellos, contento de haber encontrado un destino inesperado para un ordenador que acumulaba telarañas. Sabiendo que eran, de largo, la gente que más lo necesitaba. Con la meridiana sensación de que había mucho más que era mejor ni oír.

Al deshacerme de ropa que apenas usaba, de libros que no leería, de muebles y hasta del coche, sentí cierta sensación de alivio. Pero al dar el ordenador a quienes de verdad lo necesitaban, sentí todo lo contrario. En lugar de quitarme un peso de encima, me eché uno más grande sobre mi conciencia.

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Bauer Café

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Una de las grandes desventajas del desarrollo de Internet es que hoy en día resulta casi imposible sorprenderse. La historia más extraña que oíste en tu juventud resulta inocente comparada con las tres o cuatro que habrás podido leer esta misma semana.

Hubo un tiempo en que un buen restaurante podía ser un relativo secreto. Si de repente un cocinero empezaba a hacer las cosas bien, hasta que no pasaran varios meses – incluso años – y fuera reconocido por los críticos, no aparecería en los libros y guías. En ese periodo de gracia uno podía tener la suerte de descubrir esa pequeña joya y hacer correr la voz de alarma entre los conocidos.

Ahora sin embargo todo es inmediato. En pocas semanas se consiguen un montón de referencias positivas y se actualizan los rankings de las páginas que comparan los mejores lugares. Por eso algo tan trivial como descubrir un buen sitio para comer puede ser sorprendente.

El sitio que os quiero recomendar no es otro que la Cafetería del Leroy Merlín de Málaga.

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Se trata de un local minúsculo, con apenas cuatro mesas, dos de ellas altas. La mitad del mostrador la ocupa bollería industrial y las bebidas las sirven en latas: señal de antro que no tiene mucho volumen de ventas.

Tienen las cuatro tapas típicas de emergencia y luego, de la nada, dos o tres tipos de bocadillos.

En lugar de seguir el sota, caballo y rey de la gastronomía de carretera, con sus bocadillos de jamón, jamón y queso, queso, tortilla, atún y chorizo, se desmarca por completo con dos o tres opciones únicas y que son carne al cien por cien.

Es el típico bocadillo que te pondrían en casa de tu abuela: carne cocinada de forma casera, con su propio jugo, dentro de un pan. Poco Ferrán Adriá pero mucha calidad.

Es comida rápida, pero de máxima calidad y a un precio ridículo, muy inferior a un menú de McDonald’s.

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¿Cómo puede un sitio así no ser más conocido? Está claro que no es un restaurante propiamente dicho. Luego el hecho de que para la mayoría de las mujeres, que evitarían la opción del bocadillo, no es más que un bar limitadísimo.

Además, está en la zona de los polígonos comerciales. La peregrinación de los sábados de cientos de familias les acaba llevando a un lugar familiar, donde se preocupen de lo que comen los niños. Ahí es donde Ikea arrasa, con su comedor a precios ridículos totalmente orientado a atraer al público infantil.

No obstante la masificación puede llevarte a probar sitios diferentes, como fue mi caso. Y así, sería cuestión de poco tiempo que la gente se fuera dando cuenta de su valor. Si no fuera porque lleva el nombre de la superficie comercial, Leroy Merlín.

Cualquier comentario sobre su cafetería irá asociado a dicha multinacional. Las pocas opiniones se mezclarán con cientos relativas a la tienda de bricolaje y construcción, hasta directamente desaparecer. No habrá un artículo sobre la cafetería de Leroy Merlín – que además será distinta en cada ciudad – sino sobre toda la tienda.

Un caso parecido es el del Café Central de Madrid.

Todo el mundo conoce a este local por el jazz: es el local más emblemático de este género musical de todo Madrid, con una prolongadísima historia de conciertos en vivo.

Cientos de miles de opiniones que se escriben sobre él, casi siempre se referirán a sus veladas nocturnas, con o sin música en vivo. Sin embargo, a medio día tiene un servicio de menú de día que es de los mejores de Madrid: dos o tres opciones de primeros y de segundos donde se pueden repetir guarniciones y salsas. Pero todo cocinado en el mismo día. Buenos postres, también caseros. Y precio de menú del día. Uno de mis sitios favoritos de Madrid que no sale en ninguna guía porque está en un local que es para otra cosa.

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Extranjeros

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iglesias-votando

Cuando ayer veía la imagen de Pablo Iglesias en las Elecciones Regionales y Municipales de Madrid lo primero que se me vino a la cabeza no fue aquello que recomendé de que había que votar a Podemos – ya Ciudadanos es una alternativa perfectamente válida – o que se iba a producir un cambio histórico en la política en España.

Porque para mi es pensar en Elecciones Municipales y lo primero que se me viene a la cabeza es que son las elecciones en que los extranjeros residentes pueden votar. Y casi siempre pienso en Pablo Iglesias como un político en el destierro: mientras se pelea por el bacalao en Madrid, Iglesias tiene que hacer su trabajo…en Bruselas. Muchas veces pierde oportunidades importantes ¡Por estar trabajando! Algo infrecuente en los políticos nacionales, que no importa lo que estén haciendo, casi siempre pueden dejarlo si hay una noticia más importante.

Así, se me ocurría que si Iglesias aparece, como en la foto puede verse, con dos sobres, es porque va a votar en las Elecciones Municipales. Y si va a hacerlo, es porque no es un extranjero residente en Bélgica, donde tiene un cargo en el Parlamento Europeo.

En España estamos habituados al clásico caso del deportista español con residencia en Andorra para pagar menos impuestos. Este tipo de irregularidades son muy comunes y la gente se escandaliza durante el día que sale la noticia hablando de ellos. No eligen Andorra por su calidad de vida, sino por su sistema tributario. En este caso se aprovechan de alguna argucia legal – al fin y al cabo los deportistas se pasan casi todo el año viajando por todo el mundo. Pero estamos ante una clara irregularidad.

Que un político trabaje en un país europeo a tiempo completo y no tenga por obligación que tener la residencia en dicho país es, en mi opinión, otra irregularidad. Y digo opinión porque no trato de crear ninguna polémica – especialmente con el político español que mejor valoro – y tampoco voy a preocuparme en investigar la legislación sobre residencia a efectos fiscales y de derecho al voto.

Lo que si le pediría a la gente de Podemos es que controle muy bien los matices legales de cara a que Pablo Iglesias pueda presentarse a las Elecciones Generales, no sea que por algún oscuro aspecto legal relativo a la residencia pueda ser apartado de la cabeza de lista – Podemos sin Pablo Iglesias es como el Barcelona sin Messi.

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