A principio de año escribí una reseña sobre mi casi recién estrenado Kindle. Ahora que llevo nueve meses usándolo creo que la puedo complementar con información complementaria que puede resultar interesante. Normalmente es mejor reseñar algo cuando se conoce muy bien, pero claro está, después de llevar varios meses usando un aparato se pierde la ilusión del principio y las ganas de hablar de él.
- Materiales del Kindle
- Comparación con el libro de papel
- Catálogo de libros digitales
- Kindle e Internet.
- Kindle, siempre mejorando.
- El bug que tenía al realizar subrayados ya no vuelve a dar. Ni me acuerdo de la última vez que se colgó el Kindle.
- Me han puesto Internet sin limitaciones sin que haya tenido que pagar nada ni comprar nada.
- La lectura de ficheros PDF, una de las mayores desventajas que encontré al principio, ha mejorado muchísimo. Simplemente ya no tiene ninguno de los defectos que tenía anteriormente. Leer en PDF pasa a ser perfectamente posible, aunque no la mejor de las opciones.
- Han incluido pequeñas mejoras que hacen la lectura mucho más agradable. La opción de resaltar párrafos subrayados por otros lectores es interesante aunque fomenta el borreguismo. Casi ninguna de las selecciones de otros me han parecido acertadas.
- Cosas que no he usado
- Comprar o no comprar
Al principio tuve mis dudas por la endeblez del Kindle, pensaba que los botones podían llegar a romperse con el uso. Tras nueve meses los veo que no se han deteriorado lo más mínimo y me dan más confianza.
También tuve mis reparos para llevármelo a sitios donde los libros sufren, como las playas o piscinas. Pero pasado un tiempo me llevé el Kindle y sin mayores problemas. Eso sí, el libro de papel tiene la insuperable ventaja de su sistema antirrobo, mientras que el Kindle es un aparato muy susceptible de ser sustraído.
La funda del Kindle hay que comprarla. Es algo que no admite discusión posible. Debería venir de serie pero no es así. De hecho, con el paso del tiempo, se ha encarecido. No es del todo descabellado pensar que Amazon gane más dinero (beneficio, no ganar al estilo de Dell Outlet) con las ventas de fundas del Kindle que con el propio aparato. Y es que el Kindle tiene precio muy ajustado mientras que la funda es un robo a mano armada por unos pocos centímetros de plástico símil piel.
Perdida la novedad, no resulta tan terrible tener que volver a leer libros convencionales. Excepción hecha con los enormes libros de encuadernación pesada, más pensados para lucir bien en las estanterías que para ser objetos de uso.
Por circunstancias varias, entre las que destaca el hecho de que no todos los libros existen en Kindle, una tercera parte de los libros que he leído este año los he leído en papel.
El papel es mucho mejor que el Kindle en libros técnicos, en libros en castellano de cierta actualidad (porque sencillamente no existe la versión digital) y en libros que tienen bastantes años y no han sido éxitos de ventas.
Ahora se da una circunstancia bastante inusual y es que hay libros que solo existen en papel pero también otros que solo se pueden leer en Kindle (libros fuera de impresión o pasados de moda). Por ejemplo en la Casa del Libro y la Fnac de Madrid no hay ni una sola novela de Francisco Umbral. Pero se pueden conseguir varias en formato digital por los métodos habituales.
Esto sería un buen motivo para criticar las políticas de las editoriales que no digitalizan su catálogo y están perdiendo el pulso tecnológico. La realidad es que antes de comprar un libro virtual en cualquier tienda lo primero que hago es buscar si existe una versión pirateada. Si la hay, ni pensar en pagar por ella. Así que si las editoriales se pusieran a escanear sus libros antiguos – que inevitablemente acabarían en las redes de intercambio gratuito – lo único que acelerarían sería su caída. El futuro de las editoriales con los libros electrónicos de por medio no es sencillo, aunque muchos seguro que tienen recetas infalibles para dar homilías que atraigan enlaces.
Amazon está superando cualquier atisbo de crisis con una mano izquierda admirable. Aunque se supone que se ha conseguido piratear su sistema anticopia de libros, y que hace meses de esto, no por ello hay un reguero de libros pirateados. Supongo que parte del problema está en que para piratear un libro y liberarlo al resto de usuarios primero algún pardillo tiene que comprarlo. Y aunque este pirateo se realizará para libros muy populares, como los de Stieg Larsson, la inmensa mayoría está librándose de la quema.
Amazon está escaneando o consiguiendo que se escaneen libros de hace pocos años. Hace unos días quise comprar un libro del 2003 y me indicaban que estaría disponible a finales de mes. El libro en papel ya vendió lo que tenía que vender pero están preparados para volcar parte del catálogo en digital. Eso está sucediendo ya y gracias a ello van a conseguir por lo menos vender un libro más que si no lo hicieran.
En Internet hay muchos libros pirateados, sobre todo novelas en castellano. Hay versiones en PDF y en formato Word (más adecuadas para usarlas en el Kindle, conversión de por medio). No sé qué tendremos los hispanohablantes que nos hace tan proclives al pirateo.
La mayoría de los libros que he leído han sido por la patilla. Hasta ahora sólo he pagado por tres libros en Amazon, hay que tener en cuenta que algunos de los libros que leo son muy extensos y me llevan más de un mes. De dos de los libros que he leído ya he escrito varias veces en la página: Gary Taubes y su polémico Good Calories, Bad Calories, Country Driving de Peter Hessler. Ambos son excelentes libros.
Mi proporción, hasta el momento, es de cuatro libros gratis por cada libro que pago. En mi descargo decir que la mayoría de los libros por los que no he pagado no existen en versión de pago en la tienda Kindle. En mi cargo, que para los que he comprado primero busqué una versión gratuita, sin éxito.
A principios del verano Amazon permitió que desde los Kindle internacionales se pudiera usar internet “sin limitaciones”, es decir, que se pusiera navegar y consultar cualquier página web. Esta noticia hace que el Kindle gane aún más enteros y sea una compra aún mejor. El Kindle pasa a ser un dispositivo que permite usar un internet muy rudimentario en cualquier parte del mundo sin tener que pagar nada por él. Esto es muy útil para quienes necesiten consultar y responder a su correo desde viajes al extranjero. El correo electrónico de Google funciona bajo mínimos y a velocidad de tortuga pero funciona.
Personalmente no uso apenas el Internet del Kindle porque es desesperante su lentitud y lo penosamente que se ven las páginas en él. Sólo lo uso para consultas muy puntuales y cuando no tengo nada que leer.
Indicar que si se tiene activada la conexión wireless del Kindle estando en el metro de Madrid, donde la conectividad va y viene constantemente, la batería se esfuma en cuestión de un par de horas. Se supone que la batería del Kindle dura una semana si se deja la conexión activa pero en el metro estos vaivenes son letales y casi se percibir en tiempo real como el indicador de batería va bajando, hasta el agotamiento.
Las conexiones a la Wikipedia, una gran ventaja que percibía al principio, apenas si me han resultado útiles. He hecho unas pocas, pero cada vez menos. Muchas facetas de los productos tecnológicos nos parecen muy buenas antes de usarlas, incluso decisivas para determinar la compra, y luego con el tiempo vemos que no sirven de nada. Esta es una de ellas.
Lo mejor sin lugar a dudas del Kindle es que es un aparato que compré en diciembre y que ahora es mejor que cuando lo compré. Gracias a las actualizaciones automáticas del software, las versiones del Kindle van incluyendo mejoras continuas que se hacen notar:
Aunque hablaba al principio de usar las suscripciones temporales gratuitas a periódicos la verdad es que es algo que ni he intentado hacer. No veo al Kindle como un aparato para leer periódicos. El periódico de toda la vida se ha leído en el trabajo. Por eso por más que se desvelen los periódicos en preparar ediciones para ipad, la triste realidad es que la inmensa mayoría de los lectores están viendo su portada desde una navegador con la ventana redimensionada y el ratón posicionado en el botón de minimizar.
La opción de “lectura de libros por voz” no la he usado ni una sola vez, aparte de para la prueba inicial. Es algo que creo que es medio inútil.
No he puesto mp3 ni nada para escuchar música con el Kindle. El Kindle es para leer y lo acabas sintiendo, todo lo que no sea leer libros acaba siendo desplazado y descartado.
Viendo el ritmo de libros que se encuentran en la red y la brusca bajada de precios de los dispositivos de Amazon, que además ahora se venden con Wifi, ya no me cabe la menor duda: hay que comprarse uno. Si lees muy poco, económicamente no será rentable. Pero aún así es una compra recomendable.
Por 178 euros, más o menos, se puede comprar un Kindle Wifi (sin la conexión a Internet perpetua) + su funda + envío a España + gastos de aranceles e impuestos.
La necesidad de comprar un Kindle o no es debatible pero no asi la compra de lectores alternativos. El resto de lectores electrónicos no le llegan ni a la suela de los zapatos al Kindle en estética, precio, calidad y funcionalidad. La única ventaja de algunos lectores que se venden en superficies comerciales es que tiene las teclas escritas en castellano. Pero es triste que por cuatro teclas se llegue a comprar uno de esos ratoneros productos.














