Aquí mando yo

Aquí mando yo: Historia íntima de Podemos, es un libro del periodista Luca Constantini publicado a finales del 2019. En él se narra la historia del partido político español Podemos.

No se trata de un libro al uso. Asume que el lector dispone de un conocimiento avanzado sobre los protagonistas de la historia y evita por tanto entrar en presentaciones a los personajes o introducciones a algunos de los elementos principales de la trama. Me imagino que el autor, al escribirlo, estaba pensando dos cosas: quiero escribir un libro que me hubiera gustado leer a mí, y quiero escribir un libro que pudiera interesar leer a Pedro Sánchez.

Para más inri, el libro trata sobre Podemos y no trata de ensalzarlo (libro patrocinado por Podemos) ni de destruirlo (libro patrocinado por la derecha o izquierda antagónica). Pero además el autor no tiene ningún escrúpulo en mostrar su opinión honestamente: se trata de un periodista especializado en Podemos y que al mismo tiempo no comulga con las ideas del partido.

Con todas estas características tan infrecuentes (libro avanzado, libro bastante imparcial, sin segundas intenciones ni patrocinadores, libro honesto y nada tibio) ni que decir tiene, estamos ante una gran lectura que recomiendo plenamente.

En lo estilístico, se nota que el autor no es español y puntualmente aparece alguna construcción extraña o el doloroso el racimo de uva como nombre de uno de los capítulos. Aún así, mucho mejor que otros libros escritos con más presupuesto.

El libro narra el nacimiento de Podemos, a través de las experiencias políticas de algunos de sus más destacados personajes. Un hecho que desconocía ─ y que posiblemente le ocurra a otros─ es cómo comenzó la carrera en política de Podemos. Pablo Iglesias era un tertuliano brillante que con sus intervenciones a otro nivel irrumpió en la televisión con un rotundo éxito, hasta tal punto que en pocos meses se convertiría en una de las imágenes mejor valoradas de la izquierda.

Por aquel entonces militaba en Izquierda Unida y simplemente aspiraba a ser el cabeza de lista del partido para las Elecciones Europeas. Izquierda Unida, un partido de pobres donde los puestos son tremendamente luchados y competidos, no le permitió saltarse la fila. Ya había muchos otros políticos que llevaban tiempo esperando para esa oportunidad.

En un movimiento tan valiente como eficaz, aupado por algunos sectores de Izquierda Unida y utilizando todos sus contactos, monta el proyecto de Podemos en tiempo récord. Consigue presentarse a las Elecciones Europeas, y para sorpresa de todos, consigue un excelente resultado. El resto, es historia.

A lo largo del libro aparecen muchas figuras importantes: Tania Sánchez, Juan Carlos Monedero, Iñigo Errejón, Manuela Carmena, Ada Colau, Irene Montero. Las endogamias recuerdan a los tiempos en que se casaban entre familias para estrechar relaciones profesionales. Los novios y las novias cambian de mano entre unos y otros, parece que un político de Podemos sólo puede salir con otro (o con un asistente).

El autor da mamporros a diestro y siniestro y no deja títere con cabeza. Lo que comenzó como un grupo de jóvenes lleno de buenas intenciones, a poco que sus dirigentes comenzaban a tocar poder ─y las gloriosas nóminas que le suelen acompañar─ su máxima preocupación pasaba a ser sobrevivir en los puestos a cualquier precio.

Pablo Iglesias sabía que superar a Izquierda Unida, para luego fagocitarla, era algo totalmente dentro de sus posibilidades. Pero con una ambición desmesurada para alguien proveniente de Izquierda Unida ─que siempre ha tenido mentalidad de pobre─ veía posible dar el famoso sorpasso al Partido Socialista, algo que el tiempo demostró que era perfectamente posible. De no ser por un Pedro Sánchez que se creció en la adversidad y consiguió ganar la dirección del partido cuando parecía que estaba ya dado por muerto políticamente, seguramente lo habría conseguido. Es posible que ese adelantamiento a los socialistas habría causado dimisiones, cambios de chaqueta y mucho dolor al tradicional partido líder de la izquierda. Pero en vista de los acontecimientos que hemos visto con el tiempo, hubiera sido cuestión de tiempo que todo hubiera vuelto a su cauce.

Ahora el autor habla de un Pablo Iglesias cansado y que está pensando en una retirada digna que le permita vivir cómodamente el resto de su vida ─como tertuliano o incluso presentando un programa de televisión─ antes que con la tediosa vida de los políticos, que no trabajan mucho pero tienen que vigilar cada palabra que dicen y cada foto que se dejan hacer.

El partido, como su líder, está prácticamente agotado. El barco no admite muchos más parches sin que se hunda. Está lleno de enemigos internos, externos, facciones y divisiones. Sus propuestas políticas se mueven entre la fantasía, la improvisación y el absurdo. Sólo el disponer de un líder extraordinario ─brillante en las segundas elecciones de 2019─ les ha permitido llegar tan lejos con tan poco.

A lo largo del libro Costantini desgrana las contradicciones y mentiras de muchos de los dirigentes. Por supuesto deja en muy baja consideración a Errejón, pero por contra de lo que la mayoría pudiera pensar, uno de los personajes más siniestros es, en su opinión, Manuela Carmena, la ex-alcaldesa de Madrid.

Con la imagen de bonachona y amable, es cierto que el periodismo ha evitado los ataques más directos a su gestión o sus desaciertos, prefiriendo centrarse en un blanco más fuerte que pudiera responder mejor a los golpes.

Ante los problemas, su estrategia consistía en ponerse de perfil, hasta que el asunto dejara de ser de actualidad. «Ella es como Messi en el Barça, que si pierde es culpa del equipo y si gana es mérito suyo»

Hoy en día parece que las campañas políticas se ganan en Facebook con dinero de Rusia, pero también los políticos guays pagan por los anuncios de las redes sociales. Refiriéndose al Ayuntamiento de Madrid:

Disparó el gasto en Facebook y otras redes sociales un mil por ciento, hasta un desembolso anual que superó los cinco millones de euros.

Por contra, el libro acaba dibujando, casi sin querer, a una protagonista inesperada. Rodeada de oportunistas, chaqueteros, tránsfugas y políticos malintencionados, aparece la figura de Irene Montero, como una de las pocas personas que es 100% Podemos. Aunque posiblemente su imagen pública esté muy deteriorada, y se presente como una aprovechada que ha explotado la posición personal dentro del partido, en el fondo es una de las pocas personas que se mueven por las mismas ideas con las que entraron en el partido.

Así, estamos ante una rareza: periodismo de calidad en España (tiene que venir un italiano a hacerlo) una historia interesante, llena de contradicciones, siendo sus protagonistas políticos que provienen de la izquierda. Y hay villanos y héroes donde no lo esperas. Tienes que leer ese libro.

Manual de resistencia

Ante el incontestable éxito electoral de Pedro Sánchez Pérez-Castejón en las elecciones generales de 2019, no me quedó más remedio que leer su libro para intentar entender las bases en que se sustenta dicho triunfo.

El libro, criticado en prensa por cuestiones superficiales ─me imagino que por periodistas que se lo leyeron en diagonal─ es una descripción personal de los últimos acontecimientos en España, partiendo de su nombramiento como Diputado del Congreso en 2013 hasta sus primeros días en la Presidencia del Gobierno tras la exitosa moción de censura a Mariano Rajoy en 2018. Es tal el volumen de noticias falsas (o manipuladas, o interesadas, o contadas antes de saber la verdad, en un entorno en que los desmentidos no existen) que una parte importante de esa narración llega hasta a sorprender: Ya sea por su personal punto de vista ─que aporta información de primera mano y desconocida─ o simplemente por rememorar aspectos que la prensa había contado de otra forma.

Aunque el autor del libro es Pedro Sánchez, está escrito íntegramente por Irene Lozano. Jamás he leído un libro así. Es lo suficientemente interesante como para que me lo haya leído entero, lo que lo pone en el top 20% de los libros que llegan a mis manos. Pero al mismo tiempo, tratándose de un libro profesional y llamado a ser un super ventas, es de una escritura chapucera y un trabajo de adaptación tan pobre, que causa verdadero bochorno.

En el libro casi se puede oír la voz de Pedro Sánchez. Tal y como él mismo ha contado, está basado en largas conversaciones con Irene Lozano, que ésta ha trascrito desde las grabaciones de voz, en demasiadas ocasiones con una total literalidad. Se siente casi como un audiolibro. No hay síntesis, no hay traducción del lenguaje oral al escrito. Supongo que se habrá limitado a corregir repeticiones, ampliar mínimamente el vocabulario y ordenar las conversaciones. Tengo un profundo sentimiento enfrentado, porque por un lado se percibe la poca profesionalidad de la adaptación y al mismo tiempo es un libro que se lee con interés.

Siempre me había parecido que Pedro Sánchez era el político con más inteligencia política del panorama español. Quizás Mariano Rajoy fuera el político más astuto, por su capacidad para hacer no haciendo. Pablo Iglesias tiene algo de líder mesiánico, capaz de empatizar con las masas que le siguen hasta la muerte. Albert Rivera me parece el político más profesional de todos: todo terreno y uno de los más hábiles en casi cualquier cuestión. Santiago Abascal es un personaje que simplemente cae bien, al margen de sus ideas, defiende una de las posturas más complicadas con una sonrisa en la cara y dando un enfoque positivo. Pero Pedro Sánchez tiene algo más. ¿Qué tiene Pedro Sánchez?

Siempre había pensado que era pura estrategia. Se mueve por el tablero político como una rubia polioperada que parece que no sabe lo que hace y a la que nadie tiene en cuenta. Hasta que ocurre algo inesperado…que le favorece. Una y otra vez, la suerte parece perseguirle. Que sus ideas y su equipo a veces me causen rechazo ─o directamente repulsión─ no resta ni un ápice mi admiración hacia él y su capacidad política. Al igual que los otros líderes de la política española, se trata de una persona que ha llegado a un puesto muy complejo que no está al alcance de cualquiera. En España es muy común menospreciar a los políticos del bando que no te gusta. Eso le ha sucedido mucho a Mariano Rajoy, del que casi todo el mundo se cree más inteligente. No deja de ser fascinante cómo personas que no han llegado a nada en la vida se ven muy por encima de alguien que ha dirigido un país. A veces basándose en un simple aspecto, como su inexistente nivel de inglés o sus habilidades para el baile. La ignorancia es muy atrevida.

Una y otra vez a lo largo del libro, Pedro Sánchez consigue quitar mérito a cada una de sus más acertadas decisiones. La ascensión a Secretario General partiendo de ser un total desconocido, su valiente dimisión cuando el PSOE aceptó investir a Mariano Rajoy a través de un voto de abstención. Su vuelta a la dirección de su partido, cuando todo el mundo lo daba por desahuciado políticamente. Y finalmente la exitosa moción de censura, la primera que funciona, conseguida en apenas un par de días. El factor que se repite siempre es que la gente a su alrededor le empujaba a tomar las decisiones que el tiempo ha mostrado como estratégicamente brillantes. En algunos casos, casi contra su propia intención inicial.

Así, después de leer el libro he reemplazado una virtud con otra. De considerarlo un excelente estratega, su verdadera virtud en realidad es otra: una gran capacidad para tomar el pulso de la calle. Aunque casi con toda seguridad tiene un Master que no debería tener, eso no quiere decir que no tenga capacidad más que de sobra para obtenerlo. Precisamente su magistral inteligencia social, para percibir qué está demandando la sociedad española, sus militantes, o sus compañeros de partido, entre cientos de mensajes contradictorios, aduladores, manipuladores o intrascendentes. Una habilidad extraordinaria que combina con un perfil suave ─que no blando. Es un político con una dilatada trayectoria del que, sin embargo, apenas si hay dónde criticar. Su «polémico» Master, que aún es menos cuestionable que los títulos conseguidos por el líder de la oposición, Pablo Casado. Los vuelos privados en el avión que tiene por ser Presidente del Gobierno. Hasta Pablo Iglesias, que probablemente nunca llegue a nada importante políticamente, está muchísimo más erosionado, sin haber tocado poder jamás en su vida.

Unido a su atractivo físico y su perfil de político preparado, con idiomas y conocimientos de economía, con una familia de libro, es el candidato que todo partido querría tener. Si no fuera porque le toca defender las ideas del Partido Socialista.

Cuando durante el libro se enfrasca en explicaciones de la problemática española, recalca con firmeza problemas que realmente son de los más importantes:

Un país que pierde a su juventud es un país sin futuro. Una de las grandes quiebras de nuestro tiempo es que se está incumpliendo la promesa según la cual cada generación viviría mejor que la anterior.
Si no restablecemos ese contrato, si convivir no significa ningún compromiso intergeneracional, corremos el riesgo de que la sociedad se fragmente hasta tal punto que no sea sostenible.
Hoy día ser joven en España implica tener un salario bajo, un trabajo precario y una extrema incertidumbre respecto al futuro. Por eso una de las primeras medidas en las que nos pusimos a trabajar como Gobierno fue un plan contra la explotación laboral.

En el plano económico estamos inmersos en un mundo de bajo crecimiento, precarización de los salarios y una deuda que no cesa de crecer.

En la ruptura del discurso lógico, esencia fundamental de la izquierda, enuncia un punto de partida irrefutable y llega a un destino razonable, sin creer que sea necesario que ese camino tenga que sustentarse en la lógica.

Si esa revolución tecnológica se desarrolla políticamente como lo ha hecho la globalización, habrá grandes avances, pero no se beneficiará de ellos toda la sociedad, sino solo unos pocos. Que esto se haga de otra forma y que la revolución robótica beneficie a toda la sociedad no es un problema que vaya a resolver la tecnología: ha de hacerlo la política. Lo mismo sucede con los problemas medioambientales o la discriminación de las mujeres: hace falta poner el feminismo y el ecologismo en el centro de las políticas, pues solo de ellas vendrán las soluciones.

Comienza expresando los grandes retos del futuro de forma sucinta y muy lograda, para luego dar un triple salto mortal y ofrecer su desquiciada solución: si no hay trabajo (ni futuro) para los jóvenes, tenerlos entretenidos con las luchas feministas y medioambientales. Creo que en todo el libro no menciona las pensiones ni una sola vez ─y si lo hace es de pasada.

En España las pensiones tienen dos caras terribles: son un problema actual en sí mismas, pero al mismo tiempo destruyen cualquier posibilidad racional de solucionar las demás dificultades: la más preocupante es la menguante perspectiva personal y laboral para los jóvenes del país.

Tras leer su libro, me ha sorprendido descubrir que se cree (casi) todas sus ideas. El discurso de la izquierda es tan ilógico, que es complicado de asimilar para personas con cierta inteligencia. Hay que tener una especial habilidad en mirar para otro lado en determinados momentos de la exposición. Pedro Sánchez tiene tal facilidad para conseguir esa suspensión de la lógica, que no me extraña ahora que haya llegado tan lejos. A diferencia del discurso de Podemos: con enemigos, revanchista, de quitárselo a los culpables (ellos) para dárselo a los inocentes (nosotros), el socialista es casi impecable, si aceptas que el razonamiento sólo tendrá un pequeño paso por la ficción.

Otra habilidad extraordinaria de Pedro Sánchez es su adaptación a los nuevos tiempos políticos. A pesar de venir de la vieja política y haberse encontrado con los terremotos de Ciudadanos y Podemos, ahora no cabe duda de que es el político que mejor entiende el nuevo escenario alejado de los gobiernos monocolor. Dispuesto a pactar con quien haga falta, a pactar abiertamente o de forma subrepticia, a proponer acuerdos sin ofrecer casi nada a cambio y a hacerlo a veces sin reconocer concesiones. Se mueve como pez en el agua en el mercadeo de votos y favores, una virtud que Ciudadanos supo iniciar pero que con el tiempo ha renunciado a ella, obteniendo una imagen más coherente pero mucho menos práctica. Pedro Sánchez además es muy hábil tratando de vender méritos ajenos como propios y de gestionar los medios del Estado a su mayor conveniencia ─como decidiendo la fecha de las elecciones en el momento más propicio a su partido.

Una de las frases más interesantes del libro es cuando se cuestiona por qué la derecha no tiene esa misma facilidad que ellos para atraer al votante. Y es que el socialismo que ellos defienden tiene algo de lo que carecen el resto de partidos, en especial Ciudadanos: tienen una ideología detrás. Para colmo de males, la frase no es ni siquiera suya:

En realidad, como ha dejado escrito Jordi Sevilla, se trata de la única ideología existente hoy en día. El neoliberalismo no existe como ideología, ha resultado ser un sumatorio de retales que carece de estructura y de una visión de la sociedad.

Ser progresista, es tener una ideología, mientras que escoger a cualquier partido de la derecha, aunque probablemente sea una mejor elección, carece de la fuerza que da tener un conjunto de ideas coherente (principios que suenan bien, ideas que suenan bien y una suspensión en la lógica para que todo cuadre). El paquete «vegano/feminista/bienvenido sean los inmigrantes/ayudar a los necesitados/que pague más quien más tiene/derechos para las minorias» es impecable, mientras que en el extremo de la derecha hay un batiburrillo confuso que no hay forma de pegar: «religión/derecho a la vida/penas más fuertes para criminales/toros/menos impuestos a empresas/la familia». En unos tiempos en que la gente navega perdida por la vida, disponer del cemento de la ideología no tiene precio.

En resumen se trata de un libro mucho más interesante de lo que esperaba. Los últimos capítulos se hacen insoportables (muy largos e interminables) pero tiene cierta frescura para ser un libro que cuenta una historia que ya conoces. Pedro Sánchez es un brillante encantador de serpientes, va mordiendo aquí y allí y sólo con un poco de cuidado eres capaz de leer entre líneas. Sin una sola mala frase es capaz de contar como el Partido Socialista estaba (y probablemente aún esté) totalmente prisionero de las opiniones y el poder de los barones (líderes territoriales) y expresidentes nacionales (Felipe González y Zapatero) con los que nunca se acabó de llevar bien. Se atreve a mencionar la corrupción del PP y sin temblarle el pulso te dice que el PSOE no tiene nada parecido a eso en ninguna parte.

Finalmente, Pedro Sánchez se ve a sí mismo casi como un miembro de la clase media, una absoluta desconexión con la realidad exactamente donde hace falta. De alguien que se despidió a su mismo, no que recibió un despido improcedente, dice:

Tenía algo de dinero ahorrado, más lo que me correspondía como indemnización del Congreso. Alguna gente cree que los diputados salimos de allí con pensión vitalicia y la realidad es que ni siquiera tenemos una prestación por desempleo. Nos corresponde un mes de sueldo por cada año que hemos estado en el Congreso y eso cobré.

Empresas petrolíferas

Hace unos meses se puso de moda invertir en empresas de transporte de petróleo. Puede que la tendencia sólo se debiera a que todo lo demás «estaba muy caro».

La apuesta por muchas de estas empresas no está saliendo bien, al menos de momento. Esa es la gráfica de Teekay Tankers.

Antes de meterme en una inversión así hice un poco de introspección. ¿Qué sé del negocio en torno al petróleo? ¿Dónde está el dinero? ¿Es de repente el transporte la parte más rentable de todo el proceso?

Entre mi desconocimiento del sector y el inminente apocalipsis del Peak Oil (se acaba el petróleo y la humanidad se convierte en una película de Mad Max) y los coches eléctricos que tendremos que aceptar como el no va más del progreso, no me dio por otra cosa que intentar leer algún libro interesante sobre la industria del petróleo.

Para mi sorpresa no hay tantos libros sobre el tema. Y los que hay, tienen precios prohibitivos. Así que os paso a sugerir que leáis, los que seáis usuarios de Amazon Kindle, el capítulo de prueba del libro The Global Oil & Gas Industry: Stories from the Field.

El libro cuesta 79 dólares, que no es el típico precio de un café. Pero tiene la interesante cualidad de que la muestra de prueba que se envía al Kindle presenta dos capítulos largos enteros, y son bastante interesantes como lecturas aisladas.

En esos dos capítulos se narra la intra historia de dos macro proyectos relacionados con la creación de grandes infraestructuras energéticas. Por un lado la creación de una central eléctrica en la India (con la energética americana Enron como principal implicada) y por otro sobre un proyecto de transporte de gas para el gobierno de Bolivia.

Son dos historias muy marginales, y bastante antiguas (tienen casi 20 años) pero hoy en día es difícil leer narrativa de no ficción que tenga una compleja historia sin buenos y malos definidos.

La lectura arroja una visión muy interesante del mundo empresarial a alto nivel. Se trataba de dos proyectos costosísimos en que tanto las empresas como los gobiernos tenían mucho en juego. Con miles de millones de euros en cada presupuesto, todos los actores se arriesgaban a tremendas pérdidas o ganancias.

En televisión normalmente se muestra a las grandes empresas como feroces depredadores que entran en proyectos a tiro hecho y con ganancias garantizadas. Esta lectura ayuda a mostrar un mundo complejo donde cada euro se tiene que sudar antes de que llegue al bolsillo.

Los amantes de las lecturas difíciles agradecerán esta recomendación, insisto, sólo sobre el capítulo de prueba.

Rebuscando entre el resto de libros, aparece uno muy famoso: The Prize: The Epic Quest for Oil, Money, and Power, gigantesco libro de Daniel Yergin que ganaría un Premio Pulitzer, al mismo tiempo que sería un superventas y la base para una serie de televisión.

Publicado en 1990, el libro es una extensísima historia de la industria petrolífera, que en cierto modo es una historia reciente de la Humanidad a través de los ojos de las compañías de extracción, transporte y comercialización.

El libro es muy largo ─908 páginas─ y llega un punto en que se vuelve tedioso, por la insistencia en el tema. Así, me he leído una gran parte del mismo (la primera mitad y capítulos sueltos de las partes más interesantes) pero no he sido capaz de leerlo completo. Ese es el mundo en que vivimos ahora, en que la gente se atreve a recomendar un libro que no ha leído completo y el capítulo de prueba de Amazon de otro.

Al margen de una historia muy interesante, el libro muestra un trasfondo de empresarios hechos de otra pasta. Nada de los típicos burócratas perfectamente delineados por la extrema izquierda en su discurso para subir los impuestos. Se trata de personajes valientes, multidisciplinares y que se juegan el cuello en sentido literal en muchas ocasiones.

Veamos algo de la historia de Calouste Gulbenkian, un personaje secundario en esta historia, pero tal vez por eso un muy buen ejemplo de este tipo de empresarios.

Calouste era hijo de una familia acaudalada de origen armenio, aunque vivía en la actual Estambul. Un muy buen estudiante, sin embargo disfrutaba con el mercadeo del Gran Bazar, donde pasaba la mayor parte de su tiempo libre.

Como hijo de una buena familia, fue enviado a estudiar a Marsella, para mejorar su francés, y al King’s College, para aprender ingeniería de minas, donde escribió una tesis sobre el petróleo.

Graduado en 1887, con tan solo 19 años, con la máxima nota, un profesor universitario del King’s College sugirió que el tan talentoso joven armenio fuese a Francia a licenciarse en Física, pero su padre rechazó la idea por completo, idea que calificó de «gilipolleces académicas». En su lugar, el padre lo mandó a Bakú [capital europea del petróleo en la época], donde se había forjado la mayor parte de la fortuna familiar.

Y esta es la historia de muchos de estos personajes. Gente inteligente, que podía haber tomado el camino fácil e indolente de vivir del cuento, pero que se atrevió a luchar por más. En este caso se convertiría en un negociador fundamental en todos los acuerdos sobre petróleo en Oriente Medio. Y no, no se limitó a quedarse en la comodidad de la casa familiar, viajó incansablemente, viviendo en Estambul, París, Londres y Portugal por largos periodos de su vida.

Considerando que fue por aquel entonces cuando se produjo el genocidio armenio de manos de Turquía, que un armenio, viviendo en Turquía, se mantuviese en su fortuna, no debió resultar tarea sencilla.

Gulbenkian tenía otra característica. Él era total y absolutamente desconfiado. «Nunca he conocido a nadie tan desconfiado», diría Sir Kenneth Clark, el crítico de arte y director de la National Gallery de Londres, que ayudó a Gulbenkian años después a forjar su colección de arte. «Nunca me he tropezado con nadie que llevara las cosas tan lejos. Siempre tiene a gente espiando para él». Contrataba a dos o tres expertos diferentes para estimar una obra de arte y decidir si la compraba o no. De hecho, conforme se iba haciendo mayor, Gulbenkian se obsesionó con superar a su abuelo, que había vivido hasta los 106 años, y para ello, contrató dos equipos médicos independientes, de forma que pudiera contrastar las opiniones de un grupo con el otro.

De una persona así, podría pensarse que era un descastado que había renegado por completo de su país de origen, Armenia. Pero en su testamento legó una partida de 400.000 dólares para renovar la Catedral de Etchmiadzin, la más importante de Armenia «cuando la URSS lo permita».

En una típica surrealista crítica que enfurecería a Nassim Taleb , un crítico literario critica de la biografía sobre Calouste la ausencia de libros entre sus bienes preciados:

Siempre llevaba consigo todo lo que necesitaba en sus viajes: pasaportes, material para escribir y enviar cartas, libros de códigos telegráficos, vinos y champanes, medicamentos, café, miel (un tipo específico), gafas de sol y prismáticos (para practicar ornitología).

Y como digo, no es más que un personaje secundario de esta historia, donde el gran protagonista no es otro que John D. Rockefeller. Se hizo el hombre más rico del mundo comerciando con petróleo en la época en que aún no se había inventado la gasolina: sólo se usaba el queroseno para la iluminación y el resto de subproductos de la gasolina ─los realmente valiosos hoy en día ─ se tiraban.

En este sentido, hay una paradójica relación con el coche eléctrico. El gran negocio del petróleo era el queroseno para iluminación. Cuando irrumpió la electricidad y la bombilla de Edison, los empresarios del petróleo tuvieron que pivotar hacia otro sector. Justo entonces se estaba desarrollando el automóvil. Al tener la gasolina precios mínimos ─por estar el queroseno perdiendo demanda de forma continuada─ resultó la mejor opción como combustible.

Así, puede decirse que los coches no nacieron eléctricos de serie por el simple hecho de que la electricidad estaba matando al negocio del petróleo en la iluminación. Un poco como el caso de Apple, que tuvo que volcarse en los dispositivos móviles, porque tenía perdida la batalla de los ordenadores. Con el tiempo, el nuevo negocio resultó ser infinitamente más lucrativo.

Por qué es bueno tener hermanas

En su extenso e interesantísimo libro Gladiadores, El gran espectáculo de Roma, Alfonso Mañas cita un texto clásico que nos muestra lo duro que era viajar en la antigüedad. ¿Te han robado el bolso estando de viaje? ¿La cartera en Barcelona? ¿Has perdido las maletas? En la antigüedad, si te robaban en tierra extraña, simplemente te dejaban en la mendicidad para el resto de tu vida, y así el protagonista, tras sufrir un hurto, entiende que matarse es casi la opción más sensata.

También el texto nos traslada a una época de amistades inimaginables hoy en día, en la época en que los amigos se han convertido en seguidores.

Escribe Luciano de Samósata en su libro Toxaris:

Movido por el deseo de conocer la cultura griega, partí de mi casa (en Escitia) camino a Atenas. El barco puso destino a Amastris, ciudad a la orilla del [pontus] Euxinus (el mar Negro) y que está en la ruta natural desde Escitia, no lejos de Carambis.

Sisinnes, que era amigo mío desde la infancia, me acompañaba en este viaje. Habíamos sacado todas nuestras pertenencias del barco y las habíamos dejado en una pensión cerca del puerto. Mientras estábamos en el mercado, sin sospechar que nada fuese mal, unos ladrones forzaron la puerta de nuestra habitación y se lo llevaron todo, sin dejarnos siquiera con qué pasar ese día. Bueno, cuando regresamos y vimos lo que había ocurrido consideramos inútil pedir indemnización legal a nuestro posadero o a los vecinos; había muchos de estos, y si hubiésemos contado nuestra historia —que nos habían robado 400 dáricos y nuestras ropas y mantas y todo— la mayoría de la gente habría pensado que estábamos montando un alboroto por una nimiedad.

Así que nos pusimos a pensar qué debíamos hacer; ahí estábamos, sin absolutamente nada en un país extraño.
En cuanto a mí, pensé que bien podría meterme una espada entre las costillas en ese mismo momento y lugar, y poner así punto final a todo, antes que soportar la humillación que el hambre y la sed podría hacer caer sobre nosotros. Sisinnes adoptó una visión más optimista y me imploró que no hiciera eso: “Pensaré en algo” dijo, “y seguro que nos irá bien”.

Hasta entonces había hecho lo suficiente como para conseguirnos un poco de comida, dedicándose a traer madera desde el puerto. A la mañana siguiente dio una vuelta por el mercado, donde parece que vio un grupo de jóvenes bien formados que, como resultó, estaban alquilados como gladiadores e iban a luchar dos días después. Lo averiguó todo sobre ellos y entonces regresó donde yo estaba. “¡Toxaris!”, exclamó, “¡Da por terminada tu pobreza! ¡En dos días te convertiré en un hombre rico!”.

Pasamos esos dos días como pudimos, hasta que llegó el del espectáculo. Cuando tomamos asiento como espectadores Sisinnes me dijo que me preparase para todas las novedades de un anfiteatro griego. Lo primero que vimos al sentarnos fue a varias bestias salvajes: algunas estaban siendo abatidas con jabalinas, otras cazadas con perros y otras eran soltadas sobre hombres atados de pies y manos, los cuales nosotros supusimos eran criminales. Tras esto aparecieron los gladiadores. El heraldo llevó hacia delante a un joven fornido, y anunció que quien estuviese dispuesto a luchar contra él bajara hasta la arena y tomara su premio, 10.000 dracmas (unos 500 €). Sisinnes se levantó de su asiento y saltó a la arena, expresando su voluntad por luchar, y pidió las armas. Le dieron el dinero y él me lo entregó a mí. “Si gano”, dijo, “regresaremos juntos y no nos faltará de nada.

Si caigo me enterrarás y volverás a Escitia”. Yo quedé muy conmovido. Entonces él recibió las armas y se las puso, a excepción del casco, pues él combatía a cabeza descubierta. Fue el primero en ser herido; la hoja curva de su enemigo* le hizo sangrar en la ingle. Yo estaba medio muerto de miedo. Pero Sisinnes estaba preparando su momento: el otro le atacó entonces con más confianza y Sisinnes arremetió contra el pecho de él y le hundió la espada limpiamente, de modo que cayó sin vida a sus pies. Él mismo, exhausto por la pérdida de sangre, cayó sobre el cadáver y la vida casi le abandona. Corrí a asistirle, le levanté y le dije palabras de ánimo. Había conseguido la victoria y era libre de marcharse. Por tanto lo recogí y lo llevé a casa.

Al final mis esfuerzos tuvieron éxito: él se recuperó y vive en Escitia hasta el día de hoy, tras haberse casado con mi hermana, aunque, sin embargo, aún está cojo por la herida.

Pasta de dientes


Si por algo destaca la pasta de dientes Elmex es por la sobreingeniería en el diseño del tubo. Primero tienes que usar el tapón para quitar el precinto, una extraña argucia que demuestra que en esa compañía se respeta más a los ingenieros que a los dentistas. Luego incluye la extraña peculiaridad ─que algo tiene de inquietante─ de que el bote siempre se apura hasta el último milímetro, sin tener que retorcerlo hasta la extenuación. Parece como si hubieran pensado mucho el cómo empezar y terminar con la pasta, y eso crea incertidumbre sobre si han trabajado tanto para fabricar una buena pasta de dientes.

Aún así, con el uso frecuente me había acostumbrado a la pasta de dientes Elmex y para comprarla siempre me tocaba ir a la farmacia y pagar un exagerado sobreprecio. Un auténtico drama personal que de haberlo conocido, podría haber inspirado una novela a Dickens.

Intentando ahorrarme el sobreprecio de la venta en farmacias, buscando como un mendigo por internet, acabé con la idea genial de buscar la pasta en el Amazon alemán y encontré una oferta brutal: menos de la mitad del precio de España. La única pega: que tendría que comprar ocho tubos. Ningún problema para un preparacionista aficionado. Y es que aquello, más que un chollo increíble, parecía una anomalía de Matrix.

Lo que aparentemente no daba ni para escribir un twitt de los inicios de Internet ─en que la gente anunciaba cuando se acababa de levantar─ con el paso de los meses se convertiría en una extraña maldición. Llámalo karma llámalo una energía, como diría el personaje de Fermin Trujillo. Pero aquella oferta de ocho tubos de pasta de diente Elmex colgaba del árbol del conocimiento del bien y del mal y no podía disfrutarse sin pagar un precio muy elevado.

Todavía disfrutando de mi primer tubo empezaron los problemas dentales. Un modesto pero constante sangrado matutino. Como buen paciente de la Seguridad Social, la primera medida siempre es evitar ir al médico. Decidí dejarlo hasta que tuviera la siguiente revisión con el dentista. Igual pasaron un par de meses hasta entonces.

La primera vez que fui a ese dentista, hace años, lo hice recomendado por terceras personas. El odontólogo no era ni bueno ni malo, pero el ambiente que allí se vivía, parecía más propio de las escenas introductorias de una película pornográfica. Y por eso, seguí yendo mucho años. Supongo que angustiado por la discriminación que sufre la mujer en el ámbito laboral, ese dentista había decidido que en su clínica sólo trabajarían mujeres. Concienciado con los problemas de empleo juvenil que vive nuestro país en la actualidad, optó porque no hubiera ninguna de más de 30 años. Tratándose de una profesión muy relacionada con la estética, por motivos profesionales las eligió a todas guapas.

Más que una clínica, tenía un aire de mansión playboy de barrio, o al menos así me lo parecía a mí que arrastro problemas con la imaginación. Las había rubias, morenas, latinas, de países del este. La única pega era que la mayoría de las asistentes tenían poca experiencia, poco sueldo y pocas esperanzas de seguir trabajando en una puesto donde no parecía que la gente se jubilara. En mi revisión una de las más expertas y veteranas me avisó de que tenía una dolencia en las encías. Me dio un mensaje preocupante a la vez que no me aportaba una solución clara. Unos productos para intentar atajar el problema y de vuelta para casa y mirarlo mejor en Google, que es el médico de verdad. Cuando me marché de la clínica sabía que ese paraíso para los ojos e infierno para la boca no me volvería a ver jamás.

El cambio fue traumático: una argentina que hablaba más que un sacamuelas y más que un argentino. De edad próxima a la jubilación y con una asistente de la misma generación. La experiencia del dentista en su máxima expresión. No quiero cerrar el párrafo sin mencionar algún aspecto positivo del cambio: era una excelente dentista y muy comprometida con sus pacientes.

Tras el diagnóstico de mi problema la solución pasaba por usar un tipo de pasta de dientes especial para encías. Siete tubos de pasta almacenados cuidadosamente y me tocaba comprar una marca nueva…que sólo se vendía en farmacias. Y sí, con un enorme sobreprecio.

Pero la maldición era más profunda que todo eso. Por alguna extraña razón, siempre que hacía un viaje pequeño, se me acababa olvidando la pasta de dientes. En las vacaciones, además, se me cayó el tubo dentro del váter. ¿Quién necesita dos tubos de pasta de dientes para un viaje de una semana? Empecé a acumular botes prácticamente enteros de todas las marcas imaginables. Los cajones de mi cuarto de baño empezaban a apuntar costumbres bizarras de potenciales psicópatas. Luego tenía botes pequeños de muestra que me daban los dentistas ─fascinante que te recomiendan una marca pero te dan de otra porque es gratis. Llegó un momento en que opté por ir guardando los envases en lugares diferentes de la casa, para evitar sentir la desazón visual causada por tan involuntaria colección.

La puntilla me la daría un viaje a Asia. Ahí encontré en los supermercados la pasta de dientes que me habían recetado a un precio razonable. Me traje dos tubos para España. Una vez abrí el primero, pude comprobar que tenía un sabor muy diferente al de España, con el consiguiente dilema: ¿Me habrán dado gato por liebre, y tendré una pasta de dientes de ínfima calidad, o es simplemente que allí la hacen de otra forma? Como buen muerto de hambre, me creí la opción que más me convenía, y la seguí usando, imaginando esta vez que allí tenían una fórmula mejorada.

Ahora tenía dos docenas de botes en casa, de todas las marcas, algunos con la etiqueta en alemán, en ruso, otros en chino o tailandés. Cuando algún extranjero se olvidaba la pasta de dientes en mi casa, la tiraba sin pensarlo dos veces. Tenía pasta como para dos vidas.

He ido regalando botes sin empezar, deliberadamente olvidando en hoteles algunos de las marcas menos atractivas. Vivo una guerra contra la pasta de dientes que sólo ahora parece que estoy empezando a ganar. He querido escribir este post para explicar un aspecto que podría quedar poco claro si alguna vez muero y mis herederos se ponen a hacer inventario de los cajones. Tengo muchas costumbres raras, algunas perversiones inconfesables, pero lo de la pasta de dientes, ha sido una batalla librada directamente contra Dios.

27 de Marzo


Cuando estaba revisando la lista de artículos que publicar en el libro uno de los primeros artículos que consideré imprescindibles era el que trataba sobre el 4 de marzo. Necesitaba una buena reforma, pero el concepto en sí mismo era muy intrigante, y se trataba de algo totalmente original que nadie había mencionado antes.

La Wikipedia tiene una página para cada día del año. En ella se enumeran nacimientos, defunciones, eventos y otras peculiaridades que han tenido lugar en ese día en concreto. Así, podemos ver que el 25 de diciembre de 1989 fue condenado a muerte el Presidente de Rumanía, Nicolae Ceaușescu, que el 25 de diciembre de 1983 murió Joan Miró o que el 25 de diciembre es también un festivo islámico en Pakistán.

De entre estas 367 páginas (pues hay una dedicada al día 29 de febrero, pero también otra al 30 de febrero (!)) uno espera una distribución más o menos aleatoria de eventos. Sin embargo un usuario anónimo de Internet se había dedicado, de una forma metódica e implacable, a realizar graduales modificaciones en el artículo de la Wikipedia inglesa referente al 4 de marzo hasta conseguir que fuera el artículo dedicado a un día del año más largo de todos, muy por encima de claros candidatos como el 1 de enero.

A pesar de mi interés en la historia, acabaría escapando del libro. En gran parte porque tendría que reescribirse por completo, aunque no en menor medida porque evité resaltar los artículos más conspiranoicos, a pesar de ser una de mis especialidades.

Me gustó que de forma totalmente casual había detectado a un tío raro de Internet que se pasaba las horas realizando modificaciones de la forma más discreta posible. Su nivel de perversión mental tenía todo mi reconocimiento. Dicho editor, identificado en la Wikipedia con el nick de Acumen76 comenzó su trabajo en febrero de 2006 pero sería detectado por mí, y seguramente por primera vez, en marzo de 2007.

Para aquel entonces, ya había conseguido el liderato para su fecha de preferencia. Su página era un 30% más grande que la segunda mayor de todas, la relativa al 1 de enero. Para ello había tenido que rellenar todo tipo de referencias a dicho día, algunas tan oscuras como indicar que la narración de la novela de Sherlock Holmes A Study in Scarlet comienza en dicha fecha.

A pesar de la enorme repercusión que tuvo el hecho de que hubiera sido mencionado en mi blog, Acumen76 siguió con su trabajo. Todavía en marzo de 2018 pueden leerse algunas de sus modificaciones en dicho artículo, que inexorablemente ha seguido mejorando durante más de 12 años.

La historia era rara de por sí, hasta que de repente, de forma inesperada, surgió un nuevo actor: el 27 de marzo, de la mano del aún más misterioso usuario 86.5.161.217.

De dicho usuario solo se conoce que vive en Reino Unido. Su aventura comenzó mucho después que la de Acumen76, en agosto de 2012, seis años después del hombre del 4 de marzo. Su perfil es aún más misterioso que el de Acumen76. Si éste estaba obsesionado con una única fecha, en la que realizaba todas sus modificaciones, 86.5.161.217 se dedicó a realizar cambios en muchas páginas de la Wikipedia, con un foco especial en las fechas, concentrándose sobre todo en las de marzo y dando especial atención al 27 de marzo.

Así, el primero volcó todos sus esfuerzos en modificar el 4 de marzo, con pocos cambios muy extendidos en el tiempo, en un trabajo que se extiende ya en más de 12 años. El segundo sin embargo, tuvo una actitud casi robótica: decenas de modificaciones, muy concentradas en el tiempo, pero con el foco en una fecha en particular que casi no se nota entre tanta publicación. Pero su esfuerzo titánico acabaría dándole el codiciado premio: tras muchos años de reinado, el puesto de honor pasaba al 27 de marzo: la página de la Wikipedia, relativa a un día del año, con más nacimientos y muertes.

Atrás había quedado la manipulación desmesurada de Acumen76, que durante años consiguió que la página más extensa de todas fuera la de su día del año. Hoy en día la relativa al 1 de enero es un 100% más extensa que la del 4 de marzo (Acumen76) o el 27 de marzo (86.5.161.217), pero la lucha ahora está en el número de nacimientos y defunciones.

Hasta el que gana una guerra, lo hace a veces con heridas. En marzo de 2014 el usuario 86.5.161.217 fue penalizado durante un año sin poder editar la Wikipedia. Aunque tratándose de un usuario eminentemente anónimo, y ante la continua evolución de dicha página, queda bastante claro que siguió haciéndolo usando algún otro usuario.

Si bien mi artículo de 2007 destapó la extraña labor de Acumen76, uno mucho más profesional aparecería en 2015, firmado por Jennings Brown y que también se había encontrado con la historia por casualidad. Para aquel entonces, la nueva reina del baile ya no era el 4 de marzo, sino el 27 de marzo.

En dicho artículo muestra el número de nacimientos o fallecidos en cada artículo de la Wikipedia para cada día del año. Hay una grotesca anomalía en dichos días. Por ejemplo para los nacimientos, el 4 de marzo muestra 637 celebridades, mientras que el 27 de marzo tiene aún más: 821. Esto contrasta con fechas más razonables, como el 14 de marzo donde tan solo hay 250. Muy pocos son los que superan las 300, ni qué decir la desmesurada marca de 821.

Desde su artículo en 2015, Wikipedia se ha vuelto mucho más estricta y ahora no se admite tal volumen de efemérides. Para los nacimientos de celebridades, los números han bajado mucho:
4 de marzo: 394
27 de marzo: 265
14 de marzo: 202

En una batalla épica, que supera de largo la década, Acumen76 y su 4 de marzo está lentamente desangrando a la paciencia británica de 86.5.161.217, el loco detrás del 27 de marzo. Ahora vuelve a ser el 4 de marzo la fecha con más efemérides.

Aquí tenéis enlaces a las páginas del 4 de marzo y el 27 de marzo. Para ver el alcance desesperado por incluir fechas de nacimiento de cada uno de los usuarios, el 27 de marzo cuenta con Marc Muniesa, un jugador del Girona, mientras que el 4 de marzo tiene a Fran Mérida, un jugador del Osasuna.

Anuncios de caballos

Tampoco tengo del todo claro por qué, pero me ha dado por buscar caballos en Mil Anuncios. Y he encontrando un filón notable para el bizarrismo, que paso a exponer. Los resaltados son míos.

Los anuncios tienen que estar llenos de faltas de ortografía. Pero como usan un montón de jerga específica, te dejan una sensación de que el paleto eres tú.

Se vende caballo anglo-árabe hijo de jicarón de la yeguada militar, alazano, careto y calzado de una mano. 1, 60 a la cruz, 9 años perfectamente domado y saliendo al campo, a romerías y a todos sitios, haciendo toda la reprise de doma. no cambio , solo vendo . NO ES UN CABALLO BARATO. por favor abstenerse gente aburrrida. lo vendo por estar trbajando fuera de la peninsula. gracias

Arreglando algunas faltas, las descripciones de los caballos son a veces super empalagosas, aunque llenas de adjetivos y cualidades a menudo contradictorias.

Se vende caballo noble donde los haya y tranquilo. Metido en ferias y encierros sin ningún tipo de problema. Se deja tocar por todos los lados, caballo con corazón y ganas de trabajar. Caballo andalón y con mucha nobleza. Más información por privado.

Los anuncios son muy similares a los de coches. Sólo falta mencionar que tienen la ITV pasada. A estado pasa a engrosar mi vocabulario de Whatsapp.

Caballo muy iniciado en vaquera noble para cualquiera hispano árabe puede probar sin compromiso se acepta pruebas veterinarias 5 año 1, 63 a la cruz a bastón A estado en todo tipo de evento rocio feria ect 2 Riendas Marchando por todos lados Sin problema de nada andao Válido para cualquiera feria roció algo negociable

Hay muchas alertas diciendo que solo llame gente seria, parece ser que hay mucho aburrido que llama preguntando por los caballos para tocar las narices.

Se vende pony de 8 años de edad entero de 1, 25 ala cruz muy bien enganchado y montado sano como una pera, esta herrado, desparacitado y con la boca recien hecha, no da bocados ni patadas aparte tengo un charret y 2 juegos de arreos el precio es solo por el pony no cambio por bestia un saludo

Queda claro que la bestia era el anunciante.

Comprar un caballo por capricho. ¿Qué puede salir mal?

Se vende pre de 9 años todavia entero no esta mui montado io lo compre por el caprichio de tener un caballo pero no tengo nunca tiempo para dedicarle por eso la venta algo negociable

Por lo visto hay caballos que se venden por partes, supongo que como los coches, para piezas de recambio.

La complejidad de los árboles genealógicos, que supongo la gente del mundillo conoce, muestra nombres nobles mezclados con otros bastante talegueros.

Disponible para cubriciones semental PRE, castaño, 1, 65 de alzada, de nombre Malegro. Compitiendo a nivel San Jorge en Doma clásica. Muy buenos movimientos y excelentes orígenes. Hijo de Karateka ( por Gaucho III y Baviera IV) origen miura por Panadero VIII.

Grotesco de arriba abajo (sentado y de piel) lo más extraño de este anuncio es que tiene un punto al comienzo del texto. Supongo que en algún momento, la tecla dejó de funcionar.

Muy noble doma alta escuela vaquera y doma libre. colo blanco con pinta marrón cola manos patas y crine negra talla buena si quiere compra una yegua cómprala cono esta muy noble haciendo de todo esta interesado ponte en contacto conmigo y te informo de todo contesto whatsapp un saludo y llamara doma de la yegua paso moviendo el moquero de oreja a oreja se tumba en el suelo echo el muerto se levanta contigo se arrodilla y se sienta de culo trabajo en circulo paso a la derecha y a izquierda paso de costado a una mano y a la otra para dentro y para fuera y de frente para un lado y para el otro paso atrás paso adelante haciendo el paso español para alante y después para atrás passat levantando muy bien las manos y las patas saludo en tre remo levantando una mano en redondo y después la otra trote a una mano y a la otra galope a una mano y a la otra galope media pirueta a la izquierda y a derecha galope de costado para dentro y para fuera y de frente para un lado y para el otro galope arreón pirueta entera a la derecha y a izquierda arreón parada en seco saludo con la mano levantada y de piel

Rollito vegano-pacifista.

Vendo Potro Palomino de 28 meses apto para consumo con sus papeles en regla y su microchip. Es hijo de spartaco un gran caballo Pre con una Percherona va a ser un gran caballo. Acepto yegua como parte del pago. Un Saludo

Vendo burro zamorano leones de tres años cubriendo perfectamente respetando a las hembras suelto en libertad esta en el pasto con un hilo de pastor se entrega desparasitado con la documentación en regla apto para el consumo humano atiendo wasap se vende por esceso de sementales

Burra de raza enana mide sobre un metro en la cruz no ha parido de cinco años muy guapa, con papeles precio negociable Cambio tmb por algo que me interese articulos de caza remolque tienda. abtenerse no interesados y graciosos

Machete al machote.

Vendo pony perla de 4 años muy bonito apto para el consumo humano También cambio por pony hembra o algo que me interese Solo llamadas

Caballo no apto para mujeres.

Vendo yegua súper mansa, se pone a prueba se pueden montar niños y hombres mejor verla hablar sin compromiso. (SOLO ATIENDO WHASTAPP)

Más críptico que el Manuscrito Voynich.

No queda claro si el niño está incluido en el precio o no.

Está claro que los caballos no son muy prácticos para conducir por ciudad.

Edad 5 años alzada 1. 57 doma de cuadra está entero no está capado cambio por moto que me interese gilera runner 180 cr kx rm yz kawasaki yamaha suzuki Solo WhatsApp SOLO ESTá SEMANA ESE PRECIO

Semen fresco, congelado, hasta el ADN secuenciado te lo ponen en el anuncio. Sólo de leer el anuncio ya te sientes como si hubieras participado en un bukkake.

Los caballos no se escapan de la tiranía de la altura, éste parece un marginado del Tinder.

Se vende potro PRE 1, 60 a la cruz, es noble. Tiene todos sus papeles, madre yeguada del sol y padre Paco Lazo, tiene 5 años esta sin domar. Cambio por caballo cruzado menos de 10 años y mida mas de 1, 65. Precio negociable.

Este anuncio da pinceladas de un drama épico de fondo.

Se vende castano morcillo precioso es pura raza español pero sin papeles esta entero y tiene 12 años es un gran caballo paso español, costados, cesiones, espalda dentro, cara al muro muy domado el caballo ha toreado con álvaro montes en la suerte de matar mide 1. 59 apto para aficionados con nivel medio se puede ver sin compromiso. Vendo por problemas médicos actualmente lo montaba un chico de 12 años. Seriedad.

No tengo tiempo para el caballo, pero lo cambiaría por otro.

Se vende por falta de tiempo lleva sin montarse desde septiembre no tengo tiempo para dedicarle echado pa lante paso trote y galope talla 1, 52 edad 5 años precio negociable Esta capado. Capa bayo. acepto cambio por caballo domado de 8 años en adelante gracias

Yegua dominante.

Vendo yegua muy guapa y noble, va muy bien, este año esta preñada para abril de un caballo normal porque paso el verano en el puerto, la vendo porque no le mando nada, cualquier cosa wasapp (precio algo negociable)

Kinder sorpresa no negociable.

Vendo burra de unos 9 años de edad muy grande montada y trabajos con arado. . . Posiblemente preñada de un caballo no negociable

Se traspasa caballo fresquito.

Historia de mis relojes

Estos son los cuatro relojes que tengo y esta es su historia.

Empezaré con el segundo por la izquierda, de la marca Duward, modelo Aquastar. Me lo regalaron mis compañeros del último trabajo normal que tuve, cuando me despedí. Fue un regalo muy elegante, old school. En el pasado, cuando la gente llevaba mucho tiempo en una empresa, se le solía regalar un buen reloj. Hoy en día nadie dura en un puesto de trabajo lo suficiente, así que es posible que mi reloj sea uno de los últimos que tengan algo que ver con la tradición.

En la empresa solíamos recoger 3 ó 6 euros para los regalos. Dependiendo de la persona y de la importancia del evento, se decidía un importe u otro. La tarifa era siempre discutida: de un lado estaban los que eran próximos al homenajeado ─más proclives a las mil pesetas─ y del otro los que simplemente pasaban por el aro de la presión social y el hoy por tí mañana por mí. Cuando se pedían 3 euros, casi todo el mundo apoquinaba, porque tampoco era el fin del mundo. Pero los regalos de 6 euros se encontraban con una participación siempre algo menor, que podía poner en cuestión la conveniencia de pedir más para acabar ganando menos.

Creo que ese Duward se corresponde con una recogida de seis euros: es ambicioso en las intenciones, pero falla en la realidad de compañeros que pasan de pagar dinero por alguien con quien no se llevaban tan bien. Era el último regalo que pudiera esperar: tenía ya otros dos relojes que solía llevar a menudo y normalmente los regalos que se hacían a otros compañeros eran mucho peores. Por superstición nunca me preocupé por mirar cuánto podía haber costado, pero ahora con Internet puedo estimar que el precio estaría en torno a los 150-180€, algo que se escapa por completo a los exiguos y llenos de ausencias presupuestos de seis euros. Así, termino por pensar que alguno de mis mejores compañeros puso bastante más que eso. Posiblemente fue un regalo diferente, en que unos pocos y muy buenos compañeros pusieron mucho dinero.

Que fuera un buen regalo no está reñido con que lo considerara totalmente inadecuado. Ahora tenía 3 relojes que alternar, cuando con uno bueno me hubiera bastado. De los cuatro relojes es posiblemente el más estiloso, pero el que menos se ajusta a mi estilo propio, de persona a la que viste su madre.

Vamos ahora con el primero por la izquierda: Zodiac Speed Dragon. Este reloj me lo regalaría mi expareja. Hace años, cuando se decía expareja era para dejar abierta la posibilidad de que esa persona fuera también un maromo. Con los tiempos modernos, hemos conseguido trascender y ahora también recoge connotaciones de malos tratos, denuncias falsas o no, pasos por juzgado y niños a los que no ves cuando quieres. En mi caso lo pongo no porque me dieran por culo ─de una forma u otra─ sino porque las digresiones sin sentido son la esencia misma de este blog.

Es posiblemente el regalo más desacertado que he recibido jamás. Lo vi un reloj pretencioso, quiero y no puedo con correa de cuero. Lo imaginaba el típico reloj de la gama más baja dentro de una categoría de relojes de calidad media. No digo que en su momento no me gustara, pero es solo ahora que me he dado cuenta de que ese reloj de segunda habría costado entre 200 y 300 euros, una cantidad totalmente desmesurada para un regalo de cumpleaños. Fue un acto muy generoso pero quedó totalmente oculto entre la humildad de la regaladora y la superstición y falta de conocimientos del mundo de los relojes por parte del agasajado.

Hay que tener mucha modestia para hacer un obsequio tan caro, que la otra persona no se de cuenta y no traer a colación la distracción que está ocurriendo. Era, desde luego, un regalo que habría sabido apreciar mucho mejor si hubiera sabido lo que había supuesto comprarlo. Ahora en perspectiva, lo veo un error: se suele decir que lo que cuenta es el detalle, pero si no eres conocedor del alcance del detalle, la estás cagando por completo.

Vamos ahora al tercer reloj empezando por la izquierda. Un Sturmanskie Traveller comprado como auto regalo en San Petersburgo. Me costó unos 150€ al cambio, pero con el deterioro implacable del rublo, desde que lo compré hasta que el banco se llevó el dinero de mi cuenta, me había ahorrado por lo menos un 10%. Antes de ese viaje había estado indagando sobre qué podía llevarme de recuerdo de un país asín. Con el total desconocimiento del mundo de los relojes que estoy plasmando en este artículo, me tropecé con alguna descripción de los relojes Raketa. Una de las pocas marcas rusas que tiene algo de prestigio en el exterior, sus relojes tienen cierto reconocimiento. Entre los modelos más famosos, existe una curiosa serie de relojes pensados para el Ártico.

En el Círculo Polar Ártico la medida del tiempo crea problemas inesperados por latitudes más soleadas: noches interminables alternadas con días sin luna hacen que algo tan baladí como distinguir entre las 8 de la mañana y las 8 de la tarde no siempre resulte obvio. Así, Raketa creó una serie de relojes que rompe uno de los patrones de diseño más común: el reloj con la esfera de 12 horas da paso a una versión diferente, con 24 horas.

Un cambio tan sencillo tiene sin embargo grandes implicaciones en el diseño. El minutero tiene que seguir recorriendo el mismo espacio de la esfera, pero ahora la división de 60 minutos en grupos de 5 no funciona: al tener 24 horas ya no hay una forma exacta de dibujar los minutos basados en las señales de las horas. Las horas pares coinciden con los bloques de minutos tradicionales, pero las horas impares quedan entre dos señales de minutos que causan algo de desasosiego estético.

Vamos ahora al último reloj, el primero por la derecha en la foto: un Swatch convencional, elegido en un Corte Inglés como regalo a la carta. Si los otros relojes no encajan del todo con mi gusto estético, este suple su adecuación con la impersonalidad de un regalo elegido por uno mismo, comprado antes de la verdadera fecha del cumpleaños y de precio conocido. La elección se corresponde con mi poca vista y el gusto por poder saber la hora sin tener que pensarla ni una fracción de segundo. Muchos relojes modernos están llenos de florituras que dan elegancia pero quitan claridad. El Deward, por ejemplo, no tiene escritas más que cuatro cifras: 2, 4, 8, 10 y las agujas tienen poco contraste sobre el dial. Otros relojes son literalmente oscuros. Este Swatch no es muy complejo, pero si tuvieras que elegir un reloj sobre el que explicar la hora a un niño, sería ese.

Su aparente simplicidad estética se compensaría con su compleja personalidad. Nada más salir de la tienda, de forma inexplicable, el reloj dejó de funcionar. Hubo que volver a la tienda a que lo miraran y un simple cambio de pila fue suficiente para que volviera a la vida. El caso es que pasaron los años y el reloj siguió funcionando con total normalidad. A cada año que pasaba, el cambio de pila se volvía más y más siniestro. Al final, puntual como un reloj, exigió un nuevo cambio a los 10 años, lo que me llevaría a pensar. ¿Cómo es posible que un reloj al que la pila le dura, literalmente, diez años, se agotara el mismo día que me lo compraron?

Ese reloj nunca tuvo muy buena presencia. Agotó tres correas de cuero, cumpliendo el dicho de que el dinero del pobre va dos veces a la tienda (o incluso tres), antes de aceptar el desembolso de una correa de metal que costaba casi tanto como el reloj original. Su presencia desgarbada, sería la causante de que años después, primero una expareja y luego unos compañeros de trabajo, consideraran que necesitaba un reloj nuevo.

Incluso yo mismo, pasados los años, decidí que tenía que encontrar el reloj perfecto y que ese sería un Raketa Artic. Pero la conjunción de un rublo débil con una extraña moda prehipster llevó a que los Raketa estuvieran a precios exorbitantes para cuando tenía pensado hacer mi viaje a San Petersburgo. El Sturmanskie era una buena alternativa, encajando totalmente con mi estilo: parece un reloj más barato, como el Zodiac de la correa de plástico. Muestra mi totalmente desprecio hacia las marcas, entrando casi en una versión de marca blanca de un reloj famoso. Y tiene la esfera más clara que un reloj tan complicado puede permitirse.

Ese Sturmanskie alimenta su personalidad con el hecho de que lo compré a pocos pasos de donde solía vivir Dostoievski, entre las calles que él menciona en algunas de sus más famosas novelas. No es del todo descabellado pensar que en la misma tienda donde conseguí ese reloj de pijo low cost, Dostoievski había comprado el pan hace casi dos siglos.

En algún momento impreciso de esta historia, tras su puntual cita con el cambio de pila, el Swatch del principio había dejado de funcionar. Con tan elegante competencia, no fue un mayor problema. No sé si tanto por ser un regalo como por el hecho de que, de alguna forma, los relojes capturan la historia que hay detrás de ellos, decidí darle una oportunidad con un cambio de pila que, desgraciadamente, no fue suficiente. El reloj pasó a una caja como paso previo a acabar en la basura ─los objetos tienen un ritual según el cual van degradando su existencia antes de desaparecer. Primero van a una caja elegante, luego a un cajón de sastre. En cuanto entran en una bolsa, ya están con un pie en el contenedor de la basura.

La historia del Swatch sin embargo se cruzaría con la del Deward. Este, más pijo pero con peor corazón, acabó gastando la pila poco tiempo después de ser regalado. El Sturmanskie, que se activa con el movimiento de la muñeca, no necesita pilas, pero aún no era ni siquiera un proyecto. Antes de llevar el Deward a recargar, pasó un tiempo descansando junto al Swatch cadáver. En un gesto desesperado y que en realidad acercaba más al Swatch al contenedor de la basura, lo paseé hasta la tienda del relojero el mismo día que preparaba la vuelta a los ruedos del Deward.

El relojero, un personaje peculiar que daría para otra historia en sí misma, limpió el reloj con la esperanza del que está acostumbrado a producir milagros, y ese gesto, junto con un cambio de pila, fue suficiente para que el destrozado Swatch volviera a la vida con una promesa firme de vivir diez años más.

Años después, volvería al mismo cirujano con mi reloj de ajedrez, que es como el de la siguiente foto.

Los relojes de ajedrez sirven para medir el tiempo que tiene cada jugador para reflexionar en una partida. Tienen dos botones encima, cuando uno se pulsa, se para uno de los relojes y se activa el otro. Es de esa forma como se registra el tiempo que cada jugador ha consumido en una partida de ajedrez. Estos relojes se han convertido en auténticas reliquias, sustituidos hace décadas por los electrónicos, mucho más claros en mostrar el tiempo restante. Con los relojes electrónicos sufro la brecha tecnológica en mis carnes. Un jugador muy asiduo de ajedrez en la época analógica, la llegada de los relojes electrónicos me pilló retirado y ahora soy como uno de esos abuelos que no saben manejar un teléfono móvil: a pesar de mi muy digno nivel ajedrecístico, no sé cómo se ponen en hora los relojes analógicos de ajedrez.

El reloj de ajedrez de madera de esta historia fue muy probablemente un regalo, pero ya no consigo precisar exactamente de quién y en qué condiciones. Era una de esas tecnologías antiguas pensadas para durar toda la vida. Y así sería, lo tengo desde hace unos 30 años. La única pieza frágil en un mecanismo casi perfecto diseñado en Alemania es la manecilla de plástico que se usa para ajustar la hora del reloj. Con el paso del tiempo, dichas manecillas no se rompieron sino que se desintegraron.

Tras haber sido testigo del milagro del relojero, pensé que para él sería una fruslería simplemente encontrar unas piezas de plástico compatibles. Pero no fue tan sencillo como esperaba. No pudo, desde luego, hacerlo en un primer intento. Le dejé el reloj, con la promesa de una llamada una vez estuviera solucionado el problema. Pero la llamada tardó demasiado en llegar. Tras un par de visitas infructuosas a su tienda, me lo llevé de vuelta a casa tal y como lo había dejado. Es curioso como un mismo profesional puede dar dos imágenes tan distintas: en la primera salvó un reloj que otros habían dado por desahuciado de la vida. En la segunda dejó totalmente olvidado mi encargo durante meses. Creo que en la vida uno no debe guiarse por los promedios, prefiero un relojero como este, con sus ventajas e inconvenientes, a uno anónimo del que no sé nada.

Otros tiempos, otras costumbres. Ahora la gente tiene relojes para medir los pasos y las pulsaciones. Los jóvenes ─o aspirantes a no dejar de serlo─ posturean con los Casios que vuelven a la moda. Los que como yo sean viejos atrapados en el cuerpo de un joven, comprenderán algo de esta historia. Ahora con mi reloj automático y sin pilas del barrio del Dostoievski, siento que la historia se ha vuelto contra mí. Ahora soy yo el que tengo que alimentar la vida del reloj, moviendo la muñeca de vez en cuando. Si quiero que estos relojes traidores sigan contando mis horas, tengo que seguir cuidando de ellos hasta que se me acaben las horas: nunca regaléis relojes.

Mal de altura

Jon Krakauer es un periodista americano muy aficionado al montañismo, al que una revista de escalada le propuso en marzo de 1995 escribir un articulo sobre la comercialización de la ascensión al Everest.

Como en todos los trabajos interesantes, las condiciones laborales eran bastante precarias. La revista dio a Jon 5 días para decidir si aceptaba o no el encargo ─que hubiera supuesto un viaje de unos tres meses al Himalaya en una expedición que partía de inmediato. Qué tiempos para el periodismo en que un reportero podía pensarse si aceptar o no una propuesta así, con todos los gastos pagados por parte de la revista.

Si Jon rehusó la oferta no fue porque no le tentara, sino por el hecho de que era un periodista especializado de verdad. Hasta el punto de que la idea de ir al campamento base, situado a 5.400 metros de altura y contar desde allí cómo un grupo de ricachones se planteaba subir al techo del mundo, con sus 8.848 metros, le parecía insuficiente. Su rechazo sin embargo vino acompañado de una alternativa aún más ambiciosa: contaría esa historia el año que viene ─tras la necesaria preparación física─ si la revista, en lugar de pagarle los gastos para ir al Himalaya, subía un poco la apuesta y le inscribía como uno más de esos millonarios. Jon subiría el Everest con los demás y podría contarlo todo en primerísima persona.

La revista hizo sus cuentas: algo así se salía totalmente de presupuesto (inscribirse con una de las agencias que ayudaban a subir al Everest era un gasto de 65.000 dólares, aparte de los necesarios desplazamientos, seguros, permisos y equipamientos). No obstante estamos hablando de los años 90, mucho antes de la época de Internet en que se pasaría a pagar 30 euros por artículo publicado. La revista dijo que algo así se salía totalmente de su presupuesto, pero que lo intentarían.

Jon tenía una buena papeleta en casa. Su mujer también era una seria aficionada al montañismo, lo suficiente como para entender los riesgos. Una de cada cuatro personas que habían subido al Everest había acabado muerta. El periodista no estaba en la mejor forma física. Como tantos otros montañeros, su pasión por el deporte estaba limitada por su presupuesto. Quizás había escalado montañas de una dificultad técnica muy superior, pero los medios económicos siempre lo habían mantenido alejado del Himalaya y sus grandes cumbres. Distanciado por necesidad, era uno de los que echaba pestes del Everest, hasta que el mundo le puso una oportunidad en bandeja: y sin pensarlo mucho, aceptó de inmediato la propuesta.

Así es como comienza el libro ‘Mal de altura’ de Jon Krakauer. Lo que no cuenta la introducción del libro, y lo que lo hace aún más fascinante, es que en 1995, mientras se preparaba para la expedición al Everest, estaba escribiendo su primer libro: Into the Wild (Hacia rutas salvajes) que se convertiría en un éxito de ventas y del que años más tarde se haría una también famosa versión cinematográfica. Dicho libro, basado en hechos reales, cuenta la historia de un chico joven de clase acomodada que decide comenzar un viaje en solitario y sin contar nada a nadie, sin un plan claro hacia Alaska, con el fin de conocerse a si mismo.

Pero volviendo al libro del que yo había venido a hablar, imaginaos la situación. El periodista partía en marzo de 1996 hacia el Everest, una montaña a la que solo se puede subir en unas fechas muy específicas por cuestiones de climatología ─en su caso con una coronación prevista para comienzos de mayo. Según lo que he podido averiguar, el libro fue publicado en enero de 1996 ─una fecha terrible para publicar un libro, alejada de la Navidad u otras fechas donde la gente compra más libros. Imaginaos la sorpresa del autor al encontrarse con que el libro se convierte en un superventas. Y en lugar de recrearse en la promoción o el éxito, no tiene otra sino que marcharse, en el mejor momento de su vida, al Everest, a una expedición donde el 25% de la gente, acababa muriendo. Igual ese porcentaje no os dice nada, pero imaginad, la próxima vez que subáis a un ascensor, que uno de los que estáis en él, va a terminar falleciendo en un mes. Sí: podrías ser tú.

Entonces, ahora sí volvemos a Mal de altura. Tenemos a un escritor de éxito, que sabe contar historias. Tenemos una historia real y como último giro de tuerca el destino nos brinda el ingrediente que falta: una tragedia extraordinaria que destrozaría la estadística de ‘un muerto cada cuatro personas’.

Era el 10 de mayo de 1996, a primera hora de la tarde. Hacía cincuenta y siete horas que no dormía. La única comida que había sido capaz de tragar en los tres días precedentes era un bol de sopa de ramen y un puñado de cacahuetes. Semanas tosiendo con violencia me habían dejado dos costillas separadas que convertían en un tormento el mero hecho de respirar. A 8.848 metros, en la troposfera, me llegaba tan poco oxígeno al cerebro que mi capacidad mental era como la de un niño retrasado. En aquellas circunstancias, poca cosa podía sentir a excepción de frío y cansancio.

La escalada al Everest es muy diferente a cualquier otra montaña. De un lado, es la más deseada de todas, por lo que representa. Por otro, es una de las más fáciles, por el negocio que se ha creado en torno a ella.

«Puede decirse que básicamente hay una cuerda que va desde el Campo Base [5.400 metros] hasta la cima [8.800 metros]», según un guía veterano.

El negocio del Everest surgió justo cuando Jon Krakauer se unió a una expedición para escribir su artículo. Más de 20 años han pasado de aquello y hoy en día su escalada es una empresa totalmente establecida, con docenas de empresas diferentes que compiten entre sí en precios y servicios. El coste de la ascensión se mueve entre los 30.000 y los 120.000 dólares, dependiendo de las condiciones.

Todo esto ha multiplicado la asistencia de escaladores, más o menos preparados. Hoy en día se ha triplicado el número de personas que consiguen subir a la cima, comparado con el de aquellos que lo hacían en los 90.

Como contaba el periodista de National Geographic que hizo la fotografía de más arriba, el problema hoy en día se que hay tanta gente que sube que puede darse el caso de que no puedas pisar la cima porque literalmente no hay sitio donde poner el pie, de tantos escaladores que suben cada día ─sólo puede subirse una serie muy limitada de días al año.

Desde que Tenzing Norgay y Edmund Hillary lo ascendieran en 1953, hasta 4.000 personas han llegado a la cima del Everest. Es una cifra de locura. El Caminito del Rey, una famosísima ruta escénica de montaña en Málaga ─que posiblemente pueda realizarse hasta en silla de ruedas─ apenas si consigue ese número de visitantes en una semana. Y aunque la comparación suene paradójica la idea es mostrar que estamos hablando de cifras de turismo casi masivo.

En 1996 apenas si estaban comenzando todos estos problemas. Krakauer cuenta a la perfección cuáles eran las verdaderas dificultades. Como la muy acertada traducción española ─por una vez mejor que el título original de Into Thin Air─ el verdadero protagonista de la subida al Everest es la enfermedad. Las poblaciones previas a la escalada en solitario son unas auténticas cochiqueras donde los montañeros contraían todo tipo de enfermedades: gastroenteritis más o menos agudas y problemas respiratorios. En esas condiciones, tenían que afrontar semanas de escalada, sin terminar de curar sus enfermedades y con un extraño protagonista: el mal de altura.

Conforme se sube más y más, los niveles de oxígeno en el aire se van contrayendo hasta valores que son totalmente insalubres. Bajo esas condiciones, el cuerpo vive en estado de total emergencia. Aparecen enfermedades mortales como el edema pulmonar y el edema cerebral. Y cuando se cruza la raya, aparecen las congelaciones de dedos, que acabarán teniendo que amputarse. La ausencia de oxígeno además afecta a cada persona de una forma diferente. En general hay un cansancio absoluto, no se puede dormir bien, la comida no se digiere y la inteligencia está muy mermada (‘mi capacidad mental era como la de un niño retrasado’).

En los últimos tramos de la escalada, todos los miembros del equipo se encuentran con la peor versión posible de sus compañeros: personas que dejan de razonar, que toman decisiones propias de drogadictos, afectadas por la ausencia de oxígeno en uno de los lugares más peligrosos del mundo. Para Krakauer uno de los hechos más traumáticos de su narración en primera persona es la total incertidumbre sobre lo que cuenta del día en que llegó a la cumbre. Sus capacidades sensoriales y su memoria estaban tan dañadas que no es capaz de trazar la línea entre ficción y realidad, viéndose obligado a contar una versión de consenso tras entrevistar al resto de participantes en su traumática expedición.

A diferencia de otros libros que os he destrozado, en este no voy a daros la oportunidad. Es uno de los mejores libros que vais a poder leer en vuestra vida, y si lo dejáis pasar, aparte de tener una vida mucho menos interesante, se os congelarán un par de dedos de los pies.

Quiero una sopa

Traducido libremente de un comentario en Reddit a la pregunta, ¿Cuál es la obsesión más ridícula que has visto?

Hace tiempo trabajé en un buen restaurante dentro de una ciudad con una amplia proporción de ingenieros y trabajadores de empresas tecnológicas. No es que tenga nada contra ellos, pero qué duda cabe que algunos dentro de ese sector son bastante peculiares.

Uno de los pocos platos cutres que servíamos en el restaurante eran las sopas. Llegaban en bolsas industriales desde British Columbia y simplemente le añadíamos caldo, las calentábamos y las decorábamos un poco con pan tostado y tonterías similares. Nunca promocionábamos las sopas, simplemente era un plato que esperas encontrar en un restaurante grande como el nuestro.

Sin embargo teníamos un cliente habitual que estaba obsesionado con ellas. Venía varias veces a la semana y siempre pedía un filete con sopa. Depende de a qué camarero preguntaras, el tipo estaba en un punto entre síndrome de Asperger y un genio autista. Pero era muy generoso con las propinas y según veíamos no era más que un tío solitario que disfrutaba mucho con su solomillo al punto y su sopa (que venía de un paquete).

En uno de los cambios de nuestro menú, decidimos retirar las sopas de la carta. Como podéis imaginar, este cliente no lo tomó nada bien. Nos lo imaginábamos, así que pedimos un paquete extra de la sopa industrial sólo para él. Al fin y al cabo era un cliente habitual que dejaba buenas propinas.

Cuando la bolsa se acababa, empezó una cruzada personal para que las sopas volvieran al menú. Cartas escritas a mano dirigidas al Presidente de la cadena del restaurante, el Chef Ejecutivo, el Consejo de Administración y cualquiera que estuviera dispuesto a escucharle. Se quejaba desaforadamente ante todos los encargados del restaurante, pidiendo que trajeran las sopas de vuelta. Tiempo más tarde me enteré de que la cuenta de Twitter de la empresa le había bloqueado. Escribió decenas de opiniones en Yelp quejándose de la desaparición de las sopas.

Antes de que se le vetara del restaurante llegó a arrinconar al jefe de cocina en el aparcamiento, exigiéndole la receta de su sopa favorita. Al final, el cocinero se lo contó: «tío, esas sopas son industriales, simplemente cómpralas tú mismo. Echarle el caldo a la sopa no cuesta nada». El cocinero estaba tan asustado que hasta le dio los datos de contacto de la fábrica. Tiempo más tarde me enteré de que mandó emails al Presidente, Director Financiero y al Jefe de Ventas de la fábrica de sopa, implorando que recuperaran el contrato de distribución con nuestro restaurante.

Al final, se volvió demasiado agresivo hacia los camareros y un día le tiró un bol de sopa —uno de nuestros mejores intentos de recrear su favorita— a una de las camareras. Se cursó una orden de alejamiento contra él y jamás volvió por allí.