Por qué España no gana Eurovisión

Turquía

El LIX Festival de la Canción de Eurovisión, celebrado en 2014 en Copenhague, terminó con la controvertida victoria de Conchita Wurst de Austria. Conchita Wurst, definida por la Wikipedia como ‘un personaje artístico’ que representa a una mujer barbuda, no era la típica cantante y recibió bastantes críticas por parte de los países más tradicionalistas. Rusia estaba a la cabeza de dichas críticas y durante los meses posteriores al Festival amenazó con abandonarlo definitivamente o crear una especie de festival paralelo. Al final, no cumplió sus amenazas.

Gracias al siempre confuso discurso progresista, en la población de algunos países se asoció a Turquía como país damnificado. Tradicionalista donde los haya, había renunciado a participar en el Festival de Eurovisión, pero no por la participación o la victoria de Conchita Wurst. La realidad es que Turquía había abandonado la competición en 2013, un año antes de la controvertida victoria de Austria.

Para los que no sepan mucho de geografía, la no participación de Turquía es tan significativa como la ausencia de Armenia o Azerbaiyán. Del mismo modo, son muchos los que no se sienten cómodos teniendo a Rusia en el concurso. Pero para la organización de Eurovisión, que piensa en el negocio subyacente, estos dos países son totalmente fundamentales. Turquía tiene 80 millones de habitantes, Rusia 144 millones. Su población combinada es un 50% de la de todos los países de la Unión Europea juntos.

Ucrania

Eurovisión es un enorme negocio, con audiencias masivas y cuantiosos derechos de publicidad. La organización del evento cobra onerosos derechos a las televisiones de cada país que pretende participar. Las cuotas son tan elevadas, que los países que atraviesan crisis económicas a veces deciden no competir. Portugal ganaría el concurso en 2017, pero había decidido no participar en 2013. Ucrania, ganadora en 2016, había descartado su participación en 2015, a pesar de obtener excelentes clasificaciones en 2013 (tercer puesto) y 2014 (sexto puesto).

Siempre es interesante pensar la perspectiva y los debates ideológicos vacíos en torno a la participación española en Eurovisión —problemas del primer mundo, o problemas de gente que no tiene problemas— mientras que en Ucrania se preocupan de si tendrán dinero suficiente para participar al año siguiente, a pesar de sus excelentes resultados.

Chipre

Cuando uno se encuentra tan notables ausencias en el Festival de Eurovisión, no queda sino sorprenderse de que Chipre, un país minúsculo, aparezca una y otra vez. La clave está en que los onerosísimos derechos de televisión están ponderados a la población y el tamaño del país participante. Turquía, Rusia y Ucrania son los grandes perjudicados a la hora de pagar. Junto con los grandes países de la Unión Europea. Pero estos llevan tantos años participando y pagan tanto dinero, que tienen un trato totalmente diferenciado y prioritario: si cualquiera de ellos dejara de participar, el espectáculo perdería mucho dinero.

Big Five

Así, hay cinco países especialmente destacados en la organización de Eurovisión: Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y España. Este grupo recibe el nombre de Big Five (Los Cinco Grandes) y tiene un privilegio sobre todos los demás: el pase garantizado a la final, sin tener que pasar el filtro previo de las semifinales.

Las semifinales de Eurovisión, un subproducto tan poco interesante que son emitidas por La 2, son un paso previo para acceder al gran Festival de Eurovisión. Algo menos de la mitad de los países participantes se quedan en este filtro, una derrota aún más deshonrosa que la que España suele sufrir: no tener siquiera el derecho a participar.

Momento para ir recapitulando. ¿Por qué Turquía no participa en Eurovisión? No es porque los turcos sean racistas, sexistas, integristas u homófobos. Es porque Turquía se siente perjudicada —al igual que Rusia— por tener que participar en una semifinal, mientras que los grandes países democráticos disfrutan de derechos dinásticos que parece que nadie pudiera cuestionar.

Para colmo de males, los países que tienen que pasar por la semifinal se encuentran con que Los Cinco Grandes tienen derecho a voto en las mismas. No solo pasan automáticamente, sino que tienen derecho a opinar si los demás pueden hacerlo o no.

Real Big Five

Y mientras España, Francia, Alemania, Italia y Reino Unido disfrutan sus beneficios, hay otros países que sufren para pasar, una y otra vez, el suplicio de las semifinales. Azerbaiyán, Rumanía, Rusia, Ucrania y Australia forman el grupo de Los Cinco Grandes Auténticos: aquellos que siempre consiguen pasar a la final, por méritos propios. No es sorprendente, por tanto, que entre dichos nombres aparezcan algunos de los más recientes ganadores del concurso.

Del grupo de Los Cinco Grandes —ignorando a Italia que se incluyó en 2011 y ha obtenido resultados muy aceptables— las decepciones son continuas y solo han conseguido una victoria recientemente: Alemania en el 2010.

Sirva como muestra el resultado de Viena 2015, donde Los Cinco Grandes fueron masacrados inmisericordemente. En ese varapalo se incluyó al país organizador, que también tiene un puesto directo en la final.

La votación

La elección del ganador de Eurovisión se realiza mediante la votación de un grupo de cinco expertos de cada país que toma partido en la final. Hay también un voto popular, otra forma enmascarada de ganar más dinero para la organización, que en 2018 tuvo el mismo peso que la votación de los expertos.

La forma de ponderar el grupo de expertos y los votos de la audiencia son otro motivo de polémica. La Unión Europea tiene mucha experiencia enseñando que no hay que dejar a la gente que vote libremente, porque luego no vota lo que debería. Cuando se deja valorar con independencia, la gente elige a menudo aquellos países que le resultan más simpáticos, o simplemente aquellos países con mejores relaciones internacionales o más inmigrantes. Portugal a España, España a Reino Unido, Reino Unido a Irlanda, Suecia a Noruega…en este intercambio de estampitas, los grandes damnificados suelen ser los países pequeños. Andorra, Luxemburgo o Mónaco renuncian a participar. Mientras tanto, Turquía se sabe beneficiada de un sistema de votación que da más peso a la gente y menos a los expertos, la última de sus protestas para dejar de participar en el Festival. Rusia está cansada de protestar por lo mismo: los jurados no les votan nunca, pero el voto popular les trata muy bien.

Sobre el papel, tener la clasificación directa a la final es una ventaja competitiva enorme para Los Cinco Grandes. Pero la realidad es diametralmente opuesta: el resto de países y audiencias se dejan las uñas en las semifinales, esperanzados en ver pasar a sus naciones a la final. Y cuando lo consiguen, se encuentran con un grupo de países elitistas, que se han saltado la cola de espera y que tienen la absurda pretensión de ganar sin siquiera haberse manchado las manos.

Skin in the game

Los países que tienen que luchar en una semifinal se han jugado la piel para llegar a la final. Por un lado tienen que llevar una canción lo suficientemente buena como para, al menos, llegar a la final. No les basta con una canción cualquiera que quizás dé la campanada y acabe ganando. Tiene que tener más calidad que la media, para no quedarse en el filtro preliminar, que es una forma de ridículo. Por otro lado, han pasado la prueba de una votación previa. El resto de países ha estudiando sus actuaciones, ha valorado su esfuerzo. La noche de la final todo el mundo espera a ver con qué sorprende Reino Unido o Francia, mientras que los países perjudicados cantan canciones que ya se han oído una vez antes. Y las buenas canciones suelen gustar aún más la segunda vez que las oyes.

El público de los países sin privilegios suele ver sus semifinales y llega a la gala final con alguna canción candidata, que por supuesto no será una de Los Cinco Grandes, que aún no ha tenido oportunidad de oír. Siempre es posible que cambie de favorita en el último momento, pero ya existe una desventaja de salida. Luego están las apuestas, que por un lado llevan al voto con el bolsillo —votar a aquello a lo que has apostado— y por otro a sugestionar sobre cuáles son las canciones con más opciones. Las casas de apuestas suelen puntuar más alto a los países que han obtenido los primeros puestos en las semifinales.

Pero por encima de todo está el sentimiento de injusticia inherente a que un país tiene ventaja sobre otros, lo que lo convierte en un favorito forzado, una rueda de molino con la que el sistema intenta que comulgues: eso nunca funciona.

El underdog (desvalido o desamparado en español) siempre tiene el favor del público. Olvidémonos por un momento de que Eurovisión es un concurso de canciones. ¿A quién votarías, a Albania, que ha pasado por una semifinal o a Alemania, que no? Hay una simpatía natural hacia el país desfavorecido que además ha llegado donde los grandes por su propio esfuerzo, no por tener una clasificación automática. Eso se trasmite automáticamente a las votaciones, que deciden al ganador.

Así, al margen de la elección de cantantes, de los errores en las actuaciones, del estilo musical, España tiene una losa por el simple hecho de ser finalista de forma directa. El resto de países lo perciben como una injusticia y solo por eso, son reacios a votarla. En el debate posterior a una debacle eurovisiva todo el mundo tiene una opinión al respecto pero me llama la atención que nadie argumente con el que parece obvio es el principal problema y el motivo de queja de casi todos los demás países: la existencia del ‘Big Five’.

Paradójicamente la mejor forma para que España pudiera ganar sería que tuviera que correr el riesgo de quedar excluida de la final de Eurovisión.

Qué pasa cuando suena un móvil en un concierto de música clásica

Radio Clásica nos mostraba cuatro sorprendentes casos en que un concierto de música clásica es interrumpido por el sonido de los móviles.

Haydn asesinado por un móvil.

Hablando por el móvil en un concierto al aire libre.

La melodía de Nokia, para pequeña orquesta.

Nokia de nuevo, en un concierto en una sinagoga.

Novena Sinfonía de Schnittke

Alfred Schnittke compuso algunas obras breves en 1997 y también una Novena Sinfonía; su partitura era prácticamente ilegible porque el compositor escribía con gran dificultad con su mano izquierda [arrastraba numerosas enfermedades y estuvo clínicamente muerto en varias ocasiones]. La Novena Sinfonía se estrenó el 19 de junio de 1998 en Moscú, en una versión descifrada – por no decir también que arreglada – por Gennadi Rozhdestvensky, quien la dirigió en su estreno. Después de escuchar una grabación de la actuación, Schnittke indicó que rechazaba dicha versión de su obra.

Schnittke murió en Hamburgo en 1998. Después de su muerte, otros trabajaron para descifrar dicha partitura. Nikolai Korndorf murió antes de poder completar la tarea, que fue continuada y completada por Alexander Raskatov. En la versión de Raskatov, los tres movimientos para orquesta de la sinfonía de Schnittke pueden ser seguidos por una obra coral en el cuarto, una obra propia de Raskatov, Nunc Dimittis (in memoriam Alfred Schnittke). Esta versión fue estrenada en Dresden, Alemania, el 16 de junio de 2007. Andrei Boreyko también tiene una [tercera] versión de la sinfonía.

Fascinante la locura de esta sinfonía que tiene tres versiones, y que posiblemente no tengan nada que ver entre sí. Alexander Raskatov, al incluir una obra suya en el cuarto movimiento, demuestra tener más cara que espalda. Es un movimiento ingenioso, como el del compositor que incluyó «Plutón» en Los Planetas» de Gustav Holst.

Esta sinfonía se une a tantas otras malogradas en la famosa maldición de la Novena Sinfonía.

The Rip

Me gustan los actores que hablan tanto de cine y películas, pero nunca dicen cuáles son las que ellos ven. O si van al cine, o las alquilan. O si prefieren Netflix. O si las ven por compromiso. Como a todos nosotros, les divertirán las buenas comedias, sin importar si conocen o no a los actores que participan en ellas.

Tal vez tengan opiniones que no les importe aportar, pero por una extraña razón, nunca las llegamos a conocer. Desde luego, serían opiniones de mucho peso e interés. En la música sucede lo mismo. Todos los músicos dicen respetarse y admirarse pero, ¿Va Alejandro Sanz a un concierto de Shakira? ¿Qué música suena en el coche de David Bisbal? ¿Qué disco está deseando comprar Joaquín Sabina?

Los músicos suelen tocar dúos, recibir colaboraciones de artistas invitados. Todo eso tiene mucho de promocional, de intercambio de enlaces. Qué duda cabe que en muchos casos hay grandes amistades. También está el caso del artista que triunfa ahora que está encantado de echar un cable al ídolo del pasado, como cuando le ofrecen un trabajo a Marta Sánchez o a muchos cantantes de éxito de principios de los 90.

Pero se echa en falta autenticidad en las opiniones, frescura verdadera. Y sobre todo que sean los grandes los que rescaten y aupen a los pequeños.

Un caso muy bonito de generosidad musical es el de Tom Yhorke, el vocalista de Radiohead. Ha publicado listas de canciones que le gustan, que tiene en su ipod, y a veces incluyendo comentarios muy positivos sobre canciones de grupos que no tienen el éxito del suyo.

[Stephen Malkmus] «I’ve Hardly Been» : «genius non-generic nutville not rock music. should have been a hit. i guess this compilation is POP music – at least it is to me . . . with the best guitar solo that never happened . . .

([…]Esta canción tendría que haber sido un exitazo. Yo diría que esta compilación es música pop, o al menos lo es para mí…con el mejor solo de guitarra jamás tocado…).

Un detalle excelente es la promoción que hizo Thom Yorke junto a Jonny Greenwood, otro de los miembros de Radiohead, del último disco de Portishead. Portishead es un grupo que inspiró en sus inicios las creaciones de Radiohead. Y estos, se hicieron muy grandes y famosos. Portishead es el típico grupo que es muy bueno pero que no publica discos. Su tercer disco tardó diez años en salir. En lugar de entrar en el juego de las colaboraciones e intercambios de estampitas, estos músicos compraron el disco como cualquier fan más y lo disfrutaron hasta el punto de decidir grabar una versión de una de las canciones en un video casero, que subieron a Youtube.

Y sólo luego, le mandaron un email a la gente de Portishead, diciéndoles que habían colgado ese vídeo. Ni permisos, ni acuerdos, ni copyright, ni casas de discos. Me gusta vuestra canción y la canto en un rato muerto entre dos entrevistas. Sin miedo al ridículo, sin editar. Como en un casting de concurso televisivo.

Los de Portishead, que son gente rara y que siempre evitan las promociones, simplemente dieron las gracias, asombrados. Y felices.

La versión original de la canción, por Portishead:

Y la letra de la canción:

The Rip

As she walks in the room
Scented and tall
Hesitating once more
And as I take on myself
And the bitterness I felt
I realize that love flows

[Chorus]
Wild, white horses
They will take me away
And the tenderness I feel
Will send the dark underneath
Will I follow?

Through the glory of life
I will scatter on the floor
Disappointed and sore
And in my thoughts I have bled
For the riddles I’ve been fed
Another lie moves over

I want to live in America

Hoy he escuchado con algo más de atención la famosísima canción del musical West Side History, I want to live in America.

La canción es una apología de las maravillas de vivir en América (Estados Unidos), y suele reproducirse cuando se trata de ensalzar el sueño americano. Se trata de un diálogo entre dos chicas, emigrantes de Puerto Rico. Una es la gran asimilada al país de acogida, que se dedica a elogiar al país de las barras y estrellas. La otra defiende el país de sus recuerdos, con imágenes positivas.

Aunque es una especie de dialéctica, la realidad es que la pro-americana destroza a su compatriota en el debate de las ventajas o desventajas de Puerto Rico. Y por lo tanto la canción tiene muchas líneas que ridiculizan por completo al Estado de Puerto Rico. Hoy en día no se podría haber producido un texto tan ofensivo hacia un país o región. Un musical excelente como West Side History se habría tenido que cancelar sine die por cuestiones morales.

Los versos más sangrantes dicen:

«Puerto Rico…You ugly island…
Island of tropic diseases.
Always the hurricanes blowing.
Always the population growing…
And the money owing. And the babies crying.
And the bullets flying.»

Puerto Rico…Qué isla más fea…
Isla de enfermedades tropicales.
Siempre los huracanes soplando.
Y la población creciendo…
Y el dinero debiendo. Y los niños llorando.
Y las balas volando.

Según leo, en la película este texto se suavizó levemente, aunque persiste en todas las representaciones y grabaciones de los musicales, quedando en:

«Puerto Rico…My heart’s devotion…
Let it sink hack in the ocean.
Always the hurricanes blowing,
Always the population growing.
And money owing. And the sunlight streaming.
And the natives steaming…»

Aquí desaparece la referencia a los escasos anticonceptivos o la excesiva delincuencia.

Llama la atención que a pesar de lo cuestionable del texto, se ha respetado y se sigue vilipendiando a ese Puerto Rico en las representaciones modernas del musical. Se le tolera como a un clásico.

La oportunidad

Dietrich Fischer-Dieskau, nacido en Berlín en 1925, es posiblemente el mejor barítono de todos los tiempos e indudablemente una de las mejores voces masculinas de toda la historia de la música (clásica).

Sin embargo el éxito no le resultó para nada sencillo. Su padre murió cuando él tenía sólo doce años. Empezó a estudiar música con dieciséis pero cuando llevaba un semestre en el conservatorio de música fue reclutado para la II Guerra Mundial, al frente italiano. Luego pasaría dos años detenido en un campo de prisioneros americano. Volvió a Alemania en 1947 y comenzó a trabajar cantando en un coro.

Para una interpretación del Requiem Alemán de Brahms en Badenweiler, en 1947, Dietrich Fischer-Dieskau figuraba entre los miembros del coro. Uno de los papeles principales tuvo una indisposición – no se sabe sin un problema con la voz o una simple borrachera – causando una baja insustituible poco antes del concierto.

Dietrich Fischer-Dieskau podía ser potencialmente el mejor barítono de la historia. Pero eso no habría servido de nada si en ese momento no hubiera dado un paso adelante diciendo que él cantaría. Nunca antes había cantado ese papel. No pudo ensayar. Fue tomar la partitura y cantar en directo, sin ningún tipo de preparación, acostumbrado al anonimato del coro ahí tuvo que enfrentarse a una de las piezas que, por más conocidas, más exigentes vuelven al público. Y no lo hizo muy mal porque a partir de ahí empezó una carrera con tantos éxitos que costaría nombrarlos a todos.

La historia de Fritz Wunderlich, nacido en Kusel en 1930, siempre se ha comparado en sus comienzos con la de Dietrich Fischer-Dieskau. Este otro cantante tuvo una infancia aún más complicada que la del anterior, pues su padre se había suicidado cuando él tenía tan solo cinco años. Desde muy pequeño tuvo que trabajar en una panadería y sólo se decidió a estudiar música ante la continua insistencia de sus vecinos que alababan su forma de cantar (no es lo mismo cuando esto sucede en Alemania que cuando ocurre en Almería).

Wunderlich estudió trompa (la no tan equivocada idea de que un músico debe saber cómo tocar un instrumento) además de canto en Friburgo gracias a una beca. Los padres de Wunderlich eran músicos y el futuro tenor sabía tocar varios instrumentos, participando en orquestas de jazz con las que conseguía algunos ingresos.

La gran oportunidad de Wunderlich llegaría en 1956, cuando contaba con 26 años. Su puesto era un tanto perentorio, suplente del suplente de uno de los papeles principales de la Flauta Mágica de Mozart (una de las óperas más importantes del repertorio). Sus posibilidades de debutar eran remotas pero el tenor principal, Josef Traxel, fingió ponerse enfermo para que el suplente, Wolfgang Windgassen, que se había puesto de acuerdo con él, le diera la oportunidad de debutar al joven Fritz Wunderlich.

En este caso no fue cuestión de aprovechar una oportunidad única, dos enormes cantantes se confabularon para darle una oportunidad extraordinaria de triunfar. La historia les honra con ese favor que ha pasado a la historia en el mundo de la música, donde la competitividad suele ser implacable.

Wunderlich consiguió una fama casi instantánea por su excelente interpretación del personaje mozartiano. Su relación con ese personaje, de nombre Tamino, es llamativa para los amantes de las coincidencias. Fue su primer papel protagonista en una representación de estudiantes y con el que consiguió su primer trabajo en Stuttgart. Luego le llegaría la gran oportunidad con la que dio un paso de gigante en su carrera hacia la fama. Su última representación operística fue también en el papel de Tamino. Y la historia también le recuerda como el mejor Tamino de todos los tiempos.

La historia de estos dos magistrales cantantes da una moraleja: el cantante que se indispuso y dio la oportunidad a Dietrich Fischer-Dieskau es un nombre desconocido. Los tenores que dieron su gran oportunidad a Wunderlich han pasado, como él, a la historia. Quizás nunca tengas una oportunidad de demostrar tus posibilidades, pero nunca pierdas la ocasión de darle esa oportunidad a los demás.

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Concierto de Enya

La artista Enya (nacida Eithne Ní Bhraonáin) es una de las más exitosas compositoras de música de los últimos tiempos. Ha vendido más de 70 millones de discos a lo largo de su carrera y su música ha sido empleada en incontables películas, documentales y anuncios. Ha ganado cuatro premios Grammy y ha estado nominada al Oscar a la mejor canción.

Enya ha dado numerosas representaciones en vivo en programas de televisión, eventos y ceremonias pero nunca ha dado un concierto propiamente dicho. Su estilo de música está muy editado y no tiene sentido en un concierto en vivo. La regla del «que den conciertos» no se puede aplicar a ella pues es que sencillamente no puede darlos.

Es curioso ver como funcionan las páginas «web 2.0» que muestran listados de conciertos que se van a representar próximamente. Muchas de ellas tienen páginas que se refieren a conciertos de Enya. ¿Quieres que te avisemos cuando Enya da un concierto en Madrid? O una lista de despistados que están esperando que Enya de un concierto en sus ciudades, 22 interesados en que de un concierto en Phoenix. Está claro que estas páginas cruzan listados de artistas con ciudades, creando contenido dinámico que en muchos casos carecerá de sentido (pero no de cara a vender publicidad y clicks a usuarios despistados). Seguro que también ofrecen páginas de conciertos de artistas fallecidos, grupos disueltos y tal vez en ciudades que ya no existen.

Idea de negocio

Con el auge de la Web 2.0 y la Web Social y la Web distribuida – o sea, lo de siempre – las llamadas redes sociales están en puja.

Creo que dada su importancia ha llegado el momento en que el mercado está lo suficientemente maduro como para plantearse el crear una red social no por profesiones, ni por grupos de edad, ni por nivel socioeconómico, ni por aspecto físico.

Es necesaria una red social dirigida exclusivamente a los creadores de redes sociales. Al ser tantos, está claro que mercado hay, luego no nos extenderemos más en este punto.

La red es perfectamente viable económicamente pues los propios usuarios de la red pagarían por verse anunciados en ella. Tendríamos garantizado el negocio redondo, el perpetuum mobile económico: los clientes pagan por crear publicidad, por estar en la red y al mismo tiempo hacen clicks en los anuncios que están en la red social.

Para aumentar el potencial rendimiento se debería licenciar el código como abierto para que a su vez los usuarios fueran los encargados de mantener y mejorar la aplicación. Al ser una empresa virtual no son necesarias oficinas, luego el negocio quedaría reducido a:

  • Crear un logotipo similar al de Twitter. Diez minutos de trabajo con MSPaint.
  • Tener un nombre de dominio que tenga dos vocales iguales seguidas, a ser posibles Úes. 10 dólares al año y se reserva en cinco minutos.
  • Tener un ID de Adsense y que todo el negocio sea usando ese ID.

Ya habría montado el negocio si hubiera estado dispuesto a ese primer paso con MSPaint. Pero eso no quita que la empresa esté ya en fase beta, restringida a un número limitado de usuarios (1.000.000.000.000). El nombre posible es el de SUUSUUS.com (la tercera U es la del alfabeto cirílico pero nadie se dará cuenta de la diferencia). Al ser el nombre un palíndromo no se trata de atraer a un público eminentemente geek (compradores compulsivos de hardware) pero no se descarta como spin-off de la idea principal.

Las tarjetas de visita serían con fuentes muy chulas como Helvética y se podrían imprimir desde Internet. A lo mejor se hacen camisetas y tazas con el logotipo de la empresa. O sin el logotipo, el caso es vender cosas.

La empresa no saldrá a bolsa porque su objetivo principal es el de crecer orgánicamente. Puede que Google quiera un acuerdo de contenidos al que en principio habría que negarse para luego decir que sí. Con la gente de Yahoo ni hablar, salvo que se retracten públicamente de una cosa que publicaron hace dos años y pico en cierta página de las millones que sirven.

Sé que lo de las tazas y camisetas ya lo he mencionado pero no estaría de más recalcarlo porque es algo que la gente puede comprar más de una vez. Te compras un Kindle y una Wii pero tazas puedes comprar varias y camisetas también, sobre todo si aumentas de peso con facilidad.

Antes de salir oficialmente en beta (permanente) sería necesario haber estado en alguna tienda de Apple y que te hayan tratado bien.

Y sin embargo, hay empresas «start up» que reciben mucha promoción a diario, como si fueran a comerse el mundo, y tienen aún menos sentido que esta que he mencionado.

Corvo Branco

El cuatro de diciembre de 1998 a las 19:30 horas me encontraba en mi habitación preparando el equipo de música. Me sentía intranquilo porque un acontecimiento importante estaba a punto de ocurrir. No era una una conjunción planetaria ni mi primera vez pero dentro de lo que cabe tenía su trascendencia.

Aquel día iban a retrasmitir una ópera de Philip Glass que se estrenaba en España y no sólo la emitirían por la radio sino que incluso lo harían por televisión (por la 2). Philip Glass es lo más que un músico de clásica puede parecerse a un grupo de pop o rock. No tiene a gente que le guste su música, sino a fans y seguidores.

En aquella época había pocos discos suyos en España, muchas de sus composiciones no llegaban a España y era el empuje de cuatro gatos, entre ellos Ramón Trecet, el que permitía que esta escasa música llegara a nuestro país. El hecho de que saliera una ópera nueva (una ópera son siempre palabras mayores) y además con presentación en directo, era una oportunidad única.

Además en aquella época la única forma razonable de conseguir música era grabándola de la radio. No es que los CDs de música fueran caros, es que uno no tenía mucho dinero. Igual costaba salir de copas, hacer un remedo de viaje. Cuando no se tiene trabajo todo es caro.

Por eso ese día, que no es que recuerde como Funes sino que lo he localizado con Internet, me encontraba preparado para grabar la ópera en cintas de casete.

Ya he indicado que la música clásica no es la idónea para el mp3, pero es que tampoco las cintas resultan las más apropiadas. Algunas piezas tienen longitudes obscenas, sobre todo las escénicas, y no hay forma de trocear una de estas composiciones en dos caras que queden más o menos equilibradas. Me viene a la mente la sinfonía nº6 de Chaikovski, de la que tenía una versión enormemente desproporcionada. Una cara estaba rellena sólo por la mitad. Pero seguro que hay ejemplos de composiciones aún más desiguales.

Tener que grabar una ópera en cinta de casete implicaba que en un momento dado habría que interrumpir la grabación, voltear la cinta lo más rápido posible y volverla a dejar grabando. Esto exigía cierta maestría – que nunca tuve. Además de un estado de tensión complejo. Lo ideal es que el giro se produjera en una transición entre dos movimientos. Pero también tenía que ser hacia el final de la cinta, para no desaprovecharla.

Era muy difícil llegar a un compromiso en que el resultado fuera aceptable. Los giros de cinta eran algo un tanto triste, pues destrozaban por completo la continuidad musical.

Volviendo al caso de marras, la ópera que se estrenaba en España era ni más ni menos que Corvo Branco (Cuervo Blanco). Esta ópera se compuso con motivo de la Exposición Universal de 1998 en Lisboa. Se trataba de un acontecimiento importante y para ello no escatimaron en gastos: Philip Glass y Robert Wilson, dos de los más reconocidos creadores de óperas – cada uno en su área. Y Luisa Costa Gomes como libretista, que me imagino sería una de las más adecuadas y costosas dentro de su país.

Este tipo de proyectos son los que hacen que un músico tenga un año bueno. No tienes que pelear por estrenar, ni buscar patrocinadores. Es pronto pago y sin preguntas ni limitaciones económicas. En aquella época, y hoy aún más, una ópera de esa envergadura era económicamente inviable.

Pues bien, para mi era una pena que para un día en que podría ver una ópera en directo no tendría más remedio que estar atento a la grabación de casete. Se me olvidaba indicar que, al ser una retransmisión en directo, si había una interrupción de algún tipo (entreacto, escena con muchos aplausos) uno tenía que parar la grabación, so pena de encontrase luego con un discurso del locutor que, aunque molesto al principio, con el paso del tiempo se transforma en una pesadilla, pues memorizas las frases contra tu voluntad.

Mejor o peor, al final del día tenía una grabación de la ópera, de la que sólo pude ver unos fragmentos que me parecieron bien bizarros. Luego al oír las cintas una parte estaba con muy mal sonido, uno de esos momentos en que se había ido la sintonización y se oía ruido de fondo. Por supuesto para el final de la ópera no alcanzó la cinta. No tenía sentido tener media cara con el final de una ópera.

Durante mucho tiempo esa fue una de mis músicas preferidas. Obviamente el proceso manual, la preparación y la vigilia antes del señalado día aportaron mucho. Cierto es que la música era de Philip Glass, pero una parte de mi estaba en esa cinta. Me había costado trabajo conseguirla y por eso la apreciaba.

Pasaron muchos años y en una de mis primeras consultas en el Emule se me ocurrió introducir Philip Glass. Ahí estaba, una selección de 17 cds en un único fichero, con muchas fuentes. A un click de distancia y sin pagar nada.

Entre esos discos había algunas joyas, como Einstein on the Beach, que llevaba años queriendo tener. Y otros que ni siquiera conocía. Pero también notables ausencias, como su ópera Akhnaten. Al margen de dar opiniones, me gusta rascar en la verdad. Casi desde que tengo el blog he estado pensando «¿Si tuvieras que recomendar una única pieza de Philip Glass, cuál sería?». He dedicado muchas horas a decidirlo y finalmente creo que la respuesta correcta es Akhnaten.

Pero siempre tuve un cariño especial por la extraña ópera Corvo Branco, que tiene que ser más rara que un perro verde. Como los textos están en portugués, se entienden frases enteras, lo que la hace aún más enigmática. Ya no sé dónde andarán esas cintas, hace años que les perdí el rastro. Pero desde siempre quise conseguir la grabación de Corvo Branco.

Que sea música clásica – y contemporánea – no ayuda a la hora de usar los métodos convencionales. Pero después de investigar un poco llegué a la conclusión de que es que nunca se había editado en CD.

El típico problema de las óperas es que son deficitarias. No hay forma de producir una ópera rentable, salvo las representaciones para el pueblo llano con grandes aforos. Cuando le encargaron la ópera a Glass para la Exposición de Lisboa, fueron los sufridos portugueses los que pagaron de sus impuestos el experimento musical. Y aunque fue un acontecimiento importante, ninguna discográfica iba a llegar y tratar de realizar una edición en disco.

La representación en el Teatro Real en 1998 fue una verdadera excepción. Lo habitual de estos estrenos es que se representen una vez y caigan en el olvido. O que tengan un insospechado éxito. Pero dos representaciones, es algo inusual.

A pesar de todo siempre he seguido la pista a Corvo Branco. Cualquier día hacen una grabación que te sorprende. Pero no, no se da el caso.

Hoy sin embargo probé suerte en el Emule y para mi sorpresa me encontré que había varias canciones sueltas disponibles. En realidad estaban todas. Con una única fuente pero era una muy buena noticia, porque confirmaba que ya existía una grabación de Corvo Branco.

Me dispuse a buscar por Internet y la verdad es que para mis sorpresa había páginas de descargas que ofrecían el disco entero. Había que pagar una pequeña cantidad, menos de 2€. Mucho mejor que esperar a que una única persona en el mundo se conecte al Emule.

Antes de dar mis datos a nadie indagué un poco sobre esa página y resultó ser de una empresa rusa que causa muchas sospechas por los precios tan bajos que ofrece. Mejor no correr riesgos innecesarios. Así que tras buscar y buscar me encontré numerosas páginas que con otro nombre y diseño eran en realidad copias de la primera (legalsounds.com es una de tantas). Han hecho un gran trabajo de distribución por Internet, todas las búsquedas son para ellos.

Tras recorrer un montón de páginas finalmente di con un enlace que me llevaba a un sitio de descarga directa (rapidshare). Y tras esquivar las molestias de usar rapidshare sin pagar un céntimo, acabé consiguiendo un disco que no había podido tener desde hacía más de diez años.

La calidad de esta versión es bastante baja. Se nota que no es de un disco original, sino que la deben haber obtenido de alguno de los archivos de estas representaciones en directo. Así se explica que puedan vender una música desde Rusia sin tener que pagar a la discográfica. Es que no la hay.

Es curioso que tras tantos años uno vuelva a la misma música, de nuevo con una versión que tiene que ser casi artesanal. Como recuerdo perfectamente la anterior, juraría que esta no es la que se representó en Madrid, o no la de la noche del estreno.

Han pasado diez años largos y prefiero una ópera menor con poca calidad de sonido a otras muy superiores en todos los sentidos. La música gratis por Internet habrá matado a las discográficas, pero también a algo más. Esa especie de comunión entre una música y el que la oye creo que se ha perdido, o al menos yo la he perdido para siempre. La abundancia de productos de altísima calidad ha llevado a que ya nada resulte verdaderamente especial. Ahí tengo las sinfonías de Mahler, en versiones selectas, que había recomendado, almacenadas y sin oír.

El consumismo se suele asociar a productos de baja calidad, pero en la música estamos ante una sobreabundancia de exquisiteces. Por eso el mito de que ya no se hace buena música. Si Gustav Mahler hubiera poseído la discografía completa de Beethoven, Mozart y Bach, en versiones de máxima calidad, nunca se habría atrevido a componer ni una nota.

Cuando se habla de valores que hay que inculcar en la juventud, me hago una idea de que son como esto de la música. El valor es una cinta que has grabado en pésimas condiciones y con un resultado aún peor. Es parte de la enseñanza del esfuerzo, de que muchas de las cosas importantes en la vida cuestan o es bueno incluso que cuesten. ¿Que cuestan porque hay un montón de aprovechados que encarecen los precios naturales de los discos? Me da igual, tiene su parte buena, la que pocos quieren ver.

Disclaimer: Cobro a menudo altas cantidades por escribir estos artículos en el blog. Hasta el momento me han pagado de las discográficas (en general), de McDonald’s y empresas de distribución cárnica, de Altadis y Philip Morris, de Danone, de Amazon, de Yahoo, de Microsoft, de Pets.com, de Nintendo, de Coca-cola, de la agencia de Turismo de Armenia y de Laboratorios Roche.

El internet q keremos

Antes de empezar a escribir sobre algo, para que parezca que lo que digo es verdad, trato de buscar ejemplos que apoyen mi argumentación. En este caso tengo tantos que me cuesta por donde empezar, pero qué mejor manera de empezar que usarme a mi mismo como muestra y luego saltar a casos por todos más conocidos.

Como algunos habréis notado, cada vez hay menos artículos. Va por rachas, pero haciendo las cuentas se puede notar que el número de artículos puede haber caído a menos de la mitad que en años anteriores. Y en muchos casos, no hay artículos extensos. Y no es por falta de ideas, lo que ocurre es que a veces me doy cuenta de que iniciar según que artículos puede ser meterse en una labor de varios días.

Por otro lado mientras tanto tengo algunas páginas de contenido que es pura basura. Unos textos breves, aderezados con palabras en negrita, tags, categorías, fotos que se llaman con nombres meditados. Lo que en el internet de la gente puntera se llama «blog temático» y los que tienen más honestidad se atreven a llamar splogs.

Por ejemplo, un artículo más o menos elaborado podría ser este sobre la compra de Alaska. Según Word, tiene 1.320 palabras.

La versión splog, o blog temático, de este artículo, sería más o menos del siguiente modo:

Compra de Alaska

En 1867 Rusia vendió Alaska a Estados Unidos por 7.200.000 $.
Esta cantidad, actualizada con la inflación, sería de unos 60 millones de euros. Lo que cuesta la clausula de rescisión del jugador del Sevilla Luis Fabiano.
¿Por qué Rusia vendió Alaska?

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Rusia hizo un buen negocio con la venta de Alaska. Porque era una fuente de problemas.
Eduard Andreevich Stoeckl, fue el encargado de realizar la venta de Rusia a Estados Unidos a encargo del Zar Alejandro II.

Fuente: Wikipedia.

Tags: Rusia, Alaska, EEUU, e-bussiness, web 2.0, Luis Fabiano, Sevilla, Betis, Recreativo de Huelva, Jamones de Huelva, Champions

Está claro que el segundo artículo se detiene en menos detalles que pueden ser poco relevantes o curiosos. Al fin y al cabo lo más importante está contado: que Alaska costaba menos que Luis Fabiano.

Ahora bien, la página del «blog temático» se posicionaría mejor en las búsquedas de Google, mediante artimañas como la de los tags y sobre todo los enlaces mutuos masivos. Si alguien busca información sobre la compra de Alaska, encontrará el artículo del «blog temático» antes que mi propio artículo. Y quizás no busque más.

No me quejo de que existan los «blogs temáticos». Como dice la frase, El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie, el realista ajusta las velas. Asín que he preferido cortar por lo sano: ajustar velas y hacer blogs de calidad más que dudosa.

¿Qué utilidad tiene hacer blogs de pacotilla? Obviamente ganar dinero con la publicidad. Cuanto peor sea el contenido de una página, más dinero puede ganar con la publicidad. En dos páginas que tengan el mismo número de visitas, la más cutre tendrá más ingresos.

La reflexión que pocos quieren ver es esa: que en Internet menos es más, o está siendo más. En el tiempo que puedo tardar en escribir un artículo sobre la construcción de trincheras en la Primera Guerra Mundial, puedo escribir 20 de temas chorra, en páginas chorra, que me darán unos ingresos que aunque no muy altos, al sumarlos me permiten comprar todo tipo de bienes, desde latas de atún hasta libros sobre la Primera Guerra Mundial.

Cuando se establece un debate en Internet sobre cómo debería ser, hablan de un lado los que escriben artículos extensos, y los intermediarios que consiguen sacar un beneficio a esos artículos. Y del otro, los que consumen esos artículos – que siempre querrán cuantos más y más baratos mejor – pero también los que crean sus blogs de contenidos tan superficiales como indexables por Google.

El eterno debate de la música pirata, la música legal, la música gratis y los intermediarios que se enriquecen. En este caso, a mi, habitual del Emule, lo que me preocuparía es que Antón García Abril ganase más tocando en el metro tonadas de Ecuador que componiendo en su despacho insoportables matracas contemporáneas. Aunque por el camino se lucren veinte.

Ahora se debate que si los periódicos quieren cobrar por los contenidos. Mientras que los «medios alternativos» se frotan las manos ante la eliminación de la competencia.

Mucho se ha hablado de la revolución de Internet, pero lo cierto es que alguien como yo puede escribir un artículo decente al mes, mientras que un profesional puede hacerlo casi a diario. No hay más que ver a Manuel Vicent o Juan José Millás. Se puede seguir 100 blogs y al final uno tiene su dosis diaria de contenido decente. Pero para eso hay que ojear otras 99 infamias.

A mi el internet que me gustaría tener es de los artículos extensos, mejor o peor documentados. El de los profesionales que se dejan sus horas para hacer algo digno. Aunque tuviera que pagar. Pero como mi opinión aquí no cambiará nada, me cambiaré progresivamente de bando. Escribiré sobre Luis Fabiano, artículos de tres párrafos y dos docenas de tags.

La opinión es que a pesar de los pesares, la calidad gratuita sigue existiendo. Y es cierto. Pero también se va agotando. La Wikipedia cada vez tiene menos nuevos bibliotecarios, los artículos se estancan. Estupendas páginas de diseño viejuno desaparecerán de la red dentro de pocos meses – las Geocities. Los catedráticos eméritos que escribieron una página que no visita ni Dios olvidaron el medio, y con motivo. Que una página llena de imprecisiones se lleve todas las visitas, ignorando la suya, desespera al más paciente.

Que cada cual defienda lo que quiera, pero sabiendo hacia donde se encamina todo. La red será más social, más interactiva, más lo que quieras, pero empiezo a pensar que habrá una época dorada de los contenidos, que ya la hemos vivido, en que las mejores páginas eran las primeras.

Si toda la información sigue estando ahí, pero la que se añade nueva es cada vez de peor calidad, enterrará a lo poco de mérito que exista. Pensar en que los que puedan hacer algo bueno lo seguirán haciendo, «adaptando su modelo de negocio» no va a funcionar siempre. A veces la adaptación consiste en bajar la calidad en pos de la cantidad.