Carlos Blanco anuncia los finalistas de un concurso de emprendedores, el SeedRocket. Se supone que es un concurso al que se presentaron cientos de ideas de las que estas son las mejores, o al menos las que tienen mejores perspectivas de convertirse en un negocio.
En general, todas van de lo mismo: pisos, viajes, rollos para teléfono móvil. Es el Internet para los que saben usar Internet. Son proyectos que suenan estupendamente, de los que cuentas con orgullo a tus amigos y conocidos. Aplicaciones que te imaginas que usarán ellos pues en cierto modo son similares a ti en gustos y comportamientos.
Siempre me sorprende el enorme vacío que existe de programas para personas normales y corrientes. Es un mercado complicado en el que los diseños elegantes no funcionan tan bien como se cree. En el que los dogmas de la usabilidad de salón no son válidos.
Se supone que toda esta tropa se tiene primero que formar y convertirse en un usuario de Internet preparado. Y cuando lo sea, podrá participar en todo lo demás.
Creo que hay una desconexión entre lo que es la realidad y lo que están “emprendiendo” en Internet. Se busca a un público verdaderamente marginal porque es el que conecta con nuestra forma de ser. ¿Quién va a usar un “espacio online para gestionar los pisos compartidos”, mientras existan los imanes de frigorífico? No digo que la idea no tenga su interés, pero ¿No hay nada que esté aún por hacer y que pueda tener un público masivo?
La respuesta en parte la dan todos esos proyectos descartados por el jurado del SeedRocket. Si tienes una idea de un proyecto que tenga poco glamour, eres un cadáver. No pasas los filtros y el desincentivo es tan grande que al final equipos muy válidos deciden pasar por el aro, programar para un sistema operativo que todavía no existe en España (salvo testimonialmente) o hacer aplicaciones para Blackberry porque la Blackberry es cosa de jefes.
Me imagino que el problema no está en los “emprendedores” sino en los jurados, que como en todas estas historias de Internet son siempre los mismos. Tienen su sota-caballo-rey mental y hay que adaptarse a él, o morir.
Un ejemplo de todo esto fue la beca Alzado 2008. Sí, está bien que haya una beca así pero eso no quiere decir que ya todo se haga bien.
El proyecto ganador fue Jobsket, una página de búsqueda de empleo totalmente diferente de las que conocemos actualmente.
Es una web de empleo con ideas nuevas y que nos ha impresionado
Y efectivamente, la página es muy original y tiene ideas muy interesantes. Pero ¿Son todos esos efectos necesarios? Las webs de empleo son como los buscadores, los efectos especiales entretienen pero no sirven de mucho. Y encima hay un oligopolio que lleva años asentado y contra el que poco se puede luchar.
Probablemente fue el mejor proyecto presentado, pero quería indicar cómo se prioriza eso, la estética espectacular, el “hacer algo nuevo”. La utilidad del proyecto es lo de menos.
Y esto queda manifiesto en los proyectos de “la mención de honor” en dicha beca. TubeGraph, algo que probablemente tiene mucho mérito técnicamente pero que no sirve para nada y prueba de ello es notar que a pesar de haber ganado un premio tan importante, con la visibilidad que esto proporciona, no lo visitan ni las cucarachas, y el tercer vídeo más modificado sólo lo ha sido 21 veces.
Si alguno de los mencionados se siente ofendido por ser empleado como ejemplo, le pido mis disculpas. Lo único que quiero decir es que entre este maremagnum de términos empalagosos: diseño, usabilidad, estética, independencia de plataforma, movilidad, interactividad, social, se nos ha olvidado el más importante de todos: útil.
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